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Intolerancia cero
por El
Perro Gil
(elperrogil@gmail.com)
Hace
unos días se vivieron escenas de otras épocas con
coches dañados y volcados en pleno Bulevar Artigas
frente a Tres Cruces. La razón o mejor dicho la sin
razón de semejantes inconductas fue la trasgresión a
la decisión gremial de interrumpir el trabajo de los
coches de alquiler en el horario nocturno, no
respetada –según algunos- por quienes sufrieron los
daños. Sobre la medida gremial no cabe análisis
alguno pues responde al fuero interno de un
sindicato que tiene soberanía suficiente para la
toma de decisiones.
Lo que resulta reprochable es
ver el grado de intolerancia que detona en muestras
de violencia –una más en una larga lista de
recientes acontecimientos- que ilustran una realidad
que no queremos la inmensa mayoría de la población.
Desde muy chico me enseñaron que “la gente hablando
se entiende”, pero no parece ser esa la premisa a la
hora de resolver los problemas o inconvenientes que
enfrentan los uruguayos hoy día. Episodios que vemos
a diario reflejados en los noticieros y que no son
otra cosa que esa manida sensación térmica que deja
de ser tal para constituirse en cruda realidad.
Hace pocos días enterramos dos
gurises víctimas de la estupidez e intolerancia a
reconocer la simpatía por un equipo distinto al
propio, en puridad, a reconocerse diferentes.
Rivalidades que se llevan al extremo impensado de
acciones virulentas con resultado trágico. Pareciera
que, o somos de tal o cual partido, de tal o cual
equipo, de tal o cual orientación sexual, (podríamos
enumerar muchas más opciones), para que estalle una
situación violenta. Pareciera que los uruguayos nos
soportamos cada vez menos y pretendemos ser como el
otro quiere que seamos, sin aceptar la diversidad
como una riqueza natural y propia de cada uno. Nos
parece imposible aceptarnos diferentes; se nos
instala como imposible el respetarnos. Justamente
nosotros, que supimos –como pueblo- aceptar a miles
que huían espantados por el mundo y recalaron en
este rincón terrenal que los acogió como nativos sin
preguntar por sus creencias, orígenes, ideas o
inclinación sexual por citar alguna condición.
¿Qué nos pasa a los uruguayos?
¿Por qué nos tratamos tan mal? ¿Por qué no nos
aceptamos? Dicen que somos tres millones de
directores técnicos, en clara alusión a la
existencia de tres millones de opiniones diferentes
sea cual sea el tema que se discuta. Pero antes no
pasaba de eso, de discutir; a la hora de juntar
voluntades y emprender una lucha se cerraban filas
para salir adelante. Así se construyó un país
obrero, que supo soportar dignamente una dictadura
pero el cual sufre hoy las consecuencias de tanto
tiempo vivido en soledad individualista. Seguramente
hemos perdido aquella capacidad de juntarnos y
decirnos las cosas cara a cara. Pasaron gobiernos
democráticos después de los años oscuros que poco o
nada hicieron por devolvernos tanto tiempo perdido.
Nos robaron las asambleas, las comisiones de
vecinos, las reuniones en el club del barrio, las
obras colectivas, y gestaron un individualismo que
solo fomentó desconfianza.
Resta mucho todavía para
recuperar todo aquello. De a poco se ha intentando
en este tiempo nuevo, devolvernos las ganas de
juntarnos y sentirnos dueños de nuestro futuro. La
ansiedad fue la gran enemiga. Lo queríamos ya. Para
antes de ayer si fuera posible.
Seguramente cuando calme la
tormenta –alimentada en gran medida por la voracidad
electorera que nos invade en este tiempo- podremos
pasar raya y retomar el camino emprendido. Eso
requiere tiempo y voluntad de querer hacerlo.
Elementos que están presentes en cada uruguayo bien
intencionado. Solo falta que nos demos cuenta cuán
importante somos estando juntos y aceptando nuestras
diferencias. Solo así podremos seguir construyendo
futuro. Por eso creo que es hora de bajar un cambio,
desacelerar un poco y tratar de ser más tolerantes a
sabiendas que con ello ganaremos todos.
el perro no quería salir
pero el hombre insistía
tironeando la correa
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