La flexibilización y el
combate al desempleo
por Aracelly Ribeiro de Andrade

En el mundo globalizado en el que estamos insertos, la competitividad en el mercado económico es evidente, habiendo un número cada vez mayor de empresas que producen a gran escala y dominan, no sólo el mercado de sus propios países, sino los mercados de todo el mundo. Vivimos la fase de las grandes multinacionales, impulsadas por el deseo creciente de lucro y por la avasalladora búsqueda por el menor precio, el cual, obviamente, garantiza un margen de ganancias cada vez mayor.

 

En este contexto, la mano de obra humana es encarada tan sólo como un insumo más, necesario a la realización de la producción industrial a gran escala, no habiendo, en la actualidad, un dimensionamiento humano del trabajador, que, por regla, ha sido tratado como un objeto a través del cual las empresas obtienen su finalidad ulterior y máxima, que, como ya dejamos en claro, es el lucro.

 

Entre tanto, el tratamiento dado al trabajador en la actualidad no es fruto exclusivo del capitalismo y de la búsqueda por el menor precio, sino también del crecimiento descontrolado de las poblaciones mundiales, resultante del desarrollo de medicamentos cada vez más sofisticados, que fueron los responsables del aumento del promedio de vida de la Humanidad como un todo.

 

Eso generó una competencia más cerrada por los puestos de trabajo, hecho que se verifica con mayor facilidad en países subdesarrollados o en desarrollo, en los cuales no se observa una política de control de la natalidad.

 

Finalmente, no hay forma de negar que el desarrollo de maquinarias capaces de desarrollar actividades que antes solamente eran confiadas y posibles gracias a la actividad humana directa, también tuvo un gran peso en la reducción de los puestos de trabajo, generando de este modo, una gran masa de desempleados, siendo el desempleo un desafío de todas las naciones, las cuales están preocupadas por crear puestos de trabajo.

 

Así, la suma de la búsqueda por el menor precio con la abundancia de mano de obra en el mercado de trabajo y la creciente disminución de puestos de trabajo, generó un efecto no deseado en todo el mundo, a saber, la desvalorización del trabajo humano.

 

El hecho es que, en la actualidad, las empresas mantienen un padrón salarial bajo, no teniendo los empleados la fuerza suficiente como para combatir esta práctica, principalmente por la necesidad del empleo y por la disminución de los puestos de trabajo, que ha mantenido a innumerables personas en la inactividad, generando el deseo colectivo de estar empleado, independientemente de las condiciones de trabajo ofrecidas.

 

Por otro lado, la desvalorización de los empleados, principalmente por parte de las grandes empresas, hace que las pequeñas empresas, por añadidura, también pasen a desvalorizar la mano de obra humana, incluso como una forma de mantenerse en el mercado económico, ya que, para tener condiciones de competir con los grandes grupos económicos mundiales, necesita tener un bajo costo de producción y, consecuentemente, un producto final con precio más accesible al consumidor.

 

Todo este engranaje hizo y viene haciendo que los distintos países, apuntando a la disminución de los costos en materia de producción y al aumento de los puestos de trabajo, combatiendo el desempleo, adopten la llamada flexibilización de las leyes de trabajo, que apunta a disminuir los gastos de las empresas en mano de obra humana y, al mismo tiempo, generar empleo para la población cada vez más ociosa.

 

Pero las preguntas que no quieren callar, en cuanto al tema en consideración, son las siguientes: ¿hasta qué punto se puede permitir la flexibilización de las leyes del trabajo sin comprometer la dignidad del trabajador?. ¿En qué medida la referida flexibilización representa un retroceso social?. ¿Y las conquistas de los trabajadores en el período de la revolución industrial quedarían amenazadas por la tendencia flexibilizadora?.

 

Estas son preocupaciones que han surgido en las administraciones mundiales actuales y son cuestionamientos derivados de la paradoja creada por el mundo moderno, en el cual disminuir las garantías a los empleados, individualmente considerados, puede significar la mejor supervivencia de la mayoría de ellos y, por lo tanto, la garantía de dignidad a un número mayor de trabajadores, a pesar de que se observen bajos salarios y reducción de costos en materia de personal.

 

Y las preocupaciones en cuestión se tornan más evidentes en períodos de crisis, como la que se enfrenta actualmente en todo el mundo.

 

Frente al impasse, hay quien entiende que el desempleo generalizado es una señal de fracaso en el modo de producción capitalista, cuya organización no parece estar siendo capaz de proporcionar condiciones de supervivencia a un gran sector de la humanidad, generando miseria en todo el mundo. Sin embargo, entendemos que la opinión en cuestión no aporta ninguna solución y apenas expresa un pesimismo innecesario, siendo cierto, que el modo de producción capitalista impera innegablemente en todo el mundo, no pudiendo, bajo ningún aspecto, ser considerado como fracasado, mucho más allá de que es innegable que enfrenta serios problemas.

 

Hay también quien entiende que la flexibilización de las leyes de trabajo debe darse de forma libre e ilimitada, pero tampoco estamos de acuerdo con dicha posición, dado que es peligrosa y que arriesga las conquistas arduamente perseguidas por los empleados durante la revolución industrial y que tanto ha colaborado con la concreción de la dignidad del ser humano, la cual es fundamento de la República Federativa de Brasil y de tantos otros países democráticos en todo el mundo.

 

Entendemos, por lo tanto, que la flexibilización de las leyes del trabajo debe ser la excepción a la regla y debe ser utilizada solamente en casos en que se plantee necesario el mantenimiento de los puestos de trabajo, incluso porque, en la actual coyuntura, el mantenimiento de vacantes de empleo representa el mantenimiento de la dignidad de diversos trabajadores, a pesar de haber experimentado una gama de derechos reducida, situación que, de ahora en más, parece ser más beneficiosa que la pérdida total de los puestos de trabajo.

 

Es cierto, incluso, que el ideal superior a ser perseguido por las actuales naciones capitalistas es la corrección de las disfunciones generadas por el capitalismo y la consecuente garantía del pleno empleo a todos los individuos. Sin embargo, mientras las dificultades de empleo sean una realidad, la flexibilización de las leyes del trabajo puede servir como un paliativo adecuado, siempre y cuando sea utilizado de forma conciente y no abusiva, a fin de que sean resguardados los intereses de productores y empleados, apuntando todo al bien común y a la dignidad general. De este modo, la flexibilización de las leyes del trabajo no ha de ser condenada como forma de combate al desempleo, pero se debe ser conciente de su carácter paliativo y de que la crisis mundial del capitalismo no tolera una solución simplona como ésta, exigiendo, en verdad, un esfuerzo general de las naciones para corregir las distorsiones que tanta miseria han generado alrededor del mundo.

 

Es de destacar que la flexibilización apenas resuelve, momentáneamente, el problema de los individuos que ya poseen puestos de trabajo y que renuncian a una parte de sus derechos para mantenerse empleados, no implicando ninguna solución con relación a la enorme gama de desempleados en el mundo y, lo que es peor, con relación a la desvalorización de la mano de obra humana, que debe dejar de ser tratada como un mero insumo de producción, debiendo pasar a tener tanto valor como la dignidad del ser humano, incluso porque ésta es un efecto innegable de aquella.

 

Fuente: Última Instancia

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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