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Sudamérica, actor global
- El caso hondureño
por :
Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
1-
Cuestiones previas
En lo local, el caso
hondureño no pasa de ser, en un primer y superficial
análisis, una disputa entre sectores y/o familias de
la clase dominante de aquel país.
En lo externo y
hemisférico, el caso hondureño es una pulseada entre
dos vectores de la política externa estadounidense.
Por un lado, el Comando Sur y por el otro, la Casa
Blanca, y como vocero de ésta, pero sin descuidar al
primero, el Departamento de Estado.
Nadie puede creer,
sensatamente, que los políticos como los militares
hondureños, hicieron algo de tan grueso calibre como
derribar un Presidente electo por la vía
democrática, sin el consentimiento o tan siquiera la
"vista gorda" del Comando Sur norteamericano.
Hay, como siempre y
desde el vamos, por lo menos dos lecturas a la
interna del poder norteamericano, en lo que a
política exterior se refiere:
1) Que los halcones -
o”neocons” -, apuestan fuerte y van por
espacios cada vez más amplios y ostensibles de
poder,
y 2) Que la propia
Casa Blanca ha comenzado ha construir o reconstruir
su propia política externa, más allá o antes que la
que el Departamento de Estado lleva a cabo, con las
obvias instrucciones y líneas de acción de la
Casablanca, pero con su propia estructura que es,
digámoslo así, compleja.
O sea que,
rememorando a Shakespeare, algo huele, y no
necesariamente mal, en Washington.
Vientos de cambio se
cruzan con los fuertes murallones de los gnósticos
norteamericanos que, contra viento y marea, buscan
relanzar su visión mística de la realidad del mundo,
teniendo como epicentro a su nación.
Y no es que la mirada
de Obama, o del lado en el que está Obama, sea
diametralmente opuesta, no. Lo que sucede es que el
lado de Obama tiene, en la racionalidad, su propia
usina de reflexión. Y eso es, para empezar, algo
digno de atención y respeto.
2 - El caso hondureño
¿Pero qué sucede en y
con Honduras?
A lo que yo respondo:
¿Es que algo ha sucedido para bien en y con Honduras
por lo menos en los últimos 50 años?
Entendámonos, por
favor: la suerte de Honduras continúa siendo
determinada, por una cuestión pragmática y
estratégica, por la política externa norteamericana,
ayudada, claro está, por la oligarquía hondureña que
continúa detentando el poder, simulando ostentarlo,
por la vía de una oscilación electoral entre las
familias que la integran.
Ahora bien, respecto
de la interna hondureña, vale la pena citar al
periodista Luis Hernández Navarro, quien en su
artículo publicado por el diario mexicano La
Jornada, el pasado 30 de junio, manifestó en sus
últimos párrafos, lo siguiente:
“El
movimiento popular hondureño tiene desde hace muchos
años, un vigor y un protagonismo notable. Integrado
por sindicalistas clasistas, organizaciones
campesinas, pueblos indígenas, asociaciones de
profesionistas y estudiantes, surgidos, en parte,
del trabajo organizativo de grupos de la teología de
la liberación y de la izquierda revolucionaria, se
ha dado a sí mismo instrumentos unitarios como el
Bloque Popular.”
“Durante los
primeros 32 meses de gobierno, Zelaya enfrentó,
cuando menos, 722 conflictos sociales de diversa
magnitud, incluido los paros cívicos nacionales de
2008, que paralizaron al país por demandas como el
control de precios de la canasta básica, la no
municipalización de los proyectos de agua potable y
la aprobación de un aumento general de salario.”
“Lejos de circunscribirse a la lucha por sus
reivindicaciones inmediatas, el movimiento posee una
visión de cambio social profunda. Como ha señalado
Rafael Alegría, coordinador de la Vía Campesina
Centroamericana, los movimientos sociales tenemos el
derecho de construir un nuevo ordenamiento jurídico
que favorezca a todos los sectores sociales del país
que siempre han estado excluidos y marginados. Por
lo tanto, nos pronunciamos a favor de la consulta
popular. La nueva Constitución debe servir para
refundar el Estado y darle todo el poder al pueblo,
que es el soberano. Este
movimiento ha cambiado, desde abajo, la correlación
de fuerzas y creado una situación inédita.”
“Son
sus integrantes quienes han salido a la calle a
defender a un presidente dispuesto a emprender la
ruta de la transformación social. En mucho, la
conversión de Zelaya es producto de la presión
popular en el marco de un nuevo contexto regional”
(Subrayado y negritas son de mi autoría).
Advertimos, pues, que
fue la base societaria hondureña la que propició el
atisbo de cambios que, sea dable decirlo con todas
las letras, su vértice, en la persona del señor
Zelaya, movió torpemente y recién cuando había
advertido que los vientos soplaban hacia el Sur,
pues hasta entonces se había plegado (léase TLC
subregional) mansamente al Norte.
El señor Zelaya, en
momentos en que su pueblo vive horas de angustia, de
dolor, por apaleamientos y otras vejaciones, sin
dejar de recordar los muertos que ya cuenta esta
historia, persiste en su rol de cow boy
centroamericano, paseando su figura típicamente
clasista por diversos
lugares allende su circunstancia de vida.
Que no por haber
caído, cosa oprobiosa para los títeres que lo
depusieron, este señor deja de ser quien siempre
fue: el representante de un ala de la oligarquía
hondureña.
A
fin de cuentas, no deja de tener sus razones, el
ahora periodista Sergio Ramírez, desde su columna en
NACION.COM, del pasado 1º de julio, cuando advertía
que: “(…) Para provocar una crisis de este
tamaño, el Presidente debió sentir que tenía alguna
clase de respaldo sustancial. ¿Pero dónde estaba ese
respaldo? ¿En qué instituciones? ¿En qué
organizaciones populares, en qué sindicatos, en qué
partidos políticos, en qué corporaciones? ¿Contaba
acaso con la mayoría de la opinión pública?” Si
bien, Ramírez, un poco más adelante, no deja de
aclarar su personal posición respecto de la cuestión
aquí tratada, en los siguientes términos: “Los
errores de apreciación política del presidente
Zelaya, que no advirtió el terreno que estaba
pisando, y sus enfrentamientos con el orden legal
para promover un cambio constitucional que le
permitiera la reelección, como es ahora el impulso
de los líderes en el Gobierno en no pocos países de
América Latina, se vuelven anecdóticos. Fue depuesto
de manera ilegal y brutal, y eso es lo que cuenta.”
Tiene razón Ramírez,
si bien es cierto que un Presidente debe siempre, y
en primer término, velar por la seguridad de su
pueblo y no, o no tan sólo, por su personal visión y
apetencia.
De estas torpezas del
señor Zelaya, se valieron los cipayos de todas las
horas, civiles y militares, hoy en Honduras, para
dar un ensayo de “democracia blindada”, como dice el
colega Manuel Freytas, en su informe intitulado “La
mano del Pentágono en el golpe hondureño”, de fecha
1 de julio, en IAR Noticias. Y así define Freytas,
el concepto de “democracia blindada”: “(…) La
“democracia blindada”, como señalan los expertos, es
una síntesis gerencial político-militar conjugada
dentro de una nueva estrategia de control político y
social orientado a preservar el sistema de dominio
imperial capitalista en América Latina”. Ni
que lo diga.
Vaya nuestro
recuerdo, también, para esos actores sociales que,
esclerosados en sus estructuras, sirven de apoyo de
utilería a las operaciones de inteligencia
extranjeras: me refiero, por ejemplo, a la Iglesia
Católica hondureña, desde su vértice, que no desde
sus bases; esas dignas bases que aun, y pese a sus
autoridades, continúan luchando junto al pueblo,
porque de éste provienen y a éste no reniegan. He
ahí su Verbo. He ahí su Acción. El resto, el resto
queda para los que visten otros colores que el de la
madre tierra.
3 – México: ¿Un
Estado fallido?
Para colmo de males,
la situación mexicana cobra, día a día, mayor
preocupación dada su importancia estratégica. Vaya
si cuesta pronunciar (escribir) estas palabras, pero
el Estado mexicano atraviesa su hora más difícil en
por lo menos medio siglo.
El Estado mexicano,
además de estar en lucha fortísima contra el
narcotráfico, de la que omitimos el extendernos
aquí, por exceder los fines del presente trabajo,
tiene sobre sí la pobrísima performance de su
economía.
En este sentido,
sendos informes, tanto de la CEPAL (ver “Estudio
Económico de América Latina y el Caribe 2008-2009,
al que nos referiremos en próxima entrega), bien
como el propio Banco Mundial, en sus estimaciones
sobre el comportamiento económico mundial en el
presente año, dan cuenta del muy grave momento
económico que atraviesa, reiteramos, la nación
mexicana.
Esto es,
notoriamente, un signo de, digamos, una evidente
preocupación por la salud de la democracia efectiva
y cotidiana en los pueblos de la región.
Como
destaca el periodista Carlos Fernández Vega, en su
artículo intitulado MEXICO S.A., publicado en el
diario La Jornada, del 16 de julio del presente año:
“(…) La caída libre de la
economía mexicana ya no es tema a debatir; ahora el
análisis se centra en estimar correctamente la
profundidad y circunferencia del cráter tras su
impacto en el suelo, y todo apunta a proporciones
históricas.”
En este contexto, el
impacto económico y político que conlleva, a su vez,
la Iniciativa Mérida (Mérida Initiative Budget
Justification Reference Document Source),
destinada a combatir inicialmente al narcotráfico,
resulta de especial consideración y análisis. Algo
que, próximamente, habremos de aportar a la
consideración de la globalidad de las cuestiones
aquí expuestas.
4 - Esbozo del
contexto centroamericano
Ya en el ámbito de
los países netamente centroamericanos, vale destacar
el comunicado que emitiera la Presidencia del
Directorio del Comité Consultivo del Sistema de la
Integración Centroamericana (CC – SICA), ante el
golpe perpetrado en Honduras.
Dicho comunicado es
claramente condenatorio del golpe de Estado en
Honduras, al tiempo que hace un llamado a todas las
partes al respeto de la democracia y el orden
constitucional en la nación hermana.
Pero como todo
siempre tiene su excepción, debemos dejar en claro
que este comunicado digno y dignificante, no fue
acompañado por los lobbys empresariales de la
región.
Ésta
es, al respecto, la nota que el CC – SICA, coloca en
su comunicado fechado el 28 de junio de 2009: “De
acuerdo al párrafo segundo del Artículo 35 de
nuestros Estatutos, se hace constar que este
comunicado está aprobado por más de dos terceras
partes de la Asamblea del CC-SICA, no hay
abstenciones y no están de acuerdo con este
comunicado la Federación de Cámaras y Asociaciones
Industriales de Centroamérica y República Dominicana
(FECAICA) y la Federación de Cámaras de Comercio del
Istmo Centroamericano (FECAMCO).”
¿Es que aun alguien
puede osar ofenderse al uno mencionar la actuación
de las oligarquías en apoyo al poder del garrote y
en detrimento a la mejor dignidad de sus pueblos?
¿Aun hay quien tilde,
más allá de algún ex presidente trasnochado y
genuflexo, del que, por ejemplo, el Uruguay hace hoy
gala – en un raro privilegio sudamericano -, que
tilde de tal modo a quienes osan esgrimir la
iniquidad de los capitostes del poder?
¿Falta aun algún
escozor para que el tábano del pensamiento crítico,
luego de la conciencia, nos haga ver que la hora de
empezar es ésta y no otra y que la suerte de
nuestras gentes reclama de nuestro concurso, el suyo
y el mío, corresponsable por la suerte de tantos
hermanos de la región?
¿Es que la vergüenza
y el pudor no merecen estar dentro de los asuntos
cotidianos a tratar y buscar resolver?
Prosigamos.
Para este esbozo del
contexto centroamericano, baste agregar un
pensamiento del costarricense Carlos G, Aguilar
quien, en su ensayo intitulado “¿Cómo y Por qué del
Golpe de Estado en Honduras? – La sinopsis de un
proceso de pacificación y democratización fallido en
la Región”, manifiesta, certeramente, respecto de la
cuestión central que: “(…) La posibilidad de un
nuevo bloque gubernamental no totalmente alineado
con los intereses de los Estados Unidos y de los
grupos más conservadores de la Iglesia Católica y de
la Cúpula Militar-Empresarial, formado por el CA-4
(Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador,
alcanzó a suponer una amenaza seria para el control
regional y sobre todo para la expansión de negocios
que vienen contrayéndose con la actual crisis
financiera mundial. La aparición en el escenario
político del ejército hondureño, no supone nada
nuevo en este contexto, se trata de la forma más
explícita de los Estados de Excepción que resultaron
tras los procesos de “paz” en Centroamérica.”
Creemos que por ahí va la cuestión.
Pero
entre lo mucho e inteligente que el señor Aguilar
dice, hay algo, al finalizar su ensayo, que también
queremos rescatar. Y es lo siguiente: “(…)
El Golpe de Estado en Honduras
marca el fin y el inicio de un nuevo proceso
regional, estamos aun muy cerca de los
acontecimientos para poder valorar todos sus
alcances, pero lo que resulta cierto, es que se
trata de un nuevo frente que se abre a las
posibilidades de transformación, depende
exclusivamente de los movimientos y las fuerzas
intelectuales críticas (desgraciadamente casi
inexistentes en la región) no sólo el retorno de
Manuel Zelaya a la presidencia de Honduras, sino la
posiblidad de inaugurar un verdadero ciclo de
democracia con justicia, equidad y bienestar para
los sectores populares.”
Finalmente, para este
apartado centroamericano, adelantar algo que también
habremos de tratar próximamente: el caso Guatemala.
Debemos desde ya
comenzar a defender a Guatemala de la embestida que
muy probablemente y al calor de lo que por ahora se
ambienta en Honduras, sectores guatemaltecos del
mismo cuño que los golpistas hondureños, intentarán
llevar a cabo.
5 - EUA, la IV Flota
y sus apoyos regionales
En esta jugada de
ajedrez, cabe advertirlo, las blancas están en poder
norteamericano y la mano que mueve las fichas está
en su Comando Sur.
El despliegue de la
IV Flota, que comenzara allá por febrero del
presente año, advierte de esta cuestión, a la vez
que visualiza cómo y desde qué lugares y con qué
elementos, el poder norteamericano planea controlar
la región.
Para ello, ha contado
con aliados como el Perú y Colombia que, casi sin
limitaciones, han accedido a los dictámenes de
aquellos.
Así, vemos cómo el
presidente peruano cada vez se mueve con mayor
soltura, y creciente grado de intolerancia, toda vez
que se siente respaldado y protegido al haber
cedido, y cómo, a las “necesidades” de los Estados
Unidos de América.
Hay mucho que agregar
a la cuestión militar y geoestratégica desplegada
por los EUA y apoyada por naciones hermanas
sudamericanas, pero nos parece, hoy y aquí, de mayor
destaque, desarrollar nuestras propias
potencialidades, presentándolas, dejando para otro
momento, que ciertamente vendrá, donde detallar
aquellas y, por qué no, analizarlas críticamente.
El tema aquí no pasa
– no debe pasar jamás – por definir la cuestión,
caricaturizándola, entre “buenos” y “malos” sino
entre Estados que despliegan sus fuerzas dados los
contextos de maniobrabilidad y buen juicio que
tienen o creen tener.
Así, a las piezas
blancas norteamericanas, debemos jugar con nuestras
piezas negras; no sin dejar de advertir que, por
ahora, las blancas vienen casi siempre uniformadas
–con apoyo civil y encubierto -, en tanto que
nosotros tenemos y dependemos de nuestras propias y
mancomunadas fuerzas. En suma, a la técnica deberá
oponérsele lo orgánico. A la razón de la fuerza, la
razón sensible, desde una diplomacia en escalas y
confluyendo hacia un centro que, haciendo de dínamo
pero sin absorber libertades, propicio un libre
juego que, en su sumatoria, depare a la región, esto
es a Sudamérica, un despliegue cada vez mayor en el
concierto, no ya hemisférico, sino mundial.
Y es a esto o, quizá
sea mejor decir, es ésta, la gran jugada que
sobrevuela la contienda en la que se enfrentan
blancas y negras en el basto tablero del ajedrez
hemisférico.
Es que resulta claro
para los EUA, pero no tan claro para algunas
naciones de nuestra región, que la confrontación, o
complementariedad para no darle un tinte
beligerante, es entre los Estados Unidos, como eje
del sistema-mundo imperante, y Sudamérica como uno
de los sistemas históricos emergentes y que
convivirá sí o sí en el futuro mediato con
Euroamérica.
6 – MERCOSUR / UNASUR
/ ALADI
En esta pulseada,
donde varios pares de brazos están dando todo de sí,
sobresalen por su importancia estratégica cada vez
mayor, grupos de países que, al ampara de diversos
tratados y motivados casi por la misma voluntad
integracionista y libertaria, hacen su juego en el
gran juego del actual sistema-mundo.
Son ellos:
- el MERCOSOR, como
espacio histórico donde lo económico y financiero
centra su accionar y entabla relaciones y
negociaciones con los más variados países y grupos
de países;
- la UNASUR, como
espacio político-estratégico desde el cual
Sudamérica ha creado y seguirá creando nuevos y
mejores aires desde los cuales hacer oir su voz, a
la vez que defiende su integridad, en democracia y
con libertad responsable, ante todas las naciones
del mundo.
Y, finalmente, pero
no menos importante, la ALADI, ese gran espacio de
libre comercio, donde ser hermanas naciones
sudamericanas con otras muy próximas en lo
geográfico como en lo histórico: Cuba y México.
Son estas piezas,
principalísimas apoyaturas que tiene Sudamérica para
ir generando nuevos y mejores cielos para su
coparticipación, armoniosa y digna, en el concierto
mundial.
De las tres, quisiera
aquí destacar la importancia capital del MERCOSUR,
importancia que, quizá, esté siendo objeto de gran
preocupación a actores extrarregionales. Por
ejemplo, su probada vocación democrática.
Porque el MERCOSUR
antes que un mercado en construcción es, y a las
pruebas me remito, una reformulación histórica de un
proceso de integración natural de pueblos y
culturas. Integración que, además y especialmente,
tiene en sí una cláusula, la Cláusula Democrática,
garantía probada – pues ya fue puesta a prueba y con
éxito – de que en su ámbito sólo estarán aquellos
Estados-Partes que respeten tanto en la letra como
en el espíritu de las acciones en que los pueblos
miden sus sistemas (elecciones, libertades públicas,
etcétera) su vigencia democrática.
Y esto sí que
molesta.
Molesta a quienes
desde adentro y desde afuera, bregan porque se
continúe en un estado de postración tal que alcance
con que unos pocos representantes de las clases
dominantes hagan gala de superioridad y se vistan
con disfraces de dignatarios. Facilitando así,
desvíos de comercio, imposición de normativas y
mercados, esto es, volver al peor de nuestros
pasados, el de la dependencia total.
Molesta, y cómo - por
ejemplo a la derecha cavernaria en el Uruguay -, la
existencia y creciente actividad del Parlamento del
MERCOSUR (PARLASUR), elemento democrático por
excelente porque POR PRIMERA VEZ los países miembros
del bloque reciben información directa y sin
censuras.
Recordemos que en
nuestros países, los grandes medios de comunicación
están bajo el control de las oligarquías criollas.
Así, el deliberativo
que promueve, semanal y democráticamente, la ALADI
para las cuestiones de comercio como de tantos otros
sectores de la actividad de nuestros pueblos, merece
el respeto y la atención de países y grupos de
países de primera línea que asisten en calidad de
observadores a sus sesiones y siguen, con avidez,
sus deliberaciones.
De la UNASUR, hagamos
lo que debemos hacer: protejámosla de nosotros
mismos y demos los mejores aires, buenos aires, para
que prospere como grupo de naciones y no como ámbito
donde colocar a piezas ya descartables en los
tableros reducidos de sus movimientos personales.
La UNASUR es un
instrumento selecto y selectivo que traerá grandes
ventajas a la región, toda vez que se la privilegie
en sus acciones y no se la bastardee en componendas
que le son, o debieran serle, ajenas.
En suma, un desafío
está hoy planteado:
7 - El desafío
sudamericano
Este es el mejor
momento para Sudamérica, o sea, el de su inicio como
actor global desde su condición de sistema histórico
que va probándose en los acontecimientos del mundo,
basado en la diversidad de culturas y en el común
proceso hacia una mejora sustantiva en las
condiciones de vida de sus gentes.
Acción que se lleva a
cabo desde el respeto irrestricto a la igualdad de
oportunidades, bien como en la certidumbre que sólo
tomando como cielo y horizonte la dignidad del
diferente, podremos construir una obra creíblemente
humana y humanizante. Ese es el aporte que
Sudamérica tiene para dar al mundo.
Es decir, no
renegamos de nuestra condición mestiza, como lo hace
Europa, ni apelamos a consideraciones gnósticas como
sí lo hacen los americanos del Norte. No.
Creemos y así nuestra
rica historia lo atestigua, que la fuerza de los
pueblos esta o estará, una vez ésta se consiga en
plenitud, desde el irrenunciable derecho de todo
hombre y de toda mujer a caminar erguidos,
alimentados y así, construir su mañana, desde un hoy
donde la bandera no sea usada para guerrear ni para
dividir, sino para dar muestras de una identidad que
acepta y requiere de las otras identidades
regionales para mejor construirnos como espacio
histórico que tiene mucho y bueno que aportar a la
vida del mundo en su complejidad.
Somos cultores del
respeto al diferente, y en ello nos afincamos y así,
con ese talante, miramos al horizonte.
A todo esto se nos
interponen por lo menos tres obstáculos:
1 – Nuestra propia
mediocridad, tanto la de las clases dominantes como
las de quienes optan por apelar al papel de víctimas
antes que asumir, en el descampado de las acciones
cotidianas, nuestra entrega honesta y total a la
mejor causa americana.
2 – La fuerza bruta
de los gendarmes del mundo, aliviada por sus
centinelas criollos, esos tristes especímenes del
hombre que deambulan por ahí, pregonando lo poco que
somos y lo mucho que debemos venerar la gloria del
Norte, la del llamado primer mundo.
3 – Dejar de ser
reduccionistas y pensar que la vida se mueve en dos
colores y que el nuestro es el prístino y el de
arriba en la lógica de un mapa “común” - que no el
dibujado por Torres García -, con un Norte que nos
brama y un Sur que lloriquea. No.
Ni somos enteramente
víctimas ni el Norte tiene una sola voz.
Debemos tener la
astucia como arma principal y saber ver que, en el
juego con una potencia, aun de una potencia que pasa
por serios problemas y hondas contradicciones, como
la norteamericana, debemos hoy, y críticamente, dar
vigor a que la “línea Obama” resulte vencedora ante
la ya harto conocida línea del Comando Sur y la
sinuosa línea del Departamento de Estado.
Y tampoco debemos
dejar que los cipayos que en nuestras naciones son
aliados incondicionales de los neocons tengan
razones, aunque fueren de utilería, para desplegar
su hediondez en el quehacer de nuestros pueblos.
Debemos, pues,
construir alianzas y levantar puentes antes que
dejar todo librado a una suerte de historieta de
villanos y próceres.
Que de villanos ya
estamos hasta la coronilla y de próceres de bronce
más vale precavernos, salvo de aquellos que supieron
bajarse de la montura y andar a pie junto a los
miserables y los originarios, esos otros diferentes
a los que aun hoy, y con qué fuerza, se busca
eliminarlos de las decisiones soberanas de sus
pueblos. Debemos recordar a aquellos otros que, si
bien ganaron innúmeras batallas, tuvieron un ego tan
grande como su sombrero y un corazón tan débil y
pequeño como sus diminutos pies.
En suma, quizá sea
del caso terminar esta primera parte, recordando
cómo supo Ludwig Van Beethoven dar música y
atmósfera al célebre texto de Johann Wolfgang
Goethe, intitulado Egmont, y que Beethoven dio en
llamar: “Obertura para el drama de Goethe, Egmont,
Opus 84”.
En ese texto y con
ésta música prodigiosa, se da cuenta de una lucha
desigual pero de una bravura y perseverancia
superior que, a la postre, dio con la victoria de
Egmont.
Así, con la sutileza,
el vigor en la determinación de ser libres a la vez
que solidarios, propongo sin mucha gesticulación,
que brindemos, brindemos con alegría, en este
momento de incertezas y de preludio a nuevas
tormentas, invocando al astro rey con unas contadas
y sencillas palabras, a que la porfía nos encuentre
siempre erguidos, serenos y determinados a
permanecer al descampado en la búsqueda inteligente
de un mejor mañana para los eternamente desplazados.
Así, fíjese usted, yo
me levanto y le invito a hacer lo propio, al tiempo
que digo y reclamo para todos: ¡Con Salud, Fuerza y
Unión!
Continuaremos.
LA
ONDA®
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