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FA: síntomas
de mejoría
por Raúl
Legnani
En
la puerta de CTI se habían congregado muchos de los
que lo querían. Estaban los familiares, el manisero
de la esquina, la maestra del barrio, compañeros de
trabajo en la construcción, el médico de la
policlínica, el policía de la comisaría, hasta algún
recolector de residuos: un "pichi", como dicen las
más copetudas del barrio.
Luego de muchas
horas, salió el médico del CTI con cara de no querer
decir nada, aunque no ocultaba su optimismo. Como
era de esperar, todos especulaban con la suerte del
enfermo. No faltaba, como no podía ser de otra
manera, los que recordaban sobre la vida desprolija
que había tenido en los últimos años el gravemente
internado.
"El enfermo, luego de
la crisis del 28 de junio, comienza a mostrar
síntomas positivos, tiene un mejor semblante y hasta
muestra algunas muecas de mejor humor", dijo el
galeno, quien no esperó ni una respuesta de sus
interlocutores y muchos menos que le preguntaran en
profundidad sobre la suerte del internado.
Los vecinos sintieron
que algo nuevo estaba pasando y como siempre ocurre
en estos casos, aprovecharon la buena noticia para
irse al boliche y disfrutar, en colectivo, de
algunas buenas grapas, mientras elaboraban sueños de
futuro.
Claro, no sin antes
organizar cómo se iba a hacer la guardia para cuidar
al enfermo, a quien una vez que le dieran el alta
había que integrar otra vez a la actividad política.
A cuatro manos
Algo de esto debió
haber pasado en los últimos días con el Frente
Amplio, que después de las elecciones internas
pareció hundirse en la más profunda depresión y,
días después, recuperó nuevas energías y ha
conmovido las distintas barriadas de Montevideo,
mientras el Partido Nacional entró en un profundo
dormir debido a que no logra ponerse de acuerdo
sobre el programa básico y mucho menos sobre cómo
conformar las listas al Senado, por parte de los
diversos sectores.
Si el Frente Amplio
se puso a andar, no hay que buscarle cinco patas al
gato para saber qué pasó. Esto fue posible porque
los dos líderes, integrantes de la fórmula (José
Mujica y Danilo Astori) comprendieron que esta
melodía del segundo gobierno del Frente Amplio se
toca a cuatro manos o la orquesta desafina. Y si
desafina, se termina la temporada porque la
ciudadanía uruguaya no le firma un nuevo contrato.
Este talante que
están construyendo con inteligencia los dos líderes
máximos de la izquierda, al que se acopla la
valentía del presidente Tabaré Vázquez el tercer
líder quien ha resuelto salir a la cancha a
defender lo realizado por el gobierno progresista,
necesita que se difunda en toda la sociedad, ya sea
a través de los comités de base del FA, como del
frenteamplista independiente que, en los últimos
años, perdió la capacidad de defender en el trabajo,
en el boliche, en la feria o en el ómnibus las
transformaciones radicales que se han concretado en
los últimos cuatro años y medio en nuestro país.
Mujica, el candidato
presidencial de la izquierda, reclama que los
frenteamplistas recuperen su capacidad de militar y
de incidir en el debate que se da en los túneles de
nuestra sociedad y tiene razón.
Es allí, en el cara a
cara, en el cuerpo a cuerpo, donde se van a resolver
las intenciones de votos de los indecisos. Claro que
esto no se resuelve sólo con actitudes militantes,
que son imprescindibles, sino también con una gran
campaña publicitaria que englobe a todo el accionar
del Frente Amplio, que muestre que en ese campo se
puede ganar, porque la publicidad, en este mundo
moderno, es parte sustancial de la modernidad
cultural, que termina dando ánimos y desánimos al
conjunto de la sociedad y muestra los rumbos por
donde se puede caminar.
Creer que los más
humildes identifican sin dificultad los éxitos del
gobierno con sus mejoras personales, es un grave
error en el que puede caer la izquierda. Ya el viejo
Marx decía que la ideología dominante los
poderosos es la que termina impregnando de ideas y
de cultura a los más humildes, lo que no asegura el
voto por la izquierda de ese sector.
La batalla del Frente
Amplio rumbo a octubre está abajo, en el contacto
piel a piel, pero también está en los grandes medios
de comunicación, quienes construyeron durante
décadas una nueva relación epidérmica, donde las
cosas existen si salieron en "la tele", lo que para
muchas cabecitas cobra mucho más valor que el cara a
cara en la parada del ómnibus.
LA
ONDA®
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