(Candidatura de José Mujica)
Fin de una polémica
Profesor Mario Dotta Ostria

Al leer la respuesta a mi artículo criticando el del señor Eduardo Silveyra del 20 de enero sobre la candidatura de José Mujica, pensé dos veces ante de decidirme a contestar. La respuesta que el señor Silveyra dio a mi crítica constituye una retahíla de insultos sin substancia, y de contenido menor, propio de la persona que carece de gallardía y de fina ironía, características de las personas educadas y acostumbradas al sano intercambio de opiniones.

 

Me hacía la impresión, al leer esta respuesta Silveyra, de estar escuchando el rugido de un león herido; luego, releyéndolo con más atención, me di cuenta que lo que había escuchado era el maullido de un gato.

 

Luego de considerar la situación me di cuenta que no podía entablar una polémica con una persona de corte religioso ya que entraríamos en el terreno de lo irracional; y no digo religioso sólo por su catolicismo; para el señor Silveyra la política también es una religión, donde los personajes históricos son santos, ángeles, arcángeles o demonios y todo lo que se parezca a una versión contraria a lo que él piensa y siente, es rechazado con anatemas, ya que la característica del ser religioso es también el de ser intolerante, el de ser fanático. Yo confieso que he tratado siempre de no enamorarme de ningún personaje histórico porque la vida nos muestra a cada momento lo lábil de esa posición. Naturalmente que, a lo largo de los años, se pueden lograr las grandes síntesis y llegar a tener opinión sobre los personajes históricos; entre otras cosas porque no creo en la Historia aséptica y anodina, cuyos resultados no son ni chicha ni limonada; no creo en esos ensayos que creen haber hallado la objetividad, ya que la misma, es sólo una meta utópica a la cual hay que tender y nunca se puede alcanzar.

 

Quiero expresarle al señor Silveyra que luego de esta respuesta no voy a continuar la polémica, y si quiere él hacerlo no voy a contestar, ya que en este baile entreverado de afirmaciones que revelan lecturas, pero sobre todo, que delatan claramente en el señor Silveyra, conceptos prendidos con alfileres, sin reflexiones  ni dudas, con un estilo propio de los predicadores fanáticos, generarían la confusión propia de los desniveles existentes entre mi persona y la del señor Silveyra; y no hablo de niveles en conocimiento de los temas, que sí existen; sino los referidos a la educación en los que se delata un abismo. Y ahora voy a lo concreto de mi respuesta al señor Silveyra:

 

Sobre los curas que lucharon contra la dictadura vaya toda mi admiración y mi indignación por las violaciones a los derechos humanos; a quien tiene en su familia un torturado o un preso no tiene otro camino que la verdad y la justicia, y yo por desgracia, que no es un mérito, me encuentro en esta situación; pero no todos los curas fueron como el padre Mujica, sino que también estuvieron los Von Wernick, capellanes torturadores, obispos complacientes con los dictadores. Argentina -aparte de no haber separado nunca la Iglesia y del Estado- tiene el contrapeso de haber sido elegida por el Vaticano en la década infame de los 30, posiblemente por su acendrado catolicismo, para realizar allí el Congreso Eucarístico, recordando que tal hecho coincidía con el gobierno de Mussolini que muy bien se llevaba con el Vaticano luego del Tratado de Letrán en 1929, y la campaña de la Iglesia contra la República Española. A esa Italia fue el Gral. Perón a perfeccionar su carrera militar, formación que también fue política; y recuerdo que la creación de la Triple A, a la cual se le deben muchos muertos y torturados, tiene su nacimiento en el entorno íntimo del Gral. Perón, quien eligió entre sus más cercanos colaboradores al Sr. López Rega. Fue precisamente en épocas del Congreso Eucarístico -durante la década infame- que se dio forma al Obispado militar del que dependían los capellanes de las diferentes unidades. Posiblemente mi visión responda a que mi educación se realizó en un país verdaderamente laico, donde el ejército no tiene capellanes; eso no impide mi amistad con católicos -que las tengo- aunque no por ello me pueda olvidar de la Inquisición ni de las innumerables veces que en todos los países donde tuvo injerencia la Iglesia católica, ésta manifestara la clara intención de oponerse al libre pensamiento y a violentar y controlar las conciencias, imponiendo su sentido de lo moral, algunas veces hipócrita, ocultando, bajo una forma pacata, sus apetencias terrenales.

 

Con respecto a los jacobinos, los condotieros y Antonio Gramsci, le diré que lejos estaba Gramsci de admirar caudillos y condotieros; y por ello sostenía que “…El príncipe moderno, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político…”1

 

Y aclara: “…Las razones de los sucesivos fracasos de las tentativas de crear una voluntad colectiva nacional popular hay que buscarla en la existencia de determinados grupos sociales que se forman con la disolución de la burguesía comunal, en el carácter particular de otros grupos que reflejan la función internacional de Italia como sede de la Iglesia del Sacro Imperio Romano. Esta función interna que puede denominarse “económica-corporativa”, es decir, políticamente, la peor de las formas de la sociedad feudal, la forma menos progresiva y la más estancada. Faltó siempre, y no podía constituirse, una fuerza jacobina eficiente, precisamente la fuerza que en las otras naciones ha suscitado y organizado la voluntad colectiva nacional popular fundando los Estados modernos…”2

 

Por otra parte no podemos olvidar que Maquiavelo, tan denostado en su tiempo por las fuerzas más reaccionarias -en particular por la Iglesia Católica que siempre rechazó la unidad de Italia- fue reivindicado calurosamente en el siglo XVIII por Rousseau, y por los jacobinos durante y después de la Revolución Francesa que tuvo su influencia en toda la emancipación de América Latina.

 

El tema de historia comparada Artigas-Rosas. El señor Silveyra, posiblemente ocupado en elegir insultos, no contestó una palabra sobre las políticas agrarias de uno y otro. No voy a repetir como Artigas repartía las tierras puesto que ya lo dije basado en la documentación pertinente; pero voy a agregar que las tierras eran confiscadas a “…Los malos europeos y peores americanos y a los emigrados de la provincia…”, medida de corte jacobino de premio para los patriotas y de castigo a los enemigos externos e internos de la revolución; y nunca pensó en anexar la tierra de los naturales. Le sugiero al señor Silveyra que revise los Decretos de Ventoso, presentados en la Convención francesa en febrero- marzo de 1794, por el jacobino Saint-Just y se llevará una gran sorpresa sobre el aire de familia que tienen estos decretos con el Reglamento de Artigas. El que Artigas no haya sido sanguinario como Robespierre lo honra, cosa que no sucede con Rosas. El señor Silveyra no me dice como Rosas realizó el reparto de tierras luego de su campaña del desierto, y no me dice nada ni me impresionan las cartas de Catriel; son propias de la sumisión de estilo feudal en lo de patriarcal, propio de personas que se encuentran en posición inferior a la de su señor; pero no resuman realmente igualdad ni equidad de parte de quien la recibió, sino que es una muestra de la relación entre el caudillo y sus subordinados, típica de algunos populismos.

 

Tema Sarratea, jacobino como Moreno: no merece comentario pues muestra incapacidad para diferenciar hasta los matices, en dos personajes muy diferentes.

 

Tema judíos – nazis – Perón: El Gral. Perón se diferenciaba del señor Silveyra por una mayor perspicacia política; porque no es lo mismo una inmigración de perseguidos por la dictaduras terroristas nazi y fascista, a las que no podía negar asilo por la imagen negativa que hubiera generado universalmente de la Argentina, que dar acogida a criminales de guerra, requeridos por tribunales internacionales, como puede rastrearse hasta territorialmente en la Argentina, incluyendo Bariloche.

 

Tema Artigas y los indios; y Rosas y los indios: Es cierto que Artigas como Blandengue persiguió el contrabando que conocía bien pues en su juventud -época del monopolio español- la llegó a practicar; pero nunca hizo la guerra a los indios como la hizo Rosas en la Argentina a fuer de combatir el contrabando y el malón; o como la ominosa campaña contra los indios de  Fructuoso Rivera en el Uruguay que culmina trágicamente en Salsipuedes. Lo real era que a los estancieros les perturbaba las tolderías y la integridad de sus rebaños; y no me dice el señor Silveyra como repartió las tierras Rosas, con las que, la mayor parte los estancieros de Buenos Aires, agrandaron sus campos, por lo que tengo que recordárselo: a los soldados se les donaron parcelas de gracia en las fronteras del desierto para que sirvieran de colchón a los malones, que eran respuesta a la rapiña de los acaparadores de tierras, que hicieron de lo que era la patria de los indios y su hábitat, el disfrute de la oligarquía vacuna.

 

Tema Artígas franciscano y católico. Con respecto a eso, es cierto que Artigas fue educado en la escuela franciscana de Montevideo; pero hay que decir también que precisamente esa Orden, estaba cribada por el pensamiento de los filósofos y el de los jacobinos; basta recordar al padre Cayetano Rodríguez en cuya biblioteca Mariano Moreno mamaba esas ideologías. Y que eran franciscanos los curas echados de Montevideo, por el gobierno español, durante el sitio de esa ciudad. Si los franciscanos influyeron en Artigas, lo hicieron en las fuentes de las más modernas ideas, entre ellas el jacobinismo, de las cuales hay claros rastros en la ideología del prócer, de lo que voy a transcribir tres ejemplos:

 

1)El 24 de enero de 1812 desde el Campamento del Salto Chico, en Oficio de respuesta al Gobierno de Buenos Aires que le pedía que licenciara la tropa por imposibilidad de pagar los sueldos, Artigas expresaba: “…Reducida la oficialidad a un número preciso, suprimidos algunos empleos civiles y militares, moderados los sueldos, y quitado el exceso en todo, no hallo un arbitrio que proponer a V.E. para el ahorro y economía de los fondos públicos, en cumplimiento del Oficio del 20 de diciembre último. Pero si el aumentar esos fondos es un verdadero equivalente a su ahorro, yo en las rentas eclesiásticas y en una parte de los bienes de nuestros enemigos hallo el mejor medio que puede adoptarse. La multitud de conventos, iglesias parroquiales y capillas servidas por un número exorbitante de ministros, absorben la más gran parte del numerario que circula en los pueblos…me parece que se daría lo bastante al deber respetable que nos impone la política religiosa asignando a cada corporación o individuo eclesiástico una renta, en obsequio del nuevo sistema, o por la obligación de contribuir como ciudadanos a la salud de la patria con lo que ella más necesita, al menos lo bastante para su subsistencia…si los eclesiásticos no son extranjeros en nuestro país, deben concurrir a una felicidad que es también trascendental para ellos…En los bienes de nuestros enemigos me parece se considerarán como tales aquellos que se dejan ver entre nosotros, vestidos se la mayor indiferencia respecto de nuestra mala o buena suerte, y en tal caso nada es más racional que una imposición según sus haberes para que cada uno haga por medio del dinero, dando el sueldo a uno o dos soldados, lo que debiera hacer personalmente, concurriendo a la consolidación del sistema…3 Así pues, la incautación de las rentas del clero y de los bienes de los enemigos eran medidas tomadas de similares de la Revolución Francesa; el premio a los patriotas y el castigo a los enemigos, y aún a los indiferentes, medida propia del radicalismo francés, que se ahondará más en el Reglamento agrario del 10 de setiembre de 1815; eran todas medidas claramente jacobinas.

 

2) En las Instrucciones del Año XIII para los Diputados orientales delegados a la Asamblea Constituyente de 1813 en Buenos Aires, en el Artº 3 se expresa “…Promoverá la Libertad civil y Religiosa en toda su extensión imaginable…”, único texto de los tres conocidos firmado de puño y letra de José Artigas; los otros dos, los de Santo Domingo de Soriano y los de Santa Fe, expresan que la religión del Estado será la Católica Apostólica Romana. Como oriental estoy orgulloso que nuestro principal prócer haya sido respetuoso de la laicidad; porque este Artículo de las Instrucciones fue en nuestro país, indudablemente, la primera medida de respeto a la libertad de conciencia y a la laicidad.

 

3) En oportunidad en que el Provisor eclesiástico de Buenos Aires nombrara curas para ejercer en las parroquias de la Banda Oriental, sin consultar a las autoridades civiles de la provincia, de acuerdo a la facultad del patronato, Artigas, informaba al Cabildo Gobernador de Montevideo en Oficio del 25 de noviembre de 1815 lo siguiente: “…Después que el Gobierno de Buenos Aires ha apurado todos sus recursos por nuestro aniquilamiento, nada merece de nosotros sino la indignación. Cuando se le invitó a un razonable convenio, despreció nuestra generosidad, y ratificando sus perversas ideas, lo sacrificó todo a su perversa ambición. A pesar de los desengaños no desiste de la empresa, y apura sus afanes por realizarla. Al efecto incluyo a VS. en copia la carta, que me remite el Señor Cura y Vicario General Don Dámaso Larrañaga del Señor Provisor de Buenos Aires. Aquel Pastor de la Iglesia si hubiera sido más celoso de las almas hubiera conservado la autoridad, que en atención a las presentes circunstancias le pedí: y me concedió en junio del presente año, nombrando al Presbítero Don Dámaso Larrañaga para decidir en todos los casos. Acaso aquel Provisor pretendió triunfar de la ignorancia con sus excomuniones, y fijar sobre esta base espiritual sus miras a lo temporal. VS. no ignora el influjo de los Curas, y cuanto por ese medio adelantó Buenos Aires para entronizar su despotismo, y además para fomentar sus fondos con las rentas eclesiásticas, que debían recibir de estos Pueblos con notable detrimento de ellos mismos. Si ese es su objeto claudica la autoridad espiritual, y el Sor. Provisor debiera ser más escrupuloso para no desunir el santuario, y el Estado: y si no lo es ¿por qué pretende una reiteración degradante, que nunca debió creerla necesaria después de sus facultades concedidas? ¿O juzga el Señor Provisor que aún vive la América en tiniebla, y que la Banda Oriental es juguete de sus pasiones? Empiécelo a experimentar en sus efectos: En seguida pasa VS. orden inmediatamente que los Curas recientemente venidos de Buenos Aires, Peña el de San José, Gomensoro el de Canelones, Jiménez el de Minas, El Guardián de Montevideo el Presbítero Peralta, y el Padre Riso dejen sus prebendas, y se marchen a mudar inmediatamente a Buenos Aires. VS. proponga algunos Sacerdotes Patricios, si los hay para llenar esos Ministerios, y si no los hay esperaremos que vengan, y si no vienen acaso sin ellos seremos doblemente felices. Reencargo a VS. la ejecución de esta medida, que creo necesaria para asegurar nuestra Libertad. Tengo la honra de saludar a VS. con todo mi afecto. Cuartel General, 25 Noviembre 1815. José Artigas …”4        

 

Un nuevo personaje, Eduardo Víctor Haedo, para la galería del señor Silveyra. Le diré que en la misma línea de Luis Alberto de Herrera, que era el líder del partido que el señor Haedo integraba, a ambos, les cupo el triste papel de apoyar al nazi-fascismo y al falangismo español además de estimular el golpe de Estado que, el 31 de marzo de 1933, dio el Dr, Gabriel Terra, pasando de presidente a dictador, golpe de estado tan oprobioso como lo fue el de Félix Uriburu para la Argentina. El señor Silveyra se expresa como si Haedo y el Che Ernesto Guevara fueran íntimos amigos, poniendo en la misma bolsa al líder generoso, que en el error o el acierto dio su vida, y a un  político demagogo, que luego de endulzar su estadía en Punta del Este, a los pocos días votó contra Cuba en la OEA. 

 

Como puede verse, la visión de la Historia del señor Silveyra y la mía son tan diferentes que sería ocupar el tiempo, que siempre es precioso, en una polémica sin sentido. Por mi parte, puede el señor Silveyra seguir diciendo lo que se le venga in mente. Yo no voy a continuar una discusión que hecha de esta manera no sirve para esclarecer conciencias, sino para perjudicar al señor José Mujica, que no terció en ella. Al señor Pereira le hago saber que en el espectro político uruguayo, en general, el peronismo no es popular como no lo fue el Gral. Perón, salvo para sectores minoritarios comprometidos con los fascismos de la época como lo fueron el Dr. Luis Alberto de Herrera y el señor Eduardo Víctor Haedo.

 

Por mi parte, reitero, por las razones expresadas, me llamo a silencio.

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