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Cascos azules en cifras:
soldados de infortunio
por
Elizabeth Dickinson
Los cascos azules desplegados
para evitar el colapso de algunos de los lugares más
peligrosos son cautivos de un sistema obsoleto. Tras
una serie de misiones con éxito –Timor Oriental,
Sierra Leona y Liberia–, las tropas internacionales
se consideraron la panacea para los conflictos y se
expandieron con más rapidez que ningún ejército
nacional, multiplicando sus efectivos casi por siete
desde 1998. Ahora que constituyen las tropas más
numerosas repartidas por el planeta después de las
de EE UU, las expectativas crecen más deprisa de lo
que pueden soportar.
Misión inabordable
El despliegue de cascos azules
ha aumentado de forma radical, no para nuevas
misiones, sino para abarcar las numerosas
obligaciones asignadas. Cuando se puso en marcha la
Organización de Supervisión de la ONU, tras la
primera guerra árabe israelí, en 1948, ésta tenía
una única y simple tarea: observar el alto el fuego.
Hoy, los deberes de los cascos azules son
innumerables. Se espera que reconstruyan Estados
fallidos casi desde cero, entrenen a fuerzas
locales, vigilen infraestructuras, aseguren el
cumplimiento de la ley, faciliten los procesos
electorales y protejan las vidas de los civiles.

Ejercito de alquiler
La ONU depende de donaciones de
tropas para dotar de efectivos cada misión, pero
esos ejércitos están, en ocasiones, mal preparados.
Los países pobres participan en las misiones de paz
por razones económicas o políticas. Servir como
cascos azules ofrece a sus ejércitos credibilidad
internacional, y sus soldados reciben entrenamiento
y experiencia adicional. Naciones Unidas les
reembolsa los salarios de los soldados y el equipo
que éstos llevan consigo, lo que permite a Estados
disfuncionales, como Bangladesh, Nigeria y Pakistán,
mantener ejércitos mayores de lo que podrían
permitirse. Y dado que las compensaciones de la ONU
son más altas que los salarios nacionales, las
misiones de paz serían un modo de hacer dinero.

¿Quien paga la factura?
Debido a que las tropas de paz
operan en un mayor número de misiones, los
presupuestos se han hinchado para estar a la altura.
La mayor parte de la financiación procede de los
países ricos, pero las donaciones son insuficientes.
El mayor contribuyente, EE UU, es el que más
incumple sus promesas. Este año, dejará a deber 669
millones de dólares (más de 500 millones de euros)
al presupuesto. La falta de financiación es una de
las razones por las que las misiones están
infradotadas de tropas. En realidad, a 11 de las
misiones actuales de la ONU les faltan un total de
23.000 efectivos. Sabiendo que sus soldados serán
mal pagados o mal dotados de recursos, algunos
países proveedores de tropas se resisten a enviar
personal.

Aumento
del presupuesto: 1999/740 millones de euros
2004/2.010 mill. Euros 2009/5.490 mill. Euros
¿Armados y preparados?
No todas
las tropas tienen el mismo nivel de entrenamiento,
equipamiento y experiencia cuando llegan al terreno.
Naciones Unidas ofrece algo de instrucción en el
país de origen y numerosas pautas y materiales, pero
la preparación de los 200.000 cascos azules y
personal civil que rotan cada año en el sistema
sigue siendo tarea de cada país donante. Mientras
los contingentes paquistaníes, indios y ruandeses
tienen fama de estar bien preparados, los
bangladeshíes, por ejemplo, junto con muchos
soldados africanos, llegan peor entrenados y
equipados. Los pertrechos y la logística, desde los
vehículos blindados a las botas de combate, son
también escasos. Muchas misiones están localizadas
en territorios inestables donde la dificultad de
acceso ralentiza la llegada de provisiones. Una vez
que la ONU autorizó la misión de Darfur (UNAMID) en
julio de 2007, EE UU tardó dos años en hacer llegar
por vía aérea un cargamento esperado desde hacía
mucho por unos cascos azules carentes de todo, desde
tiendas de campaña a raciones de combate. A menudo,
los países donantes tampoco tienen capacidad (o
voluntad) para aportar vehículos, armas y labores
logísticas. UNAMID aún no ha recibido los 18
helicópteros que ha solicitado.

En 2007, las Naciones Unidas
registraron 748 acusaciones de mala conducta de los
cascos azules, que abarcan desde abusos sexuales
hasta contrabando o robo.

Manos a la obra
Aunque hay pocos datos sobre la
eficacia real de los cascos azules, el despliegue
inicial de tropas numerosas parece tener más
posibilidades de contener la violencia que el envío
de soldados con cuentagotas. En Sierra Leona, por
ejemplo, en el primer año de la misión, llegó al
país un contingente de unos 10.000 efectivos, y la
violencia contra los desplazados declinó enseguida.
En la República Democrática del Congo, donde se
tardaron alrededor de tres años en desplegar ese
mismo número de soldados, los ataques se prolongaron
seis años más antes de disminuir. Asimismo, las
misiones de Darfur y de la RDC, con una superficie
como las de Francia y Europa occidental
respectivamente, sufren una desesperante falta de
tropas si se compara con el área que tienen que
vigilar.
Elizabeth Dickinson:
Periodista norteamericana
Fuentes: investigación y
entrevistas de la autora; Better World Campaign;
freedom house, libertad en el mundo; [informes
anuales] balance militar, Instituto de Estudios
Estratégicos de Londres, 1963-2009; protecting
civilians: key determinants in the effectiveness of
a Peacekeeping Force, Instituto Ford para la
seguridad humana, Universidad de Pittsburgh,
Pittsburgh, EE UU, 2009; Departamento de operaciones
de paz de Naciones Unidas; Centro de Documentacón de
la ONU.
Tema Vinculante
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