La “fórmula” de la
victoria: Qki y Pedro
por Raúl Legnani

Es un hecho que, de confirmarse el triunfo de Lacalle dentro del Partido Nacional, la herencia del wilsonismo tendría un nuevo fracaso, lo que puede provocar a partir del 29 de junio un corrimiento de su electorado hacia el Frente Amplio.

 

 Previo a las elecciones internas, las encuestas son una fotografía de la realidad, casi instantánea. Por ese motivo, este análisis está solamente basado en la última encuesta que resultó ser de la empresa Factum que dirige Oscar Botinelli (personalidad a la que respecto profesionalmente). No descarto que en esta semana que se inicia comiencen a aparecer otras encuestas, de otras empresas, las cuales merecen también respeto, pero no puedo adivinar qué puede pasar con ellas.

 

En la última encuesta de Factum quedaron claras algunas cosas, que por cierto no son definitorias. En primer término que entre los que van a ir a votar el próximo 28 de junio ­ el 57% de los ciudadanos habilitados a votar­, entre el 49 y el 51% lo hará dentro del Frente Amplio, que el 38% sufragará dentro del Partido Nacional y el 8% por el Partido Colorado.

 

En este caso nos importa establecer, según la encuesta, que dentro del PN el 63% lo hará por el doctor Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga con el 35%.

 

En el Partido Colorado, Pedro Bordaberry recibirá al apoyo del 79% y el resto de los candidatos sólo llegará al 20%.

 

Estos datos, de confirmarse en las urnas, muestran que los sectores más conservadores y derechistas de las viejas colectividades políticas, estarán encabezadas por los líderes más restauradores de las políticas neoliberales, que son Lacalle y Bordaberry.

 

Según nuestros cálculos, si sumamos a Lacalle y Bordaberry, siempre entre los que van a ir a votar, entre los dos tienen el 30%. Lacalle el 24% y Bordaberry el 6%, lo que significa un 30%, muestran que hay un núcleo consolidado de derecha, al que hay que agregarle los votos de Daniel García Pintos que acompaña la pre candidatura de José Amorim Batlle.

 

Estos datos, de confirmarse en las urnas, estarían demostrando que la derecha de nuestro país no es nada débil, además de que tiene una base consolidada muy firme, incluso superior a las viejos partidos marxistas del país.

 

De lo que no hay dudas es que los dos viejos partidos tradicionales o históricos, van a quedar en manos de la tradicional derecha neoliberal, lo que puede generar una crisis electoral después de las elecciones internas, porque el bloque de los partidos nacionales no es homogéneo y se mezclan, en su seno, corriente ultraderechistas y conservadoras.

 

Es un hecho que, de confirmarse el triunfo de Lacalle sobre Larrañaga, la herencia del wilsonismo tendría un nuevo fracaso, lo que puede provocar, a partir del 29 de junio, un corrimiento de su electorado hacia el Frente Amplio, donde Mujica y Astori tienen un buen diálogo con los blancos "progres".

 

El wilsonismo que revolucionó al Partido Nacional en 1971 y que nunca llegó a gobernar, tendría que definirse entre votar en octubre de 2009 entre las propuestas del Frente Amplio para ese electorado blanco y progresista o ser furgón de cola, no sólo de Lacalle, en primera instancia, sino que en caso de haber balotaje apoyar a la alianza Lacalle-Bordaberry, el pacto de la derecha por encima de los comportamientos particulares y contradictorios de esos sectores durante la dictadura.

 

Lo más paradójico es que el país camina, desde la estrategia de la derecha, a una confrontación con el Frente Amplio, donde un Bordaberry (el padre de Pedro) que en 1971 le ganó a Wilson Ferreira Aldunate, mediante un fraude que fue el preámbulo del golpe de Estado y que llegó en ancas de que los "progre" de los viejos y queridos partidos tradicionales entraron en el baile por el prejuicio antiizquierdista que existía en aquellos años y que hoy, paradójicamente se intenta reconstruir sin una visión de país y de democracia de largo aliento.

 

Si Lacalle y Bordaberry ganan en sus propias colectividades políticas, los wilsonistas y batllistas socialdemócratas tendrán que decidir entre sus intereses personales, los pocos cargos que la derecha les brindará en las estructuras del Estado, o participar en la gran correntada progresista que sólo se puede concretar, por encima de contradicciones, con un segundo gobierno del Frente Amplio.

 

La derecha, en caso de segunda vuelta, ya tiene su "fórmula": Lacalle­Bordaberry. Si eso pasa, a sacar los pasaportes, para residir en países donde se vive peor que el nuestro.

 

Usted decide.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital