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Habla Andrei
Grachev
¿Quiénes defendieron
al Muro de Berlín hasta el final?
Andrei Grachev vio, desde
una posición privilegiada, el colapso del bloque
comunista a fines de los años 80. Consejero político
y último portavoz de Mijail Gorbachov, Grachev
cuenta, en esta entrevista a Carta Capital la
revista brasileña, que el presidente francés
François Mitterrand y la primera ministra británica,
Margaret Thatcher, querían evitar la reunificación
de Alemania, por temor a la fuerza económica y
política de la mayor economía europea.
Autor de Gorbachov’s Last Gamble
(Londres, Polity, 2008), Grachev argumenta que la
Perestroika provocó la caída del Muro de Berlín y el
término de la Guerra Fría.
Reconoce que Gorbachov acabó vencido
por las circunstancias.
-¿Usted considera que
distintos eventos marcaron el fin de la Guerra Fría.
Pero, simbólicamente, ¿está de acuerdo en que la
caída del Muro de Berlín ofrece las imágenes más
fuertes?
-
Las imágenes de la caída del Muro de Berlín son, sin duda,
las que ponen un fin en la Guerra Fría. Pero se
trató de un proceso pautado por una serie de
eventos. No es posible reducirlo a una noche. El
rumbo hacia la paz comenzó con la Perestroika.
Gorbachov detalló el programa por primera vez en la
conferencia del Partido Comunista, en junio de 1988.
El secretario general del partido renunció,
entonces, a aquello que por más de 70 años había
sido la ambición mayor del Estado soviético y de la
burocracia partidaria, la Nomenclatura: la
construcción de un mundo alternativo. En la ONU,
meses después, él repitió todo lo que ya había dicho
en la conferencia.
- La Perestroika
tenía diferentes significados para los distintos
líderes políticos y habitantes del bloque comunista.
Gorbachov creía que reformaría y modernizaría la
Unión Soviética. Por otro lado, los habitantes de la
República Democrática Alemana vieron en la
Perestroika la luz verde para derribar el muro.
-
Los líderes comunistas querían modernizar los sistemas
políticos de sus países. Y los pueblos de naciones
como Alemania Oriental, Hungría y Checoslovaquia,
tenían más recuerdos de sus intentos de librarse del
comunismo. Aún así, muchos en el bloque comunista
ansiaban las reformas. Había, claro está, líderes
como Erich Honecker (Alemania Oriental), que no
aprobaban la Perestroika. Egon Krenz sustituyó a
Honecker, y Gorbachov pasó a creer en la posibilidad
de reformas allá. Cuando Krenz fue a Moscú a
conversar con Gorbachov, Polonia ya había realizado
las primeras elecciones pluralistas en el bloque
comunista (4 de junio de 1989). Hungría ya había
derribado su cerca eléctrica y de alambre de púa con
Austria. Krenz quería acabar con las matanzas de
personas que intentaban saltar el muro para huir de
Alemania. Aquello era una barbarie, una vergüenza
para las autoridades soviéticas.
- ¿Gorbachov y Krenz
hablaron sobre la caída del muro?
-
De ninguna manera. Krenz quería facilitar el encuentro de
familias separadas por el muro. Los dos parecían
concientes, aunque no habían verbalizado esta
hipótesis, de que el muro desaparecería.
Reflexionaban acerca de una existencia paralela
entre las dos Alemanias. Gorbachov dio luz verde a
Krenz para implementar los cambios.
- ¿El significado
político de la caída del muro no fue “digerido”
rápidamente. Parece difícil creer…
-
El colapso del muro fue algo como la explosión de un
edificio en ruinas. Fue tan inesperado que la gente
continuó viviendo en mundos paralelos. Claro, sin
aquel lamentable muro. Es importante subrayar que el
muro fue levantado en 1961, no en 1945. Ni en 1949,
cuando se crearon los dos Estados alemanes. Los
berlineses de los dos lados circulaban libremente
antes de 1961. Por lo tanto, para muchos, la
caída del muro significó, en un primer momento, una
vuelta a los tiempos anteriores a 1961. Fueron
necesarios los acontecimientos en la ex
Checoslovaquia, Bulgaria y Rumania para que los
alemanes entendieran que el mapa político había
cambiado, realmente. Quedó claro que la RDA había
dejado de existir, recién en las elecciones de marzo
de 1990 (en la RDA y en la República Federal de
Alemania), cuando el partido conservador de Helmut
Kohl – y no, como se esperaba los socialdemócratas
(SPD) – triunfó en Alemania Oriental.
- François Mitterrand
quedó intranquilo con la unificación alemana, ¿no?
-
Se mostró ansioso en conversaciones con Gorbachov.
Alemania reunificada se volvería la nación más
poderosa de Europa. Dejaría de ser controlada por
los aliados. Podría construir un arsenal nuclear.
Por lo tanto, Mitterrand pidió a Gorbachov que
lidiara con Kohl. Mitterrand y Margaret Thatcher
llegaron incluso a recordar a Gorbachov que él aún
tenía un contingente importante en la RDA. Alentaron
a Gorbachov a intervenir militarmente para evitar la
reunificación de Alemania.
-¿Gorbachov esperaba
un Plan Marshall para la Unión Soviética. ¿Esta
ayuda lo habría mantenido en el cargo?
-
Prefiero dar la versión de Gorbachov, que tiene más valor
que la mía. Él jamás declaró eso públicamente, pero
dijo a sus consejeros políticos, y a mí, que los
americanos y Occidente invirtieron, con facilidad,
miles de millones de dólares para luchar contra
Saddam Hussein (en la Guerra del Golfo). Sin
embargo, fueron incapaces de financiar un proceso
histórico que traería beneficios no solamente a los
soviéticos, sino a todo el mundo. Gorbachov nunca le
echó la culpa a Occidente por nada. La Perestroika
no sobrevivió por motivos internos. Para el pueblo,
las reformas políticas de Gorbachov se habían
transformado en una revolución de promesas – y la
economía del país sólo empeoraba. Las reformas
tienen su costo financiero. Y, así, las fuerzas
conservadoras pudieron actuar, organizando un golpe
de Estado en agosto de 1991.
- Los conservadores,
como Robert Gates (actual ministro de Defensa de los
Estados Unidos) afirman que Gorbachov inició las
reformas para salvar a la Unión Soviética de la
quiebra. Y Gates y otros dicen que fue ingenuo.
-
Fue este “ingenuo” de Gorbachov quien acabó con el
comunismo y la Guerra Fría, no Reagan o George Bush.
Y Bush, quien cree haber “vencido” la Guerra Fría,
quiso dirigir el mundo. Mire cómo terminó.
Infelizmente para ellos – y para el resto del mundo
– vimos que no hubo “vendedores” ni “vencidos”.
- ¿Cómo es su
relación con Gorbachov?
- Al comienzo, pensé
que sería difícil que yo, un mero consejero
político, pudiera tener una relación fácil con el
político más importante de la Unión Soviética. Pero,
gracias a él, rápidamente me sentí cómodo. Gorbachov
quería saber mi opinión. Cuando yo decía algo
negativo sobre alguna acción suya, él me escuchaba
con igual atención. En público, me llama amigo.
Ahora, sería pretensioso de mi parte decirle que él
es mi amigo. Pero me deja contento de que él me
considere como tal.
Traducido
para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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