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Encuentro de científicos
uruguayos, analizó
proceso de la gripe
Intervención del Dr. José Russi
El
pasado viernes 8 de mayo se realizó la Reunión
Científica de la Sociedad Uruguaya de Microbiología
– Comisión Virología,
sobre el
Virus Influenza. Allí un grupo calificado de
científicos uruguayos que trabajan en el tema,
expusieron distintos aspectos de esta enfermedad que
ha cobrado gran actualidad.
El Dr. José C. Russi, uno de
los pioneros en la investigación de la Influenza en
Uruguay, explica en la conferencia que publicamos a
continuación, las distintas etapas -no solo de esta
enfermedad infecciosa- sino también de cómo fueron
desarrollándose en nuestro país los instrumentos y
métodos de investigación así como la formación de
los RRHH para el abordaje científico de la Gripe o
Influenza.
Al
iniciar la reunión el reconocido virólogo Dr. Juan
Arbiza, organizador del evento, dijo que en
definitiva la Influenza es un virus y es bueno “que
nos reunamos a intercambiar opiniones y conceptos
sobre este virus de “gran actualidad”. A la vez
recordó que precisamente con el Dr. Russi
escribieron en el 2002 un libro llamado “Virus al
acecho”, donde específicamente contiene un capitulo
de Influenza que denominaron; “Paradigma de los
virus al acecho”, subrayando que otro capitulo se
titula “Cronología de una amenaza contemporánea”. De
esta manera el científico recordaba la larga
trayectoria de la investigación, publicaciones y
recursos humanos calificados con los que cuenta el
país en esta materia.
En este libro agregó Arbiza, “se pueden encontrar
repuestas, a muchas de las preguntas que por estos
días se realizan a raíz de la aparición de la
Influenza A/H1N1 (gripe porcina)”
Además de los Dr. José Russi, Dr. Juan Arbiza,
participaron del evento el Dr. Hector Chiparelli,
Lic. Dora Ruchansky,
MSc
Natalia Goñi y Dr.
Raúl Castro
A continuación, se transcribe la grabación realizada
por La ONDA digital de la intervención del Dr. José
C. Russi en la Reunión Científica:
Agradezco la invitación de la
Sociedad Uruguaya de Microbiología para participar y
acordarse de mí y les confieso que tuve muchas dudas
al principio. Para empezar, que yo no sé si se puede
hablar del Influenzología, como término referente a
lo que vamos a ver, es decir, la historia de las
investigaciones sobre el virus Influenza. Así que no
lo vamos a usar ese término, no se preocupen, porque
además nos vamos a hacer un trabalenguas que no nos
va a llevar a ningún lugar.
El problema, básicamente, es
que para relatar una historia, uno tiene que tener
registros, datos objetivos y memorias. En nuestro
país los registros son muy pocos, son de una época
en que los universitarios veníamos acá porque nos
gustaban esas cosas y no había esa presión de
publicar, publicar y publicar. Se trabajaba por el
gusto de trabajar, sin esa presión que a veces, es
muy buena y que a veces puede ser muy mala. Y la
memoria, en el estado oscuro la memoria no existe,
siempre tiene una parte de ficción. Así que, todas
las omisiones en las cuales caiga, son involuntarias
(risas) y me he puesto de acuerdo conmigo
mismo en que voy a citar solamente a fallecidos para
que…(carcajadas), aunque hay uno que voy a
citar y no sé exactamente si está fallecido (más
carcajadas).
Pero la historia de las
investigaciones de “Influenza” en nuestro medio –
como en muchos países de Latinoamérica – han estado
pautadas por dos factores: los brotes epidémicos, es
decir, las pandemias o brotes locales o brotes
regionales o continentales; y, por otro lado, la
incomprensión de las autoridades de los Ministerios
de Salud Pública. Sino miren para México y verán un
poco las conclusiones que pueden sacar. Y siempre se
ha dicho que el virus de la Influenza es un virus
democrático. El virus de la Influenza ataca al
pobre, al rico, al que cree, al que no cree, al
niño, al adulto. Es decir, cubre todas las capas de
la sociedad. Y la incomprensión de las autoridades
del Ministerio de Salud Pública también es
democrática. Cubre todo el espectro de los
políticos, desde la derecha hasta la izquierda
(risas). Entonces yo tengo que destacar algunos
puntos de esa incomprensión, porque realmente – no
es que quiera decepcionarlos – lo que quiero es
darles, porque desde aquí espero que mucha gente
diga: “pero qué interesante esto de los virus
Influenza, vamos a ponernos a trabajar en este tema
en este país”. Y, en el Ministerio de Salud Pública
– al cual me estaba refiriendo – muy pocas veces uno
encuentra un apoyo decidido. Palmoteos en la espalda
– todos los días – pero poner el esfuerzo, muy
difícilmente.
Y voy a citar el único nombre
de alguien que no sé si está muerto o vivo, que es
el Dr. Leonel Pérez Moreira, que fue director
de Epidemiología y que, realmente, fue la única
persona que yo conocí en 40 años en el Ministerio de
Salud Pública que, no sólo puso el palmoteo, sino
que apoyó las investigaciones, los centinelas, los
estudios que se realizaron, fundamentalmente en la
década de los 60 y principios de los 70. Luego he
escuchado decir que “si la OMS quiere cepas para
hacer la vacuna, que pague. ¡Cómo va a pagar el
Ministerio de Salud Pública esa investigación! No
tiene sentido, ¿no? que paguen eso”. O he visto
grandes señores guardar la información
epidemiológica en el cajón y ser el único poseedor
de la epidemia. Es decir, había gente en el
Ministerio que sabía si había epidemia o no,
mientras el resto de la población no lo sabía. Y eso
es un dato y esa es una información que, hoy día,
tiene que estar – incluso - en tiempo real en
Internet. Todo el mundo tiene que saber qué es lo
que está pasando con la Influenza en la
población, porque de eso dependen conductas y las
conductas dependen de muchos factores; pero la
confianza entre los actores, es extremadamente
importante.
Hay una primera etapa de la
historia de los estudios de Influenza que va desde
año ‘55 hasta el año ‘62, donde hay un solo trabajo
publicado y un informe sobre Influenza. El trabajo
publicado, está publicado por Parodi, Tossi y
alguien más que realmente no conocí y se llama:
“Primeros aislamientos en un brote epidémico de
Influenza en el año 1955”. Me consta que desde antes
se estaba trabajando en Influenza en el país, pero
no hay nada que me pueda precisar, hasta qué punto
se estaba trabajando.
En la pandemia del 57, la única
referencia escrita que hay – que yo conozco – es un
informe que hizo el Dr. Bacigalupi y el Lic. Tossi a
las autoridades del Municipio – creo que no se
llamaba Municipio en ese momento – porque ellos
integraban parte del laboratorio municipal, el
laboratorio que trabajaba, entre otras cosas,
haciendo la vacuna contra la viruela. Y luego, nada
más. Hay un vacío muy importante. Incluso ahora
confirmaba con la Dra. Peluffo, que Parodi no era
uruguayo, era argentino y se ve que venía por
razones personales a Uruguay y tenía contacto con
Tossi e incluso estaba trabajando en el Instituto de
Higiene y sacaron ese trabajo. Allí había dos grupos
además, o se empezaban a esbozar dos grupos: el
grupo del Municipio y el grupo de la Facultad de
Medicina, que después tuvieron sus buenos
encontronazos pero no es del caso relatar, seamos
positivos. Pero generaron una competencia que a
veces es muy importante. Cuando la competencia es
leal – en ese caso no era leal (risas) – la
competencia es muy buena.
En el año ‘63 ocurrieron
dos hechos fundamentales: en este Instituto,
a la Cátedra de Bacteriología – que se llamaba así
en ese momento, no era Departamento, ni era
Departamento de Bacteriología y Virología – llega un
visitante que es el Dr. Helio Pereira, un
destacadísimo virólogo brasileño que estaba
trabajando en Londres y era el Director del Centro
Mundial de Referencia para la Influenza. En ese
momento habían dos centros: el de Atlanta y el de
Londres. Y él entrena al personal, a mucha gente, en
el manejo del diagnóstico y sobre todo en la
vigilancia epidemiológica de la Influenza en el
aspecto laboratorial. Y dejó una escuela realmente
muy importante. Y, justo, dió la casualidad que en
ese año hubo unos brotes muy importantes de
Influenza equina, que empezaron allá, por Estados
Unidos y después se propagaron por toda América
Latina con alta letalidad. Los caballos valían mucho
y, entonces, hubo mucho interés en estudiarlos. Y en
el año ‘63, se aisló la primera cepa de gripe equina
en el Uruguay, el A/equi/540/63 - miren cómo se
llamaba en ese momento - que hoy sabemos que era
H3N8. Después se llamó equi/2 y ahora es equi/H3N8.
Y a partir de ese hecho y con
el antecedente de la estadía de Pereira, se generó
una serie de trabajos sobre el tema. Hasta ahí el
tema era básicamente buscar o tratar de descubrir la
etiología de brotes o de problemas epidemiológicos.
Pero, por ejemplo, revisando los trabajos, hay uno
que analizó esa cepa equina, se hicieron estudios de
patogenia, vías distintas de inoculación, anatomía
patológica en membrana corioalantoidea. Se analizó
incluso la capacidad enzimática – como se llama el
trabajo – es decir, la actividad de la
neuroaminidasa, viendo la aglutinación y la elución
en glóbulos rojos de distintas especies. Y eso viene
a ser el precursor de lo que hoy hacemos cuando se
estudia la afinidad de estos virus con los distintos
receptores, el α 2,6 y el α 2,3. Y todo esto se hace
hoy día, con compuestos químicos y se pueden
estudiar perfectamente.
Pero aún en la actualidad
–analizando la afinidad de un virus de Influenza con
los glóbulos rojos de distintas especies– es posible
sacar bastantes conclusiones. (Eso después lo vemos,
porque ese es uno de los temas interesantes para
estudiar con H1N1, como veremos después). Además,
por ejemplo, hubo desarrollo de investigación
seroepidemiológica. Se hizo por allá, por el año ‘65
– creo que se publicó un poquito después – lo que se
llamó “la Anamnesis Serológica de la Influenza en el
Uruguay”. ¿Qué significaba eso?.: La historia
serológica de la Influenza en el Uruguay,
demostrando que en este país habían existido
epidemias en distintos períodos de tiempo e incluso,
demostrando que en individuos nacidos antes o
alrededor del inicio de siglo, habían circulado
cepas humanas que no eran las que estábamos usando
en ese momento. Por ejemplo, hubo reactores con la
cepa AX540. Ahora sabemos que tenía H3, en ese
momento no sabíamos nada de eso y esa es la
explicación de porqué había reactores para esa cepa.
También la diferencia básica
con las cepas humanas nos llevó a pensar en
sustituir o desarrollar algunas técnicas sensibles y
sencillas como la difusión en gel de agar, usando el
AX540 – que no cruzaba con ninguno de los virus
existentes – pero que tenía los antígenos que, en
ese momento, llamábamos “núcleo proteína” (porque
era el único que conocíamos, la proteína M no se
descubrió hasta muchos años después) y se desarrolló
un antígeno y se utilizó gel difusión (doble gel
difusión en gel de agar) para buscar anticuerpos que
eran contra los antígenos comunes y se comparó con
la fijación de complemento, etc, etc, y se tuvo un
nuevo instrumento de trabajo. Todo eso se hizo aquí.
Y así fuimos acercándonos a la
segunda pandemia que yo viví, que era la tercera del
siglo, que fue la del año ’68 -‘69. Allí los
aspectos destacables son varios. En principio, fue
la primera vez que se usó inmunofluorescencia para
hacer diagnóstico directo de Influenza. Ballone, que
trabajaba aquí y trabajaba también en el Municipio,
utilizó esa técnica para hacer diagnósticos
directos. ¡No se imaginan lo que era la
inmunofluorescencia de aquellos tiempos! Si ahora es
difícil de leer, aquella era… Había que saber el
resultado para leerla, (risas). La calidad
que vemos ahora en las inmunofluorescencias es por
el desarrollo de los monoclonales y eso fue el día y
la noche en cuanto a la calidad de las técnicas de
la inmunofluorescencia.
Es interesante -yo lo volví a
leer nuevamente- en el año ‘70, hicimos un
estudio en cerdos (para que vean que estábamos
ya con una idea fija). Se juntaron muestras de suero
de cerdos de invierno, de primavera, de verano y de
otoño y se le hizo la inhibición de la
hemaglutinación, con la cepa de Hong Kong (H3N2),
con la B y con la H1N1 – una cepa irrelevante del
punto de vista de estos animales y encontramos
anticuerpos contra el virus humano en esa población.
En aquél momento las
dificultades de comunicación eran mucho mayores que
las que tenemos ahora; porque ahora podremos no
acceder a los textos completos de los trabajos, pero
sí al menos a los títulos en el día. En aquel tiempo
era difícil acceder incluso a los títulos y saber
qué se había hecho.
Lo interesante es que, casi
simultáneamente a la publicación del trabajo en
nuestro medio, vimos que W.D.Kundin en Taiwán,
había demostrado que los cerdos se infectaban con
virus H3N2.
Lo más interesantes de esa
evidencia serológica – y esto yo aún no me he
convencido de que pueda ser cierto o es algo que
apareció por la naturaleza de la muestra, es que el
pico de actividad en los cerdos, es decir, en el
momento que había más anticuerpos y mayor título era
en verano. Y, como ya en aquel momento estábamos con
la idea de: “¿dónde se quedan los virus entre
estación invernal y estación invernal?”. Ahora sí
hay alguna respuesta más racional y se piensa que
los trópicos son el gran alimentador de los países
templados de nuevas cepas. En aquel momento no lo
sabíamos y pensábamos que podía ser un animal. La
hipótesis que planteábamos era que el cerdo podía
ser el animal que sirviera de nexo entre estación y
estación. Si lo leen el trabajo, verán que la
intuición – muchas veces – va más allá de lo que
demuestra el razonamiento científico.
También en ese momento, bajo la
idea de la vigilancia seroepidemiológica, se
desarrollaron técnicas como la contra
inmunoelectroforesis. Se utilizaba el mismo
criterio; cepas que no tuvieran los antígenos de los
seres humanos, salvo los internos para los cuales
las respuestas de los anticuerpos, en general es
transitoria. Se buscaba la respuesta general a esos
antígenos, para diagnóstico de infección aguda.
Aquí sí, lo que se usó como
antígeno fue el virus de la plaga aviaria, que fue
el primer virus de Influenza aislado en el
mundo en el año 1902 y que produjo una
enorme mortandad en los animales en Europa. Acá
utilizamos una cepa que es la cepa holandesa, que
hoy sabemos que es la cepa H7N7, es decir, una cepa
que hace muy poquito estuvo afectando a seres
humanos. Y, con esa cepa, se desarrolló entonces una
técnica que buscaba o ponía en evidencia anticuerpos
contra los antígenos, ya ahí sabíamos que existía la
proteína M y la núcleo-proteína, que eran
específicos de tipo. Se hicieron relevamientos
serológicos durante muchos años. Era una técnica
rápida, de bajo costo, era bárbara, se publicó,
bien, macanudo.
Pero los resultados de la
vigilancia seroepidemiológica, siempre son tardíos.
Cuando uno quiere hacer vigilancia, para tomar
medidas, no puede hacer vigilancia
seroepidemiológica. Tiene que contar cuántas
aspirinas se venden en la farmacia, cuánto hay de
ausentismo escolar, cuánto hay de ausentismo
laboral, etc. No se puede guiar por la serología
porque es tardía. Pero, entre las cosas interesantes
que se encontraron –y también después está descrito–
es que, cuando se veían picos de actividad en el año
para Influenza, a posteriori, viendo los registros
de casos de meningitis supurada, aparecían picos de
meningitis supurada. Y eso está después estudiado
muy bien en la India y habla del efecto
facilitador que tienen los virus sobre las
infecciones bacterianas. Que son los malos de la
película. Lo que te mata de la Influenza humana -
pocas veces es el virus, aunque puede serlo - pero
muchas veces son las bacterias. Eso se veía, sobre
todo, con la meningitis causada por el meningococo
C. Hoy en día con el B, que es el que predomina, no
sé qué es lo que pasa.
En ese tiempo, se trabajó
también mucho con gel difusión radial. La gel
difusión radial había desarrollado, que era en ese
momento ya el director del centro mundial de Londres
y participamos en un estudio donde él mandaba las
láminas, se estudiaban sueros y se veía cómo influía
el traslado en la calidad de los resultados. Shell
es muy importante en la influenzología porque es el
que, en definitiva, estableció los subtipos de
Neuraminidasa y de Hemaglutinina. Él no sólo le dio
el toque final – ahí trabajaron Leiberg, Webster y
otros - pero él fue quien hizo los trabajos
definitivos y estableció las Hemaglutininas y
Neuraminidasas básicas.
Es interesante que, entre el
año 1963 y el año 1980 – donde “se hizo la noche”,
en realidad se hizo la noche un poquito antes
– hubo publicados quince trabajos sobre Influenza en
el Uruguay. Algo que nos parece como que no
se había producido nada, pero sí, hubo quince
publicaciones: cuatro fueron del grupo que estaba
con Bacigalupi en el Municipio y el resto fueron
hechas aquí, en el Instituto. Hubo, incluso, dos
publicaciones internacionales, y eso demostró que
había habido un progreso con respecto a la época
anterior, en cuanto a publicaciones.
Allá fue que en el año 80
nos mudamos, pasamos para Salud Pública. El Centro
Nacional de Influenza dejó la Universidad de
la República y se fue al Ministerio de Salud
Pública. Aparte de eso, a veces uno dice bueno: “qué
pérdida, ¿no?”. Y es cierto, en esa época perdimos
muchas cosas. Yo agradezco haber ganado una sola, y
es haberme curado del “chauvinismo” universitario.
Porque yo venía de la época de la huelga, de creer
que la Universidad era lo más grande del mundo. Y no
sólo lo más grande del mundo, sino, de América
Latina. Para los universitarios de la década del 50
y del 60 era lo máximo. ¡Trabajar en la Universidad
del Uruguay era el mayor de los honores! ¡No había
otra cosa que se pudiera comparar! Y eso ha hecho
que muchas de las actividades de desarrollo y de
investigación estén vinculadas a la Universidad. Y
eso es bueno, que estén vinculadas. Pero tenemos que
empezar a pensar que pueda haber investigación fuera
de la Universidad, en otros ámbitos. Y eso hay que
fomentarlo, y fomentarlo, y fomentarlo, porque se
enriquece y porque lleva a la competencia. Y, cómo
les dije al principio, la competencia – muchas veces
– es muy importante para generar trabajo y
desarrollo.
En la etapa, en el propio
Ministerio de Salud Pública, entre los años 80 y
2007, año en que me retiré, básicamente ahí
trabajamos en vigilancia de la Influenza y no hubo
mucho desarrollo. En principio, se introdujeron las
técnicas de detección de antígenos por anticuerpos,
primero policlonales y después monoclonales. Se
mejoró la calidad de los aislamientos – que es todo
un problema – y, a partir del año 2000, se
introdujeron las técnicas de biología molecular para
el diagnóstico. Lo que permite diferencia el tipo A
de B, y lograr la sutipificación de Influenza A. Eso
mejoró mucho el diagnóstico, aunque tuvimos cosas
que nunca pudimos aclarar y que son importantes.
Pero eso, son detalles de la cocina de los
laboratorios de biología molecular.
Yo creo que la contaminación
cruzada es el fantasma de todos los laboratorios de
biología molecular y, muchos de los trabajos que hay
publicados en el mundo, son consecuencia de
contaminación cruzada de las muestras. Y ahí
llegamos, entonces, al año 2006, donde se dio un
pasito más. Se empezó a realizar la secuenciación de
parte del genoma del virus Influenza y análisis
filogenéticos.
Pero antes de terminar, queda
el futuro, es decir, nos queda lo que van a hacer
ustedes. Y, en principio, parece que todo está muy
claro, pero hay muchas cosas que no están claras.
Las vacunas mejores son 70% efectivas. No se
desarrolló una buena vacuna a virus vivo. No
conocemos exactamente las razones por las cuales el
virus mata a algunos individuos y a otros no.
Hay dificultades en el aislamiento de los
laboratorios de los virus, es decir, con las células
que utilizamos, no tenemos nunca una cobertura
100%. No conocemos totalmente en detalle la
parte inmunitaria. Sí, se conoce mucho, pero falta
más.
Es decir que hay un campo que
tiene que aparecer y hay que meterle la cabeza y es
el de la inmunología viral. Porque aquí hay
una pareja que es el virus y el ser humano y
el sistema inmune fundamental. Y hay, tal vez, que
entrar a otra cosa que es otra etapa o casi
simultáneamente, que es lo que ya hemos, alguna vez,
inventado el término – no sé si estoy haciendo
plagio – que es la “infectómica”. La infectómica es
analizar, simultáneamente, al virus y al hospedero
en todos sus aspectos moleculares. Locura, pero qué
bueno sería, ¿no?.
Es posible. Miren que, cuando
uno empieza a ver, en otras áreas del conocimiento
biológico (como es la hepatitis, por ejemplo) el
desarrollo que ha habido en la parte inmunológica,
es decir: están los antígenos, los anticuerpos, la
inmunidad celular. Pero están todos los mediadores
de esa inmunidad fundamentalmente celular y está la
inmunidad innata y hay miles de aspectos para
trabajar, todavía. Así que van a tener mucho trabajo
en el futuro y van a seguir siendo incomprendidos,
como siempre.
(Aplausos)
- Luego de la conferencia en
diálogo con La ONDA digital, el Dr. Russi
subrayó la necesidad de promover en la población la
responsabilidad civil frente al fenómeno de las
enfermedades infecciosas, en este caso la Gripe
A/H1N1. “Así como le hemos estado pidiendo una serie
medidas de cuidados en la higiene de los domicilios
referente al Dengue, ahora es pertinente subrayar
que sobre esta epidemia de de gripe es muy
importante su compromiso en una serie de criterios
en la búsqueda de evitar el contagio”, agrego el
especialista.
Páginas de La ONDA vinculantes:
La
ONDA Nº 131
La ONDA Nº 59
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