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La ciencia, más allá
de los funcionarios
por María
José Atiénzar
Regular el trabajo de los investigadores es
fundamental para
que la actividad científica siga creciendo
y goce de buena salud en el futuro.
La mayoría de la actividad
científica española está hecha por funcionarios. Un
total de 122.600 personas trabajan como
investigadores en España y el 70% de la producción
científica procede de los que están en
universidades.
En el Ministerio de Ciencia se
estudia una propuesta para la reforma de la carrera
de los investigadores. Es necesario buscar otras
formas de contrato para atraer más cerebros. Se
trabaja en dos modelos paralelos: personal
contratado en los organismos públicos y funcionarios
en la universidad. Si se implanta esta propuesta de
carrera científica -que reformará la obsoleta Ley de
la Ciencia de 1986-, los que trabajan en la
universidad seguirán siendo funcionarios, mientras
los de centros públicos de investigación serán, en
cambio, todos contratados. Dos modelos de carrera,
de situación y de vida para un mismo oficio, el de
investigador.
Dicen quienes están de acuerdo
con este cambio, que sería una manera de activar la
producción científica, de tener normas claras para
estos profesionales, y de facilitar la movilidad
nacional en internacional. Los que están en contra
temen la inestabilidad o incluso la precariedad
laboral, rechazan la excesiva duración de la
carrera, 12 años hasta llegar a tener un contrato
estable, y critican que se vaya a permitir que los
investigadores estén más tiempo en prácticas y con
contratos temporales, vulnerando el Estatuto de los
Trabajadores.
Lo cierto es que los
investigadores empiezan a trabajar en un equipo y
aunque se acabe la beca no pueden dejarlo porque han
de seguir haciendo currículo, en un sector con mucha
competencia y pocas ayudas. Muchos siguen trabajando
en su equipo, pasando periodos sin cobrar y con la
incertidumbre del futuro. Tampoco es fácil trabajar
en otra cosa, ya que el perfil laboral de un
investigador no suele ser el que buscan las empresas
para otros empleos.
La mayoría de los expertos ven
necesario que a todos los investigadores se les
evalúe periódicamente. Es una de las claves del
cambio y lo contempla el anteproyecto. En la
universidad, los investigadores comienzan con becas,
después suelen seguir como doctores contratados, a
la espera de sacar una plaza de funcionario para
convertirse en profesores titulares.
Los investigadores no tienen
ahora una carrera definida. No existe un registro y
el problema es el caos de no saber cuánta gente hay
investigando.
Se calcula que unas 8.000
personas empiezan una investigación, es decir,
inician la etapa predoctoral con una ayuda pública.
De esos, unos 2.000 consiguen una ayuda pública para
la etapa posdoctoral.
Si cualquier persona que
empieza en un oficio tiene un contrato. ¿Por qué los
investigadores no? Es un trabajo como cualquier
otro, y debe regularse.
En el mundo anglosajón, las
empresas están muy implicadas en los proyectos de
investigación de las universidades, no así en las
españolas. En el caso de los funcionarios, sería
bueno evaluar y poner filtros periódicos de calidad.
Así se trabaja en fundaciones privadas como el
Instituto de Nanociencia, financiado con fondos
públicos y que funcionan con contratados. A los
cinco años, un comité externo realiza una evaluación
de la actividad del investigador y su continuidad
depende del resultado. Un sistema así sería lo más
apropiado. En el caso de implantarse un modelo de
contratos, lo importante es que el sueldo sea digno
y que no haya subempleo.
En medio de una crisis que ha
sacado a relucir los problemas del actual modelo
económico y productivo español, basado en la
construcción y el turismo, ha de apostarse por la
innovación. La situación del personal investigador
es una de las claves. La reforma de la carrera de
los investigadores condicionará el funcionamiento
del modelo económico del futuro.
Se puede hacer una buena
investigación con funcionarios, pero un cambio como
el que se plantea dinamizaría todo el sistema. Será
imprescindible aumentar la colaboración con las
empresas, desarrollar más ciencia aplicada, devolver
el conocimiento a la sociedad e intentar conseguir
una nueva dinámica para que la universidad no se
duerma en sus propios laureles.
Fuente:
ccs@solidarios.org.es
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