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Con los Blancos
se “lava” mejor
por El
Perro Gil
(elperrogil@gmail.com)
Con
avidez ciudadana leo por estos días cuanta promesa
electoral se anda publicando, aunque claro,
reconozco no estar vacunado convenientemente. En
tanto, el fervor electoral inunda -con viejas
prácticas desempolvadas por los mismos personajes de
siempre- cuanto espacio haya disponible. Pareciera
que estos representantes de la política nacional no
han aprendido la lección de un pueblo que no quiere
más promesas incumplidas.
Pero el asombro llega al colmo
de advertir cómo arriesgan ligeramente una opinión
al referirse a un tema no menor para los intereses
de todos los uruguayos. Por lo menos un poco de
estudio y reflexión merece el tema como para soltar
-hasta casi sin que se lo preguntaran- la intención
de derogar la ley de lavado de activos recientemente
promulgada. En efecto, ambos líderes principales de
la interna blanca emitieron opinión a ese respecto
ante la directiva en pleno de la Asociación de
Escribanos del Uruguay. Estos últimos están
preocupados por el rol que dicha norma les impone.
Abrir el paraguas antes que empiece a llover es
síntoma que se tiene la presunción de mal tiempo.
Dicho de otra forma, quien se opone a una ley que
persigue la represión del lavado de activos
–práctica ampliamente sospechada por estos lados a
nivel internacional- o bien se niega a que el país
dé pasos sustantivos en la represión del ilícito o
intenta –por lo menos- seguir miope como si con eso
bastara para evitar sus consecuencias.
Si queremos realmente ser un
país serio y en serio, no es posible siquiera evitar
el tratamiento de estos temas. El doble discurso es
evidente. Por un lado critican abiertamente el tema
del secreto bancario y el tratamiento público que le
diera Mujica hace poco tiempo y ahora aluden
claramente a derogar una herramienta, como la
referida ley anti lavado, con la cual el gobierno
pretende dar pelea en la lucha contra el
narcotráfico y el crimen organizado. Temas que se
tocan inevitablemente pues el levantamiento de aquel
apunta precisamente a los casos de lavado de dinero.
No es posible pensar -por
contrario sensu- que la derogación planteada apunta
a una pretendida permisividad de una práctica
ilícita por parte de los referidos líderes
nacionalistas. La licencia literaria del título
apunta al absurdo de dicho pensamiento. Sin embargo,
una actitud como la referida, abre un abanico de
posibilidades que –sin llegar a ser la intención de
la iniciativa- deja intacta la posibilidad de su
ocurrencia.
La actitud corporativa de los
escribanos tiene su razón de ser en el rol que les
impone la regla por cuanto asumen el deber de
informar ante la sospecha de una “transacción
inusual”. No se explica mucho la actitud asumida por
cuanto esta obligación, no importa una deliberada
delación o infidelidad sino la preservación de un
interés común mayor como el de mantener a nuestra
sociedad al margen de este tipo de conductas
delictivas. Quien nada tiene que ocultar nada tiene
que temer pues la verdad aflora siempre, y se impone
por encima de todo. Las personas que actúan
lícitamente, no tendrán reparo alguno en develar el
interés real de sus transacciones así como también
los profesionales tendrán certeza que su trabajo no
forma parte de un negocio espurio bajo el cual se
esconda una transacción tipificada por esta ley.
Asumir una actitud derogadora
sin más de un instrumento pensado para el combate de
una práctica que encubre un flagelo social, parece
no solo una actitud arriesgada y poco inteligente,
sino además insólita para quienes arrecian con sus
críticas sobre el tema de la seguridad pública. La
misma que dicen es acosada por la droga como causa
principal. ¿Acaso no saben que lo que prometen
derogar es una ley pensada para combatir la forma
vil de legitimación de una actividad que destruye
vidas y amenaza hoy a la familia uruguaya? La
hipocresía electoral lleva a excesos como estos que,
de concretarse, harían del Uruguay un lavadero
industrial en la materia.
Salvo que se esgrima, como
argumento de su propuesta, la convicción (asumida
ya) que no serán gobierno y por ende atreven este
tipo de promesas. Parecen intentos desesperados de
sumar votos a cualquier precio sin medir
consecuencias.
Como esperamos sea solo una
promesa de tantas, apuntando al caudal de votos que
representa una corporación que se sintió excluida en
la instancia, presumimos que solo es pirotecnia que
no se concretará finalmente. Así como prometen
también la derogación del IRPF –cosa que no harán ni
por asomo- tampoco atreverán hacer esto, por la
sencilla razón que no se animaron a votarlo siendo
gobierno (a sabiendas de su necesidad imperiosa), ni
lo prevén los vaticinios electorales de octubre,
donde el gobierno actual mantendría la mayoría en el
Parlamento.
La valentía republicana del
gobierno frenteamplista hizo posible esta
herramienta, que es vista con buenos ojos por
quienes nos monitorean permanentemente a nivel
internacional. Monitoreo que siguen para saber si
los uruguayos queremos ser un país en serio o, si
por el contrario, la idea de paraíso fiscal que nos
endilgan, termina siendo cierta.
el hombre firmó la escritura
tranquilo,
y el perro... ¡le salió de
garantía!
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