La cruda realidad y la
crisis de valores
por El Perro Gil
(elperrogil@gmail.com)

Todavía no consigo comprender si se trata de un mal sueño o de una cruda realidad. Ayer no más se nos iban los gurises por la crisis. Hoy los matan por nada. Ya no es un tema de poder adquisitivo ni de clases sociales. Hoy la violencia es trasversal y omnipresente en cualquier estrato social. Asistimos a una inadmisible crisis de valores que tiene gran cuota parte de razón de ser en la vulnerabilidad familiar que ha cedido espacio dejando lugar a modismos y costumbres ultra violentas. Hoy los modelos a seguir parecen ser otros. Los instalan cada día en nuestras casas, televisión o internet mediante. Ingresan sin pedir permiso, invaden, confunden, marean, construyen paradigmas de la nada; dioses de pies de barro que lavan cerebros y destruyen neuronas.

 

Se aglutinan detrás de esos modelos, se identifican con ellos. Los emulan, los copian, se retroalimentan de vacío y parecen quedar llenos de nada. Estaban allí y no nos dimos cuenta hasta que un día detonaron. Ocupan liceos, esos espacios creados para cultivar conocimiento y crecimiento personal, que esconden a estos engendros de violencia sin sentido. ¿Adónde están los padres? ¿Adónde está la familia? Es hora de ponerle freno a tanto desborde. Esto no lo arregla un gobierno, un ministerio, una persona; esto lo arreglamos entre todos. Todos somos responsables de este estado de situación. A esto no se llegó por generación espontánea. Tuvo su ciclo, lento, pausado, permanente.

 

Cuando quisimos acordar nos encontramos con Fiorella -¿recuerdan?- herida de bala y hoy parapléjica. Se fue a estudiar un día al liceo y volvió en silla de ruedas para el resto de su vida. Contamos varios casos como este y peores también, demasiados para un país que se jactaba de ser pacífico y ejemplo de cultura. Hoy no hay frontera posible y todo se copia, todo llega. Llegará el dengue y  la gripe porcina; pero, hay algo que ya llegó y debemos combatir también: la violencia.

 

A veces miro la caja boba –nadie está vacunado- y no me explico como es posible que trasmita determinados contenidos como algo normal. No hablemos ya de los noticieros y su crónica roja, cada vez más roja, cada vez más crónica. Hoy un encuentro deportivo es una actividad de máximo riesgo, no sabemos si volvemos vivos. Mirarlo por la tele tampoco es garantía. Se trasmite lo que allí se da y lo que se ve es de menos (con el perdón de Galería). Patético.

 

Entre gritos y arengas desorbitadas, vemos modelos vacíos que lejos de copiar debieran cambiarse. Un partido de fútbol se vive como una batalla, la tribuna se alimenta con las inconductas de esos referentes que encima, se promocionan. Los clubes deportivos no aportan a la sociedad como en otras épocas. Las actividades sociales están menguadas o son nulas. Solo aportan más y más rivalidad insana. Los hacen cautivos de un sentir deformado como si nos fuera la vida tras los colores del cuadro. ¿Qué digo? Se nos fue la vida de varios uruguayos y seguimos igual de enfermos. En suma, que algo no anda bien. Algo se nos perdió por el camino y no nos dimos cuenta. Hoy hay que separar las hinchadas para evitar problemas. Lejos de ello, los líos son cada vez más frecuentes y por si fuera poco, nos matan a los gurises por nada. El desconcierto es brutal. A la droga se le suma la estupidez, y a veces no es necesario el cóctel porque actúan también por separado, siendo letal de cualquier forma.

 

Hoy sumamos dos víctimas mortales, a las que aún con vida, son también víctimas del accionar violento. Los asesinos de los Rodrigos también son víctimas que no podrán ocultar ya nunca más lo hecho, y esa pesada mochila les acompañará por siempre. Salvo que terminemos por pensar que no les pesa lo actuado, porque de pensarlo, el problema lejos de ser grave sería incurable. Algo está andando rematadamente mal. No me consuela ver en los noticieros los mismos problemas en la región. Mal de muchos es consuelo sólo para quien se cree avestruz y esconde la cabeza descuidando el cuerpo. Igual nos pega. Para colmo la suspensión de actividades deportivas –primigenia medida que apoyamos- si bien deja espacio para la reflexión y da aire para ensayar medidas, no es garantía de nada. La alternativa es Susana, Tinelli, o el culebrón de turno. Me cag.... en la alternativa!!

 

No sé cual es la vacuna, pero algo hay que hacer y en forma urgente. Por lo pronto intentaría volver a las raíces. A la vieja escuela del barrio obrero, aquel de los vecinos solidarios y conocidos en el que los modelos a seguir eran nuestros viejos madrugando para ir a laburar o prepararnos para la escuela,  y no el vago ventajero que nadie quería ser. Algo hecho hay. Los Ceibalitos de Tabaré seguramente serán otros muy diferentes a los Cybercitos de hoy, porque con las XO vienen horas de dedicación y aprendizaje para formar en valores. Esos valores que hemos perdido y debemos recuperar pronto. No los culpo por la indefensión en que estuvieron, pero las consecuencias son nefastas y las estamos sufriendo todos.

 

Debemos recuperar los héroes. Esos que transpiran ocho horas para ganar el pan que llevan a la mesa. Esos que nos aseguraron una educación digna mientras se rompían el lomo laburando.

 

Seguramente con esos, ganaríamos la batalla.

 

 

el perro estaba triste,

el barrio no era el mismo que recordaba

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