Para ganar:
los cuatro círculos
por Raúl Legnani

El Partido Nacional ha salido fortalecido de las elecciones internas, con una muy buena fórmula presidencial. Situación que se ve reforzada por el hecho de se trasformó en la primera fuerza política del país.

 

Luis Alberto Lacalle, ex presidente de la República, se presenta ante la ciudadanía como un dirigente experiente, que aprendió en estos años ­según sus palabras­ a manejar mejor el pulso a la hora de aplicar las políticas neoliberales y que ahora contará con el apoyo del senador Jorge Larrañaga que intenta expresar las posturas progresistas de lo que difusamente se conoce como wilsonismo.

 

No es poca cosa, para arrancar. Es como comenzar con un gol de visitante en la Libertadores. En tanto el Frente Amplio se encontró con una nueva realidad, no prevista por las encuestadoras y mucho menos por su dirigencia: el Partido Nacional es la primera fuerza política entre los que fueron a votar en junio y la izquierda quedó en el segundo lugar del podio.

 

A la vez el Partido Colorado volvió a mostrar, luego de varias elecciones, que siempre termina sacando dos puntos por encima de lo que previamente indicaban las encuestas. Estamos, entonces, ante una fuerza sectaria, con un claro perfil de derecha, que puede llegar a actuar como un natural aliado del Herrerismo en caso de una segunda vuelta.

 

El otro hecho significativo es que las dos viejas colectividades políticas quedaron en manos de lo que históricamente se ha definido como las derechas blancas y coloradas: el Herrerismo en el Partido Nacional y los colorados ajenos al batllismo, en el Partido Colorado.

 

Con la paradoja de que Pedro Bordaberry, la más pura expresión del coloradismo conservador tiene antecedentes blancos y ruralistas, por vía paterna. Cuyo padre tiene el "honor" de haber sido el último dictador de nuestro país.

 

Ante esta situación, verdadera cruz de los caminos, el Frente Amplio tiene que asumir que va a una batalla electoral ante un adversario sólido, experiente en materia electoral, con capacidad de llegar a las capas medias y al centro cultural ideológico de nuestra sociedad.

 

A la vez tendrá que asumir que Pepe Mujica, "el líder de los pobres", necesita desarrollar una política de amplitud que abarque a un importante número de la sociedad, que no son solo los más humildes.

 

Eso lo podrá lograr si se define una estrategia acordada por todo el frenteamplismo, que sea asumida desde la dirigencia hasta las bases (categoría bastante difusa, por cierto, porque nadie sabe si son los Comités de Base u otra cosa). Veamos.

 

Los círculos de la táctica

Para ganar en octubre y también en noviembre si es que hay segunda vuelta, no se puede tener una política sectaria, desde la izquierda, ni tampoco reduciendo todo a la convocatoria a los más humildes y desposeídos, que son parte sustancial de la base social de la izquierda pero que no son necesariamente los más dispuestos a participar en la política electoral, actividad que tiene sus códigos y sus tiempos, así como sus rutinas.

 

Para ganar en octubre el FA necesita lazos estrechos con los más humildes, pero también una amplia política de alianzas y de dialogo con otras capas sociales, como son los trabajadores, los intelectuales e incluso determinada capas de empresarios ­medianos y grandes­ que aprendieron con Tabaré Vázquez que hay espacios para ellos, en un modelo progresista y de izquierda.

 

El primer círculo

Es imprescindible que se concrete la fórmula presidencial con Astori (todo indica que se va por buen camino y que se concreta mañana), para que refleje en la ciudadanía el proyecto de país que el Frente Amplio propone. A la vez parece conveniente que Mujica y Astori, jueguen como parejas en el tenis, y no como actores individuales descoordinados. Todo un desafío, por cierto.

 

El segundo círculo

El FA requerirá de una propuesta publicitaria con una "estética del sentir nacional", como ha dicho Esteban Valenti en los últimos días, que aporte a la idea de que su segundo gobierno se basará en los éxitos de Vázquez, para poder seguir avanzando. Una campaña política, entonces, que participe del debate con la derecha mostrando los dos modelos de país, porque como decía Zitarrosa: "Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa".

 

El tercer círculo

El FA no debe de tener temor a que en plena campaña electoral se explicite el apoyo que recibe de distintos actores sociales (empresarios, dirigentes sindicales, actores de la cultura y el deporte). Actores que no hay que reducirlos a simples firmantes de declaraciones, sin que tienen que ser activos militantes de la campaña electoral, no solo en los actos sino también en el contacto epidérmico con la población.

 

No puede ser que haya intelectuales y artistas populares y frenteamplistas que vean por televisión la campaña electoral. Llegó la hora de que como Joan Manuel Serrat y Ana Belén, en las últimas elecciones de España, el arte y la cultura abracen la posibilidad de gestar un nuevo gobierno progresista.

 

El cuarto círculo

A FA se le adelantan los tiempos y necesita mostrar parte del equipo de gobierno, como ser los ministros de Economía, Interior y Relaciones Exteriores (los dos primeros estarían resueltos). Si en esta última secretaría se pudiera dar señales, previo a las elecciones, de que puede lograr la participación de personalidades extra Frente Amplio, mucho mejor.

 

Porque, como siempre, el que gana las elecciones es el que logra aislar al otro. Está en la tapa del libro.

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