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¿El caso Honduras reflejo
de la “interna” de Obama?
por
Antonia Yánez

Desde el primer día de su
gobierno el presidente Obama ha venido enfrentando
una situación muy parecida a la que debieron vivir
en su operativa gubernamental aquellos presidentes
sudamericanos surgidos democráticamente después de
la restauración institucional en sus respectivos
países al final de la década del 70.
La herencia de su predecesor
George W Busch, es una dura trama de alteraciones
institucionales y de inercias políticas convertidas
en cultura de Estado, que día a día ponen a prueba
las verdaderas intenciones de cambio del presidente
Obama. Este fenómeno no solo gravita a lo interno de
los EE.UU. si no especialmente en lo contradictorio
de muchas de sus iniciativas de política exterior
para esta región. Ya hoy es de tal magnitud este
fenómeno que muchos observadores han comenzado a
dudar de hasta dónde el presidente demócrata -que
llegó con una impronta de cambio sin precedentes,
paulatinamente va siendo vencido por esta herencia
de los gestores del “Eje del mal”.
Sin tener en cuenta esta
realidad es muy difícil comprender y contextualizar
geopolíticamente el conflicto institucional de
Honduras. Y más complejo aun es vislumbrar una
salida sustentada en parámetros auténticamente
democráticos.
El golpe de Estado hondureño
-que lleva al presidente Lula a preguntarse si
"¿entonces la democracia significa que se puede
sacar a un presidente por la noche e instalar a
otro?..”- no debe impedir ver el conjunto de los
fenómenos contemporáneos a los de Honduras en la
región.
La conducta concreta de EE.UU
en esta primera etapa frente al caso de honduras fue
la siguiente: Define la realidad emergente como un
Golpe de Estado, agrega que Zelaya debe volver como
presidente, pero simultáneamente no rompe con el
gobierno interino ni cierra su embajada en
Tegucigalpa. Mantiene todas las relaciones militares
y los protocolos entre ambos países. No suspende la
ayuda económica como anuncia. La Secretaria de
Estado, Hillary Clinton, buscó alejar por todos los
medios a Zelaya del grupo ALBA y de la OEA, solo lo
recibió en su despacho a condición de que aceptara
la mediación del presidente de Costa Rica. Luego no
ha ahorrado oportunidad de criticar al presidente
Chávez por su injerencia en Honduras.
Son hechos de este mismo
tiempo, las elecciones en Panamá donde gana un
sector político que logra reagrupar a la derecha
panameña. Elecciones parlamentarias en Argentina
donde triunfa un sector que se ubica a la derecha
del gobierno kisnerista. En Perú un sector indígena
se ve enfrentado a una decisión gubernamental que
deja un saldo real de muertos o desaparecidos que
aún es confuso y donde mueren también miembros del
ejército. México se desliza gradualmente en un
espiral de violencia narcotraficantes mediante,
donde el ejercito parece ser el último eslabón a
recurrir. Esto se da en un país donde se reconoce
que la pobreza subió de 42.6% a 47.4% en el último
periodo. El presidente de Colombia viaja a los
EE.UU. y abre una nueva ronda de negociaciones
actualizando las relaciones entre ambos países que
amplía sin precedente la presencia militar
norteamericana en territorio Colombiano. A la
presencia ya existente vía Plan Colombia se suma el
traslado ampliado de la base de Manta, que el
gobierno ecuatoriano impidió continuar operando en
su territorio.
Prensa escrita y agencias,
informan que: “El nuevo acuerdo de cooperación
militar entre EE UU y Colombia, utilizará las bases
de Malambo, en la región Atlántico, Palanquero y
Apiay para operaciones contra el narcotráfico.
Añadido a esto, Bogotá querría que Washington
también aumente su personal en las bases de Larandia
y Tolemaida. Con este despliegue, Bogotá pretende
dar tanto peso a las operaciones orientadas a la
lucha contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) como a las que
efectúan contra el narcotráfico”. (…)‘"Obtener
acuerdos con países como Estados Unidos para que,
con todo el respeto a la Constitución colombiana, a
la autonomía de Colombia, nos ayuden en esta batalla
contra el terrorismo, contra el narcotráfico, es de
la mayor conveniencia para el país", dijo el
presidente Álvaro Uribe en respuesta a los
opositores que argumentan que es una violación de la
soberanía’.
Los sudamericanos debieran
prestar mas atención sobre lo que pasa desde hace
mucho tiempo en Colombia, los albores de un nuevo
tiempo sudamericano contiene aún en su vientre los
“huevos de la serpiente”.
Reparemos por un instante en la
magnitud de la información que ha brindado el diario
colombiano El Tiempo: donde se hace mención a un
informe entregado al relator de la ONU Philip
Alston, donde se habla de la investigación en curso
a oficiales, suboficiales y soldados profesionales,
por el escandaloso caso conocido el año pasado,
donde más de treinta jóvenes desempleados fueron
trasladados con promesas de trabajo al noreste de
Colombia, donde fueron ejecutados y presentados
luego como guerrilleros abatidos en combate.
Nuevamente aparece aquí la responsabilidad del
Estado en la violación de uno de los principios
básicos de sus ciudadanos.
Sin ninguna duda Sudamérica
vive una dualidad de fenómenos geopolíticos donde
cada vez a sus viejos problemas se suman o
reaparecen nuevas realidades en el marco de un mundo
globalizado, que aún parece no asumirse por todos en
esta región.
Brasil que había abierto una
luz de alarma en su espacio geopolítico con el
Plan Colombia, ahora con el acuerdo de bases
militares de EE.UU. en territorio colombiano y la
posibilidad de que éstas se amplíen a Perú, ya
estudia al más alto nivel militar una nueva
estrategia. A las ideas iniciales para garantizar la
inviolabilidad de sus cerca de 11.000 kilómetros de
fronteras amazónicas debe innovar aceleradamente
nuevas estrategias de defensa e inteligencia.
Esto es precisamente lo que el
presidente Lula y el alto mando del ejército
brasileño vienen estudiando en las últimas semanas.
Una de las variables que seguramente emerja con
nuevas características es el Consejo Sudamericano
de Defensa que ya no solo tendría que ser de
“coordinación”, sino un “proyecto de defensa
regional”, de acuerdo a la visión estratégica que
manejan altos oficiales del ejército brasileño y su
ministro de defensa Nelson Jobim.
Otro de los hechos que muestra
la interrelación de fenómenos globales con conductas
dentro de la región es lo que surge sobre una
reciente reunión en la región Rusa de Irkutsk (Sibéria)
donde delegados de los Servicios de Inteligencia de
60 países discutieron durante varios días la
cooperación entre sí, para enfrentar el “terrorismo”
y “crear un efectivo sistema de intercambio de
información”. Entre otros participantes de esta
reunión estuvieron los directores y especialistas
del FBI, el Mossad de Israel, BND de Alemania y FSB
de Rusia. Lo nuevo es la presencia destacada de
Brasil y la India. El director de la Agencia
Brasileña de Inteligencia Wilson Roberto Trezza,
afirmó que si bien Brasil “no ha sufrido actos
terroristas, expresa su total solidaridad con
aquellos países que si han sido victimas de ataques
terroristas”. Agregando que Brasil estaba interesado
ante este grave fenómeno, y que busca
sincronizar sobre este tema todos los “esfuerzos
que hacen las distintas Agencia de Seguridad”.
¿En que medida el imaginario
social y político sudamericano ha acompañado con sus
avances en el ejercicio de la democracia, una
reflexión argumentada, no reactiva sobre sus
ejércitos, fuerzas armadas y servicios de
inteligencia?. Toda indica que es el gran debe de
los gobiernos, partidos políticos, organismos
académicos y sociales de la región.
La corporación militar es la
primera y más homogénea organización del continente.
Mas allá de los Estados, una inercia asentada
culturalmente, en los años 60 y 70, las tiene
alejadas de sus respectivas sociedades, pero
conectadas a quienes matrizaron su cultura
profesional, aunque esta, en muchos casos, hoy se
reduzca a un imaginario alejado de las nuevas
realidades.
El estallido de la situación
hondureña, como reflejo de la realidad
norteamericana debiera ser una motivación más para
el abordaje de estos temas con criterio de urgencia
que no evite la profundidad, pero que aleje todo
sentido reactivo que la naturaleza del tema
generalmente contiene en Sudamérica.
Hoy todo el planeta mira con
avidez cada uno de los pasos del presidente Obama,
si no estamos convencido de esto reparemos por un
instante en lo que ha escrito Mario Soares ex
presidente y primer ministro de Portugal, cabeza
pensante de la socialdemocracia europea. “La
situación en la que se encuentra la Unión Europea,
sin rumbo cierto y paralizada en el ámbito
institucional, me preocupa mucho. Como europeísta
convencido, la derrota de la izquierda democrática
en las elecciones europeas, a contracorriente
respecto a lo que está ocurriendo en los Estados
Unidos de Barack Obama, parece un signo de bastante
mal agüero. Va contra los llamados vientos de la
historia que, procedentes de EE UU, soplan para
vencer la crisis global. Vientos a favor de las
políticas sociales y ambientales, contra el
desempleo y por un nuevo paradigma
político-económico. (…) ¿Por qué razón ha afectado
la abstención ( en las recientes elecciones
europeas) fundamentalmente a la izquierda? En mi
opinión, porque los socialistas no han sido lo
suficientemente socialistas y, con frecuencia, al
estar en los Gobiernos, se dejaron colonizar por el
neoliberalismo, la doctrina de la derecha dominante
en época de Bush. ¿No será que los amigos de Bush
pueden continuar en Europa ocupando puestos de
responsabilidad cuando la Norteamérica de Obama
procura encontrar un nuevo paradigma para resolver
la crisis y está cambiando su propio estilo de hacer
política?
No lo creo. Porque la Unión
Europea, en la fase que estamos viviendo, si llega a
distanciarse de Estados Unidos, entraría
probablemente en una deriva muy peligrosa,
disgregadora y suicida”.
En poco más de un año en
varios países sudamericanos habrá instancias
electorales muy significativas. ¿Esperan verse
interpelados por los resultados de las urnas y una
realidad que no esperaban, aquellos lideres de la
región que han buscado nuevos “paradigmas
político-económicos”? Antes que abordar estos temas
con la naturalidad que una sociedad de amplia y
profunda democracia moderna lo demanda.
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