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Año Internacional
Traven
El escritor más oculto
por Martín Bentancor
Al cumplirse cuarenta
años de su muerte, se celebra a lo largo y ancho del
mundo el “Año Internacional Traven”, un homenaje
cosmopolita dedicado a una de las figuras más
misteriosas de la Literatura. A continuación, una
aproximación al mito y al hombre y la mujer detrás
del mito.
Primero
De todos los misterios que rodean a
la Literatura, un capítulo especial (por su
complejidad y su riqueza) merece la Literatura
Mexicana. Y especialmente, la que conforman aquellos
autores extranjeros que escribieron sobre México,
que adoptaron su suelo y sus misterios como propios
o que se mimetizaron de tal forma con su pasado y
sus costumbres que leerlos no provoca el temor al
cliché o el lugar común; escritores extranjeros que
escribieron sobre México con respeto y conocimiento,
no con la mirada puesta en la guía Michelin o las
bondades del paquete turístico. Graham Greene, D. H.
Lawrence y Malcom Lowry son tres ejemplos
reconocidos por el alcance de su obra y los sitiales
(opuestos sin enfrentarse) que ocupan dentro de la
Literatura.
Con El Poder y la Gloria,
Graham Greene construye un personaje tan poderoso
que amenaza con tragarse la propia trama del libro;
su sacerdote perseguido en el infierno de las selvas
mexicanas es un bosquejo ante ese magnífico estudio
político, cultural y demográfico llamado Caminos
sin ley.
En ese libro fundamental, a medio
camino entre el diario de viaje y la crónica
periodística, Greene observa a México y termina
constatando una imponente realidad: la imposibilidad
de entenderlo.
En La serpiente emplumada, D.
H. Lawrence dispone de todos los elementos para
convertir su libro en una aberración
pseudofolklórica: las amplias haciendas, los toros,
el machote mexicano, los sombreros charros, etc.
Pero es la potencia de la pluma de Lawrence lo que
evita hundir a sus personajes en el color local y el
pintoresquismo para ofrecer un México salvaje, un
resabio anterior a la llegada de Hernán Cortés que
se palpita a lo largo de todo el libro. La historia,
claro está, transcurre en el siglo XX.
En Bajo el volcán, Malcom
Lowry escribe la novela sobre el infierno mexicano y
da un paso más en la senda de los textos de Graham
Greene. En su libro, Lowry ve a México a partir del
Día de los Muertos; un viaje al corazón de los
temores religiosos y a los demonios del alcohol a
través de uno de los personajes más contundentes de
la novelística del pasado siglo: el Cónsul Geoffrey
Firmin.
En definitiva, grandes escritores
escribiendo bajo el influjo de un país misterioso,
tan ecléctico política, social y culturalmente como,
seguramente, son todos los países del mundo. Pero a
la hora de leer a México desde los ojos de un
foráneo, ninguna pluma iguala a la de Bruno Traven.
Segundo
Bruno Traven, alias Hermann Albert
Otto Max Feige, alias Traven Torsvan, alias Ret
Marut , alias Hal Croves. Alias the man who
wasn't there.
Un misterio blindado en el corazón
del suelo mexicano, un secreto tan bien guardado que
cientos de investigadores golpean sus cabezas contra
las paredes de sus estudios sin poder apresarlo, sin
poder sujetar sus datos biográficos con la
equivalente existencia de un ser de carne y hueso.
Exceptuando su primera novela – El barco de la
muerte – todas las obras de Traven se
desarrollan en México. Sus protagonistas pueden ser
codiciosos buscadores de oro atravesando la selva a
lomo de mula (El Tesoro de la Sierra Madre),
viejos indios en conflicto con magnates petroleros (La
Rosa Blanca) o gringos que viven entre indios
mexicanos como antropólogos que olvidaron su
cometido (Puente en la selva). Todas las
biografías que lo refieren hablan de un sujeto
nacido en Alemania en 1882 y muerto en México en
1969. Desde las reseñas que circulan por Internet
hasta el libro que le dedicó Gerd Heideman (quien
ocupó parte de su vida en estudiar a Traven), el
autor enamorado de México se diluye en una maraña de
imprecisiones, ausencia de datos o, al revés,
superabundancia de los mismos que, en muchos casos,
confunden fechas, lugares y datos históricos
volviendo al propio biografiado en un ente mucho más
fantasmal. (Heideman supuestamente lo entrevistó,
entró a su casa y lo grabó durante horas pero su
testimonio tiende a volverse dudoso cuando uno se
entera que, muchos años después, el mismo Heideman
le vendió a la importante revista alemana Stern,
unos diarios de Hitler queresultaronserfalsos)
La única forma de leer a Traven en
español es a través de la vieja Compañía General de
Ediciones S. A., concretamente, dentro de su
colección ‘Ideas, Letras y Vida’. Esa magnífica
colección de libros con soberbias tapas de color
marrón y texto negro, supo publicar (a principios de
la década del cincuenta) la casi totalidad de la
obra novelística de Traven. Obviamente, la forma de
localizar éstos ejemplares es a través de un trabajo
arqueológico en librerías de viejo y con el añadido
de una serie de factores: la ignorancia del librero,
la piedad del polvo y la humedad, la paciencia del
comprador para, posteriormente, entregarse a un
trabajo de rearmado del ejemplar que incluya el uso
de plumero, pegamento y una cubierta de nylon (esta
última se puede comprar o improvisar de forma
casera).
Una vez cumplida esa parte del
proceso, el lector está en condiciones de abrir el
tomo y cautivarse con la contundencia de un párrafo
como éste: “Los harapos eran regalados a quienes
los mendigaban. En este mundo no hay pantalón,
camisa o par de zapatos lo bastante viejos para que
no exista algún ser humano que al verlos exclame:
“Démelos; mire usted como ando. ¡Muchas gracias,
señor!” La existencia de un hombre pobre va
acompañada siempre de la de uno más pobre aún.”
La posibilidad de leer a Traven en español (el
escritor utilizó su lengua materna, el alemán, para
desarrollar toda su obra) se le debe a la gestión y
dedicación de una única persona. Una mujer.
Esperanza López Mateos.
Tercero
Esperanza López Mateos fue hermana
del presidente mexicano Adolfo López Mateos y prima
del director cinematográfico Gabriel Figueroa. Mujer
de increíble cultura, Esperanza López Mateos fue una
de las primeras personas en interesarse en la obra
de Traven. Algunas crónicas sitúan su primer
encuentro en 1941, en un pueblo de Michoacán.
Esperanza López Mateos tradujo, por su cuenta y sin
conocimiento de Traven, su novela Puente en la
selva.
Aparentemente, el escritor se
maravilló con su trabajo y, desde ese momento,
Esperanza López Mateos se convirtió en una suerte de
secretaria a distancia, traductora oficial de toda
su obra y su representante (la cara visible de
Traven para negociar sus regalías, atender a los
periodistas y defender sus derechos de autor en las
peligrosas junglas del mundo editorial). También
habría sido ella la responsable de presentarle a
John Huston (quien se encontraba en México rodando
su adaptación de la novela de Traven El tesoro de
la Sierra Madre) a un tal Hal Corves, una
especie de asesor en asuntos mexicanos. El
enigmático Corves habría acompañado a Huston y su
equipo durante todo el rodaje no siendo otro que el
mismísimo Traven. Como sea, fue gracias a Esperanza
López Mateos que Bruno Traven fue volcado al español
donde cosechó a su mayor franja de adeptos; lectores
tan dispares como responsables de publicaciones de
alta cultura hasta indios semianalfabetos de
Centroamérica. Ahora bien, en octubre de 1951
Esperanza López Mateos se suicidó.
Su muerte fue llorada y su nombre
homenajeado por toda la nación mexicana y el propio
Traven se volvió más ilocalizable al desaparecer de
la tierra la persona que oficiaba como nexo con su
público. La teoría más disparatada - aunque
tratándose de Traven y su casi fantasmagórica
biografía, se constituye en una de las lecturas más
evidentes – es la que sostiene que nunca existió un
escritor alemán que, un buen día, decidió emigrar a
México y adoptar al país como su patria definitiva.
No hubo viaje en barco, ni pasaporte, ni casa
construida entre las sierras, ni obra escrita en
alemán para luego ser traducida al español.
Según ésta teoría, Bruno Traven no
sería otro que Esperanza López Mateos, la eficaz y
erudita traductora a quien se le debe, entre otras
cosas, esas bonitas ediciones de la Compañía General
de Ediciones S. A que, al levantarlas del estante,
parecen querer desintegrarse entre los dedos como
los filamentos en el ala de una mariposa.
Ahora que todos los protagonistas de esta historia
están muertos y enterrados entre toneladas de papel
impreso, fragmentos de recuerdos traicioneros y el
impasible y triunfante paso de los años, sólo le
queda a la Literatura develar éstos misterios. O
enterrarlos como esos tesoros – o fantasmas de
tesoros – escondidos en las entrañas del dormido
monstruo del Tiempo. LA
ONDA®
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