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El Geoderecho y los
centros mundiales de Poder
Guilherme Sandoval Góes
Profesor de Derecho y Capitán de Mar y Guerra de
Brasil
Se busca, aquí, la comprensión de la
Constitución en su totalidad, incluida ahí su
dimensión neojurídica que engloba las ideologías y
los factores geopolíticos que se entrelazan en el
mundo real de las relaciones internacionales. Dice
en el trabajo académico que se puede leer a
continuación el Guilherme Sandoval Góes Profesor de
Derecho y Capitán de Mar y Guerra; Coordinador de la
División de Asuntos Geopolíticos y de Relaciones
Internacionales de la Escuela Superior de Guerra de
Brasil
Introducción:
El nostálgico maestro
Celso Renato Duvivier de Albuquerque Mello, ya
enseñaba que, mucho más allá de que no haya un
derecho constitucional internacional claramente
delimitado, el nivel de constitucionalización de la
política externa de un país depende del grado de
internacionalización de la vida nacional y de la
intensidad de sus relaciones internacionales.
En este sentido, el
derecho de las relaciones exteriores se ubica en
alguna parte entre lo constitucional y lo
internacional, tal vez más cercado a este último.
Cierto es que ya no basta hablar de soledad de la
Constitución, en considerarla como un Universo
cerrado y excluyente, sino de un pluriverso basado
en el pluralismo interno, internacional y
comunitario.
En esta era
globalizada, es imperioso marcar bien la dimensión
neojurídica de la Constitución, que recibe
contenidos internacionales en los documentos
fundamentales, muchas de las veces, contenidos
provenientes de la geopolítica de los centros
mundiales de poder. Es preciso, pues, trepar hacia
el escalón científico más elevado para mirar, con
ojos de ver, la interconexión entre las relaciones
internacionales, la geopolítica y el derecho. Para
realizar su función de impartir justicia, el derecho
no puede permanecer al margen de la geopolítica y de
las relaciones internacionales, así como éstas no
pueden permanecer ajenas al derecho. Tanto la
política nacional al concebir los objetivos
nacionales -, como la estrategia nacional al fijar
las acciones para alcanzarlos -, deben seguir
fielmente el orden constitucional del Estado
Democrático de Derecho dentro de un orden jurídico
internacional de naciones civilizadas.
Por lo tanto, es
deber del estadista brasileño adquirir una visión
prospectiva de largo plazo para saber jugar el
juego estratégico dentro de los dictámenes del
orden jurídico nacional e internacional. De la misma
forma, es deber del constitucionalista patrio saber
reinterpretar la Constitución a la luz de los
principios geopolíticos que informan a la sociedad
internacional post-bipolar. La comprensión del
panorama geoestratégico mundial sí forma parte del
rol de factores que permean la interpretación
constitucional, siendo incluso su elemento nuclear
en el rechazo de toda y cualquier modalidad de
subordinación a los centros mundiales de poder. Es
dentro de este marco complejo que surge el concepto
de geoderecho como una rama científica que se
destina a examinar las interconexiones entre el
derecho y la geopolítica.
En esencia, el
geoderecho busca incorporar variables
extra-jurídicas hasta entonces no consideradas
en el estudio constitucional, dentro de una
simbiosis conceptual que ansía comprender las
razones geopolíticas que influencian las
modificaciones de la Constitución en el mundo del
desarrollo. De la misma forma, el geoderecho busca
evaluar si la Constitución y la Estrategia Nacional
están en consonancia con los objetivos fundamentales
fijados por la propia Constitución, dentro de una
idea material de constitucionalismo programático que
proyecta fines y programas a ser alcanzados en el
futuro. Se busca, aquí, la comprensión de la
Constitución en su totalidad, incluida ahí su
dimensión neojurídica que engloba las ideologías y
los factores geopolíticos que se entrelazan en el
mundo real de las relaciones internacionales. A
pesar de ser inédito en el campo académico, el
geoderecho siempre existió, por lo menos en su
pretensión de examinar las relaciones entre la
Constitución y las fuerzas políticas del Estado y
entre Estados. En este aspecto, es precisa la
lección Hans Meter Schneider, incorporada por
Gilberto Bercovici, cuando afirma que la
Constitución es fundamentalmente derecho político:
del, sobre y para lo político.
En fin, el geoderecho
tiene el objetivo de debatir el papel de la
Constitución y sus relaciones con la geopolítica
dentro de un amplio marco que engloba no sólo la
manifestación del poder constituyente originario en
ocasión de la instauración de la Constitución, sino,
sobre todo, en los momentos siguientes de
actualización del Estado. Dicha actualización es
hecha a través de enmiendas constitucionales y de
leyes infra-constitucionales y bajo los influjos de
una determinada política constitucional, pasible de
sufrir interferencia externa. Esta es la razón por
la cual vamos inicialmente a investigar las
relaciones complejas entre la geopolítica y la
Constitución en estos tiempos de Estado
Post-Moderno. En seguida, se pretende examinar
las estrategias norteamericanas y sus reflejos en la
construcción del orden internacional para,
finalmente, intentar engendrar algunos elementos
teóricos capaces de informar acerca de la creación
de un geoderecho genuinamente nacional, sin sumisión
a los centros mundiales de poder y, en especial, a
los Estados Unidos. Entendemos que, en el cambio del
siglo XX para el siglo XXI, un geoderecho regulando
y siendo regulado por una geopolítica subordinada,
será el gran agorero de tiempos sombríos para
nuestro País.
1) Constitución y
geopolítica en tiempos de estatalidad post-moderna
En este segmento
temático se pretende examinar las principales
características que circunscriben el llamado Estado
Post-Social o Estado Post-Moderno, un nuevo ciclo
estatal que surge a partir del colapso soviético y
que todavía se encuentra en plena evolución. A pesar
de eso, no se puede negar que el paradigma
post-moderno viene apuntando hacia la eliminación
del Estado Social (Welfare State), patrocinada por
la ola neoliberal. En rigor, por detrás de esta
tendencia se encuentra el poder de las empresas
multinacionales y su consectario más nocivo, sea
cual sea, el vaciamiento axiológico de la
Constitución que pone en riesgo todo un elenco de
valores y conquistas de la sociedad moderna. Se
propugna por medio del orden neoliberal la reducción
de la Constitución a estructuras negativas y de mero
procedimiento de limitación del poder del Estado,
quitándole la fuerza normativa tan arduamente
conquistada, al mismo tiempo en que se intenta
anular su papel transformador y emancipador que fija
tareas, programas y fines para el Estado y para la
sociedad. Como bien observa Lindaren Alves, se
transfiere a la iniciativa privada y a las
organizaciones de la sociedad civil, la
responsabilidad por la administración de lo social.
Estas, no obstante, funcionan apenas a escala de sus
medios y de su humanitarismo. Se abandona, así, la
concepción de los derechos económico-sociales. En
este sentido, observe, con agudeza de espíritu, que
la geopolítica neoliberal proyecta sobre las
Constituciones del mundo en desarrollo, la
neutralización de la concepción de los derechos
económico-sociales (segunda dimensión de derechos) a
través de un fenómeno capital que estamos designando
aquí como la constitucionalización de la geopolítica
neoliberal.
El tema es complejo,
pero, no puede dejar de ser enfrentado por el
estratega/jurista del siglo XXI, que para develar el
nuevo estadio epistemológico del Estado Post-Moderno
necesita comprender la intrincada conexión entre el
derecho y la geopolítica. En sintonía con el
italiano Natalino Irti, uno de los grandes
jurisconsultos de la actualidad, se defiende la
tesis de que la nueva geopolítica mundial
impulsada por la economía y la tecnología no
desconoce la máxima de que el territorio establece
la medida de la autoridad jurídica del Estado y que,
por eso mismo, es fundamental saber explotar la
dimensión espacial del derecho.
Es la idea de spatium
terminatuim, vale decir, lugar de política y
derecho, aislado e identificado por los límites de
la jurisdicción constitucional del Estado
territorial y que, en gran medida, se aproxima al
concepto de lebensraum, en tanto espacio vital y
objeto principal de la geopolítica clásica de
autores de renombre, ej.: Haushofer, Mackinder,
Spykman, Mahan y muchos otros. Sucede que en la era
del Estado Post-Moderno, el poder de las empresas
multinacionales y de la tecno-economía no conoce
límites, no tiene patria, se expande hacia cualquier
lugar. Son fuerzas ilimitadas (
) y que, juntas,
conjuntas y aliadas, generan (
) un espacio
artificial sin límites, donde la voluntad de lucro,
desenraizada y sin territorio, se expresa más allá
de los Estados y más allá del derecho de los
Estados.
Es de una claridad
meridana, por lo tanto, la fragmentación jurídica de
la geopolítica y de la tecno-economía que debilita
las Constituciones dirigentes del mundo en
desarrollo y hace renacer de las cenizas el fénix
constitucional de arquetipo neoliberal. Es la
racionalidad geopolítica quebrantando aquella visión
clásica keynesiana de la impenetrabilidad del orden
jurídico estatal, o sea, el territorio del Estado ya
no es más símbolo de lebensraum, de espacio vital de
delimitación de las fronteras entre Estados
nacionales. En tiempos de estatalizad post-moderna,
el nuevo concepto de lebensraum, ya no se une más a
la conquista de los territorios, y sí, a la
conquista de mercados y mentes (masificación por
medio de estructuras eficaces de marketing).
La apertura mundial
del comercio, comandada por intereses globales de
agentes infra-estatales, se desplaza hacia la
centralidad de las relaciones post-modernas. Es en
este sentido que Ignacio Ramonet pone al desnudo la
idea de civilización del caos de los nuevos señores
del mundo (conglomerados financieros e industriales
privados), del planeta saqueado (destrucción
sistémica del medio ambiente), de las metamorfosis
del poder y sus formas negociadas, reticulares y
horizontales (prensa, grupos de presión y
organizaciones no-gubernamentales), del choque de
las nuevas tecnologías (hombro con hombro con el
choque de civilizaciones de las guerras étnicas) y,
todo esto, contribuyendo a arrojar sobre esta
sociedad occidental post-moderna un mal olor de
remordimiento y algo parecido al sentimiento de
náuseas.
Infelizmente, esta es
la compilación que se hace del marco post-moderno.
Es imperioso reconocer que la post-modernidad
estatal viene trayendo hasta ahora una perspectiva
sombría de agravamiento del ciclo de la periferia,
de empobrecimiento estatal, de desamparo de
hipo-suficientes (capas más pobres del tejido
social). En este contexto, es preciso adquirir una
sensibilidad académica esmerada para comprender el
fenómeno de la constitucionalización de la
geopolítica y la necesidad de creación de un
geoderecho, verdaderamente autónomo con relación a
los centros mundiales de poder, los grandes
depositarios de las fuerzas de des-limitación
(tecnología y economía). Es por todo eso que se
tiene la impresión de que el legislador patrio no
comprende bien la compleja matriz de impactos
cruzados que circunscribe las relaciones entre el
centro y la periferia del sistema mundial.
Nuestras
Constituciones y leyes son modificadas sin ninguna
relación con un posible proyecto nacional de
desarrollo, al revés, lo que primará es la
estrategia de las grandes potencias,
caracterizándose aquello que Natalino Irti denomina
mercado de ordenamientos jurídicos, o sea,
las empresas multinacionales amparadas por sus
respectivos Estados nacionales tienen a su entera
disposición un verdadero mercado de Constituciones y
eligen aquella que les resulte más ventajosa y
conveniente.
Y más grave aún es
percibir que esta idea-fuerza de un mercado de
Constituciones no surge de la nada, muy por el
contrario, es una decisión política fundamental del
Estado tomada por el poder legislativo. Cuanto mayor
es la falta de visión estratégica de este segmento
de la sociedad, mayor será la intensidad de los
daños sufridos por los ciudadanos comunes. En fin,
el resultado de este constitucionalismo
condescendiente en demasía, estructurado a partir de
relaciones verticales de poder, es melancólico y fue
muy bien captado por aquella imagen traída a cuenta
por el maestro Celso Mello cuando alerta que los
gastos en perfumes o en helados en los Estados
Unidos y en Europa, serían suficientes para atender
las necesidades sanitarias y nutricionales de todo
el mundo subdesarrollado. Igualmente fuerte, es el
registro de que las personas son más ricas que los
Estados nacionales. Todo eso refleja el fenómeno de
la constitucionalización de la geopolítica dentro de
una globalización neodarwinista que no hace más que
aumentar las capas de sub-proletarios en la
periferia del sistema mundial. En fin, hay que
comprender que Poder hegemónico y modificaciones
constitucionales comandadas son temas que
circunscriben al Estado Post-Moderno.
En consecuencia, es
imperioso engendrar un modelo de Estado Post-Moderno
capaz de calcular la influencia de las grandes
estrategias de los centros mundiales de poder y que
tenga una magnitud científica suficiente para
garantizar el núcleo esencial de la dignidad del ser
humano. Conviene no embarcarse en la ola de la
eliminación del Estado nacional y, en especial, del
Welfare State.
Es por eso que se
juzga inaplazable concebir el modelo ideal de Estado
Post-Moderno a partir de la reconfiguración del
Estado Social, sin, entre tanto, renegar las
virtudes del Estado Liberal. Ahí está la piedra
angular de la construcción del Estado Post-Moderno:
una propuesta de modelo estatal que mantenga algún
control sobre la economía privada, pero que, sin
embargo, sea limitado en sus excesos
intervencionistas.
En este diapasón, el
geoderecho brasileño tiene una misión de idealizar
un nuevo paradigma constitucional de estatismo
positivo atenuado, que armonice, por un lado, el
binomio libre iniciativa expansión mundial del
comercio y, por otro, el trinomio dignidad del ser
humano desarrollo nacional justicia social. Y
más: la confluencia de los valores liberales (libre
iniciativa y estatismo) debe constituirse a partir
de la garantía del núcleo esencial de la dignidad
humana, que fija las condiciones materiales mínimas
hacia el ejercicio pleno de la ciudadanía y de los
derechos civiles y políticos. La figura que sigue
sintetiza dicha idea.

Es por eso que ya no
se pueden más aceptar sin una visión crítica, las
construcciones teóricas extranjeras muy bien
delineadas y sistematizadas por autores de renombre,
que no hacen otra cosa que agravar el ciclo de la
periferia en nuestra región geopolítica. ¿De qué
sirve vanagloriarse de la fuerza normativa de la
Constitución bajo la égida de una pujante
democracia, cuando se constata la ineptitud del País
para concebir una estrategia nacional que garantice
efectivamente los derechos fundamentales mínimos del
ciudadano común, el núcleo esencial de la dignidad
humana?
Es por esto que debe
existir consonancia entre la Constitución y la
Estrategia Nacional; no se admite más aquella
vetusta imagen de soledad constitucional. Por el
contrario, urge al estratega brasileño superar el
abismo científico que nos separa de los países
desarrollados, en especial de los Estados Unidos,
cuya Estrategia Nacional tiene el poder de moldear
el orden internacional. Repítase, por ser
fundamental: la estrategia de un único Estado
nacional dirigiendo y comandando el orden
internacional y, lo que es peor: muchas veces ni
siquiera la propia sociedad internacional se da
cuenta de esto.
En efecto, el
estudioso de las relaciones internacionales tiene la
obligación de develar la intrincada tesitura
estratégica estadounidense, que proyecta hacia el
mundo una imagen retórica de valores democráticos
que no se corresponde con su práctica en la vida
real.
Es por todo esto que
en el próximo segmento temático no habrá otro
camino sino el de trillar la larga evolución del
pensamiento norteamericano, desde la Geoestrategia
de la Contención del orden bipolar, pasando por la
Estrategia del Compromiso y de la Ampliación de
Clinton (National Security Strategy of Engagement
and Enlargement) hasta llegar finalmente a la tan
controvertida Doctrina Bush y su tentativa de
imposición de la Pax Americana. Así se pretende
demostrar que dichos modelos estadounidenses
trascienden el objetivo de su simple nacionalidad e
invaden la territorialidad de los países del resto
del mundo, siendo correcto incluso afirmar que,
evaluar la coyuntura internacional, no deja de
significar analizar las estrategias de seguridad
nacional de los Estados Unidos de América, tal es,
en esencia, la génesis de su construcción.
2) Las estrategias
norteamericanas y la construcción del orden
internacional
Este segmento
temático fue elaborado con la expectativa de
plantear una visión crítica de las estrategias de
seguridad nacional de la mayor potencia
económico-militar del planeta, con el objetivo de
comprender el significado, organizarlas
sistemáticamente y, finalmente, señalar las teorías
geopolíticas que les sirven de sustento.
Las grandes
estrategias norteamericanas, solamente pasaron a
regir las relaciones internacionales, luego de la
superación histórica del orden internacional
eurocéntrico, lo que sucede efectivamente al final
de la Segunda Guerra Mundial. Anteriormente regía el
orden impuesto por las potencias europeas, en
especial el Reino Unido, Francia y Alemania y cuya
trayectoria de evolución comienza con la Paz de
Westfalia de 1648 (formación de la sociedad
internacional), pasa por el Congreso de Viena de
1815 (fin de las guerras napoleónicas) y por el
Tratado de Versalles de 1919 (formación de la Liga
de las Naciones), hasta que, finalmente, se alcanza
el fin de la Segunda Gran Guerra Mundial, evento que
sella definitivamente el colapso del mundo
eurocéntrico y la creación de la Organización de las
Naciones Unidas.
La figura que sigue,
tiene el don de brindar una visión panorámica del
perfil de la evolución de las estrategias
norteamericanas, desde el fin del mundo eurocéntrico
hasta nuestros días, o sea, desde la Geoestrategia
de la Contención, en vigor durante toda la Guerra
Fría, pasando por la Estrategia del Engagement and
Enlargement., engendrada por Bill Clinton a
comienzos de los años 90 y desarrollada a partir de
la ruptura del Imperio soviético, hasta que,
finalmente, se llega a la Doctrina BUSH,
configuración estratégica post-11 de septiembre y
cuya línea dominante es la imposición de la llamada
Pax Americana, entendida aquí como unipolarismo
geopolítico global.

La Geoestrategia de
la Contención fue utilizada por más de cuatro
décadas para combatir el expansionismo soviético y
en sus albores, más precisamente en las Conferencias
de Yalta y de Postdam de 1945, los constructores de
la estrategia norteamericana estaban divididos con
relación a la política internacional de la Unión
Soviética (¿respeto a la división del mundo hecha en
Yalta y Postdam, o un proyecto de expansión
comunista?). Fue en ese ambiente de dudas que se
tornó notoria la visión prospectiva de George F.
Kennan, primer estratega en percibir que la URSS no
era simplemente un aliado difícil en las
negociaciones de la post-Guerra, sino, por el
contrario, era, incuestionablemente, el principal
opositor geopolítico de los Estados Unidos en el
contexto mundial que surgía. Comenzaba así la Guerra
Fría, teniéndose, por un lado, la expansión
soviética de inspiración mackinderiana y, por otro,
la contención norteamericana bajo influencia
spykmaniana.
La expansión
soviética se moldeó en la teoría del poder terrestre
de Mackinder, cuyo eje central era la progresiva
conquista de la Isla-Mundo a partir del Corazón de
la Tierra (Eurasia). Ya la reacción norteamericana
vino a través de la Geostrategia de la Contención,
cuyo nombre original es Kennans Containment
Strategy. Con rigor académico, para comprender tal
estrategia, es necesario, antes, comprender su base
teórica: la teoría de las fimbrias. Idealizada por
Nicholas Spykman, la teoría de las fimbrias fue una
de las más importantes concepciones geopolíticas
clásicas y sostenía que lo realmente importante era
la ocupación de las orillas o fimbrias de la Isla
Mundial, esto es el llamado Rimland. Por el control
del Rimland, se evitaba la expansión de la potencia
central, aislándola en el Corazón de la Tierra e
impidiéndole alcanzar la Isla del Mundo.
Basado en estos
principios spykmanianos, el estratega estadounidense
enseguida percibió que bastaba aislar a la Unión
Soviética en el centro del Heartland, mediante la
fijación de tres grandes alianzas internacionales, a
saber: a) para la defensa de Europa Occidental, se
formó la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN); b) para proteger las regiones del
Oriente Medio y de Asia Central, se creó la
Organización del Tratado del Centro (OTCEN); y,
finalmente, c) para neutralizar la proyección
comunista sobre el continente asiático, se
constituyó la Organización del Tratado del Sudeste
Asiático (OTASE).
De todo esto se
desprende, por lo tanto, la alta capacidad de
articulación estratégica de los Estados Unidos,
fruto del trabajo de una elite sofisticada, cuya
habilidad para disimular intereses propios no tiene
respuesta. Es necesaria mucha sensibilidad
estratégica para no dejarse seducir por el american
way de hacer política internacional. Son
innumerables los ejemplos de países que se dejaron
envolver por esta alta capacidad estratégica
estadounidense de exportar sus amenazas hacia los
aliados, que van a manejarse en la escena
internacional pensando en cuidarse de sus auténticos
intereses geoestratégicos. Incluso Brasil, es
siempre un buen ejemplo de víctima de esta alta
capacidad estratégica estadounidense de exportar sus
amenazas hacia sus aliados que se van a mover en la
escena internacional pensando cuidarse de sus
auténticos intereses geoestratégicos.
En este sentido, el
estudioso de la Geoestrategia de la Contención,
tiene el deber académico de señalar otro punto
capital de observación y que era la inconveniencia
estratégica de apoyar regímenes democráticos en el
contexto latinoamericano. En términos simples, el
uso de la democracia como vector estratégico de
combate al comunismo fue debilitado en América
Latina por el propio estratega norteamericano, o
sea, para contener el avance soviético en nuestra
región geopolítica, los Estados Unidos estimularon
la formación de gobiernos militares fuertes, en
detrimento de los propios valores democráticos. Bajo
la óptica estadounidense, esta era la forma más
eficaz de evitar el avance comunista en el contexto
latinoamericano. En efecto, era la propia letra de
la Geoestrategia de la Contención que revelaba la
tendencia de apoyar los regímenes militares en
América Latina. Estaba escrito textualmente, no era
ni siquiera necesario disimularlo. En el marco
geopolítico de la Contención, dichos regímenes eran
importantes instrumentos al servicio de los
intereses norteamericanos. Resta sondear si fue o no
coincidencia la realidad que se vivenció en toda
esta región. En verdad, toda América Latina optó por
trayectorias estratégicas de gobiernos militares que
enfrentaban mejor la amenaza comunista. Se deja para
la reflexión del lector un examen concreto de la
realidad, si la opción estratégica adoptada por
América Latina y, en especial, por América del Sur,
atendió sus propios intereses o, por el contrario,
si fue apenas la concreción de una estrategia que le
era externa y emanada de los Estados Unidos de
América del Norte.
Una vez analizadas
las relaciones geopolíticas bipolares, vamos,
inmediatamente a investigar la National Security
Strategy of Engagement and Enlargement, modelo que
se consolidó incluso durante el primer gobierno
Clinton. Así, se puede comenzar diciendo que la
caída del muro de Berlín evidenció inmediatamente la
inconveniencia de la Geoestrategia de la Contención
y por consiguiente, hizo que surgiese un nuevo
paradigma de seguridad nacional. En este sentido,
las nuevas variables del mundo post-Guerra Fría
exigieron una revitalizadora revisión de principios
estratégicos, cuya integración culminó en la
formulación de un modelo dirigido hacia la apertura
mundial del comercio. Así, las vigas maestras de la
nueva estrategia, fueron construidas a partir de la
primacía de la dimensión económica y de la reducción
de los gastos militares, por lo tanto, totalmente
diferente de aquella que sería adoptada por su
sucesor, el presidente George W. Bush, cuya opción
sería de cuño militarista. Es a partir de este tipo
de lectura que se comprende mejor el cambio de
postura internacional del multilateralismo
disimulado de Clinton hacia el unipolarismo
declarado de Bush, al mismo tiempo en que se
entiende, con mayor claridad, el pasaje del mundo
político estratégico de la Guerra Fría hacia el
universo económico-comercial de la era post-bipolar.
En efecto, la nueva
estrategia desplazó hacia la centralidad de la
política externa norteamericana la perspectiva
neoliberal, en detrimento de una visión
ideológico-militarista que predominaba en el período
que le antecedía. Realmente, no hay como negar la
afirmativa de que la política internacional de
Clinton inauguró la era del mercado-centrismo, un
mundo esencialmente económico-comercial, impulsado
por la apertura de mercados globales y por la libre
iniciativa. Es la ola neoliberal que está siendo
exportada con la fuerza del pensamiento único y
con el prestigio del triunfo del capitalismo sobre
el comunismo. No fue sin razón, por lo tanto, que la
economía norteamericana alcanzó su apogeo durante la
vigencia del Engagement and Enlargement.
Concebida con la
esperanza de simbolizar el mojón cero de un nuevo
recomienzo, de una nueva historia escrita a partir
de la victoria del capitalismo, la estrategia de
Clinton sobreestimó la dimensión económica, sin
tener en cuenta la realidad internacional
subyacente, cuyo eje giraba en torno al choque de
civilizaciones tal cual fue formulado por Samuel
Huntington. Y así es que los atentados terroristas a
los símbolos del Poder Nacional norteamericano, van
a alterar drásticamente el marco estratégico hasta
entonces vigente. Además, la gran crítica que se
hace hoy en día al modelo estratégico de Clinton,
recae exactamente en esta creencia suya, exacerbada
en la supremacía de la dimensión económica dentro de
la matriz de seguridad nacional de los Estados
Unidos. Y el hecho es que, la caída de las torres
gemelas, va a establecer nuevos imperativos de
seguridad nacional para los Estados Unidos,
imprimiéndoles una nueva imagen volcada hacia la
Guerra contra el Terror. Es en este diapasón que la
Doctrina Bush hace retornar la primacía de la
dimensión militar al plano más amplio de la
seguridad nacional.
En suma, si, por un
lado la caída del muro de Berlín revocó la
Geoestrategia de la Contención e instauró el modelo
del Engagement and Enlargement, por otro, la caída
de las torres gemelas invalidó la estrategia
económica de Clinton e inauguró la tan controvertida
Doctrina Bush, era de fuerza y de pax americana. En
efecto, la configuración estratégica post-11 de
septiembre, optó, sin preocuparse demasiado por el
resto del mundo, por un escenario internacional
unipolar, en el cual los intereses norteamericanos
serán colocados en un primer plano, desestimando las
tendencias contemporáneas al multilateralismo de
objetivo global de la sociedad internacional
post-bipolar. He aquí plenamente justificados, bajo
la perspectiva estadounidense, los conceptos de
ataque preventivo y proteccionismo comercial sin
disfraz.
En verdad, con la
debida agudeza de espíritu, es posible identificar,
antes incluso del fatídico 11 de septiembe de 2001,
señales previas de unipolaridad dentro de la obra
estratégica de George W. Bush, tales como:
a) La reedición del
proyecto Guerra en las Estrellas, escudo de
defensa anti-misil, que había sido archivado durante
el gobierno Clinton;
b) El abandono de la
concepción estratégica de la Fuerza en Reducción
(Shrinking Force), en la cual se preveía la
reducción de aproximadamente el 35% de los gastos
militares para las décadas siguientes, tal cual
estaba estipulado en la revisión estratégica de 1993
del entonces Secretario de Defensa Les Aspin;
c) La negativa de
adherir al consenso de los nuevos imperativos
internacionales de conservación del medio ambiente,
engendrados en la Convención de Kyoto;
d) El no
reconocimiento de aplicabilidad a las fuerzas
militares estadounidenses de las normas y principios
jurídicos que involucraban la formación del Tribunal
Penal Internacional (TPI);
e) El abandono de la
Conferencia anti-racismo y, finalmente,
f) La denuncia del
importante tratado Anti-Balistic Missile Treaty
(ABM) de reducción de las armas nucleares con Rusia,
denuncia ésta necesaria para la reconquista de la
construcción del Sistema de Defensa Estratégica
Anti-misil (Reedición de la Guerra de las
Estrellas).
En fin, la estrategia
de Bush ya presentaba, desde el comienzo, indicios
unilateralistas, de ahí la fuerte crítica que viene
recibiendo de la sociedad internacional, ya sea por
la interrupción que provoca en el proceso de
consolidación del multilateralismo de alcance
global, ya sea por el menoscabo que muestra frente a
los demás Estados nacionales y, en especial, al
Derecho Internacional Público (debilitamiento del
papel de las Naciones Unidas).
3) Elementos teóricos
de un geoderecho genuinamente brasileño en el siglo
XXI
Dentro de un contexto
mundial globalizado, la proyección de un país en el
concierto de las naciones, es función de su
estrategia de inserción internacional. En este
sentido, es deber del estratega patrio trazar las
líneas dominantes de la política internacional del
país. No obstante ello, se verifica que Brasil en
las últimas décadas viene demostrando ser incapaz de
engendrar un proyecto nacional de desarrollo, que
contemple nuestras reales posibilidades de inserción
autónoma en el escenario internacional.
Nuestra Carta Magna
preconiza, en su artículo cuarto, la búsqueda de la
formación de una comunidad latinoamericana de
naciones. No deja de ser una orientación geopolítica
importante para la política externa brasileña. Sin
embargo, es bueno ver que la integración
latinoamericana, más allá de que sea el mejor camino
a recorrer, es de difícil ejecución. México ya se
encuentra irremediablemente vinculado a los Estados
Unidos; los países del Caribe y de América Central
también están más cerca estratégicamente de los
Estados Unidos que de cualquier país sudamericano,
en fin, una integración de esta índole, sería
prácticamente imposible, por lo menos en el período
de corto o mediano plazo. Siendo así, se visualiza
como la mejor solución para la geopolítica brasileña
en estos albores de la post-modernidad, la reducción
de nuestro espacio vital hacia el sub-continente
sudamericano.
Es este
indudablemente nuestro verdadero lebensraum, nuestro
espacio efectivo vital. Siendo así, se percibe que
la integración sudamericana debe ser el punto de
partida de todo proyecto brasileño de inserción
internacional. Dicho de otra manera, la construcción
de un modelo geopolítico brasileño debe partir del
fortalecimiento de América del Sur, como paso
inicial de un proyecto de inserción internacional
mucho más amplio y que abarque también las
relaciones con los centros mundiales de poder, con
África y, finalmente, con Asia.
Siendo así, se
defiende la tesis de que el estratega patrio tiene
el desafío de edificar la integración de la llamada
tríada sudamericana, compuesta por los tres grandes
conjuntos geopolíticos de nuestro sub-continente
(Arco Amazónico, Pacto Andino y Cono Sur). He aquí
la primera etapa de una concepción geopolítica
genuinamente brasileña. Inmediatamente, se deben
entonces configurar los tres grandes frentes
externos: el primero enfocado hacia los centros
mundiales de poder (Estados Unidos, Europa y Japón),
el segundo, denominado frente atlántico, arrastrado
a la proyección brasileña sobre África y sobre el
Atlántico Sur, finalmente, el tercero, denominado
frente sur-sur y que abarca principalmente la
interconexión IBAS-Mercosur. La figura que sigue
sintetiza esta posible concepción geopolítica
multipolar.

En efecto, la
integración del llamado triángulo geopolítico
sudamericano, es el mejor proyecto de integración de
América del Sur. Bajo los pronósticos de un benigno
liderazgo brasileño, la integración de estos grandes
conjuntos geopolíticos puede concretarse a partir de
la explotación de sus vocaciones naturales y estar
pautada por el carácter de inter-complementariedad
sub-regional. Por otro lado, con relación a los
centros mundiales de poder, nuestra estrategia debe
ser la de mantener una posición firme y de
cooperación, aunque, sin obsecuencia y prestando una
especial atención en el tema de los subsidios
agrícolas por parte de los Estados Unidos, Europa y
Japón que, indudablemente, perjudica nuestras
exportaciones en este sector.
Con relación al
frente atlántico, es importante destacar la
aproximación con el continente a partir de la
revolución del bio-diesel y de otras inversiones
brasileñas ligadas a la construcción civil.
Finalmente, el frente sur-sur puede abrir amplias
perspectivas de integración trilateral abarcando a
los países del MERCOSUR, de África del Sur y de la
India, formándose, por lo tanto, una gran zona de
libre comercio en el hemisferio sur.
Por todo lo expresado
podemos ver, por consiguiente, la importancia de que
el estratega patrio sistematice la inserción
internacional de Brasil. Sin una visión amplia, no
será posible moldear el sistema de fuerzas
geopolíticas sudamericanas en una única dirección.
No hay otro camino a recorrer a no ser el de buscar
la integración del triángulo geopolítico
sudamericano. En efecto, la interconexión del frente
amazónico, andino y platino, es una concepción con
una magnitud geopolítica capaz de enfrentar la
influencia de los centros mundiales de poder,
tornándose la base de un gran proyecto de inserción
internacional de América del Sur como un todo.
Conclusión:
El presente trabajo
procuró más ab initio usque ad analizar las
interferencias mutuas entre la geopolítica y el
derecho. Así, en un primer momento se investigó el
fenómeno académicamente oculto en Brasil y que es la
constitucionalización de la geopolítica. En este
sentido, se verificó que el derecho constitucional
vive una de las fases más delicadas de su evolución,
principalmente en países del mundo periférico, donde
se constata con mayor intensidad el fenómeno de la
constitucionalización de principios de orden
político liberal en su afán de neutralizar
axiológicamente la Constitución, restándole la
fuerza normativa, tan arduamente conquistada.
Así, se intentó
demostrar que la falta de una Estrategia Nacional de
largo plazo impide, por vía refleja, que la
Constitución cumpla efectivamente su papel de
asegurar los derechos fundamentales mínimos para
todo y cualquier ciudadano brasileño. Como bien
alertó Bercovici, sin un Estado fuerte, podemos
incluir lo que queramos en la Constitución, que no
sucederá nada en términos de efectividad de los
derechos fundamentales.
En estos tiempos de
post-modernidad, se vive la angustia de la
desaparición del welfarismo y, en consecuencia, el
abandono de los excluídos a su propia suerte. Es por
eso que el legislador patrio tiene la misión de
actualizar el Estado brasileño mediante la fijación
de enmiendas constitucionales que valoricen el
concepto de un Estado Post-Moderno que pueda al
mismo tiempo conciliar los valores liberales de la
libre iniciativa y de la apertura del comercio, con
los valores de la social democracia dirigidos hacia
la justicia social y a la dignidad del ser humano,
garantizándose, a partir de ahí, el núcleo esencial
de los derechos del ciudadano común.
Acostado en una
espléndida cuna, el gigante brasileño se somete a
presiones externas que sólo hacen que se agrave la
exclusión social de nuestro País. Urge, pues, a
Brasil, alejar la postura geopolítica sumisa y
recuperar el tiempo perdido, asumiendo una
concepción geopolítica avanzada, cuyo punto de
partida y no de llegada sea la unión de la
tríada sudamericana y sus principales bloques
geopolíticos (arco amazónico, pacto andino y cono
sur). A partir de ahí será más fácil engendrar las
otras tres grandes iniciativas extra-bloque
representadas por los frentes norte (centros
mundiales de poder), atlántico (África y Atlántico
Sur) y sur-sur (MERCOSUR-IBAS, MERCOSUR-mundo
árabe-islámico y BRIC). En suma, la evolución del
derecho constitucional en Brasil, precisa tener en
cuenta estas variables geopolíticas de forma de
fijar defensas jurídicas eficaces contra los centros
mundiales de poder, cuyos intereses se proyectan
sobre nuestro constitucionalismo, debiendo recordar
aquí, una vez más, la lección magistral de Natalino
Irti acerca del mercado de ordenamientos jurídicos
en el mundo en desarrollo. En esta instancia,
importa ganar una visión superior de que la
Constitución tiene la función de moldear la vida
nacional, y, no, sólo regularla.
Es por todo eso que
se cree que el derecho constitucional post-moderno
no puede quedar alejado de la realidad internacional
que lo circunscribe, sin que le sea endilgado
cualquier papel de control en la protección de los
derechos fundamentales y en la actuación del Estado
desarrollista en el dominio económico. Bajo la
óptica del geoderecho, el significado de la
Constitución no se agota en la mera perspectiva de
ser la norma jurídica superior del Estado,
desprovista de todo contenido ético-social, como
quiere además el orden político neoliberal. Al
revés, la Constitución es dinámica y abierta y debe
servir de fundamento material para la elaboración de
las políticas públicas dentro del Estado
Constitucional de Derecho. Debe comprenderse que la
Constitución y la Estrategia Nacional en cuanto
definidora de las políticas públicas son dos caras
de una misma moneda.
Más aún: inspirado en
Rui Barbosa, se podría decir que: cuando la escuela
de Chicago en las finanzas se une a la escuela de
Friedrich August von Hayek en la teoría económica,
pueden estar seguros de que se les imprimió, entre
los pueblos del mundo periférico, una herencia
incomparable de exclusión social.
Con estas
consideraciones, se finaliza este trabajo académico,
destacándose que, en la era del geoderecho, la
estrategia nacional y el derecho constitucional
deben estar hombro con hombro en la garantía de los
derechos fundamentales del ciudadano común y en
la defensa de la soberanía estatal; definitivamente,
no conviene embarcarse en la ola de la
desintegración del Estado nacional, que la matriz
neoliberal intenta exportar con la fuerza del
triunfo capitalista sobre el socialismo a partir del
colapso soviético. Es posible, sí, que se inaugure
una nueva etapa de lectura moral y geopolítica de la
Constitución haciendo valer más que nunca la
expresión de Hans Meter Schneider de que la
Constitución es un derecho político: del, sobre y
para lo político.
Traducido para
LA ONDA digital por Cristina
Iriarte
Autor:
Guilherme Sandoval Góes Profesor de Derecho y
Capitán de Mar y Guerra; Coordinador de la División
de Asuntos Geopolíticos y de Relaciones
Internacionales de la Escuela Superior de Guerra de
Brasil.; Coordinador del Curso de Post-grado en
Derecho Constitucional de la Universidad Estácio de
Sá; Master y Doctorando en Derecho por la
Universidad del Estado de Río de Janeiro;
MELLO, Celso D. de Albuquerque. Direito
Constitucional Internacional. Rio de Janeiro:
Renovar, 2000, p. 5.
Cf.
BERCOVICI, Gilberto. Constituição e política: uma
relação difícil. In: LuaNova, n. 61, 2004, p.10.
Disponível em http://www.scielo.br/pdf/ln/n61/a02n61.pdf.
Acesso em 20 de outubro de 2007. Nesse sentido de
Constituição como direito político, o ilustre
doutrinador pátrio mostra que o debate
constitucional passa a travar-se entre aqueles que
consideram a Constituição um simples instrumento de
governo, definidor de competências e regulador de
procedimentos, e os que acreditam que a Constituição
deve aspirar a transformar-se num plano global que
determina tarefas, estabelece programas e define
fins para o Estado e para a sociedade.
BINENBOJM, Gustavo. A nova jurisdição constitucional
brasileira. Legitimidade democrática e instrumentos
de realização. 2 ª ed. revista e atualizada. Rio de
Janeiro: Renovar, 2004, pp. 7-8.
ALVES, J.A. Lindgren. A declaração dos direitos
humanos na pós-modernidade. Revista No., Rio de
Janeiro. Disponível em http://www.dhnet.org.br/direitos/militantes/lindgrenalves/lindgren_100.html.
Acesso em 20 de outubro de 2007.
IRTI, Natalino. Geodireito. Tradução de Alfredo
Copetti Neto e André Karan Trindade. Conferência
sobre biodireito e geodireito. Universidade de São
Paulo, São Paulo, 2007, p.1.
Cf. Geodireito, pp. 4-5.
Para uma investigação científica importante acerca
da nova ordem mundial após a queda do muro de Berlim
e a perspectiva de um neo-hegemonismo
norte-americano, sugere-se a leitura de RAMONET,
Ignácio. A geopolítica do caos. Petrópolis, RJ:
Vozes, 1998.
Cf. Geopolítica do caos, pp. 7-12.
Cf., ob.,cit.,p.6.
As
pessoas estão mais ricas que os estados. As 15
pessoas mais ricas ultrapassam o PIB da África
Subsaárica. (...) Para atender às necessidades
sanitárias e nutricionais fundamentais custaria 12
bilhões de euros, isto é, o que os habitantes dos
EUA e União Européia gastam por ano em perfume e
menos do que gastam em sorvete. (...) Cada uma das
100 principais empresas globais vende mais do que
exporta cada um dos 120 países mais pobres. As 23
empresas mais importantes vendem mais que o Brasil.
Elas controlam 70% do comércio mundial. Cf. Celso de
Mello. Ob. cit. p. 57.
E
mais ainda: não é apenas a falta de visão
estratégica do legislador que impede o avanço da
proteção dos direitos constitucionais mínimos do
cidadão comum, desafortunadamente, a academia pátria
também não consegue desvelar as interpenetrações
entre direito, relações internacionais e
geopolítica. Ou bem se estuda, nas escolas de altos
estudos militares e nos centros de formação da
diplomacia, a geopolítica e as relações
internacionais dentro de cadeiras isoladas, ou bem
se estuda, nas escolas jurídicas do País,
hermeticamente fechados o direito internacional e o
direito constitucional. O efeito disso tudo é
inexorável: a criação de um edifício epistemológico
brasileiro totalmente fragmentado, sem elo
científico entre os diversos segmentos do saber
nacional.
É
nesse momento histórico que a hegemonia
norte-americana deixa de ser implícita e, passa,
efetivamente, a moldar as relações internacionais. É
por isso que vamos em seguida examinar a evolução do
pensamento estratégico estadunidense, começando-se
pela Geoestratégia da Contenção que entra em vigor
logo após o fim da Segunda Guerra Mundial. Antes
porém, gostaríamos de fazer uma pequena digressão
filosófica na verdade um alerta - para ressaltar
que as análises das estratégias norte-americanas
devem ser feitas sob a ótica da natureza do poder,
tal qual formulada por Michel Foucault. Na visão
deste renomado doutrinador, tal natureza se tematiza
na polêmica noção de que o poder em si não existe,
não é algo como a propriedade que se possui ou não,
o que existe são relações ou práticas de poder, o
que significa dizer que o poder é algo que se exerce,
que se disputa, que se estimula. É, portanto, com
este caráter relacional foucaultiano do poder que se
deve ou pelo menos se deveria interpretar as
estratégias de Segurança Nacional dos EUA, na medida
em que projetam estruturas de poder que buscam
perpetuar a força hegemônica estadunidense dentro do
concerto das nações.
CLINTON, William. A national security
strategy of engagement and enlargement. Washington,
DC: White House Press, Feb, 1995.
Tais conferências fizeram a divisão
geopolítica do mundo.
Pela
Conferência de Yalta, na cidade da Criméia, a área
de influência da URSS foi limitada ao Leste europeu,
enquanto que, na Conferência de Potsdam, ocorreu a
divisão da Alemanha (Berlim foi dividida em quatro
zonas de influência: britânica, norte-americana,
francesa e soviética). Ainda em Potsdam, a Coréia
foi repartida entre os EUA e a URSS, ficando a
Coréia do Sul sob controle norte-americano e a
Coréia do Norte sob a influência soviética.
O
corolário da National Strategy of Engagement and
Enlargement na América Latina foi o tão propalado
Consenso de Washington, engendrado pelos senhores da
economia privada e que adentrou o cenário
latino-americano sem encontrar maiores resistências,
seja na academia, seja na esfera política. E assim é
que o Consenso de Washington fixava uma plêiade de
políticas macroeconômicas, cujo objetivo era a
reconstrução do Estado Mínimo pré-weimariano,
valendo, destacar inter alia seus principais
mandamentos: privatização de empresas estatais,
flexibilização das leis trabalhistas,
desregulamentação do controle estatal sobre remessa
de lucros das empresas multinacionais, pagamento de
juros da dívida pública garantido por meio de
acordos bilaterais com o Fundo Monetário
Internacional, universalização das empresas de
telecomunicações, empréstimo condicional em que o
FMI estabelece pré-requisitos de políticas fiscal,
cambial ou monetária a serem adotadas pelos países
tomadores do financiamento, controle rigoroso do
déficit público com o fito de não comprometer o
pagamento dos serviços da dívida, e, finalmente,
elaboração de regras fixas para vencer, por
definitivo, as já frágeis barreiras tarifárias aos
produtos industrializados dos países da tríade
econômica (Estados Unidos, União Européia e Japão).
Cf. U.S. Defense Department. CLINTON,
Willliam Administration.. A national security
strategy of engagement and enlargement.
Washington D.C. Press, feb, 1996.
Cf
FUKUYAMA, Francis. O fim da história. Rio de
Janeiro: Biblioteca do Exército, 1998
Para uma análise mais ampla do quadro de níveis de
atrição entre civilizações, veja-se por todos
HUNTINGTON, Samuel. O choque de civilizações e a
recomposição da ordem mundial. Rio de Janeiro:
Biblioteca do Exército, 1998
Para uma ampliação da análise dos impactos da
geopolítica norte-americana no Brasil, v. GÓES,
Guilherme Sandoval. A evolução do pensamento
estratégico norte-americano a partir da fragmentação
nuclear e seus reflexos no Brasil. In: Revista
Marítima Brasileira. Rio de Janeiro,
v.121,n.04/06,abr./jun.2002.
Integração da Índia, Brasil e África do Sul, cujo
Fórum de Diálogo acaba de ser realizado em Pretória,
nascendo a proposição de formar uma grande zona de
livre comércio entre os países do Mercosul, da
África do Sul e da Índia. Para além dessa integração,
a frente sul-sul engloba ainda a integração Mercosul
Mundo árabe-islâmico e o assim chamado BRIC
(Brasil, Rússia, Índia e China).
E
assim é que no âmbito do Arco Amazônico, por exemplo,
a postura brasileira deveria caminhar no sentido de
integrar os países da região por intermédio de
acordos multinacionais de construções de
hidrelétricas (setor onde o Brasil desponta como um
grande competidor internacional), valorização de
redes pan-amazônicas de ciência&tecnologia e saúde
(pesquisas cientificas em torno da biodiversidade
seriam priorizadas em todas as universidades dos
países amazônicos, visando a agregar maior valor às
suas descobertas e assegurando as patentes
sul-americanas, evitando, por conseguinte a fuga de
recursos pela pirataria e tráfico ilegal de ervas e
sementes), intensificação do turismo ecológico
(construção da infra-estrutura necessária ao seu
desenvolvimento), etc. A questão indígena tem que se
solucionada em tautocronia com a perspectiva de
incrementar a exploração dos minerais nobres da
Amazônia. Em suma, o conceito estratégico da
FLORESTANIA, que alguns Estados brasileiros vêm
desenvolvendo deveria ser exportado a todos os
demais países amazônicos. O zoneamento ecológico da
região possibilitaria engendrar melhores estratégias
de aproveitamento econômico em âmbito continental. A
integração da Comunidade Andina de Nações é bem mais
complicada, mas nem por isto impossível. O ponto
nodal do posicionamento geopolítico brasileiro
dentro da frente andina deve apontar para a
mitigação da iniciativa norte-americana em expandir
o Plano Colômbia para os seus países lindeiros. Já o
Mercosul é inquestionavelmente o principal fórum de
integração sul-americana. As outras duas frentes, a
amazônica e a andina, são complementares dentro do
processo de inserção internacional da América do
Sul. Este é um rol meramente exemplificativo, com
certeza muitas outras iniciativas poderiam aqui ser
elencadas, mas não há espaço para tanto, fica apenas
a sinalização de uma vibrante integração a partir
destas três grandes frentes: amazônica, andina e
platina.
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