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En homenaje y gratitud
a Mario Benedetti
por
Eduardo Galeano
Lo que se
puede leer a continuación son las palabras del
escritor Eduardo Galeano dichas en el homenaje que
en su oportunidad realizara la Facultada de
Humanidades a Mario Benedetti.
(Versión tomada del audio por La ONDA
digital)
“Este
es mi testimonio en homenaje y gratitud a Mario
Benedetti, el escritor y el amigo, que es un hombre
que reúne unas cuantas virtudes muy poco frecuentes
en el sindicato nuestro, el de los “creadores de
literatura”.
No voy a referirme a las
virtudes que tienen que ver con su talento creador
porque de eso hablarán largo y tendido las diversas
ponencias que van a ser material de debate y trabajo
en este par de días aquí en la Facultad. Pero sí
quiero referirme a tres virtudes de Mario que me
parecen absolutamente excepcionales y que creo que
merecen una mención muy especial.
En primer lugar: la
honestidad. Yo creo que Mario ha hecho una
literatura que es huella digital de todos nosotros
y, muy particularmente, de los montevideanos. Algo
así como una “señal nuestra de identidad”. Y lo ha
hecho a partir de un principio de honestidad que es
el que también rige cada uno de los actos grandes y
pequeños de su vida. Y esa honestidad paga un
precio. No es gratuita. Mario podría ser,
obviamente - hoy por hoy - la flor más alta de los
jardines de la cultura oficial de este país y como
ustedes saben, no lo es. Y no lo es y eso lo honra.
Es una prueba más de que Mario está muy contento de
ser de carne y hueso y no tiene el menor interés en
convertirse en escritor de bronce o mármol y que él
encuentra reconocimiento en el acto de comunión que
se produce cada vez que sus lectores encuentran las
palabras que él nos ofrece. Y que ese es el gran
acto de reconocimiento, que no hay nada más hondo ni
más importante que eso.
La segunda cosa que quería
destacar es: la generosidad. Es una rara “avis”,
realmente rara, este amigo que tengo aquí al lado.
No sé si habrá otros en un gremio tan difícil como
el nuestro. Y no sólo en el nuestro, porque me han
dicho que también los dentistas están locos de
envidia unos contra otros y que no es claro el
panorama entre los plomeros ni entre los ingenieros
agrónomos. Pero el sindicato nuestro, el sindicato
de escritores, es muy “navajero”.
Es un sindicato donde uno
encuentra, lamentablemente, en el Uruguay y en los
demás países – por lo menos esa ha sido mi
experiencia personal de contacto con los colegas –
en general uno encuentra una atmósfera muy cargada
por las envidias, los rencores, los resentimientos,
las ambiciones personales. En medio de ese panorama
triste, Mario ha dado siempre un ejemplo formidable
de generosidad. Es una de esas rarísimas personas
que se alegra cuando a los demás les va bien. ¡Es un
milagro! bíblico. Yo creo que esta no es la prueba
de la existencia de Dios, pero es la prueba de la
existencia de los buenos tipos, sin los cuáles ¿qué
haría Dios? ¿Qué haría Dios sino jubilarse
avergonzado si no hubiera buenos tipos? Y Mario es
una de esas pruebas vivas. Es un hombre muy
ofrecido, muy abierto a los demás que celebra,
celebra la buena suerte ajena en un medio como el
nuestro, muy difícil, muy mezquino. El Uruguay es un
país con muchas virtudes pero, lamentablemente, el
medio intelectual en el Uruguay es un medio muy
mezquino, muy gobernado por la mezquindad, donde,
cuando a uno le va bien, hay que disimularlo para
evitar ataques al hígado en los demás. Esa es la
verdad. Y en ese panorama general, más bien
deprimente, Mario brilla como una excepción bien
luminosa.
Y el tercer rasgo – en esta
cosa brevísima muy a “vuelo de pájaro” - que yo
quería destacar - es: la modestia. Mario es
uno de los escritores más famosos del mundo, sin
duda uno de los más exitosos de la lengua castellana
y, sin ninguna duda, el escritor uruguayo más
conocido y reconocido dentro y fuera de fronteras.
Sobre todo fuera de fronteras, donde Mario Benedetti
se ha convertido en algo así como un “pasaporte” de
todos los uruguayos que andamos por ahí. Y, sin
embargo, ocurre con Mario lo mismo que ocurre con
otro uruguayo muy famoso, muy justamente famoso en
el mundo que es Enzo Francescoli, que el otro día yo
decía: lo mejor que tiene Franchéscoli es que no se
cree Francescoli. Bueno, lo mejor que tiene Mario
Benedetti es que no se cree Mario Benedetti. No es
un creído. Mario ha conseguido ese tercer milagro
que consiste en seguir siendo un hombre sencillo,
modesto, por completo ajeno a la fama enorme que su
obra, en buena ley, le ha ganado en el mundo. Y eso
hace que uno pueda tener con él una relación tan sin
ninguna defensa, ¿verdad? Que no hay que defenderse
de nada. Se puede con él conversar y compartir de
la manera más abierta y cariñosa sin tener que
cuidarse de rendir pleitesía al prócer y sin tener
que defenderse – por supuesto que no, jamás – sin
tener que defenderse de ninguna posible agresión o
acto de rencor.
Yo quería decir nada más que
estas tres cosas. Son muy simples, muy sencillas,
pero son palabras sinceras que vienen muy del fondo
de mi corazón.
Retrato: Rodrigo Félix Aquino (Revista Lea)
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