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Perú:
intolerancia y discriminación
La negación del indígena
como persona
por
Héctor Valle
Nuestra América, la
América del Sur, padece aun, y en qué grado, la
intolerancia propia de las castas criollas que
tienen al originario como un ser inferior.
Esto, que viene de
muy lejos, se vio agravado a partir de la puesta en
práctica del Consenso de Washington, de cuya
implementación surgió lo que sería llamado el
“neoliberalismo”.
Así, naciones de todo
el mundo implementaron, con diversos grados de
profundidad, las llamadas “privatizaciones” las que,
en América del Sur, contaron con la aquiescencia de
las citadas castas que, constituyendo las clases
dominantes de nuestras naciones, terminaron por
comprar el discurso neoliberal y así enajenaron todo
vestigio de nacionalismo, así éste fuera del orden
más conservador.
Mucho antes, y a
partir de la conquista de América del Sur, los
habitantes originarios y sus pueblos fueron,
sistemática y salvajemente, diezmados sea por las
armas, las enfermedades y los modos en los que
fueron y siguen siendo tratados.
Sólo en las últimas
décadas y merced a la unión de pueblos originarios
de todo el mundo, al abrigo de Naciones Unidas,
logró arribarse a consensos y sus posteriores
instrumentos, ratificados por la mayoría de las
naciones de nuestra región.
Podemos citar, a vía
de ejemplo, el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas
y Tribales en Países Independientes, celebrado en el
ámbito de la Conferencia General de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) – ratificado, entre
otros, por el propio Perú -; la Declaración de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas, que junto con otros instrumentos han ido
validando lo que siempre debió ser premisa: que no
hay ni debe haber diferencia de especie alguna entre
los seres humanos.
Perú: La matanza del
5 de junio
La prensa regional e
internacional ha informado del desencuentro violento
entre policías e indígenas en Bagua, sabiéndose
cuántos policías fueron muertos, de manera por demás
violenta, pero desconociéndose cuántos indígenas
fueron también eliminados, pues distintos medios
hacen circular versiones que se habrían eliminado un
número indeterminado de indígenas – incinerándolos
para luego tirarlos al río. Lo cierto es que son
centenares los civiles heridos y el clima está aun
lejos de volver a la normalidad.
Los por qué del
enfrentamiento
Hace más de dos meses
que se suceden los enfrentamientos, debido a que el
gobierno se niega a considerar, y respetar, lo
firmado en el convenio 169 de la OIT, y,
concomitantemente, ha procedido a crear varios
Decretos Ley (una decena, más concretamente) sin
consultar, como está previsto y convenido, a los
propios pueblos indígenas respecto de cómo proceder
para la explotación de la región amazónica peruana.
Veamos lo que indica a este respecto, el periodista
Jaime Cordero, en su artículo intitulado “El grito
indígena retumba en Perú” y publicado por El País de
Madrid, el pasado 14 de junio: “(…)
Centrales sindicales y estudiantes se
han solidarizado con los nativos peruanos, a quienes
no les parece suficiente la decisión adoptada el
pasado miércoles de suspender indefinidamente la
vigencia de dos de los decretos más cuestionados, el
1.090, conocido como ley forestal y de fauna
silvestre, y el 1.064, que establece el régimen
jurídico de las tierras de uso agrícola. Ambos son
parte del paquete de normas legales que aprobó el
Gobierno en junio de 2008 para alentar la inversión
en la Amazonia y adecuar el marco legal peruano al
Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.
Las comunidades indígenas argumentan que no fueron
consultadas acerca de estos decretos que les afectan
directamente, y sostienen que son
inconstitucionales.”
Finalmente, se
derogan ambos decretos…
En una muestra más de
debilidad, producto de la intemperancia con que
muchas de sus acciones son llevadas a cabo (es
decir, falta de consulta a las partes, etcétera) el
Gobierno propició y el Congreso aprobó la derogación
de los Decretos Legislativos 1064 y 1090.
Por el camino han
quedado decenas de muertos y muchos heridos,
reconocidos y por reconocer, según diversas fuentes
consignan, puesto que se desconoce si en la zona
misma del conflicto se produjeron más muertes, como
muchos temen.
Se presenta, una vez
más, la incógnita de qué rumbo elegirá este
gobierno, habida cuenta de la queda estrepitosa del
dogma neoliberal desde el Centro, y así,
consiguientemente, qué verosimilitud podrán tener
medidas como las ahora derogadas, ante la ausencia
llamativa y mayoritaria de consenso social para
llevar adelante sus políticas.
Por otra parte, pero
en el mismo contexto, llama la atención el silencio
de radio que han adoptado las empresas
intervinientes y beneficiarias de este tipo de
medidas, entre las principales, las petroleras.
Se podría decir que
el gobierno tuvo la hidalguía de dar marcha atrás.
Pero al hacerlo, estaríamos dejando de lado que este
mismo gobierno avanzó con estos y otros instrumentos
en el cumplimiento cabal del catecismo neoliberal,
sin haber escuchado y menos atendido a los
diferentes grupos sociales, etnias originarias
incluidas, que clamaban por hacer oír sus voces.
La saga del TLC
La defensa a ultranza
que hace el actual Presidente del Perú, el señor
Alan García, es la misma que en su momento llevaron
adelante los ex presidentes Alberto Fujimori y luego
Alejandro Toledo, quedándole el raro privilegio de
llevarlo adelante y firmarlo al señor García.
Se está ante un
proceso grosero de enajenación de la tierra y de los
ríos, en donde el Estado peruano parece
transformarse en un Estado fallido, al estar tanto
de las informaciones periodísticas, como asimismo de
diferentes organizaciones sociales y ciudadanos que
han presentado diversos recursos con el fin de
frenar tamaña enajenación.
No sólo no se han
respetado derechos y compromisos, como los asumidos
con los pueblos indígenas, sino que tampoco parece
que el Estado peruano sepa, a ciencia cierta, qué es
lo que está ocurriendo en su territorio en materia
de implementación de nuevos procesos productivos,
por ejemplo, en lo petrolero.
Como
dice el periodista peruano Humberto Campodónico, en
su habitual columna en el diario La República,
intitulada “Toda la nación” son ellos y no
nosotros”, de fecha 6 de junio de 2009: “La
violencia y las muertes de ayer en Bagua son el
producto de la voluntad del gobierno de Alan García
de completar la “reforma incompleta” por la que
tanto han clamado los neoliberales. La última vez
que un gobierno estuvo a punto de desencadenar
similares actos de violencia fue en Arequipa, en
junio de 2002, cuando miles de personas salieron a
las calles a protestar contra la privatización de
Egasa y Egesur (generación de energía a partir
de recursos hídricos).
Entonces, la mesura del gobierno de Toledo, que
desistió de las privatizaciones, impidió el
enfrentamiento violento. Por ello, la derecha lo
acusó de “blandengue”. Dicho esto, ciertamente, el
gobierno de Toledo no cambió el curso general de la
política económica durante el resto de su gestión.”
O
bien, lo que afirma otro periodista peruano, Juan de
la Puente, en el artículo intitulado “Bagua: los
tres paradigmas”, de fecha 13 de junio de 2009,
donde afirma, por ejemplo, lo siguiente: “El
Estado peruano no conoce la amazonía. Después de dos
siglos la sigue llamando selva y al nativo, chuncho.
Es una república que vive 188 de cara al Pacífico y
que cuando ha volteado hacia atrás ha sido para
depredar abusivamente. La amazonía necesita una
nueva relación con el Estado, que no puede fundarse
en los omnívoros decretos legislativos; tampoco en
el regionalismo colono, igualmente depredador,
informal y beneficiario de la distancia política y
geográfica al centro del poder.”
El colega peruano de
la Puente culmina su artículo con una frase que
tiene la fuerza de un desafío ético: “(…) En ese
contexto lo más conveniente es cambiar hasta el
sentido de nuestro objetivo final: el Perú requiere
la integración con la amazonía y no de
la amazonía.” (el subrayado es mío).
Ante una muestra más
de discriminación y racismo, queremos decir sólo una
cosa más en esta primer entrega, a la que
evidentemente deberá seguirle por lo menos otra
donde expliquemos las cosmovisiones enfrentadas, los
actores en sus detalles de vida y circunstancia,
bien como el incursionar en lo que arriba
prometiéramos respecto de en qué modo y tono se
estarían violando documentos internacionales
firmados.
Queremos manifestar
que la América del Sur tiene un hilo conductor, un
entramado de vida inteligente, como lo tiene también
de vida sintiente, que viene de muy lejos en su
historia: los pueblos originarios y nuestro
ecosistema.
Se siguen observando
muestras de racismo, discriminación y odio en las
gentes que no saben cuál es su lugar en la Tierra y
menos aun su propósito en esta vida.
Siguen creyendo
muchos, aunque cada vez van siendo menos, que la
piel y el lenguaje, desde su percepción y
concepción, marcan diferencias en modos y proyectos
de vida.
Cuando decimos que
los pueblos originarios continúan habitando nuestra
América, lo decimos no sin dejar de recordar que
ellos están y permanecen antes que las fronteras
trazadas a partir de la conquista y a resultas,
luego y progresivamente, de la constitución de
nuestros Estados.
Es decir, ellos mantienen la cohesión vital, en vida
humana, de esta circunstancia de vida que es
Amerindia.
Recordarlo, siquiera,
sería un primer síntoma de inteligencia. A lo que
luego debiera seguirle una reflexión moral, pero
esto, lamentablemente, parece serle esquivo a muchos
de los que están en los puestos de dirección de
algunos de nuestros Estados.
LA
ONDA®
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