Venezuela
Hay problemas que ni siquiera
se ven, que se ocultan o
que se los subestima
por el historiador Vladimir Acosta

El pasado 2 y 3 de junio tubo lugar en Venezuela,  las Jornadas de Reflexión "Intelectuales, Democracia y Socialismo: callejones sin salida y caminos de apertura".

 

Participaron en el evento diversos intelectuales, analistas y personalidades del gobierno venezolano, también lo hicieron destacados intelectuales extranjeros. El evento permitió de hecho hacer un balance de los diez años del Gobierno Bolivariano.

 

Lo que se lee a continuación es la intervención de Vladimir Acosta, historiador, analista y profesor de Sociología en la Universidad Central de Venezuela (UCV),  tomada de la versión grabada por Radio Nacional de Venezuela y transcrita por  La ONDA digital.

 

Primero hay que hacer una evaluación autocrítica para luego pensar en lo que se puede hacer. No tenemos que tener temor hacia las críticas. Este es un país distinto al que existía hace diez años, es otra Venezuela. Lo más importante es que, en medio de esos logros, hay problemas que, y hay problemas que ni siquiera se ven, que se ocultan o que se los subestima. Y son problemas importantes que,  en la medida que se acumulan, se convierten en amenazas contra el avance y la profundización de este proceso que es lo que todos queremos.

 

Creo que habría que empezar – en mi opinión y son temas que yo he tratado con más detalle en otras oportunidades – viendo lo que yo diría que son tres problemas claves de este proceso, en medio de todos sus logros:

 

1)     La falta de una línea política o de un programa político claro. Por supuesto, el “Socialismo del Siglo XXI”, pero el “Socialismo del Siglo XXI”, hasta ahora, es una idea muy genérica. Y tiene que ser así, porque se trata de una idea en construcción, nosotros no tenemos ninguna receta socialista. Y este proceso ha llegado allí a través, justamente, de una secuencia de hechos. Al principio, lo único que había, era fundamentalmente sensibilidad social, luego se fue asumiendo una posición antiimperialista y, finalmente, se ha ido asumiendo el “Socialismo del Siglo XXI”. Pero hay montones de cosas aquí que no están claras. Y uno de los hechos que resalta allí es que la línea política es fundamentalmente lo que el presidente va descubriendo o estableciendo como línea política. Y eso ya genera un primer problema.

 

2)     El segundo problema que se relaciona con eso, es la falta de una dirección colectiva, cosa a la cual yo me he referido miles de veces. Por supuesto, nadie cuestiona el liderazgo del presidente Chávez. El Presidente Chávez es el alma, el corazón, el nervio, la fuerza de este proceso. Este proceso se identifica plenamente con él. El presidente trabaja veinticinco horas diarias por este proceso, dedica su vida y arriesga su vida por este proceso. Nadie cuestionaría su liderazgo. Pero el presidente no puede hacerlo todo ni puede estar en todas partes. Y, una de las cosas que requiere un proceso como éste, es una dirección colectiva. Y estamos lejos de tener una dirección colectiva. La relación sigue siendo una relación del presidente con el pueblo – que lo adora, con toda razón, la mayoría del pueblo – pero los dirigentes, los líderes, los cuadros, o son desconocidos, o son ignorados, incluso, son hasta rechazados por la propia población. Aquí no ha habido la creación de una dirección colectiva que refuerce el liderazgo del presidente, y eso me parece que es fundamental para que las tareas puedan cumplirse mucho mejor y para que un dirigente, teniendo una línea política, pueda atreverse a opinar antes de que el presidente Chávez lo diga porque es el que ha establecido más o menos una línea general. Eso creo que es la segunda falla que tenemos y, repito, la estoy enunciando sin entrar mucho en detalle.

 

3)     Una tercera falla o un tercer problema es la ausencia de un partido revolucionario. Aquí no hay un partido revolucionario. El PSUB no es, ni siquiera, un partido (perdónenme que lo diga). El PSUB es de hecho – por lo menos hasta ahora – un instrumento administrativo y electoral para aplicar la línea política que el presidente Chávez va estableciendo. No es un partido político, todavía. Además que un partido político, que se organiza desde arriba, corre el riesgo de atraer a mucha gente que no es revolucionaria. Hay muchos revolucionarios en el PSUB, pero también hay mucha gente que anda buscando medrar, que anda buscando tener puestos, etc., etc. Ese es uno de los problemas de fondo que se plantea con el PSUB. Además no tendría ni siquiera porqué haber un solo partido aquí. Deberían haber muchos partidos porque eso generaría una riqueza en las discusiones. Porque un partido más grande y más poderoso, genera arrogancia, genera prepotencia y genera malas relaciones con los propios aliados. Y todo esto está relacionado con problemas de burocratismo, de ineficiencia y, a veces, hasta de corrupción, sobre los cuales no voy a decir más nada.

 

Otro aspecto que quiero tocar, que es una suerte de ventaja envenenada que ha tenido este proceso – es decir, una ventaja que tiene también aspectos de desventaja – es que la política correcta y exitosa que ha llevado a cabo el Gobierno Bolivariano en todos estos años, ha permitido – entre otras cosas – salvar la OPEP, recuperar la OPEP y, a través de la OPEP, recuperar los precios del petróleo. Cayeron, por supuesto, después de la especulación y la crisis y están levantándose otra vez. Pero ha sido con un esfuerzo enorme del gobierno venezolano por rescatar la OPEP y rescatar los precios del petróleo y por rescatar a PDVSA y convertir a PDVSA en una empresa realmente nacional, una empresa del pueblo venezolano y no la empresa de las minorías corruptas y transnacionales y enemigas del país que la dominaban antes.

 

El Gobierno Bolivariano ha logrado controlar las reservas y rescatar las reservas, ha logrado acabar con la supuesta autonomía del Banco Central de Venezuela para que sirviera a intereses contrarios al país y ha logrado hacer que la población empiece a pagar impuestos. Estos son tres logros extraordinarios. Esos tres logros extraordinarios han permitido financiar los grandes proyectos sociales que se vienen llevando a cabo: “la inversión social”, eso que los neoliberales llaman: “gasto social”. Es decir, todo lo que se ha hecho por la salud del pueblo, por la educación, la creación de nuevas universidades, por la seguridad social, por la distribución de tierras urbanas y rurales, la construcción, el desarrollo del país. Todos esos grandes logros nacen de allí. Y esa es la parte extraordinariamente positiva.

 

Pero hay un aspecto negativo que, a veces, se olvida y es que, justamente, eso ha permitido que esos logros se obtengan sin tener que tocarle un pelo a la burguesía, sin tener que tocarle un pelo a las clases dominantes. Aquí no se han tocado, en absoluto, las relaciones de producción. No se han tocado. Hay, sí, una competencia que se va generando y que el Estado va tratando de introducir en empresas socialistas, en empresas solidarias, etc., etc., pero eso, en ese contexto, resulta muy difícil que avance mucho. Porque el capitalismo no tiene límites morales. Un capitalista puede robar a su madre para construir una empresa y eso es perfectamente válido en el capitalismo. Después se compra un canal de televisión, que lo proyecta como “buena gente” y se olvida todo. El socialismo tiene límites morales: la solidaridad, la ética, la protección de los más débiles. Y resulta siempre más difícil y más costoso construir socialismo cuando, encima, se tiene un capitalismo super poderoso como el capitalismo que se tiene aquí.

 

El hecho es que la burguesía sigue controlando aquí – la oligarquía, ésta, venezolana – sigue controlando la mayor parte del poder, incluso el poder político, porque a veces pierden terreno y lo vuelven a recuperar, como ahorita que obtuvieron algunas gobernaciones para destrozar los logros que se habían obtenido con la gestión Bolivariana. Ellos tienen poder económico en alguna parte, tienen poder ideológico, tienen poder mediático, tienen poder religioso, tienen poder en la educación todavía – a pesar de todo lo que se hecho aquí. Entonces nos encontramos con que, esos enemigos que parten todavía de esta sociedad, tienen un poder enorme que no ha sido contrarrestado y que, por lo demás – salvo conflictos locales, es verdad, el Estado compra empresas, no exactamente las nacionaliza, las compra en el mercado y, sin embargo, todavía chillan algunos empresarios de países amigos. Porque el gobierno ha comprado una empresa que lo que estaba haciendo era perjudicar al país, ejerciendo el derecho soberano, que es lo que debía hacer. Es decir, lo que me preocupa más y lo que me parece más importante es que eso genera una visión equivocada en la población. Genera comodidad, genera facilismo, genera consumismo. El socialismo es costoso. Costoso no desde el punto del dinero, costoso desde el punto de vista del esfuerzo que implica romper con toda la basura que uno tiene en la cabeza. Porque se la metieron desde niño, se la metió la iglesia, se la metió la escuela, se la metió la universidad, se la metieron los medios de comunicación y se la siguen metiendo todos los días. Todos esos valores individualistas, egoístas, mezquinos, anti-solidarios. Y todas las ventajas, repito, que tiene el capitalismo, que simplemente, por haber gobernado siempre y, aún estando fuera del poder político, sigue actuando como si estuviera en el poder. Y lo vemos todos los días. Cómo actúan estos empresarios, como actúa esta oposición, como si ellos estuvieran en el poder y nuestro gobierno siempre está a la defensiva. Dando explicaciones, dando explicaciones y, a veces, llorando porque los muertos los ponemos todos nosotros en esa conflictividad. Y, afortunadamente, no ha pasado de ciertos límites y esperemos que no pase.

 

Entonces miro una concepción facilista, de que se consigan las cosas sin mucho esfuerzo, que se consigan los logros sin mucho esfuerzo y eso representa, indudablemente, un peligro para este proceso. Aquí hace falta una educación, formación ideológica, cuadros, el generar una visión constructiva. Que se vaya construyendo a cada paso ese “Socialismo del Siglo XXI” sobre la base de ver que eso implica una verdadera revolución en la cabeza de cada uno de nosotros. Incluso en los que creemos que somos muy revolucionarios y a veces se nos olvida que, parte de esa basura, la tenemos también en la cabeza.

 

Además tenemos otros problemas que yo tengo que enunciar, porque realmente sería muy complicado tratar: el problema de los medios. El problema de los medios que – no son ya el cuarto poder como decían algunos románticos antes, ni el segundo poder, como dice Ramonet, sino que son el primer poder, el poder único. Y la expresión de ese poder único. Y, en un país como el nuestro, donde hay poca institucionalidad y ésta, en buena parte, es una institucionalidad podrida del pasado, los medios, se han convertido en el espacio de todos. Aquí los tribunales son los medios, aquí las universidades son los medios, aquí todo se hace a través de esos medios. Y esos medios son fundamentalmente los medios que controlan los enemigos de este país, los enemigos de este proceso y los instrumentos de la dominación imperialista, fundamentalmente, norteamericana. De tal manera que ahí, una de las grandes fallas de este proceso es que nosotros no hemos sido en diez años capaces de elaborar una política de medios, correcta. Incluso unos esfuerzos que arrancaron bien, después se han estancado un poco y no voy a mencionarlos. Y, en buena parte de los casos – además – hemos perdido la iniciativa en los medios en la parte mediática, de tal manera que casi siempre nos convertimos en antenas de repetición de lo que hacen los medios enemigos, al tratar de demostrar algunas de las patrañas que hacen. Y se nos va la mayor parte del tiempo en eso. Este es un problema que habría que discutir, también, a fondo.

 

Luego hay otro problema que es la falta de organizaciones populares revolucionarias. Una revolución como ésta está amenazada constantemente por el enemigo. Y aquí, lo que se ha construido – que es sumamente valioso, que son los Consejos Comunales – no son exactamente una organización revolucionaria. Son una organización institucional, en las zonas pobres, dominado – probablemente – por gente de izquierda. Lo que tendríamos que tener nosotros, además de eso, serían organizaciones populares a nivel de todas partes, a nivel de los barrios, a nivel de cualquier espacio, donde conviva todo el mundo y que puedan ser organismos revolucionarios. Los hemos tenido y los perdimos, porque justamente, los Círculos Bolivarianos fueron un ensayo de eso y, desgraciadamente, se quedaron en el camino. Pero hace falta que una revolución – amenazada como ésta – tenga como defenderse. No basta la Contraloría Social y la información que se descubre (donde estarán los cargos de este caballero, que los tenía escondidos allí, alguien seguramente dio un montón de cargos). Pero eso es circunstancial. Aquí hay conspiraciones, aquí hay amenazas, aquí hay una guerra permanente para destruir este proceso y el pueblo tiene que estar bien organizado para enfrentarlo.

 

Para terminar diría, que, además,  este proceso revolucionario – como todos los procesos revolucionarios – es un proceso heterogéneo. Esto significa que participan en él, corrientes distintas, grupos distintos, que tienen visiones distintas y que tienen alcances distintos, que es lo más grave. Sin calificar a nadie de “derechista” ni nada parecido, aquí hay gente honesta, valiosa, revolucionaria (o como uno quiera llamarla), pero que ve las cosas como hasta cierto límite, que se conforma con algunos logros y que no quiere seguir avanzando. Y se convierte entonces en una suerte de rémora, porque resulta que hay otros sectores – que son justamente los más revolucionarios, los más pobres, los más perjudicados, los que quieren avanzar más - y que son los menos organizados, los más débiles. Entonces se genera una suerte de tira y encoge, en el cual hay momento en que se avanza, momentos en que retrocede – como pasa en todas las revoluciones – pero sin que se consoliden mucho los logros más radicales. Los logros más radicales no se consolidan suficientemente y, entonces, hay una amenaza permanente de que, posiciones más moderadas, posiciones que no se atreven a avanzar, sean las posiciones que más fuerte estén, porque son las posiciones que están más organizadas y las que tienen, verdaderamente, mayor poder.

 

Y, para terminar, nosotros tenemos un grave problema. Este proceso revolucionario no tiene un movimiento obrero, realmente independiente, clasista y organizado. Y los intentos por organizarlo han terminado por acercar al movimiento obrero a la política del estado, que no siempre es la política que debe tener el movimiento obrero. Porque el movimiento obrero puede ir mucho más allá de eso. Tenemos que tener un movimiento campesino lo suficientemente fuerte y, el movimiento estudiantil, lo estamos tratando de tener, pero tampoco es lo suficientemente fuerte. Es decir, son debilidades grandes que tiene el proceso. Porque no se puede construir un socialismo particularmente fuerte sin obreros, sin campesinos, sin gestores populares bien organizados, que empujen esto hacia situaciones o hacia posiciones más radicales.

 

Yo no quiero terminar sin decir algo positivo, porque van a creer que estoy llamando a que nos suicidemos. No, no es eso. Lo que estoy tratando de decir es que dentro de los extraordinarios logros que hemos obtenido aquí y que los vemos todos los días, tenemos problemas importantes, tenemos problemas serios y, muchas veces, aquí no ha habido espacio suficiente para que esta crítica, que es una crítica constructiva para mejorar, para profundizar, se exprese. Me parece excelente que esta reunión sea una oportunidad y sin temor a quien esté. Las críticas no tienen que ser escondidas. Las críticas se hacen abiertas y, justamente, es por eso, para poder avanzar. No importa la televisión que esté, el canal que esté. Porque, justamente, hay demasiadas cosas positivas, por encima de estas críticas, para que nosotros nos asustemos, para que pensemos que debemos ocultarlas. Lo que sí es malo es comenzar a ocultar las críticas, por temor, y dejar que las cosas que empiezan a dañarse se pudran, se expandan y que se vuelva demasiado tarde para enfrentarlas. Enfrentemos estas críticas, critiquemos y hagamos de esto el punto de partida para avanzar hacia el último aspecto, que es: cómo resolvemos la mayor parte de estos problemas y cómo seguimos avanzando para que esta revolución sea, realmente, un instrumento para seguir transformando esta sociedad venezolana y para acercarnos a sociedad justa, a una sociedad soberana, a una sociedad libre, a una sociedad que no pueda ser otra cosa sino una “sociedad socialista”.

Trascripción realizada para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

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