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15 de julio de 1871
Los motivos de Rodó
Profesor
Pablo Romero
El 15 de julio de 1871 nacía en Montevideo, José
Enrique Rodó,
En 1882 ingresa al liceo privado Elbio Fernández.
Desarrolló el periodismo desde 1895. Asume en 1898
la cátedra de Literatura en la Universidad de la
República. 1902 Ingresa como miembro del Partido
Colorado que encabeza José Batlle y Ordóñez, es
elegido diputado por Montevideo, durante tres
períodos. Por esos años escribe “Liberalismo y
jacobinismo”, luego de diversas polémicas y
enfrentamiento se distancia de Batlle.
Entre sus obras más conocidas esta Ariel (1900),
Motivos de Proteo, El Mirador de Próspero. Muere en
mayo de 1917 en Palermo, Sicilia, cuando se
desempeñaba como corresponsal de la revista
argentina Caras y Caretas. Sus restos fueron
repatriados en 1920. Lo que sigue a continuación es
lo que escribe el profesor Pablo Romero en su blog
pabloromero,
al cumplirse el pasado 15 de julio un nuevo
aniversario del nacimiento de esta notable
personalidad.
A mi entender, retomando por
estos días la lectura de Rodó, creo que hay una
serie de puntos rescatables y positivamente vigentes
en la obra de Rodó, que sobre todo aparecen en la
obra Ariel. Muy sintética y llanamente quisiera
enunciar los que creo más importantes (y aguardo
correcciones y ampliaciones, que serían muy
bienvenidas):
1. La idea de integración
hispano-latinoamericana, desde valores culturales,
intelectuales, axiológicos, estéticos, vinculados a
nuestra cultura latina originaria, a nuestras raíces
helénicas y la ética de amor al prójimo del
cristianismo (desprovista esta tradición de toda
connotación “divina”, trascendental). Creo que esta
mirada sobre la integración latina es absolutamente
saludable y defendible frente a otros dos modelos
actuales dominantes de integración latinoamericana:
la meramente economicista (como el Mercosur, que
incluso falla en su mismo terreno) y la de
“identidad por oposición a un enemigo común” como la
que se propone desde la visión “bolivariana” al
estilo Chávez. (En Rodó, por el contrario, se apunta
a la propia responsabilidad de quienes conducen o
deben conducir Latinoamérica y aunque se critica
duramente a la cultura anglosajona y sus valores, no
se los culpa de lo que finalmente aquí sucede o no
sucede. El problema primeramente es cultural y
nuestro).
2. La idea de participación del
intelectual en la esfera pública, sobre todo de la
juventud. Punto crucial, sobre todo en sociedades
tendientes a la gerontocracia como la nuestra, con
una juventud que tardíamente se inicia en la vida
pública y tiene escasa incidencia en las decisiones
comunitarias más importantes.
3. Defensa de los valores
democráticos y la tolerancia. La idea de generar una
democracia que esté a resguardo tanto de los valores
aristocratizantes tanto como los de las mayorías
compactas y homogéneas y la “mediocracia” de las
mayorías. La empresa democrática de igualdad debe ir
acompasada de políticas que aseguren la selección
cultural de una clase política-intelectual dirigente
formada en valores humanistas, que contemple la
tolerancia de ideas como uno de los elementos
primordiales (al respecto, basta leer el debate
sobre la quita de los crucifijos de los hospitales
que tuvo Rodó con Pedro Díaz y que aparece recogido
en su libro Liberalismo y Jacobinismo).
4. La defensa de una mirada
universalista, que incluya una educación no
meramente especializada y utilitaria. Al respecto,
basta ver a nivel de la universidad (y se da, claro,
en facultad de Humanidades) el aislamiento
intelectual que genera el surgimiento de
“especialistas”, siguiendo además autores y
corrientes “de moda”. Falta el equilibrio y la
ductilidad intelectual que aporta la educación más
“enciclopedista”, universal.
5. El amor como guía política.
Frente a una política maniqueísta, que genera
ideologías de “amigos” y enemigos”, bandos
enfrentados sin inteligencia ni tolerancia y meras
prácticas “maquiavélicas”, el rescate rodoniano del
amor, el desinterés y la independencia como guía
para la práctica política parece tan ingenua como
necesaria en estos tiempos que corren (y que han
corrido en todo el siglo XX).
6. Apelación las fuerzas
individuales, a la búsqueda de realización y
perfeccionamiento interior. Una mirada en tono
vitalista que preconiza el cultivo del mundo
interior como preámbulo necesario de todo aporte
comunitario saludable (esta es la idea al menos que
me quedó de la lectura de Motivos de Proteo.
7. Retomar la idea del ocio
“noble”. Es cierto que para que la cultura helénica
fuera lo que fue, para que Aristóteles discurriera
sobre casi todo lo existente, tenían esclavos y los
ciudadanos de esa democracia “admirada” eran una
minoría, una elite que podía permitirse el ocio
“creativo”, el ocio “noble”, pero aún así la arenga
de Rodó a no descuidar –ni siquiera por la excusa
del trabajo- la “meditación intelectual” me parece
muy rescatable, más en tiempos en donde el poco
tiempo libre que tenemos –entre tantas obligaciones-
algunos lo gastan en mirar a Tinelli (más allá de
que sea muy válido ese “total descanso intelectual”
que supone el ver televisión (y sobre todo cierta
“diversión” televisiva) para quienes viven casi
siempre en ese terreno intelectual por su particular
tarea laboral).
Fuente:
blog
pabloromero
Paginas Sugeridas:
(Sobre la integración
latinoamericana)
http://www.youtube.com/watch?v=RGyU5UlmKlw
(Sobre los
intelectuales y la esfera pública)
http://www.youtube.com/watch?v=REhk6cqqN4Q
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