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Honduras: los que se oponen a
la política exterior de Obama
Entrevista al historiador Moniz Bandeira
- Con relación a la
crisis en Honduras, ¿es posible que haya habido
alguna participación de los Estados Unidos?
- Yo no hablaría de
participación de los Estados Unidos, pero me parece
claro que los militares hondureños no darían un
golpe de Estado si no contasen con respaldo de
algunos sectores, en los Estados Unidos, que se
oponen a la política exterior del presidente Barack
Obama, sobre todo con respecto a Venezuela, Cuba y
América Latina, y quieren crearle dificultades. Hay
fuertes evidencias en este sentido. Congresistas del
Partido Republicano, como Mario Díaz-Balart, de la
representante de la comunidad cubano-americana de
Miami, y Mike Pence, también un conservador
extremista, declararon que no hubo golpe militar en
el sentido del término y atacaron la posición del
gobierno de Obama así como la posición asumida por
la OEA. El mismo pronunciamiento lo hizo Roger
Noriega, ex-secretario asistente para el Hemisferio
Occidental, en el gobierno del presidente George W.
Bush, y el que más impulsó el agravamiento de las
sanciones contra Cuba, que Obama ahora comienza a
revertir. Se manifestó abiertamente a favor del
golpe militar, alegando que el presidente Manuel
Zelaya actuó fuera de la ley y que los
“irresponsables diplomáticos regionales, que habían
fallado al confrontar a los caudillos
antidemocráticos caudillos en Venezuela, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua y Honduras, fueron cómplices de
sus abusos”.
Estos neocons
(neo-conservadores) justificaron el golpe militar,
diciendo que los hondureños, derrocando al gobierno
del presidente Manuel Zelaya, actuaron para defender
la democracia y preservar la ley. Pero no que el
gobierno de Manuel Zelaya hubiese suprimido en el
país las libertades civiles y las instituciones
democráticas.
- Pero precisamente,
¿cuáles son los vínculos que los militares en
Honduras tienen con los Estados Unidos?
- Probablemente,
sectores de la CIA y del Pentágono, que se alinean
con los neo-conservadores y se oponen a la política
del presidente Barack Obama, dieron al Ejército luz
verde hondureña para el derrocamiento del presidente
Manuel Zelaya. En Honduras, la presencia militar de
los Estados Unidos es evidente. Allá, en la base
aérea de Soto Cano (Palmerola), está asentada la
Joint Task Force-Bravo, integrante del U.S.
Southern Command (Southcom), con cerca de 350 a 500
soldados, del 6126th Air Base Squadron y el 1st
Battalion, 228th Aviation Regiment. En esta base, en
los años 1970 y 1980, fueron entrenadas las tropas
hondureñas, integrantes del Batallón 3-6, acusadas
de innumerables secuestros, abusos y crímenes contra
los disidentes hondureños. Y, en los años 1980,
Honduras fue el santuario de la “contra”, de los
guerrilleros que combatían al gobierno sandinista de
Nicaragua, con recursos financieros ilegales
suministrados por la administración del presidente
Ronald Reagan. Es lógico, por lo tanto, concluir que
los militares hondureños no se atreverían a dar un
golpe de Estado, en franco desafío a la política
exterior que el presidente Barack Obama pretende
ejecutar, sin contar con el respaldo de sectores
políticos del Partido Republicano, así como del
Pentágono y de la CIA.
- Usted dijo en una
entrevista que Obama no estaría en condiciones de
revertir la política externa de George W. Bush, que
dichos cambios serían apenas “cosméticos”. Si la
política externa que está siendo construida por
Obama es tan “cosmética”, ¿por qué habría causado
insatisfacción de estos sectores internos del
gobierno norteamericano, al punto de hacerlos
incitar a un golpe en Honduras?
- Yo dije que él,
fundamentalmente, no está en condiciones de
revertirla, porque un presidente, cualquiera que sea
su tendencia política, no puede hacer lo que quiera,
lo que desea, debido a las relaciones reales de
poder en los Estados Unidos. El presidente, en
cualquier país, sobre todo dentro de un régimen
democrático, hace apenas lo que puede, dentro de la
correlación de fuerzas existente en la sociedad.
Obama, por ejemplo, encuentra resistencia desde
dentro del propio Departamento de Estado, que vacila
con respecto al golpe militar en Honduras, porque
algunos sectores no quieren confrontarse con el
Partido Republicano. Tampoco puede cortar
sustancialmente las compras del Pentágono, a fin de
reducir el déficit fiscal de los Estados Unidos, que
crece año a año. Si intentase hacerlo,
inmediatamente quebrarían distintas industrias de
material bélico, aumentando el desempleo y
arruinando los Estados donde están instaladas. En
los años 1980, el Estado de California dependía más
que cualquier otro de los gastos militares, la mayor
parte con programas nucleares, tales como la
fabricación de los bombarderos B-1 y B-2, el
Tridente I y el Tridente II, los misiles MX, la
Strategic Defense Iniciative (guerra en las
estrellas), y otros varios programas, tales como el
MILSTAR. Las empresas contratadas recibían el 20%
del presupuesto del Departamento de Defensa. Las
personas y las organizaciones en California y en
otros Estados naturalmente que se oponían a la
reducción de las compras de material bélico.
- Zelaya, Chávez y
Evo Morales se sustentan en un discurso de
representación de los pobres. Este neo-populismo de
izquierda ¿sería la única respuesta posible a los
regímenes de derecha, militares y conservadores que
estaban apoyados por los Estados Unidos entre los
años 60 y 80 en la región? La política de Chávez,
que tildó al gobierno de Micheletti de “dictadura”,
¿no sería también opresora para con los opositores
del gobierno venezolano?
- No voy a entrar en
el caso de Honduras, porque la situación, en América
Central, no es igual a la de América del Sur. Desde
el punto de vista geopolítico, los países de América
Central, como Honduras, gravitan más en la órbita de
los Estados Unidos. Sin embargo, lo que sé es que
Hugo Chávez y Evo Morales fueron electos
democráticamente y sus gobiernos expresan un tipo de
revueltas de las capas más explotadas y oprimidas,
tanto en Venezuela como en Bolivia. Y hablar de
“neo-populismo de izquierda” no explica nada,
porque, antes que nada, es necesario explicar por
qué “neo”, por qué “populismo”, por qué “de
izquierda”. El populismo es un fenómeno bastante
complejo, que presenta, en cada país,
especificidades, y este concepto pierde, en la
generalización, el rigor científico y, en
consecuencia, la utilidad teórica y práctica. De
modo general, es un contrabando ideológico que los
conservadores aplican a todos los gobiernos que
tratan de atender las reivindicaciones populares,
contrariando los intereses de las elites, de las
clases dirigentes. Y en cuanto al gobierno del
presidente Chávez, aunque no se pueda estar de
acuerdo o aprobar todas sus iniciativas, todas sus
actitudes, no se puede decir que su política es
“opresora” de los que se oponen a su gobierno. Que
yo sepa, allá no hay presos políticos y la prensa no
está bajo censura. Pero es bueno recordar que los
Estados Unidos, en abril de 2002, apoyaron
abiertamente un golpe militar-empresarial para
derrocarlo y, a través de la Nacional Endowment for
Democracy (NED), con fondos del Congreso, siempre
financiaron, en América Latina, sobre todo en
Venezuela y en Cuba, las corrientes de oposición,
que dicen defender la democracia americana.
- En este nuevo
contexto latinoamericano, ¿hay definiciones posibles
y claras para democracia y dictadura? ¿Cuáles son
los ejemplos?
- No voy a entrar en
discusiones teóricas, conceptuales, sobre lo que es
democracia y lo que es dictadura, en una simple
entrevista, sobre un caso concreto, como el golpe
militar en Honduras.
- La Iglesia Católica
en Honduras, fue la única institución que defendió
el nuevo gobierno de Micheletti, alegando evitar la
infiltración de un modelo chavista. ¿Cómo evalúa
esta posición?
- La Iglesia Católica
tiende, en general, hacia el conservadurismo. En
Brasil, apoyó el golpe militar de 1964, pero después
gran parte del clero tuvo una inflexión hacia la
oposición a la dictadura.
- Hasta ahora el
gobierno brasileño se ha mantenido alejado de la
crisis en Honduras. ¿A qué atribuye usted esta
posición del gobierno brasileño?
- Brasil tiene como
principio de política exterior no intervenir en los
asuntos internos de otros países. Sin embargo,
demostró de forma inequívoca, que no reconoce al
gobierno emanado del golpe de Estado, retirando su
embajador de Tegucigalpa.
Fuente: Periódico “A
Tarde”
Traducido para
LA ONDA digital
por Cristina
Iriarte
LA
ONDA®
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