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53 Bienal de Venecia: escasa
y débil participación
de América Latina
por
Alejandra Ortiz
El 6 de
junio se ha abierto la edición número 53 de la
Bienal de Venecia que concluirán el
próximo
22 de noviembre, el diario mexicano la Jornada
publico una nota de su periodista Alejandra Ortiz
donde remarca la escasa y débil participación del
arte de América Latina en este evento, uno de los
mas significativos a nivel mundial

… Se
trata de la bienal de arte contemporánea, más
antigua –comenzó en 1895– y sin duda la de mayor
impacto mediático en el mundo.
“Hacer mundos” es el título de este encuentro. Al
respecto, el director sueco Daniel Birnbaum –el
joven curador de la bienal– explica: “La obra de
arte es mucho más que un simple objeto terminado;
representa la visión de un mundo, y la forma de
construirlo”.
Arte y poder, estrecho lazo
El valor de una obra, según Birnbaum, consiste, por
tanto, en su gestación, en el significado intrínseco
que la ha formado, en el proceso de creación, en su
individualidad y diferenciación que la hacen única y
que guían al espectador a través de realidades del
todo ajenas.
El núcleo de la manifestación se centra en dos
inmensos espacios a cargo del comisario de la
bienal, ubicados al extremo este de la isla: el
Palacio de las Exposiciones (antes Pabellón Italia),
en los Jardines de la bienal –rodeado por 29
pabellones– y el Arsenal, poco distantes uno del
otro y unidos desde ahora por un puente.
Dichos espacios (50 mil y 38 mil metros cuadrados,
respectivamente) se enriquecen de una infinita
variedad de exposiciones paralelas (44), que junto a
los pabellones restantes (48), colman literalmente
cada rincón de la ciudad, propiciando en el
visitante embriaguez y saturación.
Venecia pareciera desquiciada, las calles están
repletas de personas: la presencia normal de
turistas en shorts y camiseta contrasta con la
general elegancia y distinción de los miles de
invitados a esta inauguración de la bienal (en la
versión pasada sumaron 30 mil asistentes).
No se olvide que el arte desde siempre mantiene un
lazo estrecho con el poder, y esa sensación aquí es
tajante.
En estos días han asistido a la ciudad, reyes,
jeques árabes, políticos, industriales, comerciantes
de arte (como Larry Gagosian, el mayor en el mundo)
por no hablar del millonario François Pinault, dueño
del museo Palazzo Grassi y del apenas inaugurado
Punta de la Aduana, con la flamante restauración del
japonés Tadao Ando, y un costo de 20 millones de
euros.
Resalta en esta bienal la falta absoluta de
conflicto o de cuestionamiento sobre el difícil
momento de crisis global. La muestra, incluidos los
pabellones –México es una de las poquísimas
excepciones– denotan un repliegue introspectivo, una
búsqueda de intimidad, un claro interés por lo
lúdico, por la banalidad y la provocación que
invitan a soñar y a la evasión.
Muchos de los pabellones como el de España y el de
Estados Unidos proponen a artistas más que
consolidados, como Miquel Barceló o Bruce Nauman.
El corte contestatario y el ma-
yor espacio concedido a países de África en la
pasada versión de la Bienal de Venecia, está aquí
eliminado.
Con débil presencia, América Latina que, salvo
ciertos artistas brasileños como Lygia Pape, quien
con la instalación de hilos dorados y juegos de
luces muestra una de las obras más bellas en el
contexto de la bienal.
De México participa Héctor Zamora, quien vive en Sao
Paulo, con un video que muestra una Venecia
sobrevolada por dirigibles que más adelante se
repiten materialmente en los techos del Arsenal.
La ausencia latinoamericana está compensada con la
obra de varios artistas reunidos en el pabellón del
Instituto Italo-Americano, bajo la curaduría de Irma
Arestizábal, recientemente fallecida.
Tendencias en el arte
El mundo que propone el comisario Daniel Birnbaum es
el hegémone, el que dicta las tendencias en el arte;
quien queda fuera de él sólo puede protestar, pero
nunca imponerse.
El lenguaje que domina entre los artistas es la
instalación, menos el video. La pintura, aunque está
presente, resulta anacrónica. Bien logrado el
equilibrio entre los artistas de diversas
generaciones, muchos de ellos poco conocidos.
En el Arsenal, las obras parecieran aprovechar al
máximo sus potencialidades, gracias a los inmensos
espacios, a la belleza del lugar y al juego de
luces.
Se consideran obras de potencia expresiva, las
sombras proyectadas en la pared, del chino Paul
Chan, quien denuncia el binomio sexo-tortura; el
bonsai de Carl Floyer, proyectado también en la
pared, como un árbol gigante; la instalación de
Thomas Bayrle; la del argentino Tomás Saraceno,
quien con simples ligas forma extraordinarias
esferas multiformes, o la cafetería de la bienal,
hecha por Tobias Rehenberg, quien juega con efectos
ópticos; el globo terráqueo, de Chen Zhen, rodeado
por sillas que nos recibe a la entrada de los
Jardines.
El país protagonista de esta versión 53 de la Bienal
de Venecia es Estados Unidos, no sólo por la
cantidad de artistas participantes, sino por la
premiación del León de Oro a la carrera, a dos de
sus ciudadanos: Yoko Ono y John Baldessari.
Por tanto, el efecto conjunto cumple su cometido:
complacer y divertir.
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