|
Honduras: ¿golpe de
Estado por una encuesta?
por
Xavier Caño Tamayo
El golpe de Estado obedece más al
rechazo de la oligarquía a las políticas sociales y
a la amenaza a sus intereses neoliberales que a una
posible consulta popular.
¿Alguien
se cree en serio que preguntar a la población si
aceptaría un referéndum sobre una posible (que no
segura) reforma constitucional sea la causa real del
golpe de Honduras? Ni en el más etílico delirio.
Como ha escrito el sociólogo
español Antonio Pérez, “es absolutamente inédito que
se produzca un golpe de Estado para evitar una
encuesta. Porque, aunque los medios de comunicación
lo presentaran como referéndum para reelegir
indefinidamente a Zelaya, la convocatoria era
realmente una encuesta de opinión”.
Entre tanto, Corina, una
cooperante española en Honduras, nos escribe que
“hay bastantes detenidos, entre ellos Ernesto,
coordinador de una ONG que trabaja con jóvenes
pandilleros. La verdad es que a Ernesto le tienen
ganas de hace tiempo por hablar claro”. Y Andrés
Pavón, presidente del Comité para la Defensa de los
Derechos Humanos de Honduras, denuncia que hay
quinientos detenidos. También hay numerosos heridos.
Y un muerto, el joven de 19 años Obed Murillo, quien
recibió un disparo en la cabeza al abrir fuego los
soldados contra miles de manifestantes que esperaban
pacíficamente el regreso del Presidente Zelaya cerca
del aeropuerto de Tocontín, en Tegucigalpa.
¿Qué ocurre en realidad en
Honduras?
Honduras es uno de los países
más pobres del continente americano. El 63% de las
familias hondureñas sufre desnutrición (síntoma
innegable de pobreza) y miles de menores viven en la
calle. En 2006 entró en vigor el Tratado de Libre
Comercio entre Honduras y Estados Unidos. Honduras
lo suscribió con la esperanza de aumentar sus
exportaciones y conseguir inversiones extranjeras.
Pero éstas incluso disminuyeron y aumentó el
déficit comercial de Honduras con Estados Unidos. La
agricultura hondureña se empobreció aún más y se
beneficiaron las multinacionales agropecuarias. Y
perdieron el empleo muchos trabajadores del sector
hondureño de medicamentos genéricos, porque así lo
exigía la protección de patentes farmacéuticas del
tratado de libre comercio.
Este tratado no comportó
beneficio para los hondureños, sino todo lo
contrario (como ya ocurrió años antes en México). Y
el presidente Zelaya giró a la izquierda. En 2008
hizo ingresar el ente petrolero hondureño en
Petroamérica (empresa formada por compañías
estatales petroleras latinoamericanas) e incorporó
Honduras a la Alianza Bolivariana para los Pueblos
de América (ALBA).
Una versión light (o
políticamente correcta, que viene a ser lo mismo) de
la causa del golpe de Estado la ofrece el
ex-vicepresidente de Costa Rica y analista Kevin
Casas-Zamora, quien declaró a BBC Mundo que “Zelaya
se quedó sin apoyo de la élite política y estaba
enfrentado al Congreso. Esa situación creó un dilema
de gobernabilidad, sólo superable si Zelaya abandona
sus pretensiones de modificar la Constitución y se
crea un mecanismo que permita al ejecutivo y a los
diputados tomar decisiones de manera colegiada”. ¿Lo
captan? Se trata de que el Presidente Zelaya (al
igual que la soberana de Inglaterra) reine, pero no
gobierne.
Zelaya, multimillonario y
oligarca, creyó sin embargo que debía gobernar para
todos los hondureños y no solo para una minoría
privilegiada. Entonces le llamaron populista y le
organizaron un golpe de Estado con inverosímiles
razones. Pero ni un solo Estado ha apoyado a los
golpistas, más aislados que un atolón del Pacífico.
Ha sido un golpe neoliberal, en
beneficio de los más ricos y de la escuálida clase
media que aspira a ser rica. Como decía Capone a sus
lugartenientes, cuando le planteaban problemas
aparentemente incomprensibles, hay que seguir la
pista del dinero. Saber quién se queda con el dinero
suele explicar muchos enigmas aparentes.
*
Periodista y escritor español
LA
ONDA®
DIGITAL |