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El nuevo concepto
norteamericano para el
empleo de la fuerza militar
por
Guillem Colom Piella
Como novedad
cabe destacar la
referencia
explícita
a actuar, siempre
que la
situación lo requiera, a través
de terceros
países
Las
Fuerzas Armadas estadounidenses han adoptado un
nuevo concepto que guiará sus operaciones militares
conjuntas: el Capstone Concept for Joint Operations.
En enero de 2009 el Jefe de Estado Mayor de la
Defensa estadounidense presentó la nueva edición del
concepto cardinal para las operaciones conjuntas: el
Capstone Concept for Joint Operations. Este trabajo
incorpora las lecciones aprendidas de las campañas
militares de Afganistán e Irak y las tendencias
identificadas en el estudio sobre el Ambiente
Operativo Futuro (Joint Operational Environment)
realizado por el US Joint Forces Command (USJFCOM).
Además, establece los grandes principios que deberán
guiar el empleo del poder militar estadounidense
para el período 2016-2028 y sienta las bases para el
desarrollo de los conceptos operativos y para la
adquisición de las capacidades militares más
adecuadas
a los retos del siglo XXI.
El siguiente trabajo de Guillem Colom Piella
(Instituto Elcano) indaga sobre el nuevo concepto y
reflexiona sobre sus cometidos (combate, seguridad,
compromiso, reconstrucción y socorro), la novedad o
continuidad de sus contenidos y los efectos reales
que su aplicación puede tener para el desarrollo de
nuevas capacidades militares.
El
pasado 15 de enero de 2009 el almirante Mike J.
Mullen, jefe de Estado Mayor de la Defensa
estadounidense, presentó el Capstone Concept for
Joint Operations,[1] un concepto que marca los
grandes principios que deberán guiar el empleo de
las Fuerzas Armadas del país para el período
comprendido entre los años 2016 y 2028. El
Concepto, que sustituye a la edición del 2005,
ha sido elaborado por el Mando Conjunto
estadounidense (USJFCOM) e incorpora tanto las
lecciones aprendidas de los recientes conflictos
como las tendencias identificadas en los estudios
prospectivos que ha realizado este órgano encargado
de liderar la transformación militar americana.[2]
El Concepto, que orientará el
desarrollo de nuevos conceptos operativos y la
adquisición de nuevas capacidades militares, se
fundamenta sobre tres premisas clave:
Que el ambiente estratégico
presente y futuro es incierto, complejo y
conflictivo.
Que ninguna crisis podrá
resolverse satisfactoriamente con el empleo aislado
del poder militar, por lo que éste deberá
combinarse e integrarse con otras iniciativas de
tipo civil, político, económico, humanitario o
informativo.
Que las Fuerzas Armadas del
país deberán disponer de un catálogo de capacidades
equilibrado y adecuado tanto para la guerra
convencional como para el combate irregular e
híbrido.
El Concepto contempla un
escenario estratégico de enorme incertidumbre,
complejidad y cambio, con nuevos actores,
dinámicas, peligros, sorpresas estratégicas y
conflictos de distinta naturaleza e intensidad que
podrán surgir en cualquier punto del planeta.
Sostiene igualmente que EEUU no verá comprometida su
primacía global, aunque sí limitada su presencia
regional por la emergencia de nuevos
competidores y la creciente dificultad política para
mantener Fuerzas avanzadas. También verá disputada
su hegemonía en áreas puntuales como el espacio, el
ciberespacio o la información, y amenazada su
autonomía operativa por la difusión de adversarios
irregulares (que no actúan conforme a los usos y
costumbres de la guerra) e híbridos (que combinan
los métodos y medios irregulares con acciones
convencionales) como a las volubles percepciones de
las sociedades occidentales en relación al empleo de
la fuerza militar.
Todo ello obliga a reforzar la
supremacía militar americana en áreas consideradas
clave como el espacio, el ciberespacio, la esfera
informativa y la disuasión, incrementar la capacidad
de proyección y sostenimiento global de la fuerza y
desarrollar capacidades específicas para la lucha
irregular. Exige también integrar todos los
instrumentos del potencial nacional y cooperar
activamente con la comunidad internacional para
afrontar satisfactoriamente estos retos de alcance
global, actuar “proactivamente” para evitar que
emerjan nuevas crisis y relanzar los acuerdos de
seguridad cooperativos para compartir los costes y
responsabilidades que entraña el mantenimiento de la
paz, la seguridad y la estabilidad internacionales.
Cometidos, principios e
implicaciones en la acción conjunta
Una vez analizado el ambiente
estratégico, el documento enumera los cinco
grandes cometidos que deberán llevar a cabo –de
forma autónoma o con el apoyo del resto de
instrumentos de la nación– las Fuerzas Armadas
estadounidenses:
Garantizar
la defensa del territorio, intereses, ciudadanos y
fuerzas estadounidenses frente a cualquier ataque,
mediante la disuasión, la seguridad cooperativa, la
defensa avanzada o la respuesta militar.
Mantener
la disuasión mediante la preservación del potencial
convencional y el reforzamiento del nuclear,
el mantenimiento de la presencia avanzada, la
revisión del patrón de despliegue global y el
fomento de los acuerdos de seguridad con terceros
países.
Reforzar
la seguridad cooperativa
mediante el fomento de compromisos bilaterales y
multilaterales o la prestación de asistencia y ayuda
militar directa a los socios y aliados de
Washington.
Responder
a cualquier crisis que surja en
cualquier punto del planeta, que puede abarcar desde
la asistencia humanitaria a la guerra convencional o
nuclear contra adversarios avanzados, pasando por el
combate irregular, operaciones de cambio de régimen,
ocupación o de construcción nacional (nation
building).
Triunfar
en cualquier conflicto, bien sea convencional,
irregular o híbrido y asegurar el pleno dominio
militar norteamericano en toda la gama de
operaciones.
Seguidamente, el documento
describe las cuatro grandes actividades militares
para las cuales deberán organizarse, equiparse,
adoctrinarse y adiestrarse las Fuerzas Armadas del
país:
El combate (combat), entendido
como la derrota militar de cualquier adversario
convencional, irregular o híbrido mediante su
destrucción física o disrupción funcional. Mientras
en el plano convencional ello implicará mantener la
supremacía militar ya existente, en el irregular o
híbrido deberán desarrollarse capacidades como la
inteligencia humana, operaciones especiales,
cooperación civil-militar y unidades polivalentes y
flexibles.
La seguridad
(security), para proteger la
población y controlar el territorio, tanto en el
contexto de una catástrofe como durante la ocupación
militar de una zona hostil. Estas labores finalizan
con el cese de la violencia y la transferencia de
autoridad al poder civil y requieren capacidades de
policía militar, inteligencia, control de masas o
conocimiento cultural de los escenarios de
actuación.
El compromiso
(engagement), que incluye todas las actividades de
cooperación militar –presencia avanzada, diplomacia
de defensa, asistencia militar y acuerdos de
seguridad– que puede realizar EEUU con sus socios y
aliados, labores que se encuadran dentro de la
acción exterior del país.
La reconstrucción
y el socorro (relief and reconstruction), que
abarcan el conjunto de actividades encaminadas a
restablecer los servicios esenciales una vez
terminados los combates y que finalizan cuando las
autoridades civiles asumen el control de la
situación. Estas acciones también pueden realizarse
en el contexto de operaciones de gestión de crisis o
en caso de emergencia, calamidad o catástrofe
doméstica y requieren reforzar las capacidades de
estabilización y reconstrucción de las Fuerzas
Armadas (ingenieros, cooperación civil-militar,
cadenas de mando unificadas y nuevos protocolos de
actuación).
La ejecución
de estos cometidos se realizará siguiendo una serie
de preceptos. El primero será conseguir la plena
unidad de esfuerzo. Mientras en la esfera militar
ésta se logra mediante la acción conjunta o
conjunto-combinada, en operaciones interagencia se
necesitan nuevas prácticas que vayan un paso más
allá de la acción unificada bajo mando militar (unified
action) o la gestión gubernamental bajo control
político (whole-of-government approach).
Aunque el Concepto no lo
explicita, debe implementarse un enfoque integral (comprehensive
approach) a las operaciones multinacionales bajo
liderazgo civil.[3] También deberá planificarse
detalladamente y gestionarse eficazmente la
transición entre las distintas fases de la operación
y el traspaso de responsabilidades del mando militar
al civil para evitar vacíos de poder y no repetir
situaciones como la de Irak. Igualmente, deberán
seleccionarse los objetivos operacionales cuya
consecución garantice el más amplio y duradero
resultado, aunque reconoce la dificultad de
descubrir los centros de gravedad de los adversarios
irregulares. Se combinarán las capacidades conjuntas
cuando puedan maximizarse los efectos creados y
evitarán emplearse cuando solamente añadan
complejidad a la conducción de las operaciones.
Asimismo, siempre que la situación lo requiera –bien
sea por razones políticas u operativas–, deberá
actuarse indirectamente a través de socios y
aliados, una posibilidad que podría entrañar la
conducción de operaciones encubiertas.
Deberá garantizarse la
autonomía operativa de la fuerza conjunta en
todas las dimensiones (tierra, mar, aire, espacio,
ciberespacio e información), lograr la flexibilidad
operativa con el diseño de una estructura modular
que permita crear ad-hoc los paquetes de fuerza
óptimos para el desempeño de cada misión y, por
último, implementar una política de comunicación
estratégica que informe a la opinión pública
doméstica e influya en las audiencias de terceros en
relación con los aspectos relativos a la conducción
de la operación militar.
El Concepto también
expone que su adopción comportará varios cambios en
la estructura de fuerzas y el catálogo de
capacidades militares del Ejército estadounidense.
Así, la fuerza conjunta futura deberá lograr un
equilibrio: (1) operativo, para triunfar en
ambientes convencionales, irregulares e híbridos;
(2) funcional, para realizar labores de combate,
seguridad, estabilización, reconstrucción, cambio de
régimen u ocupación; y (3) geográfico, mediante el
diseño de un nuevo patrón de despliegue global
acorde con la nueva situación estratégica. Deberá
gozar de una rápida proyección y un eficaz
sostenimiento para garantizar largos despliegues
similares al afgano e Iraquí.
También deberá reforzar sus
capacidades en áreas clave como el espacio, el
ciberespacio, la información y la disuasión
estratégica. Igualmente, sus unidades convencionales
deberán mejorar su preparación –bien sea
incrementando su agilidad, flexibilidad, autonomía
de acción, modularidad y protección, desarrollando
una conciencia cultural y conocimiento lingüístico
de los escenarios donde operarán o intensificando su
relación con los actores civiles– para combatir en
ambientes nucleares, químicos, biológicos o
radiológicos y contra adversarios irregulares o
híbridos. Finalmente, deberá satisfacer una amplia
gama de cometidos, desde acciones de combate de alta
intensidad contra ejércitos avanzados a labores de
apoyo a la paz, estabilización seguridad, guerra
irregular, ocupación del territorio e incluso
operaciones encubiertas y clandestinas.
No obstante, también se alerta
de los riesgos que puede entrañar la adopción de
este Concepto para el empleo de la fuerza
armada, la mayoría de los cuales se relacionan con
la reforma de los modelos de instrucción vigentes,
del proceso de modularización de las unidades, del
desarrollo de capacidades para el combate irregular
o de la aceptación de un enfoque excesivamente
centrado en las labores de estabilización y
reconstrucción en detrimento de las acciones de
combate.
Valoración del trabajo
El Capstone Concept for Joint
Operations se ha presentado como un trabajo muy
novedoso por el procedimiento seguido para su
elaboración (en paralelo al Joint Operational
Environment, supuestamente vital para definir el
entorno operativo futuro), por el órgano encargado
de su redacción (el USJFCOM y no la Junta de Jefes
de Estado Mayor) y por los conceptos e ideas
introducidos, que aparentemente alterarán tanto los
cometidos como el catálogo de capacidades militares
de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Sin embargo,
la realidad es muy distinta y los efectos de este
concepto serán sensiblemente más limitados de lo que
cabría suponer.
En primer lugar, este documento
difícilmente puede considerarse como novedoso
o futurista, pues la mayoría de las ideas
contenidas en él ya se han planteado con
anterioridad en distintos foros. Ejemplos de ello
son la guerra irregular que, identificada en la
Revisión Cuadrienal de la Defensa (Quadrennial
Defense Review) de 2006 y consolidada con la
presentación de la Directiva de Defensa 3000.07,
posiblemente se convertirá –junto con la
reconducción de la transformación y la restauración
de un equilibrio institucional, militar y financiero
perdido en Afganistán e Irak– en uno de los puntales
de la política de defensa de la nueva Administración
norteamericana.[4] Un segundo ejemplo es la
flexibilización de la estrategia nuclear del país
que, planteada por George W. Bush en la Revisión de
la Postura Nuclear (Nuclear Posture Review) de 2002,
avalada por el Grupo de Estudio sobre la Gestión del
Armamento Nuclear (Task Force on Nuclear Weapons
Management) de diciembre de 2008 y recientemente
sancionada por el presidente Barack Obama,
posiblemente se plasmará en la nueva estrategia de
2010. Otros ejemplos pueden ser la revisión del
patrón de despliegue global –una de las rémoras que
vienen arrastrándose desde 1993, cuando el malogrado
secretario de Defensa, Les Aspin, intentó adaptarlo
a la realidad estratégica de la posguerra fría–, el
incremento de la capacidad de proyección y
sostenimiento de la fuerza –una constante desde la
desaparición del Pacto de Varsovia– y la mejora del
conocimiento lingüístico y cultural de las Fuerzas
Armadas estadounidenses –uno de los grandes ejes de
la Revisión Cuadrienal de la Defensa de 2006–.
En segundo lugar, como novedad
cabe destacar la referencia explícita
a actuar, siempre que la situación lo
requiera, a través de terceros países –bien
sea mediante el desarrollo de capacidades, la
asistencia militar, la consultoría o la ayuda
directa– o conduciendo operaciones encubiertas.
Es la primera vez que un documento de estas
características propone explícitamente esta
controvertida decisión, por lo que es muy probable
que la nueva Administración no incluya la conducción
de operaciones encubiertas en la nueva Revisión
Cuadrienal de la Defensa. Por otro lado, también
expone la necesidad de articular y reforzar los
acuerdos de seguridad cooperativos con objeto de
compartir los costes y responsabilidades con socios
y aliados que entraña el mantenimiento de la paz y
la seguridad internacional. Esta idea, antítesis de
la unilateralista “pax americana” y un claro
guiño al multilateralismo de Obama, será
posiblemente otro de los ejes de la nueva Estrategia
Nacional de Seguridad estadounidense.
En tercer lugar, otra
importante novedad contenida en este trabajo es la
aseveración de que a veces debe destruirse
físicamente al adversario si se pretende que éste
cese su lucha. Esta constatación marca un punto
de inflexión después de que durante mucho tiempo los
enfoques “basados en efectos” prometieran victorias
rápidas y decisivas mediante la combinación de
medios militares y no-militares junto con el empleo
limitado y quirúrgico del poder militar. Esos
enfoques tan reverenciados durante la pasada década
han demostrado sus limitaciones debido al ingente
volumen de información necesaria para su aplicación,
a la incapacidad de cuantificar las relaciones
sociales y a la total invalidez para derrotar a
actores no-estatales. A fecha de hoy, solamente
la Fuerza Aérea apoya las operaciones basadas en
efectos (esencialmente en su concepción inicial de
selección de objetivos a batir o targeting), por lo
que es muy posible que en un futuro no muy lejano el
secretario Gates certifique la muerte tácita del
enfoque tal y como ha sido empleado hasta ahora.
Relacionado con el punto
anterior, cabe apuntar que el nuevo concepto refleja
las ideas personales del responsable del USJFCOM,
el general James Mattis, que ha criticado
públicamente los “enfoques basados en efectos” y
ha paralizado su definición e implementación en EEUU;[5]
es uno de los más acérrimos defensores del concepto
de guerra híbrida y ha preconizado reiteradamente la
necesidad de disponer de unas fuerzas armadas
polivalentes, flexibles y preparadas para combatir
en todo tipo de conflictos.
Finalmente, en relación a los
requerimientos presentes y futuros, este trabajo
eleva a conceptos básicos que guiarán el desarrollo
de nuevas capacidades militares carencias
identificadas y en vías de solución, como las
labores de estabilización, reconstrucción y
ocupación (una de las principales lagunas del
proceso de transformación planteado por el
secretario Rumsfeld), el rápido despliegue y eficaz
sostenimiento de la fuerza en escenarios lejanos por
largos períodos de tiempo, la guerra irregular e
híbrida, la gestión de crisis civiles para que el
Ejército y la Guardia Nacional no vuelvan a sufrir
los problemas en apoyo o mando y control que
mostraron durante el huracán Katrina y todos los
aspectos relacionados con las operaciones de cambio
de régimen que, planteadas como uno de los ejes
políticos de George W. Bush en 2001 y plasmadas en
Afganistán e Irak, requieren una enorme coordinación
entre las distintas agencias gubernamentales,
fuerzas preparadas para realizar labores de
pacificación, ocupación y contrainsurgencia y la
conducción de prolongados despliegues.
Conclusiones:
El nuevo Capstone Concept for Joint Operations
difícilmente puede calificarse como un trabajo
revolucionario porque no comportará ningún golpe de
timón en el desarrollo presente y futuro de
capacidades militares. En efecto, hoy en día
muchas de las ideas recogidas por esta guía ya
constituyen áreas de transformación
(superioridad espacial, ciberespacial e informativa,
dominio del espectro operativo, modularización de la
fuerza, disuasión, acción conjunto-combinada-interagencias,
etc.) o son lecciones aprendidas de las
operaciones en las que EEUU ha participado desde
1991 (rápido despliegue y eficaz sostenimiento de la
fuerza, guerra irregular, estabilización,
reconstrucción, seguridad u ocupación, conocimiento
lingüístico y cultural o coordinación interagencias).
Aunque a fecha de hoy muchas de
estas capacidades ya están siendo desarrolladas e
implementadas militarmente –bien de forma específica
por los Mandos Combatientes y el Ejército de Tierra,
la Armada, el Cuerpo de Marines y la Fuerza Aérea o
conjuntamente por el Pentágono–, la originalidad
y valor de este Concepto radica en la integración de
estas ideas expuestas individualmente y
diseminadas en numerosos documentos políticos y
militares en un marco único y coherente que
formalmente gobernará el proceso de transformación
militar estadounidense, guiará el desarrollo de
nuevas capacidades conjuntas y articulará la
política de defensa y militar de la nueva
legislatura.[6]
De todas formas, y con
independencia del papel real que pueda tener en el
desarrollo de conceptos operativos o la adquisición
de nuevas capacidades militares, lo cierto es que la
publicación del Casptone Concept for Joint
Operations confirma la vuelta al realismo y
pragmatismo del pensamiento estratégico
estadounidense, un logro que ha sido posible gracias
a la intachable labor del republicano Robert
Gates al frente del Pentágono. Y es que
desde su nombramiento como titular de Defensa a
finales de 2006, Gates ha centrado sus actividades
en solventar los apremiantes problemas presentes
–resolver las carencias operativas de una fuerza
agotada después de siete años de guerra y escasa en
capacidades adecuadas para realizar labores de
contrainsurgencia, estabilización, seguridad y
control del territorio– mientras adapta la
estructura de fuerzas, el catálogo de capacidades y
el patrón de despliegue del país a los inciertos
retos futuros.
Este renovado realismo y
pragmatismo, junto con las ideas planteadas en este
trabajo, conformarán la base de la Revisión
Cuadrienal de la Defensa que deberá presentarse
a finales de año y guiarán la política de defensa y
militar de la Administración norteamericana.
Guillem
Colom Piella
Analista de defensa en la Unidad de Transformación
de las Fuerzas Armadas del Estado Mayor de la
Defensa
[1]
Chairman of the Joint Chiefs of Staff, Capstone
Concept for Joint Operations, US Government Printing
Office, Washington DC, 2009, www.jfcom.mil/newslink/storyarchive/2009/CCJO2009.pdf.
[2]
USJFCOM, The Joint Operational Environment:
Challenges and Implications for the Future Joint
Force, J59 Center for Joint Futures – US Joint
Forces Command, Suffolk, 2008, www.jfcom.mil/
newslink/storyarchive/2008/JOE2008.pdf.
[3]
Íñigo Pareja y Guillen Colom, “El Enfoque Integral (Comprehensive
Approach) a la gestión de crisis internacionales”,
ARI nº 115/2008, Real Instituto Elcano, 25/IX/2008,
www.realinstitutoelcano.org/ARI115-2008_Colom_Piella_Enfoque_Integral.pdf.
[4]
Véase Robert M. Gates, “A Balanced Strategy:
Reprogramming the Pentagon for a New Age”, Foreign
Affairs, vol. 89, nº 1, enero-febrero 2009,
www.foreignaffairs.org/20090101faessay88103 /robert-m-gates/a-balanced-strategy.html,
y la hoja de ruta que presentó –en calidad de nuevo
secretario de Defensa– ante el Comité del Senado
para las Fuerzas Armadas (Senate Armed Services
Committee) el pasado día 27 de enero.
[5]
James Mattis, “USJFCOM Commander’s Guidance to
Effects Based Operations”, Joint Forces Quarterly,
nº 51, invierno de 2008, pp. 105-108, www.ndu.edu/inss/Press/jfq_pages/editions/i51/4.pdf.
[6] En
este sentido, véase el reciente Informe de la
Revisión Cuadrienal sobre los Roles y las Misiones (Quadrennial
Roles and Missions Review Report) que, elaborado
para implementar los presupuestos de defensa para el
año 2008 y guiar la elaboración de la nueva Revisión
Cuadrienal de la Defensa, adopta los conceptos
planteados en este trabajo.
Department of Defense, Quadrennial Roles and
Missions Review Reporton, US Government Printing
Office, Washington DC, 2009, www.defenselink.mil/news
/Jan2009/QRMFinalReport_v26Jan.pdf.
LA
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