Ganó Lacalle,
ganó la derecha
por Raúl Legnani

Cuando se hacen las cosas bien, se obtienen buenos resultados. Esto fue lo que ocurrió con el doctor Luis Alberto Lacalle, quien ganó la interna del Partido Nacional y a la vez colocó a su partido como el más fuerte electoralmente.

 

Lacalle trabajó desde el día después de que Tabaré Vázquez ganara las elecciones, para ser el candidato nacionalista. Su primer gesto fue que no se paró en la puerta de Casa de Gobierno, para tirarle piedras al gobierno naciente.

 

Estableció una buena relación pública con el Presidente de la República y supo ubicarse con bajo perfil, dejando que sus legisladores realizaran el gasto de la oposición.

 

El pasado año, pareció que Lacalle aceptaba irse para las casas, como se dice popularmente, “invitado” por su propios compañeros del Herrerismo, quienes mediante encuestas argumentaban que con Lacalle no se ganaba la interna y que había llegado la hora de la renovación generacional.

 

Fue así que Lacalle llegó a decir, mediante una carta pública, que no se presentaría como precandidato pero aclarando que lo hacía “bajo las actuales circunstancias”. Era una renuncia, pero con la posibilidad de poner reversa. Y así fue.

 

Mientras Jorge Larrañaga se acostaba todos los días creyendo que había llegado su hora, el ex presidente de la República comenzó a tejer una nueva realidad. Con una clara visión de que un precandidato del Partido Nacional tenía que mirar a octubre, para ganar en junio (internas) redujo la utilización de la idea del partido blanco, para pasar a ser el partido de la Nación.

 

Sabiendo que la oposición y sus propios compañeros de partido le iban a criticar a su primer gobierno, se presentó a la ciudadanía como alguien que había aprendido de la experiencia, aunque nunca cuestionó a fondo su proyecto de país que comenzó a concretar en 1990. Apostó a la desmemoria de un sector de la sociedad y a las nuevas generación que votaban por primera vez.

 

Fue a buscar al senador Francisco Gallinal para construir un nuevo sector, que contuviera al Herrerismo, pero que lo colocara en segundo plano. Es que el Herrerismo estaba quemado por actos de corrupción durante su gobierno.

A todos estos movimientos le agregó su pasión, su capacidad de manejar la polémica pública siempre desde el escenario de estadista. A pesar de un accidente doméstico, siguió recorriendo el país con fuerza y serenidad.

 

El Partido Nacional, con el triunfo de Lacalle, confirma que el wilsonismo, corriente cultura e ideológica del progresismo nacionalista, ha sufrido una nueva derrota.

 

La derecha tiene un muy buen candidato, cuyo objetivo es restaurar las principales aristas de un neoliberalismo que pierde pie en el mundo. Lacalle es el candidato a vencer por parte de la izquierda. Veremos.

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