Cuidarse de los atajos
y de los izquierdazos

por Raúl Legnani

Están las firmas. La ciudadanía será consultada el último domingo de octubre, junto a las elecciones nacionales, para saber si anula la Ley de Impunidad o la mantiene. El desafío es inmenso, no sólo para la izquierda uruguaya sino fundamentalmente para toda la República.

 

Estarán en juego muchas cosas, particularmente la dignidad nacional y la construcción democrática de un país pequeño donde su mayor capital deberá seguir siendo la convivencia cívica, el respeto a las instituciones y la Constitución, que es el gran pacto logrado entre todos los uruguayos, vengan de donde vengan, vayan a donde vayan.

 

Por eso el viernes vivimos todos una jornada de fiesta, de reivindicación del artiguismo y de las banderas de la libertad y del respeto a las ideas. Fue, por eso, un día donde a todos nos ganó la emoción, que vino en ancas del recuerdo de todos los patriotas y demócratas que tuvieron que soportar una dictadura que asesinó, secuestro, torturó y que construyó una gran cárcel dentro de nuestro territorio, donde los pobladores sufrieron el terrorismo de Estado, sin ningún tipo de contemplaciones.

 

Fue una dictadura que el pueblo uruguayo se la sacó de encima por su propia resistencia, pero también por la lucidez de dirigentes democráticos que supieron establecer puentes de entendimiento y de diálogo para así conquistar la democracia, la que desde sus entrañas permitió que el Frente Amplio no solo ganara las elecciones en 2004 sino que además aceptó que la izquierda pudiera gobernar sin alteraciones del orden institucional.

 

Anular la Ley de Impunidad en octubre se ha transformado en uno de los grandes objetivos que tenemos los uruguayos por delante, porque sería una verdadera tragedia que eso no ocurriera, en tanto que por segunda vez estaríamos diciéndonos a nosotros mismos que claudicamos como sociedad y que embargamos nuestros principios democráticos.

 

A la vez esta lucha por la anulación de la impunidad se da en el marco de unas elecciones nacionales que pueden confirmar o no que el Frente Amplio seguirá en el gobierno por cinco años más, desplegando toda su propuesta de transformaciones y de cambios que comenzaron el 1º de marzo de 2005.

 

La anulación de la impunidad debe ser contemplada dentro de la lucha por el gobierno, porque sin gobierno progresista es imposible pensar en una sociedad de libertad y democracia, que haga irreversible cualquier intento de recuperar el miedo y el autoritarismo.

 

La derecha democrática, que muchas veces tiene caídas autoritarias, va a utilizar este plebiscito para enchastrar a la izquierda y a la vez perdonar a los fascistas que asaltaron las instituciones y violaron los derechos humanos.

 

Se hace imprescindible, entonces, lograr conjugar de la mejor manera posible la brega por confirmar al FA en el gobierno y a la vez anular la ley del miedo.

 

Las emociones que vivimos el viernes pasado fueron profundas, pero no nos deben llevar a creer que se puede hacer una campaña electoral sólo basada en la anulación de la ley. En este sentido seamos sensatos sin dejar de ser sensibles: con los 300 mil uruguayos que firmaron para consultar a la ciudadanía, el Frente Amplio no gana el gobierno nacional.

 

Con la mano en el corazón: el país no explotó de emoción cuando se supo que se habían logrado las firmas, lo que no quiere decir que en octubre no se pueda anular la ley. Tampoco pasó eso cuando Gregorio Alvarez y Juan María Bordaberry fueron a vivir detrás de las rejas.

 

En los tres precandidatos ­Danilo Astori, José Mujica y Marcos Carámbula­ hay garantías de sobra para que desde las alturas no se cree una maquinaria infernal que nos lleve a una campaña electoral impregnada de la enfermedad infantil que dos por tres penetra en las izquierdas.

 

Hay que decirlo con todas las palabras: si las firmas llegaran a significar un izquierdazo que contamine a la campaña electoral, se pondrá en duda el triunfo del FA en octubre y también estará en cuestión la propia anulación de la Ley de Impunidad.

 

Si se logra incorporar el tema de los derechos humanos dentro del programa progresista que tiene que priorizar la vida de los uruguayos, se estará ante una gran posibilidad de que el bloque democrático y progresista siga avanzando, confirme el gobierno e ilumine el horizonte.

 

El que intente atajos, aunque sus banderas sean limpias y dignas, pondrá en peligro los sueños de los que cayeron luchando por un mundo mejor.

 

Hoy, en lo inmediato, ese peligro no está a la vuelta de la esquina. Pero siempre vale alertar, más cuando las emociones las tenemos todos a flor de piel.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital