Batllismo, estudio y proyección
I - La necesidad de pensarlo
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Ha llegado el momento de pensar el batllismo. Hacerlo, no sólo desde su aspecto histórico como sector de un partido político uruguayo sino y antes bien, como un cuerpo de creencias, políticas y sociales, a la luz tanto desde un análisis sociológico y nacional, bien como de un contexto geohistórico particular.

 

Y digo esto porque el batllismo - y cuando hablo de batllismo no hay dos lecturas salvo la proveniente del gestor del Uruguay moderno, el señor José Batlle y Ordóñez -, que comenzó siendo el ejemplo de pensamiento y acción política de un hombre, fue sumando diversas voluntades hasta constituirse en un movimiento que trajo consigo diferentes e importantes manifestaciones sociopolíticas para el Uruguay.

 

El batllismo como tal tuvo, además de la figura señera de don Pepe Batlle, la de su sobrino, Luis Batlle Berres y la de Amílcar Vasconcellos, el último gran batllista.

 

Este “ismo” debió luchar contra la mediocridad, la deslealtad, el entreguismo y, por qué no decirlo, las criaturas que en la sombra de la noche de la democracia uruguaya, fueron cobijándose bajo y a partir del terrismo (a partir del político Gabriel Terra), que luego tuvo otros vástagos cuyos nombres más vale no mencionar.

 

El terrismo fue el gran enemigo político final batllismo. Y lo fue no por tener un cuerpo doctrinario propio y coherente, puesto que en realidad eran y son un puñado de oportunistas, sino porque medraron y conspiraron desde el interior de la Casa donde tuvo vida y maduración el batllismo: el Partido Colorado Batllista.

 

Junto al terrismo, debemos mencionar al sosismo, de Julio María Sosa (Partido Colorado por la Tradición) como la contratara del batllismo y que también obró en contra de Batlle y Ordóñez. Pero de ellos mejor que hablen sus descendientes y seguidores, si es que pueden hacerlo.

 

A nosotros nos ocupa una empresa superior, por ser ésta, la del batllismo, la construcción de un socialismo sin dogmas o, por qué no, la construcción, aun en etapas intermedias, de un socialismo específicamente uruguayo.

 

Hablamos, en suma, de la gesta de un Estado-Nación.

 

Y aquí es donde deberá colocarse, a lo largo de las notas que compondrán esta serie que irá presentándose martes a martes, la identidad uruguaya con sus peculiaridades más destacables: lo liberal y lo anarco.

 

Se me dirá, y con razón, que estoy presentando un par de opuestos y ciertamente tienen razón. Pero sucede que la vida misma es y presenta, pues, pares de opuestos que, dialécticamente, a veces se complementan para producir identidades y haceres que, como el batllismo en el Uruguay, ya trascendió las fronteras de una colectividad política para aquerenciarse en el cerne mismo de nuestra identidad.

 

En momentos en que el Uruguay se apresta a llevar adelante no sólo una elección nacional más, sino, y especialmente, a determinar por su propia cuenta o bien a dejar que la realidad externa lo conduzca en cuanto a cómo y en qué contexto insertarse en el mundo del siglo XXI, no es poca cosa tomar muy en serio este componente de nuestra identidad política y nacional.

 

El maestro, abogado, escritor y político Amílcar Vasconcellos decía al respecto que: “(…) El Batllismo es un partido político que tiene la inestimable ventaje de no ser dogmático. Es un método democrático que permite, sobre la base de la vigencia total de los derechos individuales sin los cuales no concibe una sociedad desenvolviéndose en paz, ir acercando permanentemente lo ideal a lo real.”[i]

 

Y al cabo de tanto tiempo, uno puede ver que permanece, como bien teorizara Vasconcellos, ese, nuestro, “método democrático”. Y es de ello de lo que entendemos debemos tratar aquí, en esta página que nos tiene a usted y a mí como estudiosos de un acontecer cívico no sólo memorable para el Uruguay y la libertad sino para la consideración de la viabilidad futura de este país.

 

No hace mucho tiempo, apenas tres años, dijo el antropólogo Daniel Vidart, al dictar conferencia en el Palacio de las Leyes del Uruguay, con motivo de celebrarse 150 años del nacimiento del señor José Batlle y Ordóñez: “Batlle creía en la libertad y en el libre albedrío que distinguen a nuestra especie de los otros integrantes de la escala zoológica. Rechazaba, además, el excluyente determinismo económico, dado que, planeando sobre “el interés” – estas son sus palabras – “la idea, la verdad, también apasionan al hombre”.

 

O bien, lo que dijera el historiador Milton I. Vanger al culminar el primer tomo de su obra sobre “José Batlle y Ordóñez, pensador, político, historiador, antropólogo: “(…) El apoyo de determinados sectores influyentes fue un factor subsidiario en la fuerza de Batlle. El sector laboral urbano era débil; la clase o clases medias, en especial los profesionales, a quienes se considera, por lo común, líderes de la clase media, tenían dudas respecto de la dirección que Batlle estaba tomando. El más poderoso grupo de influencia en la política uruguaya, las clases conservadoras, consideraba a Batlle político intransigente y extremista cada vez más peligroso. Para contrarrestar la influencia de las clases conservadoras, Batlle no organizó una coalición de clases rival; en cambio, unió a los colorados. Por lo común, se explica la figura de Batlle diciendo que estuvo “adelantado a su época”. Estuvo más que adelantado a su época. Batlle creó su época. Su éxito sirve para recordarnos que los ideales de un hombre pueden servir de guía a otros hombres.”

 

Por ello, aquí, en esta serie, si bien como es lógico esperar, abordaremos inicialmente diferentes aspectos de la personalidad y la obra de la persona, nos dedicaremos a estudiar esta otra época del Uruguay que, luego de haber tenido hace ya un buen tiempo aquella época creada, al decir de Vanger, por Batlle, piensa y recrea una época nueva para el país, desde un hacer socialista uruguayo, es decir, batllista.

 

Cuando vemos cuánto y en qué grado, partidos políticos se mimetizan en el follaje de lo público y nacional, sea por razones pedestres, sea por mera “disciplina partidaria” (otra forma de renegar del libre albedrío.

 

Cuando vemos cómo y en qué medida desde el centro mismo de la clase dominante uruguaya, se recrea un revisionismo asociado al franquismo, mientras que en la periferia de esta misma clase otros espíritus asociados a la corriente empresarial y burocrática ensayan formas políticas de representación, es que creemos ha llegado la hora de comenzar a teorizar sobre nuestro propio modelo de socialismo.

 

Un socialismo que, si bien tomará aspectos medulares de la obra de Karl Marx, también lo hará sobre aspectos medulares y no aleatorios o folletinescos de otros grandes teóricos, a la vez que mirando hacia nuestro pasado, en su fase germinal, sabrá tener aire y talante para conservar esa veta ácrata y liberal indispensable para construir una nación del siglo XXI sobre las bases de la libertad subjetiva, de modo tal de atender las necesidades de ese otro que nos interpela.

 

Debemos saber abordar el pensamiento crítico sin los falsos pudores de una religión laica, si se me permite expresarme así.

 

Hemos visto a lo largo de las últimas décadas, cuan perverso se vuelve el pensamiento, es decir la razón, cuando lo cerramos y angostamos a un catecismo que crean unos pocos iluminados y las huestes deben acatar bajando la cerviz.

 

No. El Uruguay ha sido, es, y esperamos que lo siga siendo, una tierra de libertad y de libertarios. Resta ahora que nuestro país, luego de décadas de caída cultural, que trajo consigo caídas en lo económico como en lo político, se permita emerger a nuevas y mejores instancias de vida tanto personal como colectiva, en el respeto a las libertades, desde una cotidianidad que atienda las necesidades reales de todos, en los modos y matices que esto deba ir dándose lugar y tiempo.

 

Para ello, hay que volver a pensar el pasado pero con el ánimo puesto en construir hace adelante. En este pensar y en este hacer, el batllismo tiene, por sernos propio, ya despejado de aspectos partidarios, mucho que alentar en esta noble porfía.

 

Se trata, en suma, de tener tiempo y voluntad para mirar al diferente y con él construir un mañana posible y digno desde nuestra idiosincrasia.

 

Batllismo es hoy en el Uruguay sinónimo de respeto, dignidad y libertad. Que mañana, además, lo sea de construcción social comprometida en lo político, en lo económico y, por qué no, en lo filosófico, en donde si bien prime lo colectivo, haya aire y cielo para la persona común y concreta. Y sus anhelos.

 

Continuaremos.

 
[i] Vasconcellos, Amílcar, “Un país perdió el rumbo”, Editorial Medina, Montevideo, año 1959, Pág. 72.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital