|
Nieto del Che Guevara
habla de Cuba y Venezuela
Reportaje a Canek Sánchez
Guevara
El nieto de Ernesto Che Guevara, Canek Sánchez
Guevara, critica al castrismo, que ha gestionado la
sucesión “como una monarquía”, y asegura que el
régimen cubano está condenado a cambiar.
Un
cronista itinerante. Así se define Canek Sánchez
Guevara: un joven escritor cubano que se presenta
con el nombre de un rey maya y el apellido de una
leyenda revolucionaria. Es hijo de Hilda Guevara
Gadea, la primogénita de Ernesto Che Guevara, quien
en los convulsos años 70 se enamoró de Alberto
Sánchez Hernández, un escritor mexicano que en esa
época se refugió en la Cuba revolucionaria.
Producto de esa relación nació
en La Habana, en 1974, Canek, y a los pocos años
partió con sus padres a un largo periplo por Italia,
España y México. Con 12 años de edad regresó a su
Cuba natal, donde vivió hasta 1996, cuando decidió
salir de la isla empujado por la muerte de su madre
y una profunda crisis económica, bautizada por el
régimen castrista como el "período especial". Ahora,
su residencia oficial está en un tranquilo pueblito
cerca de Burdeos, al sur de Francia; pero confiesa
que pasa más de la mitad del año viajando por el
mundo, buscando historias, así como su abuelo hizo
por América Latina en 1952. La diferencia es que
Canek lo hace sin motocicleta y publica sus crónicas
en la revista Milenio Semanal, de México.
La revolución que usa la imagen
de su abuelo como un mito le impide volver a su
patria, pero desde cualquier sitio no pierde detalle
de la actualidad de la isla y observa, con más
escepticismo que esperanza, el proceso de sucesión
controlada del castrismo . "A veces solemos juzgar
la realidad desde nuestros deseos, y eso es un
problema. Yo desearía ver cambios en Cuba, pero eso
no está ocurriendo. En el imaginario colectivo del
cubano, el cambio está asociado a la muerte de Fidel
Castro. El sistema político de la isla se ha
comportado como una monarquía, y Fidel se ha
garantizado un control de la sucesión, y eso retrasa
cualquier cambio".
-¿La muerte de Fidel Castro
sigue siendo la condición indispensable para la
apertura en Cuba?
-Sin ninguna duda. Fidel se ha
garantizado la gestión de la sucesión a corto plazo,
y por eso el sistema sigue sin cambiar. Sin embargo,
hay señales de que el régimen, tal como lo
conocemos, no es viable. Por eso Raúl ha insistido
en institucionalizar la revolución, porque el cubano
no es un régimen institucional, sino personal. Todo
se construyó alrededor de Fidel, y Raúl sabe que
para garantizar la supervivencia del modelo debe
institucionalizarlo. En esa necesidad puede estar la
clave de una apertura, y esa es la paradoja del
castrismo: está condenado a cambiar para poder
sobrevivir.
-¿Cambiar cómo? ¿Se puede
esperar que Raúl acometa alguna transformación antes
de que muera Fidel?
-Raúl es un desconocido, una
figura de bajo perfil. Pero de lo poco que
conocemos, sabemos que es un pragmático. Raúl ha
convertido al Ejército en el estamento más sólido
del poder cubano, que funciona como un negocio. Ese
pragmatismo puede abrir la posibilidad de que se
ejecuten algunas reformas económicas. De hecho, Raúl
ha expresado la posibilidad de liberalizar un poco
el mercado interno cubano, y el mercado de trabajo.
-Permitir la iniciativa privada
en la economía debilitaría el sistema de control
social del régimen cubano. ¿Raúl estaría dispuesto a
que el Estado pierda ese poder?
-El proceso de nacionalización
de la economía emprendido en Cuba en los años 60
derivó en una estatización de todo grande, mediano y
pequeño negocio, y eso arruinó doblemente la
economía del país. Por un lado, cerró las
posibilidades creativas del individuo, y por otro,
el Estado se convirtió en un aparato enorme que
controlaba toda la dinámica económica. Se llegó al
ridículo de estatizar, por ejemplo, pequeñas
empresas de manufactura de calzado. Por eso, en Cuba
las fuerzas productivas están absolutamente
estancadas. En la isla todo está muy jodido. Desde
hace años la gente no está pendiente de la ideología
o la política, sino de sobrevivir. La participación
política ya no es como antes, de compromiso
ideológico, sino una mera herramienta para
garantizar la supervivencia; y eso opera como un
mecanismo de dominación social.
-¿El pueblo cubano, entonces,
no está preparado para la apertura política?
-No es eso. Hay una ansiedad de
transformación en Cuba, lo que pasa es que hay un
elemento que complica mucho las cosas: Cuba sufre
una profunda fractura social. La crisis de 1989 no
fue sólo una crisis económica, sino una crisis de
valores. Allí se derrumbó buena parte de la
esperanza en la utopía comunista. La isla registra
niveles de violencia urbana y social desconocidos.
En el afán ridículo de la revolución castrista de
erradicar la cultura burguesa, se fueron al carajo
cosas tan elementales como pedir las cosas por
favor, o dar las gracias. Con la crisis llegó
también la decadencia del sistema educativo y
sanitario, que habían sido los grandes logros de la
revolución, y además se generó una crisis en la
cultura laboral. El cubano percibe que trabaja
mucho, pero no genera riqueza y, al final, nadie
quiere trabajar, pues gana mucho más con tres
bussines clandestinos con turistas.
-¿Pero la emergencia social no
bajó desde que Venezuela envía asistencia energética
a Cuba?
-El hecho de que el transporte
público exista, o que la isla tenga electricidad,
sin duda que afecta positivamente la dinámica
social. Pero esa ayuda ni se acerca a la gran
palanca de asistencia que brindó la URSS durante la
Guerra Fría. Cuando yo era niño, en los años 80, se
respiraba un relativo clima de tranquilidad en la
isla, y las calles eran de los chicos; hoy eso es
muy distinto. Esta semana hablé con un amigo de la
infancia, que salió de Cuba hace pocos meses, y me
dice que en La Habana hay niños armados que te matan
para robarte 10 dólares. Estos graves problemas
sociales configuran un panorama que genera dudas.
Pero, a pesar de todo, hay señales de que es posible
una transición exitosa.
-Algunos señalan el peligro de
un estallido consumista, si se liberan el comercio
interno y el mercado laboral.
-Si no has visto a un cubano
suelto en una tienda de chinos en cualquier ciudad
del mundo, no has visto todavía a un consumista de
verdad. La sociedad cubana vive en un modelo de
racionamiento total, que generó una cultura del
acaparamiento personal: hay que comprar todo lo que
puedas, porque no sabes cuándo puedas volver a
verlo. Sin embargo, los cubanos que salen de la isla
no tardan mucho en adaptarse perfectamente a
trabajar en sociedades con una economía liberal.
Pasaría lo mismo en Cuba, si el trabajo en la isla
significara riqueza.
-El ex canciller de México
Jorge Castañeda planteó que la salida de Felipe
Pérez Roque y Carlos Lage del Gobierno cubano se
debió al desmantelamiento de una conspiración contra
Raúl orquestada por Hugo Chávez, para evitar un
acercamiento de Cuba con Estados Unidos. ¿Tiene eso
algún sentido?
-Desconozco las dinámicas del
poder cubano. Desde fuera, la caída de Lage y Pérez
Roque parece que es una maniobra natural de Raúl
para crear un equipo propio. Pero eso no implica que
lo que dice Castañeda no tenga su lógica. El amigo
de Chávez en Cuba es Fidel, no Raúl. El nexo filial
de Chávez sólo existe con el patriarca Fidel; y en
esa relación no cabe Raúl. Además, de Fidel pueden
decirse muchas cosas, pero nadie puede afirmar que
haya sido comunista. En el poder cubano, el
comunista siempre fue Raúl, y para un hombre como
él, ese discurso ditirámbico de Chávez debe sonarle
muy mal.
-El presidente Chávez desmiente
cada vez que puede los choques con Raúl. Dice que
cada día se está cultivando "una amistad muy grande"
-Hugo Chávez es un personaje
muy extraño. Es una mezcla de caudillo
latinoamericano, peronista y guerrillero en tiempos
de paz. Utiliza todas las instituciones de la
democracia para aniquilar principios fundamentales
de la propia democracia. Es un personaje difícil de
encasillar, pero a final de cuentas queda claro que
es un pobre rico. La alianza entre Cuba y Venezuela
es, para La Habana, económica, y para Caracas,
política.
Fidel necesitaba el petróleo
pero Chávez no necesitaba los médicos y los
entrenadores deportivos cubanos. El verdadero pago
que buscaba Chávez era la legitimidad política de
Fidel.
Por eso, con Raúl, esa alianza
entre Cuba y Venezuela es insostenible a mediano
plazo. No tardarán mucho en chocar los intereses
políticos. Por ejemplo, Raúl ha actuado con
pragmatismo y asume ahora una posición conciliadora
frente a Estados Unidos, y lo que menos le interesa
es un bocón como Chávez gritando.
-Desde Washington hay señales
que apuntan a un desmantelamiento progresivo del
embargo. ¿Será eso un acelerador de los cambios?
-Eso empujará al modelo cubano
a su paradoja: si los Castro quieren que no se
derrumbe el sistema, deben abrirse. La
liberalización del mercado laboral es la clave de la
transformación. Cuando los cubanos puedan tener en
sus manos los medios de producción, generar riqueza
con su trabajo y asociarse libremente para armar
sindicatos independientes, cambiará toda la dinámica
de la isla. De hecho, esa es la única manera en la
que Cuba pueda afrontar con éxito la invasión del
gran capital, que hace lobby para tumbar el embargo
y caer sobre la isla con las garras afiladas. Si no
se produce la apertura económica controlada, el
capitalismo cogerá a los cubanos desesperados,
barrerá con el castrismo y la isla puede convertirse
en cualquier cosa
Fuente: El Nacional de
Caracas
LA
ONDA®
DIGITAL |
|