|
La belleza, un anhelo cada
vez más comercializado
por karla
Alejandra Rojas Armijos
La estética es importante para la autoestima, pero
llegados a un extremo, “la imagen” se convierte
en el vehículo para ser feliz.
La globalización económica ha
introducido muchos cambios en el estilo de vida. La
moda y la estética también se ven inmersos en el
proceso de creación de nuestra propia identidad. La
pluralidad de la moda se ve expuesta no sólo en los
escaparates sino en nuestros cuerpos. Y aquello que
escogemos se convierte en una marca de identidad.
El cuerpo y la mente se unen
para alcanzar un objetivo: sentirse bien. En el
intento de completar ese proceso encontramos dietas,
cremas, gimnasios, cirugías y, en el peor de los
casos, enfermedades.
La diversidad puede llegar a
amenazar la libertad. La moda es un negocio y
necesita consumidores. La ropa marca un estilo,
promete una libertad nunca antes vista donde la
mujer es más dueña de sí misma. ¿De verdad somos tan
libres como para escoger nuestra propia imagen? El
cuerpo se construye de acuerdo a un canon, el de la
moda. Y el círculo mediático es el que marca la
polémica.
La talla de las modelos y su
extrema delgadez ponen las pasarelas y diseños
imposibles en el punto de mira y hacen que se
cataloguen como malos ejemplos.
Este mundo es poco real para la
mujer de a pie. Lo que muestran no está al alcance
de todos, menos aun en estos tiempos de crisis. En
los tiempos que corren, lo llamativo resulta caro y,
ahora más que antes, las rebajas son la mejor
opción. Incluso el número de las operaciones de
cirugía estética ha disminuido.
Lo que subyace es la idea de
belleza, pues resiste ante el canon implantado. La
libertad que la moda de hoy propone es la de
convivir con distintas tendencias. El volumen y la
fuerza que ha alcanzado la industria de la moda y la
estética van de la mano con el auge de la publicidad
y el despliegue de algunos medios de comunicación.
¿Podemos entonces escoger o
dependemos de la propia imagen? A todos nos gusta
sentirnos bien, el problema surge cuando nos dejamos
de sentir libres al sentimos obligados por un
determinado modelo.
Con cada estación, nuevos
modelos proliferan en las revistas. En el caso del
verano, con la llegada del calor, la ropa pone en
evidencia las curvas o la excesiva delgadez. En el
primer caso se quiere adelgazar y en el segundo ya
es una necesidad.
La Fundación ABB lucha para
prevenir y proteger a los jóvenes vulnerables de
padecer trastornos alimenticios como la anorexia y
la bulimia. Según esta institución, un 40% de las
enfermas ha iniciado el proceso de adelgazamiento
probando de las denominadas “dietas de verano”.
La anorexia se considera la
tercera causa de enfermedad crónica entre
adolescentes españoles, con un origen emocional y
psiquiátrico. La bulimia es otro trastorno severo de
la conducta alimentaria en la cual los enfermos
vomitan, toman laxantes y realizan ejercicios
extenuantes para prevenir el aumento de peso. Los
trastornos van acompañados de un miedo enfermizo a
engordar. Hoy, la presión sociocultural tiende hacia
la esbeltez y se lleva al extremo con la
estigmatización de la obesidad.
Si no se puede lucir un cuerpo
perfecto, decae la seguridad personal, basada en el
aspecto físico. La estética es importante para la
autoestima, pero llegados a un extremo, “la imagen”
se convierte en el vehículo para ser feliz.
En los últimos años, la
preocupación por el cuidado de la estética ha dejado
de ser un patrimonio exclusivo de las mujeres. Una
imagen agradable es una obligación social para los
hombres también. Además de tener una dimensión
social, la moda es un lenguaje personal que dice
muchos nosotros, quiénes y cómo somos.
La moda es comunicación, tanto
en la faceta social como en la personal. Una de sus
funciones es gustar. Por eso, la búsqueda de la
belleza es uno de los ejes principales para
conseguir libertad, un anhelo que cada vez se
comercializa más.
Periodista española
ccs@solidarios.org.es
LA
ONDA®
DIGITAL |