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Agua bendita,
para no olvidarte
por El Perro Gil
(elperrogil@gmail.com)
El
despertador indica que hay que levantarse. Comienza
la rutina de abrir primero un ojo, intentar que el
otro responda y sugerir a un brazo el vano intento
por apagar esa campanilla estridente que interrumpió
el sueño. Logro encontrar la maldita perilla y el
silencio reina nuevamente. Pero la moderna
coordinación que hace posible el confort consumista
al que nos acostumbramos fácilmente, enciende el
televisor y ya no es posible recordar donde carajo
quedó el control remoto para apagarlo.
Entonces no tengo
opción ni alternativa posible, hay que levantarse.
Llego al baño e instintivamente abro la canilla para
despegar mis ojos definitivamente y avisarles que es
hora de despertarse. Insisto, sigo dando vueltas la
llave hasta que el tope indica que no hay más
vuelta. Nada. Salgo a ver quien fue el infame que me
cerró el pase general. La llave maestra está abierta
al máximo. Recién entonces se enciende la radio –la
tercera opción programada para llegar a tiempo al
trabajo- y el informativo anuncia la razón de mi
desdicha: casi la mitad de Montevideo está sin
suministro de agua por una rotura importante en la
cuarta línea...
La pu...#&=!!! Recién
ahí tomo plena conciencia de lo esencial de un
elemento al que descuidamos mucha veces y se nos
vuelve imprescindible cuando está ausente. Cuántas
veces obviamos las sugerencias de cuidarla como un
preciado tesoro del que gran parte de la humanidad
carece mientras por este rincón del planeta
existimos seres privilegiados que la disfrutamos sin
darle el valor que tiene. Ahora se da esta especie
de sequía automática, donde colapsa un sistema de
distribución por una rotura, con las consecuencias
que produjo tal circunstancia.
Entonces recurro a
envidiar a aquellos que viven sin pensar siquiera en
estos menesteres citadinos. Seguramente no
entenderían nada de lo dicho porque para ellos es
una situación natural no contar con esas
comodidades. Es justamente por esa razón que más lo
pienso y entonces reflexiono sobre cuán ricos somos
los uruguayos y qué poco nos damos cuenta de ello.
Basta vivir una
situación como esta para que se nos refresque la
conciencia y nos llame a responsabilidad para
justipreciar ese líquido inodoro, insípido e
incoloro, (como decía una profesora de Química de mi
época de liceal), que fluye por nuestras cañerías.
Es el oro azul de un futuro que está a la vuelta de
la esquina. Un yacimiento del que Uruguay cuenta al
posar su territorio sobre uno de los mayores
reservorios del planeta como el Acuífero Guaraní.
Por eso es que apelo
a que estos revolcones a los que nos enfrenta la
cotidianeidad nos dejen como enseñanza la toma de
conciencia y la recuperación de valores que creíamos
perdidos. Seguramente ante la emergencia, muchos
ciudadanos recurrieron a un vecino o a un amigo para
nutrirse de un bidón de agua. Otros simplemente
advirtieron a alguien su escasez para que se
prevenga. Otro, mucho más afectado, ofreció su
predio y su bonhomía para que el ente estatal
realizara los trabajos pertinentes que permitieran
recomponer el servicio. En fin, que un hecho como
este también puede ser desencadenante de buenas
acciones.
Claro que en tiempos
electorales no podían faltar aquellos que buscan el
rédito político promoviendo acciones que nunca
aplicaron siendo gobierno y en cambio promueven
antojadizamente ahora, en un claro ejercicio
demagógico del que el pueblo sabrá leer sus
intenciones.
A todo esto, son las
7:15 AM, y todavía no me lavé los dientes. Abro el
refrigerador y apelo al último recurso disponible.
Me enfrento al espejo y mientras me enjuagaba con
agua mineral, el sabor dulce y refrescante me
inspiró una idea. A los gritos me dirijo a mi hijo
diciéndole: “Inventé un refresco!!”
No sé si lo soñé o
fue el efecto pos puteada. Lo único que recuerdo fue
el zapato que voló impactando contra la puerta de su
dormitorio y el grito desesperado: “Dejame
dormir!!”.
Yo en cambio, todavía
siento el gustito fresco en la boca... que joder!
el perro seguía
eructando...
prefería agua sin gas
LA
ONDA®
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