Bases militares:
el realismo mágico
transformado en práctica política
por Antonia Yáñez

¿Como entender tanta contradicción sobre el tema “bases militares en Colombia” entre todos los actores del tablero americano de norte a sur?. Que los sudamericanos se expresen desunidos y contradictoriamente no es novedad, auque sí tragedia, cuando el conflicto es en su propia región.

 

Así se posicionaron al recibir al presidente Uribe en su gira de autoexplicación: Argentina - Cristina Kirchner: "Permitir bases militares de EE.UU. será una agresión a la democracia". Brasil - Luiz Inacio Lula da Silva: "La aprobación del acuerdo con EE.UU. podría convertirse en una bomba de tiempo". Bolivia - Evo Morales: "Creo que la historia reconocerá cuánto se ha hecho a favor de la democracia gracias a Uribe". Chile -Michelle Bachelet: "Un acuerdo que se delimite a territorio colombiano es tema de soberanía colombiana". Perú - Alan García: "Cada país es soberano para admitir la presencia de militares extranjeros". Paraguay - Fernando Lugo: "Respetamos la no intervención en los asuntos internos de otros Estados". Uruguay: Tabaré Vázquez: “reiteró la posición histórica del Uruguay contraria a la existencia o establecimiento de bases militares extranjeras no sólo en el país, sino también en cualquier territorio de América Latina”.

 

Quien encendió la luz de alarma hace una semana fue Brasil; “queremos saber exactamente que es esto de las bases de EE.UU. en Colombia” repitieron en varias direcciones los cercanos hombres de gobierno del presidente Lula.

 

Horas después llegaba a Brasilia el consejero de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama, el general retirado Jim Jones. Más tarde era el propio presidente Uribe que cerraba su gira de 24 horas por varios países sudamericanos, excepto Ecuador y Venezuela que han expresado su enérgico rechazo a las bases, reuniéndose por más de dos horas con el presidente de brasileño, el canciller Celso Amorim y su concejero para temas internacionales Marco Aurelio García.

 

¿Qué dijo Brasil horas después por boca del  portavoz de la Presidencia, Marcelo Baumbach? “Es fundamental que se otorgue algún tipo de garantía formal, de garantía jurídica, en el sentido de que posibles operaciones (militar conjuntas con Estados Unidos) ocurran estrictamente dentro del territorio colombiano”.

 

El canciller Amorim había afirmado: “Si fuese lo mismo que ya tenían, no necesitaban hacer un nuevo acuerdo, ¿no es así?.  La impresión es que las bases sirven para la operación de aviones con un radio de acción muy grande. (…) “es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia”.

 

Amorim habló de “bases”, luego de las reuniones con el general retirado Jim Jones y con Uribe el portavoz Marcelo Baumbach habla de;” operaciones militar conjuntas- USA Colombia”.

 

Solo 12 horas después el presidente de Estados Unidos, Barack Obama dice con mucho énfasis: “No tenemos intención en establecer una base militar estadounidense en Colombia” (…) “Ésta es una continuación de la asistencia que hemos estado otorgándoles. No tenemos intención de enviar grandes cantidades de soldados adicionales a Colombia y tenemos interés en ver a Colombia y a sus vecinos operar pacíficamente.” (…) Hay quienes han estado intentando manipular con esto en la región como parte de una tradicional retórica antiyanqui. Esto no es correcto”, dijo Obama.

 

Pero para que el asombro no le gane a la reflexión serena, tengamos en cuenta que fue el propio jefe del ejercito colombiano Freddy Padilla (que no se caracteriza por ninguna “tradicional retórica antiyanqui”), quien durante la semana que se cierra en una reunión conjunta con el general Douglas Fraser, jefe del Comando Sur del Ejército de EE.UU. en Cartagena, señaló: las bases a utilizar son: “Malambo, en el departamento de Atlántico; Palanquero, en Cundinamarca, y Apiay, en Meta, Tolemaida, en Cundinamarca, y la de Larandia, en Caquetá. Y las navales de Cartagena y Bahía Málaga, en el departamento de Valle del Cauca”.

 

Mientras tanto en la misma reunión, el general Douglas Fraser, agregaba que “desde hace tiempo militares estadounidenses están trabajando en colaboración con Colombia. Eso se hace de forma muy abierta y es coordinado con el Congreso de Estados Unidos, y eso va a continuar”.

 

En concreto, al momento de escribir esta nota, finalmente Brasil  se  abstuvo de una condena explícita al plan de las “bases”. Chile no mantuvo el discurso de Michelle Bachelet expresado días antes al visitar Brasil y se decidió por una posición más afín a la de su ejército; “Un acuerdo que se delimite a territorio colombiano es tema de soberanía colombiana". La presidencia paraguaya contradijo una vez su discurso y apoyó decididamente a Colombia.

 

Al ser visitados por Uribe, los presidentes de Argentina, Uruguay y Bolivia le expresaron con formal amabilidad estar en desacuerdo con este plan. Se debe reparar que Uruguay es el único país donde la totalidad de los partidos políticos respaldaron a su presidente en la negativa de aceptar bases militares en territorio sudamericano.

 

 Al iniciarse la semana los presidentes de Sudamérica, se encontraron en la Unasur, con la ausencia de Colombia. No han quedado aclaradas las múltiples contradicciones en que hace tan pocas horas la mayoría de los actores han incurrido ante esta nueva crisis regional, desatada por un acuerdo entre Bogotá y Washington, que busca aumentar la presencia militar norteamericana en el continente, como nunca antes lo tuvo.

 

Esto sucede cuando aun está pendiente y sin solución el retorno a la institucionalidad de Honduras, víctima de un clásico golpe de Estado.

 

La novedad en este contexto es el extremo énfasis que coloco el presidente Obama a sus palabras, al decir que lamenta no tener “un botón” para restaurar en su gobierno al depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya.

 

El indudable avance en el ejercicio de la democracia de los países de este continente, admitiendo por el momento que este fenómeno también se expresa en la llegada de Obama al gobierno norteamericano. Pero se sigue mostrando muy débil y frágil ante los poderes militares de la región.  Si a esto se agrega la retórica infantil de quienes en nombre de transformaciones radicales exacerban y conceden- no en planos de las armas - sino de la política y la geopolítica, que es aun mas grave, estaremos mas cerca de confundir el realismo mágico, con la realidad.

 

Los gobiernos de la región se han acostumbrado con demasiada frecuencia a dar por resuelto los grades temas con solo tratarlo o enunciarlos públicamente. Los hechos actuales están cargados de dudas, confusiones y contradicciones, no dando demasiado espacio a la verdad, pero sí habilitándole créditos a la afirmación cargada de ironismo de Anatole France que dice: “Cuando se alza un poder ilegítimo, para legitimarlo basta reconocerlo”.

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