Sudamérica, actor global
II - Sus círculos e irradiaciones
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

1 Declación del Mercosur

2 Acuerdo Mediacion Honduras

3 Acuerdo de San José 22-7-2009

 

“(…) Así, persuadido del origen plenamente humano de cuanto es humano,

ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin,

está siempre en marcha. La roca sigue rodando.

¡Dejo a Sísifo al pie de la montaña! Uno siempre recupera su fardo.

Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses

 y levanta las rocas. También el juzga que todo está bien.

Este universo en adelante sin dueño no le parece estéril ni fútil.

Cada uno de los granos de esa piedra, fragmento mineral

de esa montaña llena de noche, forma por sí solo un mundo.

La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre.

Hay que imaginarse a Sísifo feliz.”

 

Alberto Camus, “El mito de Sísifo”.[i]

 

 

I – Sudamérica, sus círculos e irradiaciones.

Las grandes construcciones del género humano, antes que con ladrillos se construyen primero con palabras; pero con palabras que no sean meros clichés.


De ahí que, en prueba de aquellas palabras que tienen la condición de construir, vale citar los primeros tres párrafos de la Declaración de los Presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR y Estados Asociados sobre el golpe de Estado en Honduras, suscrita el pasado 24 de julio de 2009 en la ciudad de Asunción, cuyo texto completo puede ser consultado en el link situado al pie del presente artículo.

 

He aquí los párrafos en cuestión:

 

Los Estados Partes del MERCOSUR y Estados Asociados reiteran su más enérgica condena al golpe de Estado en contra del Gobierno constitucional de Honduras y a la detención arbitraria y expulsión del país del Presidente Constitucional José Manuel Zelaya Rosales que produjo la alteración inconstitucional del orden democrático.”

“Reafirman que no reconocerán a ningún Gobierno que surja de esta ruptura inconstitucional; que no aceptan como válidos actos unilaterales emanados de las autoridades ilegítimas hondureñas, incluyendo el llamado a elecciones y que el Gobierno constitucional y legítimo del Estado de Honduras es el encabezado por el Presidente José Manuel Zelaya Rosales cuya integridad física y la de todos los miembros de su gobierno resulta fundamental preservar.”

 

“Expresan su apoyo y solidaridad al pueblo hondureño y destacan el rol protagónico que el mismo tiene para el restablecimiento del Estado de Derecho y la restauración de la democracia.”

 

Esta Declaración no sólo desvela cómo y cuánto le ocupa al MERCOSUR las cuestiones inherentes a la suerte de los pueblos americanos, desde su circunstancia democrática, sino que sitúa en su justo centro respecto de cuál debe ser el eje por el que debe pasar el interés; es decir, la atención y la acción en pro de nuestras gentes: su destino democrático, defendido en el aquí y ahora de las cuestiones cotidianas.

 

El MERCOSUR, pues, junto a sus Estados Asociados, irradia desde Sudamérica, su talante libertario a la vez que respetuoso del Derecho Internacional Público, reflejado tanto en sus instituciones bien como en las diferentes organizaciones internacionales que componen el arco de defensa de la democracia, desde la persona, el Estado y la sociedad internacional.

 

Asimismo, si bien el MERCOSUR tiene aun gruesas cuestiones comerciales sin resolver, también es cierto que, vista la acción protagónica o coprotagónica que le cupo en diferentes e importantes sucesos sociopolíticos, tanto regional como internacionales de los últimos lustros, permite situar en su debida perspectiva histórica, la destacada presencia del bloque junto con su acción, repito, puntual y efectiva, con la cual ayudó o coadyuvó a fortalecer la voz de nuestros pueblos y así ésta pudiera emerger, tanto fuerte como seria, indicando así el mejor rumbo democrático para la suerte de las gentes afectadas en cada una de las situaciones vividas y atendidas, repito, a lo largo de su historia.

 

Así, el MERCOSUR dio y da un rotundo mentís a los agoreros de la destrucción, quienes, sea como portavoces cipayos de los parias que detentan el poder económico en el mundo, sea también en sus roles de sicarios y amanuenses que reciben su cuota de sal desde las oscuras alcantarillas de la Nueva Roma.

 

Agoreros que, vale destacarlo, han fracasado, y seguirán fracasando, en su intento de destruir al arquetipo de la integración sudamericana, el MERCOSUR, pues éste, junto con otros pueblos hermanos, ya ha parido al segundo gran círculo que, junto a él, resultará en una construcción más vasta y compleja en la integración efectiva de los pueblos sudamericanos: la UNASUR.


Es así, en definitiva, que Sudamérica, está madura para ser y para actuar como sistema histórico al concitar un bloque geopolítico junto a otros importantes pueblos hermanos que están ubicados en lo que geográficamente se denomina la América Central y la América Antillana.

 

Porque ya no podemos hablar, con visos de efectividad geoestratégica, de “América Latina”.

 

Primero porque siempre fue una construcción lingüística ajena a nosotros, pero segundo y más importante, porque el núcleo del sistema en formación está, en la parte Sur del continente americano.

 

Máxime desde el momento en que México determinó, en libertad, mirar y estar en el Norte del continente, por más que aun, y muy felizmente, mantenga nexos idóneos e importantes con el resto de las naciones americanas.

 

Así, nuestros pueblos caminan juntos hacia un horizonte de dignidad, desde la igualdad de derechos y oportunidades, mancomunados política y estratégicamente, a ser actores y no meros espectadores, de la suerte de nuestras gentes en consonancia con otras naciones y grupos de naciones del mundo todo.

 

 

II – Honduras y el “factor Arias”

Es por todos sabido que el señor Oscar Arias Sánchez, a instancias del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, buscó intermediar en la cuestión hondureña, llamando a las partes en conflicto, para luego emitir lo que se ha dado en llamar el “Acuerdo de San José”.

 

Mientras aun se discute la suerte que finalmente tendrá el referido acuerdo, no es, a mi entender, ocioso el reflexionar no sólo sobre el acuerdo en cuestión sino y antes bien, sobre la persona y el rol del señor Arias Sánchez en este nuevo conflicto centroamericano.

 

Antes de hacer mención expresa a las palabras de presentación, proferidas por el señor Arias Sánchez al citado acuerdo, vale acotar que ambos textos pueden ser consultados en los links respectivos que constan al pie del presente artículo.

 

El ex premio Nobel de la Paz, hombre poseedor de una vasta cultura, bien como de un talante pacífico y conciliador, supo contextualizar, en su justa atmósfera, la tarea que le fuera encomendada por la señora Clinton.

 

Así, se valió de un pórtico argumental importante al citar al dramaturgo Henrik Ibsen, recordando de éste la siguiente expresión: “uno nunca debiera ponerse sus mejores pantalones para salir a luchar por la verdad y la libertad”, queriendo significar con esto, el señor Arias Sánchez, que: “Lo mismo vale para la paz”.

 

Agregando que: “Cuando uno sale a luchar por la paz debe vestir al alma con ropa de trabajo. Hay que estar dispuesto a darlo todo, y después dar otro poco más. Hay que estar dispuesto a caerse y levantarse, a vendarse las heridas y volver a empezar. La paz” agrega quien también es el actual Presidente de Costa Rica, “no es labor de un día, ni de una semana, sino de una vida dedicada a la frágil construcción de una obra siempre inconclusa. Eso es algo que sé desde hace mucho tiempo. Por eso no me doy por vencido. He aprendido a no fijar la mirada en las piedras del camino, sino en el fin del sendero”.

 

Más adelante, en su presentación, el señor Arias Sánchez, haciendo un paréntesis en su condición de Primer Mandatario de un Estado, alega que: “Por muy intensas que sean las historias personales de este conflicto, no hay víctima mayor que la población inocente. Los hondureños son los grandes sacrificados de la postergación, y no podemos esperar a brindarles opciones perfectas. Porque buscando la perfección podemos perder aquello mismo que intentamos preservar: la paz de un pueblo que merece retornar al orden constitucional.”

 

De manera igualmente clara y profunda, continúa el señor Arias Sánchez con su presentación del acuerdo, terminando la misma con la siguiente frase, antes de efectuar los saludos y agradecimientos de estilo: “Sí les aseguro que es éste el primer acuerdo en la historia de la humanidad dado a revertir un golpe de Estado por voluntad de los sectores involucrados. Si se llega a firmar, Honduras será el ejemplo legendario de una sociedad que supo poner la reconciliación y la unidad antes que cualquier otro valor.”

De esta manera, el costarricense Arias, no sólo enmarca sino que ya condiciona el sentido y la suerte del llamado “Acuerdo de San José”.

 

El señor Arias Sánchez, hombre respetado y respetable, resulta ser, duele decirlo, anecdótico y no sustantivo para la solución de la cuestión hondureña, puesto que buscando atender la paz del hoy, desatiende, al ignorarla, la violencia que se viene ejerciendo sobre vastas capas de la sociedad hondureña, alejadas de todo vestigio de trato humano, al ser consideradas meras herramientas de un poder que se viste y desviste permaneciendo siempre igual en su sustrato: despótico e indigno.

 

Dice el señor Arias que no hay víctima mayor que la población inocente, y tendría razón, si comprendiera a dicha población, no en el “hoy” de éste conflicto, sino en el hoy continuado de la desconsideración y uso abusivo que hace su clase dominante y sus guardias pretorianas, desde larga data.

 

Asimismo, y destacando el concepto final de la presentación del señor Arias de su Acuerdo, él hace gala antes que de un acuerdo históricamente válido, de un acuerdo históricamente perverso, al dar como posible la realización de un golpe de Estado y su posterior componenda en caso de que el mismo no resulte como lo idearan sus hacedores.

 

O sea que los golpes pueden hacerse y luego deshacerse y que lo que hubo en el medio, y aquí ya ingresamos al texto mismo del Acuerdo, es y será perdonado, olvidado.

 

No es original, ciertamente, el señor Arias Sánchez, pues este tipo de interregno ya es dable hallarlo en no pocas constituciones en el mundo, desde los llamados “Estados de Excepción”. Pero hacerlo también, y sentar precedente, para los golpes de Estado, es un despropósito que, no ya como hombre culto, sino como hombre de Derecho, dicho señor debiera recapacitar y disculparse ante la comunidad internacional en general, y ante los pueblos hermanos de la región en particular.

 

Es cierto también que el ex Premio Nobel de la Paz, hizo lo que pocos hacen: dar un paso al frente en la búsqueda, lo descontamos, honesta y sincera de una solución al conflicto.

 

Sólo que lo hace desde su condición de parte estamental de una clase dominante y buscando arribar a una solución que haga que permanezca inalterado el statu quo anterior al conflicto, es decir, que sus pares estamentales sigan arriba y los otros, abajo.

 

Cierto es también el afirmar, despojado de toda ironía, que bueno es saber y contar con un portavoz del sentir de los EUA, de la talla cívica y el talante democrático, del señor Oscar Arias Sánchez. Conviene, a su vez, destacar no sólo el talante de este gran costarricense sino, y especialmente, el de todo el pueblo costarricense, ejemplo de civilidad tanto para el Caribe como para la región entera.

 

Costa Rica, con lazos históricos y fraternos con mi país, el Uruguay, está más allá de toda crítica sutil o artera, no porque esté en el Olimpo sino porque en la arena de la vida del hombre y de la mujer, a lo largo de su historia, se ha dado a sí misma y al mundo, prueba inequívoca de su papel rector en cuestiones de civilidad y convivencia pacífica.

 

Así y todo, de regreso a la consideración de la cuestión hondureña, nos permitiremos dar una crítica más exhaustiva al llamado “Acuerdo de San José”, que culmina en la observación severa de dos de sus numerales –el 2º y el 3º - por considerarlos altamente riesgosos, como antes expusiéramos, para la suerte institucional y democrática de todo pueblo que se digne formar parte de un Estado-Nación.

 

Pero hay más a decir

Es a todas luces, no sólo peligroso sino también reprobable, el colocar en el ya referido numeral 3º del citado acuerdo, expresiones tales como las siguientes: “Para lograr la reconciliación y fortalecer la democracia, reiteramos nuestro respeto a la Constitución y las leyes de nuestro país, absteniéndonos de hacer llamamientos a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, de modo directo o indirecto, y renunciando también a promover o apoyar cualquier consulta popular con el fin de reformar la Constitución para permitir la reelección presidencial, modificar la forma de Gobierno o contravenir cualquiera de los artículos irreformables de nuestra Carta Fundamental.” (El subrayado es mío). Y sigue el texto en cuestión.

 

No sólo es un completo desaguisado este artículo, como también manifestamos igual criterio para con el 2º, sino que desnuda una supina incomprensión de lo que una Carta es o puede aspirar a ser.

 

Digamos, siquiera lo que no es: un texto cerrado; una biblia profana que jamás podrá ser reconsiderada.

 

Que el señor Arias Sánchez haya pergeñado o consentido en pergeñar tamaña ignominia nos resulta tan sorprendente como lamentable.

 

Querer cerrar la realidad entre candados dogmáticos, escondiendo, sin conseguirlo, la real cuestión que está dilucidándose: la suerte de los hondureños de a pie, de los más postergados, bien como de la posibilidad de que una Nación se piense a sí misma y así, si el soberano lo decide, mediante sufragio universal, reformarse, es a todas luces un disparate merecedor, antes que de bajos calificativos, de nuestra más repudiable condena.

 

En suma, en cuanto a lo aquí considerado, preferimos citar el parecer de otro costarricense, el señor Walter Ruben Hernández Juárez, quien, en artículo publicado el pasado 24 de julio de 2009 e intitulado “Crónica de una mediación fracasada”, en el periódico La Prensa Libre, de San José de Costa Rica, manifestaba entre otros conceptos, los siguientes:

 

Creemos que el Presidente de Costa Rica no es un boy scout para brincar con un ¡siempre listo! a una llamada telefónica desde Washington, que ni siquiera fue de su colega Presidente”

 

“Creemos también que el Presidente de Costa Rica no tiene necesidad de sentarse a mediar en una mesa con personal subalterno, de segundo orden, para eso tiene a sus subalternos y recaderos.”

 

“Creemos, como lo hemos venido diciendo en muchas ocasiones, que el Presidente de Costa Rica, no puede quitarse esa condición y asumir la de Premio Nobel de la Paz cuando le venga en gana, después del 8 de mayo del 2010 podrá hacerlo, mientras tanto es el Presidente de la República, es el Presidente de todos los costarricenses y debe medir muy bien sus acciones y palabras.”


“Creemos que era importante darle un espacio al diálogo, pero un diálogo coherente y no una discusión entre sordos.”

 

“Creemos también que este diálogo en la casa del Dr. Arias fue más una maniobra dilatoria que otra cosa.”

“Por ello manifiesto que si bien creo que el señor Arias cometió algunos errores de forma en la manera en que se llevó a cabo esta mediación, no es el responsable de su fracaso. Más bien hay que reconocerle su afán de ayudar en algo que era una crónica de una mediación fracasada, parafraseando a García Márquez.”

 

Y es que el problema de Honduras es mucho más grande que el territorio delimitado por las fronteras de este país centroamericano, el problema que se debate en estos momentos abarca toda América Latina.” (El subrayado es mío).

 

El señor Hernández Juárez, culmina su muy importante artículo, con una frase a la que gustosamente adherimos y que dice lo siguiente:

Definitivamente el diálogo fracasó mucho antes que las partes se sentaran en la casa del Dr.  Óscar Arias Sánchez. Y fracasó porque esto no es un problema solo de Honduras, es un problema más grande, es un problema de Latinoamérica, donde la solución que parece buscarse no es precisamente la del diálogo y el respeto a los principios constitucionales, sino más bien de cómo acomodar las cosas para que la solución parezca lo más legal posible.”

 

Por último, vuelvo al inicio de las palabras del señor Arias Sánchez en su presentación del acuerdo.

 

Al comenzarlas, el ex Premio Nobel de la Paz, hace mención al noruego Henrik Ibsen, que nos recuerdan al argelino-francés Albert Camus, con su mito de Sísifo.

 

Pero respecto de Ibsen, el señor Arias Sánchez sabe también, y muy bien, que fue un hombre a quien le cupo la defensa de la moral y el embate contra la doble moral. El gran noruego fue un cultor de los derechos del hombre y de la mujer, especialmente de ésta, en aquellos tiempos tan difíciles para la emancipación de la mujer, pero además fue un cultor de lo histórico y mitológico.

 

Así, nombrar a Ibsen es traer a colación, la mejor defensa de la ética, la moral – que no la moralina -, bien como y en cuanto a mitología, recordar la de Sísifo.

 

Sísifo, a contrario del señor Arias Sánchez, no contaba con el favor de los dioses, en sus diversos estamentos del Olimpo, y sí con su eterna condena.

 

Y a pesar de ello, Sísifo, al cumplir la pena impuesta, y antes de volver a acatarla, tenía un instante de respiro en el que, desde la altura de su figura erguida, alcanzaba a tener una mirada abarcadora de su circunstancia, luego de su lugar en la eterna porfía de un rebelde ante el peor de los destinos: persistir en su idea de ser tan libre como auténtico.

 

Más vale ser, a este respecto, un digno Sísifo, que un triste Fausto.

 

 

III _ Honduras, la SIP, los grandes medios de comunicación y la Iglesia hondureña

A - La SIP.

 

No quiero dejar de mencionar la flagrante amnesia que sufre la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) al no haber emitido comunicado alguno, no ya contra el golpe de Estado en Honduras sino y específicamente contra las múltiples y constatadas violaciones a los Derechos Humanos de periodistas radicados en Honduras, bien como las violaciones contra algunos medios de comunicación hondureños que se atrevieron a desafiar a los gorilas de turno.

 

Será que la SIP recuerda nostálgicamente, los tiempos en que lo anormal era lo normal y toda aparición de “aquella” normalidad la hace alentar regresos imposibles a un pasado oprobioso.

 

Que conste, pues, nuestra condena. Una más en las múltiples que diferentes medios sudamericanos, por ejemplo el diario argentino Página 12, en pormenorizado artículo de Atilio Borón, publicado el domingo 26 de julio de 2009, hace al respecto.

 

B - Los “grandes” medios de comunicación americanos.

                       

Son propiedad de las familias “patricias” o estamentales que, desde la clase dominante, procuran una y otra vez, emitir, las “homilías” de su religión, la del neoliberalismo, ese que dicen que no existe pero que siguen con mayor fervor que el mensaje del Gran Iniciado al que dicen, también, suscribir pero cuyas acciones, corporativas y personales, hablan en un sentido diametralmente opuesto.

 

 Esconden y deforman la realidad de los hechos, trivializándolos y/o llevando, dentro o fuera de contexto, al curso de agua que más les conviene.

 

Que conste, pues, también, nuestra permanente condena y el respectivo llamado a asumir nuestra responsabilidad como personas, luego como sujetos de derecho que forman parte de una comunidad, a ser protagonistas de nuestro destino y así, coadyuvar, desde la arena de lo público, a que el discurso que se emita por estos medios, sea contrastado por la información boca a oído, o celular mediante, que presente otra opción informativa, a la deformadora de aquellos.

 

C – La iglesia hondureña

 

Como dijéramos en la primera entrega, el vértice superior esclerosado de la Iglesia hondureña ha hecho lo suyo para que esta situación que hoy se da, se mantenga.

 

Valgámonos, también, de la palabra de sus propias autoridades, varias semanas antes del golpe de Estado, para ver en qué sintonía estaba esta institución.

 

Bajo el título de “Pastoral católica afirma “sistema democrático se hunde” en Honduras, se presentaba un artículo en el diario La Tribuna, de Tegucigalpa, fechado el 5 de junio del 2009.

En el mismo, encontramos perlas como las que a continuación detallaré:

La Comisión Nacional de Pastoral de la iglesia católica de Honduras afirmó hoy que el sistema democrático del país se hunde con la pérdida de credibilidad y confianza de la población en sus instituciones.”

“Se ha perdido la credibilidad en la Constitución de la República, en los partidos políticos, los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, el Tribunal Superior de Cuentas y otras instituciones, subraya hoy una carta de la Comisión Nacional de Pastoral difundida hoy.”

 

“La carta recoge varias reflexiones sobre la situación política interna que vive Honduras, derivada de las pretensiones del presidente del país, Manuel Zelaya, de instalar una Asamblea Nacional Constituyente para reformar la actual Carta Magna, que data de 1982”.

 

“Pareciera que se ha olvidado al pueblo y el bien común, razón para la cual existen el Estado, los partidos políticos y todas las demás instituciones”, subraya el documento.”

 

Y siguen las perlas de un collar de mastín atragantado con las heces del pasado.

 

Pues recordemos que esa “Carta” fue redactada y votada en plena época del norteamericano Ronald Reagan, cuando asolaban diversos escuadrones de la muerte en territorio hondureño.

 

La Iglesia hondureña ha sido y es, pues, conteste con este golpe de Estado y con el mantenimiento del statu quo de un pueblo sojuzgado.

 

No habla la Iglesia, ni tampoco condena en el mismo documento, cómo se desangra el pueblo hondureño, entre otras cosas, bajo la permanente migración de sus hijos e hijas que van a dar a diversos países de la región o allende ésta.

 

Parece que el libro del Señor lo tienen muy bien forrado pero permanentemente cerrado.

 

IV – La verdadera cuestión hondureña y, por extensión, americana.

La verdadera cuestión planteada, desde larga data, en suelo americano, hace a la lucha de clases y a la permanencia en nuestros países de clases dominantes que en modo alguno aceptan cambios que la debiliten.

 

Se trata, pues, de una cuestión donde lo humano está siendo jaqueado por lo inhumano. Donde el Derecho sirve, en tanto en cuanto sea un Derecho para la permanencia de las ventajas y divisiones de clases, donde los de a pie nunca tengan la menor oportunidad de mejorar su situación, por considerar este paso atentatorio contra la permanencia de privilegios de nuestras respectivas clases dominantes.

 

Así es que éstas se han agrupado de diversos modos y en diversos planos de la realidad. Uno de ellos, el más notorio, es el de los medios de comunicación y todos aquellos otros artilugios que sirvan a su propósito – léase, por ejemplo, la SIP -.

 

Dejemos que otros americanos expresen aquí su parecer.

 

Por ejemplo, el costarricense Arnoldo Mora, desde el diario La Tribuna, publicó un artículo, el pasado viernes 24 de julio de 2009, intitulado “La encrucijada hondureña”, del cual citaremos los dos párrafos iniciales, bien como el final, pero cuya lectura completa y atenta, recomendamos vivamente.

 

Dice así don Arnoldo Mora: “La importancia de lo que ahora está sucediendo en Honduras demuestra que ya no se puede retroceder al pasado, hasta el punto de que lo dado en tiempos anteriores sólo sirve de materia de reflexión pero no de modelo a seguir. Quienes siguen pensando como si todavía viviéramos en tiempos de la Guerra Fría, no hacen más que añorar una época que hace días dejó de existir y sólo sigue viva en sus esclerosadas mentes. Sus patéticas reacciones ante una realidad cuya dinámica los ha sobrepasado, tan sólo demuestran que son fósiles vivientes. Los procesos que hoy tienen como escenario a prácticamente toda Nuestra América, no son obra de mentes o engendros del infierno, sino una clara demostración de la obsolescencia de un sector socioeconómico que hoy ha perdido vigencia, como son las oligarquías criollas, que hoy parecen estar dispuestas a suicidarse, apegadas a un poder que les confería privilegios que el mundo entero rechaza.”

 

Y luego de extenderse en un análisis profundo, el costarricense termina de esta forma su artículo: “El mundo entero pero, en especial, los pueblos de Nuestra América, están a la expectativa del desenlace de la situación hondureña, porque en no poca medida de ahí depende lo que serán las relaciones entre las dos Américas en los próximos años.”

 

Apelo también a la investigación y reflexión de otra costarricense, la señora Maricel Sequeira quien, desde el diario Nación, de San José de Costa Rica, con fecha 26 de julio de 2009, en un artículo intitulado “Polarización política da paso a lucha de clases en Honduras”, daba en la diana del problema de la nación hermana, asimilable a tantas otras de nuestro continente.

 

Decía así, la señora Sequeira, en un pasaje de su estudio que, al igual que los anteriores, recomendamos vivamente su total lectura:

 

Hay en el norte de Honduras una comunidad llamada Guadalupe Carney donde viven 800 familias campesinas. La tensión que se vive en el lugar desde el golpe de Estado hace temer una confrontación entre ejército y pobladores. Guadalupe Carney representa la lucha que se está perfilando en Honduras detrás de la polarización entre “zelayistas” y “golpistas”: la lucha de clases.”

 

“(…) Es notorio que en Honduras se está dando una lucha de clases. Se ve en el tipo de gente que asiste a las marchas de uno y otro bando. Es visiblemente notorio que hay diferencias de clase. Igual si se observa el entre el ejército y el movimiento popular de base”, afirmó Marcia Aguiluz, abogada de Cejil quien estuvo esta semana en ese pais.”

 

Extractos éstos, de un detallado informe donde se puede constatar vívidamente cuál es la real cuestión a dirimir en la región: la suerte de los más desfavorecidos y su inserción, digna y equitativa, en el pleno de cada una de nuestras sociedades.

 

En este sentido, entonces, todos somos partes de Guadalupe Carney, pues su lucha es, a no dudarlo, la nuestra.

 

Terminaré esta entrega, valiéndome de parte del pensamiento de otro costarricense, el señor Esteban Josué Beltrán Ulate quien, el artículo intitulado “Reflexiones sobre el conflicto en Honduras” fechado el 23 de julio de 2009 y publicado por el diario La Prensa Libre, de San José de Costa Rica, manifestaba centralmente lo siguiente:

En la actual coyuntura hondureña, la voz de la comunidad internacional debe hacerse escuchar, iluminando con reflexiones posibles acciones, que se podrían dar en el renacer de una Honduras libre y en desarrollo hacia una verdadera democracia de esas que ningún pueblo latinoamericano ha logrado aun.”

 

“Estos momentos de agonía y tensión en Honduras deben transformase en dolores de parto, hacia el alumbramiento de un pueblo democrático, del nacimiento de una civilización de la persona.” (El subrayado es mío).

 

Y al terminar esta entrega me miro y le miro. Sí, le miro a usted y me miro a mí, en el espejo de nuestras respectivas conciencias. Y conciencias que sean, no sólo psicológicas sino y especialmente, morales.

 

Y me digo (y usted, si quiere, repita junto a mí) aquellas palabras que salen de una canción de rebeldía:

 

¡NO, NO NOS MOVERÁN!

 

Y ya sabe usted cómo sigue:

 

Y el que no crea
Que haga la prueba
¡No nos moverán!

 

[1] Redactado el domingo 26 de julio de 2009

 

[11] Camus, Albert, “El mito de Sísifo”, Alianza Editorial, Madrid, año 1999, Pág. 160.

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