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Natalia Oreiro,
música en apuros
por
Joselo Olascuaga

Siempre fui fan de
Natalia Oreiro. Su muñeca brava tenía una relación
más que cordial, entrañable con la actriz que la
representaba. Seguí luego sus otras telenovelas, su
audacia para asumir riesgos, sus películas con el
terrible desafío de la comedia romántica, que no es
teleteatro; en la Argentina, que no es Hollywood.
Si la industria de
las comedias románticas exige producción tan rápida
como su consumo, no ha de ser lo mismo pasar apuros
con el bien ensamblado andamiaje del cine
norteamericano que con el económicamente artesanal
cine argentino.
Música en espera,
la película que esta semana ha estrenado en Uruguay
nuestra compatriota Natalia Oreiro –junto a
dos formidables actores argentinos, Diego Peretti
(el narigón de Los simuladores) y Norma
Aleandro –, ironiza en algunas de sus
inflexiones sobre los mecanismos de la industria
cinematográfica actual, entre la más banal
sofisticación y el pragmatismo más canalla. En algún
momento me pregunté si el verdadero cine es por
ejemplo Fados, la última película de Saura, que vi
un par de meses antes que esta argentina o es casi
todo lo otro que se está exhibiendo en nuestras
carteleras. Es casi todo lo otro, acepté. A mi me
gusta Fados. Pero siempre hay actores.
En Música en
espera Diego Peretti sostiene con su
histrionismo refinado el mayor peso de la película.
Norma Aleandro está excelente, en su nivel,
recuperada de aquella Cleopatra en que salía
bastante pareja con Natalia porque habían emparejado
para abajo. La Oreiro, salvo un par de momentos
afectados por equivocación de tonos, está a la
altura interpretativa de sus dos ilustres
coprotagonistas.
Uno de esos momentos
está mal resuelto desde el guión de Patricio Vega y
Julieta Steimberger (que en general es muy
ingenioso, con aportes novedosos para el género y un
ritmo vertiginoso indeclinable), cuando Oreiro le
presenta a su madre (Norma Aleandro) a su falso
esposo (Peretti). El otro es el final, el remate de
la película: “ya algo se me va a ocurrir”, dicho con
independencia y brillantez, en tono alto, cuando
mejor cierre hubiese sido un intento irónico de
complicidad con Ezequiel (Peretti), para que fuera
la máscara de este la que rematara la película. El
final sabe a Muñeca brava, viene de otra historia,
de otro personaje y el director, Hernán Goldfrid, no
supo marcarlo o no atinó a corregirlo. Es un detalle
importante.
Por lo demás es una
película muy divertida, de entretenimiento
constante, con humor inteligente y muy al día en
todos los rubros, aunque la música que, por el
título, debería destacarse especialmente, en mi
opinión no lo hace. Eso sí: se nota el apuro en
resolver situaciones sin el suficiente oficio de
comedia romántica en serie.
Es que este tipo de
comedias ha dado buenos resultados a la industria
cinematográfica argentina y se producen en gran
cantidad sin mucho sustento al parecer.
En fin… Música en
espera es agradable para pasar el rato, cuenta con
buenas actuaciones y el debut de Goldfrid
promisorio.
LA
ONDA®
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