|
El solitario
voto “white”
por El
Perro Gil
Los
que pasamos las cuatro décadas recordamos todavía lo
que fue el espacio verde conformado por aquellos
sectores de opinión que no admitieron nunca la
vergonzosa solución legislativa de la Caducidad de
la Pretensión Punitiva del Estado o Ley de
Impunidad.
Todavía recuerdo el ambiente de
terror y miedo que sembraron por aquel entonces
–gobierno de Julio María Sanguinetti, (“el cambio en
paz”)- con un Ministro de Defensa que encajonó
fuertemente las citaciones de los militares que
empezaban a llegar a los cuarteles para que
rindieran cuenta de sus delitos de lesa humanidad.
El Gral. Medina era el citado y eran tiempos de
“gobernabilidad” y el retiro tristemente recordado
de Wilson, entregando los votos necesarios para dar
nacimiento al más denigrante acto legislativo que
aún hoy avergüenza nuestro ordenamiento jurídico.
Aún recuerdo lo que fue la
triste noche de aquella triste votación que
culminara con la mentada y sobredimensionada asonada
que atribuyeron al Senador José Germán Araújo y le
significara – a la postre- el desafuero que con
votos rosados acallara su voz de lucha en el
Parlamento Nacional. Significativamente era uno de
los principales impulsores de las denuncias de
violación de los derechos humanos y relator de las
atrocidades cometidas por la dictadura, en
recordadas intervenciones que supo tener en cámara,
el extinto líder y comunicador de la vieja CX 30 La
Radio.
A la mañana siguiente de
aquella jornada, el ingenio popular develaba su
bronca de la forma más ingeniosa e inesperada. De
las que recuerdo con más simpatía está aquel cartel
de almacenero sobre Bvar. Batlle y Ordóñez (ex-
Propios), que sobre el cantero central y atado a una
columna decía: “SE ACABARON LOS HUEVOS BLANCOS”, en
clara alusión a los votos otorgados por los
wilsonistas que hicieron posible la sanción de la
ley. Los argumentos esgrimidos fueron que con ello
aseguraban la institucionalidad amenazada por la
negativa de los militares a concurrir a declarar a
los juzgados que los citaban por delitos contra los
derechos humanos.
Luego vendrían tiempos de
juntar firmas para interponer el recurso que
posibilitara la revocación de dicha norma y con ello
recomponer lo que a todas luces se había vulnerado:
la igualdad ante la ley. Junto a la recolección
vinieron las observaciones y las ratificaciones para
llegar al número constitucionalmente dispuesto para
habilitar el referéndum. Otra odisea que movilizó e
hizo posible el festejo no sin una alta dosis de
esfuerzo y militancia.
Las opciones se fijaron en
color verde para la derogación y en color amarillo
para el mantenimiento de la vigencia de la norma.
Hoy son otros tiempos y lo que
parecía imposible se tornó realidad con
representantes de aquella historia oscura del país
entre rejas purgando su culpa y siendo juzgados por
la misma ley que esgrimieron para su defensa. Claro
que la voluntad política es otra y el invento
terminó matando –juzgando es la expresión correcta-
al inventor. Bastó la voluntad de un Presidente de
la República para que habilite la investigación y
juicio al amparo del artículo 4° de la referida
norma, para que los uruguayos y el mundo conocieran
los nombres y la cara de los que por muchos años
fueron solamente desaparecidos. Bastó la voluntad de
un Presidente de la República para que excluyera los
casos que no estaban amparados por la Ley (absurdo
inconstitucional que vulnera el principio de
separación de poderes), para que fueran enjuiciados
los autores de delitos de lesa humanidad devolviendo
dignidad republicana al Estado. Bastó la voluntad de
un Presidente para encontrar restos de uruguayos
desaparecidos enterrados en tierra oriental. Todo lo
cual se obtuvo utilizando las mismas herramientas
jurídicas con que contaron anteriores gobiernos
democráticamente elegidos, que no obstante el
mandato soberano, no supieron honrar como debían.
Aquel recordado voto amarillo
coloca en la encrucijada a una oposición que nada
dice del tema a sabiendas de ser un talón de Aquiles
que provoca una más (de las muchas) inconsistencias
ideológicas que ostentan. El silencio absoluto que
mantienen en el tema del voto para anular la Ley de
Caducidad, es una piedra en el zapato de la
oposición rosada. Mantener la coherencia de su
pensamiento puede aparejarles sendas inconsistencias
a la hora de defender su postura y no menos
desencantos para quienes aspiran a un país más justo
y democrático.
El rumor de instalar una
amnistía para los violadores de los derechos humanos
hoy encarcelados, está sobrevolando el ambiente y es
una paradoja a resolver en el discurso blanco. Tanto
como el voto epistolar que también se dirime en
octubre. Temas que atraviesan el entramado social
uruguayo y ponen en la disyuntiva de emitir mensajes
claros a quienes aspiran a llegar a posiciones de
gobierno.
Las posiciones no están nada
claras en tiendas blancas a menos de 90 días de
dirimir la madre de todas las elecciones que tiene
el Uruguay cada cinco años. El silencio a estas
alturas es por demás elocuente y permite aventurar
una postura contraria a ambas iniciativas. Un voto
en solitario parece que será finalmente la
estrategia y seguramente apelen al argumento de
“dejar en libertad de acción a los votantes”. Una
manera fácil de lavarse las manos y no comprometerse
en causas de las que no están convencidos ni mucho
menos.
Mientras tanto, la fuerza de
gobierno ensobrará las papeletas conjuntamente con
las listas, y no hay vacilaciones de ningún tipo.
Ambas consultas representan consignas largamente
discutidas y apoyadas por la izquierda uruguaya y
solo generan más cohesión en un voto comprometido
con esas causas.
Por lo expuesto, en octubre no
votes en solitario, votá por anular la ley de la
vergüenza y por habilitar el voto de los uruguayos
en el exterior. Eso sí, también votá por vos y dale
cinco años más a los cambios...
el hombre metía papeletas y
listas,
y usaba la lengua del perro pa’
cerrar el sobre...
LA
ONDA®
DIGITAL |