Tabaré, el de
los (im)posibles
por El Perro Gil
(elperrogil@gmail.com)

En tiempos electorales viene bien un repaso de lo hecho para ir pintando un panorama y pasar raya al primer gobierno del Frente Amplio. Recientemente, dos claras muestras de la desidia e inoperancia de anteriores administraciones fueron noticia.

 

¿Quién no recuerda el emblemático edificio de la ONDA? Años de abandono que fueron luego sustituidos por otros tantos de construcción de nunca acabar por parte de quienes asumieron la responsabilidad sobre el mismo. Acuerdos mediante, entre los que se ató la concreción del “esqueleto ilustre” que lucía la Plaza Independencia, permitieron su inauguración contando hoy el Poder Judicial con un Palacio de los Tribunales moderno y cómodo enfrente mismo a la Suprema Corte de Justicia. Y precisamente esa primera gran obra culminada tiene su punto de contacto en el acuerdo mencionado por el que el Poder Judicial cedió al Poder Ejecutivo aquella anquilosada estructura que parecía no tener fin ni concreción hasta hoy en que fueran entregadas sus llaves al Presidente Tabaré Vázquez.

 

Simbólicamente hablando dice mucho más este acontecimiento. Habla de aquellos imposibles que cultivaron el ingenio popular hasta hacerse carne en el diario acontecer, en el que para referirse a algo muy poco probable se hacía referencia al viejo edificio de la plaza. Promesas que recalaban una y otra vez en esa estructura y destruían toda certeza de concreción cuando nos espetaban impunemente un... “te lo pago cuando se termine el Palacio de Justicia!!”. Entre tanta inspiración que generara en el imaginario colectivo, también sirvió para que el autor Carlos María Domínguez escribiera su cuento “El amor se parece a la palabra Justicia”, publicado en Brecha en su contratapa del año 2002, y que sirviera de souvenir literario al momento de esta presentación en sociedad del edificio.

 

Sin dudas que representa todo un símbolo su concreción por un gobierno de cambio, que con ello demuestra que se tomó en serio la tarea de gobernar y de hacer aquello que otros no hicieron. Que para ser diferentes hay que demostrarlo. Y vaya si se demuestra con obras de este tipo. A poco de iniciar el gobierno, allá por el año 2005, se inauguraba el puente sobre el río Santa Lucía. Una obra parada durante mucho tiempo por incumplimientos reiterados sin que lograra el gobierno de turno dar finalización a semejante obra. Sin embargo, en muestras de una ejecutividad manifiesta, a poco de iniciado el gobierno, un novel Ministro de Obras Públicas, puso las cosas en su sitio y posibilitó que la obra finalizara en poco tiempo para beneplácito de un pueblo que estaba harto de tanto cuento y joda.

 

Pero la simbología invocada va más allá de este edificio emblemático que hoy se convierte en realidad. Por más que aún queden detalles de finalización de obra y logística para comenzar efectivamente a funcionar, a nadie escapa que el actual Edificio Libertad nos recuerda su pasado sede del Ministerio de Defensa de una dictadura que todos queremos olvidar pronto. Asimismo su locación como sede del Poder Ejecutivo alejaba al titular del mismo del núcleo central de la ciudad capital, con el consecuente aislamiento de una ciudadanía que naturalmente recuerda –y reclama- la presencia de sus gobernantes en el llano, junto a ellos. Será un elemento de inserción necesario que permitirá compartir cada día, la presencia de nuestro Presidente llegando a su lugar de trabajo, como nos cuentan los libros de historia, era práctica habitual de los mandatarios de aquella época gloriosa de la Tacita del Plata.

 

De a poco, pero con resolución y firmeza, se van culminando aquellas obras que fueran proyectadas con mucho ímpetu pero que luego de sucesivas administraciones se fueron dejando por el camino. Aún resta el SODRE y su complejo auditorio, para redondear un abanico de edificios representativos de un Uruguay que fue y que puja por volver a ser, como lo está demostrando hoy con la inauguración de la Torre Ejecutiva, nueva sede de la Presidencia de la República.

 

No es menor la circunstancia que haya sido este gobierno quien le diera culminación a semejante proyecto, tras prolongado proceso de construcción que insumió más de cuatro décadas. Ello demuestra que no se vino a improvisar, demostrando una capacidad de gestión como no la tuvo ninguna administración en los últimos años.

 

Ejemplos de imposibles hay varios para comentar. Se decía que en el Uruguay no habían desaparecidos, e incluso se ironizó -por parte de un líder de la oposición- sobre los movimientos de tierra efectuados durante los trabajos de búsqueda de restos de personas, hasta que casi enseguida debió llamarse a silencio cuando se conoció el hallazgo de restos de dos compatriotas detenidos desaparecidos. También se dijo que la Ley de Caducidad era un escollo para hacer justicia y hoy hay militares presos aplicando las mismas herramientas jurídicas con que contaron gobiernos anteriores que nada hicieron al respecto. Criticaron duramente el Plan Ceibal hasta que no tuvieron más remedio que reconocer su impacto y trascendencia; criticaron, (y aún critican), los Consejos de Salarios y la alta conflictividad gremial que traerían y sin embargo hoy vemos un clima estabilizado –aún con el fantasma de la crisis encima- junto a una clase trabajadora firme en la defensa de los derechos reconquistados. Era imposible que lloviera y Tabaré era el responsable por la sequía, hasta que llovió y entonces se callaron todos. En fin, imposibles que no eran tales por sí sino por quienes alimentaban su imposibilidad.

 

Claro que no son todas rosas, y aún siendo tales, traen espinas. Pero esas, que las digan otros.

 

 

el hombre estaba ansioso por ver la Torre Ejecutiva,

el perro también, pero por mear en plena Plaza Independencia...

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