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Guardianes de la muerte
sobre “Cementerio Norte”
de Rodolfo Santullo
por
Martín Bentanco
Desde
su extensa labor periodística, su papel como
guionista y editor de comic (responsable del
sello Belerofonte) y sus copiosos trabajos
narrativos, Rodolfo Santullo se ha convertido en una
de las voces más atendibles dentro del panorama
literario nacional. Santullo encabeza un movimiento
mal llamado “joven literatura uruguaya” (concepto
erróneo para un conglomerado del cual, muchos de sus
integrantes, vienen produciendo y publicando desde
hace diez años). Dentro de un canon algo limitado,
forjado en las plumas de tres o cuatro escritores
consagrados, Santullo destaca con una prosa
distintiva que lo aleja de los afanes existenciales
de la generación posdictadura y los devaneos pop
de los noventa, volviéndolo un autor
inclasificable. Su acercamiento a los géneros,
especialmente al policial, conlleva una seña
personal que, al mismo tiempo, refleja la influencia
evidente pero no absorbente, de un puñado de
reverenciados autores.
Cementerio Norte
(Ediciones Trilce), flamante novela que acaba de
desembarcar en librerías, ofrece las mejores
virtudes de la pluma de Santullo al tiempo que se
constituye en su obra más lograda. Ganadora de los
Fondos Concursables del Ministerio de Educación y
Cultura (Edición 2008), Cementerio… escapa de
cualquier tipificación genérica y ofrece una
historia de engañosa sencillez y linealidad
protagonizada por un puñado de personajes de neta
marca santulliana.
Inspirada en un hecho
extraído de la crónica roja – la desaparición de
bronce de las lápidas y panteones del Cementerio del
Norte – la novela desborda su cauce original y
presenta un cuidado estudio de la condición humana.
Un grupo de policías son designados para custodiar
la seguridad de la necrópolis y, para llevar
adelante su labor, deberán operar con una derruida
caseta como base y principal escenario de sus
movimientos. Las peripecias de los agentes
policiales Machado, Vázquez y Felipe, además de la
del guardia local, Sartori, no están contadas desde
la óptica de una investigación policial (y es acá
donde Santullo se desmarca de la tradición de su
santuario particular, desde Raymond Chandler a James
Ellroy) sino desde una cercana cotidianeidad,
movimiento que la acerca a un descarnado realismo
pero sin sumirse por completo en los presupuestos de
la narrativa minimalista. Conversaciones sobre las
penurias diarias, el confinamiento, la vida marital
y la lectura como fenómeno de esparcimiento y
conocimiento, atraviesan la trama de la novela,
complementando la investigación que subyace en toda
la historia, esto es, averiguar quién y cómo está
robando el bronce del cementerio.
A diferencia de los
relatos del excelente Perro come perro (Artefato,
2006), donde la acción le ganaba a la reflexión y el
componente psicológico de sus personajes
(particularmente notorio en “Límites” o en el cuento
que el da título al volumen), en Cementerio Norte,
Santullo se vuelca hacia una prosa más mesurada,
donde el diálogo y las voces propias de los
protagonistas adquieren mayor importancia, sin
descuidar, justo es decirlo, la progresión y
resolución del misterio.
En la descripción del
desolado ambiente que da nombre a la novela, la
irrupción del clima inhóspito en el destino de los
personajes y en los certeros análisis de la realidad
social que atraviesan todo el libro, Santullo da
sobradas muestras de su gran poder de observación y
su fino arte como narrador. Esas particularidades
están sabiamente expuestas, en ocasiones, con una
ejemplar economía de recursos como cuando escribe: “Después
de tres días, con sus respectivas noches, de
permanente llovizna, paró. Como si alguien hubiera
cerrado el grifo. No despejó del todo, pero alcanzó
para que los retrasados dolientes acudieran en masa
al cementerio. Esa noche, por tanto, el lugar estaba
sucio como nunca”. En este breve párrafo,
Santullo resume y conjuga todo el hastío y la
sordidez del ambiente y marco de la obra.
Con Cementerio
Norte, Rodolfo Santullo deja de ser un
prometedor escritor para convertirse en un escritor
consagrado. Como testimonio adicional de lo
anterior, cabe destacar que, en la reciente edición
de los Fondos Concursables del MEC, se alzó con uno
de los premios en la categoría Relato Gráfico por
Acto de guerra, obra que será publicada en el
correr del presente año.
Cementerio Norte, de
Rodolfo Santullo. Editorial Trilce. 104 pgs.
Montevideo, 2009.
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