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¿Recordar a Lorenzo
Latorre? ¡Nunca!
por
Alfredo E. Allende*
Una reflexión, a modo de ecuación: el
latorrismo significó escuelas + telégrafos + correo
+ puentes + trenes + jueces letrados para al campaña
+ alambrado + producción + instituciones = Estado,
civilización, unidad nacional, libertades y derechos
humanos.
¿Libertades? ¿Cómo?,
¿no fue un tirano? En vez de proclamar las
libertades y los derechos humanos, ambos fueron
consagrados sin bellos discursos por el Coronel
Lorenzo Latorre. Vayamos a los hechos, enumerados
sin ordenamientos precisos:
El perdón
indiscriminado a los insurgentes de 1875 que el
propio Latorre derrotó en su calidad de Ministro de
Guerra; el comienzo efectivo de la terminación de un
espantoso abuso, el de las levas; la ausencia
absoluta de destierros o persecuciones políticas; la
libertades de prensa y agremiación; la creación de
la justicia de paz letrada en la campaña en
resguardo de la dignidad de sus habitantes de
cualquier condición social; la prohibición de toda
clase de castigo corporal inflingido a los
educandos, norma de suma importancia en tiempos de
recias y duras costumbres aceptadas; el derecho a la
intimidad y la libertad de contraer matrimonio sin
quedar supeditado a ninguna instancia que no fuera
laica; la eliminación de la censura en los teatros;
la autonomía para disponer de la propiedad privada,
vedada en el ámbito rural hasta entonces de hecho
por las violencia predominantes; el establecimiento
de una cárcel moderna y de normas de procedimientos
acordes con los principios actualizados de la época;
la democratizadora reforma universitaria, insólita
para su tiempo, de avanzada continental. (Y téngase
presente que entonces, 1876-1880, existía la
esclavitud para masas humanas en el Brasil, los
Estados Unidos de Norteamérica habían finalizado
hacía poco una guerra en la que el vasto Sur
defendió el “derecho” a poseer esclavos, la
Argentina encaraba una guerra de eliminación del
indio y enviaba a los delincuentes al gélido
presidio en la Isla de los Estados, luego
transferida a Ushuaia).
Se me permita una
apostilla. Fue levantada una fuerte y curiosa
objeción contra la Educación Común porque se
introducía a la mujer como maestra en las escuelas y
porque en los grados preliminares las aulas eran
mixtas para los alumnos; se temía una posible
feminización de los varones. Mérito del Reformador
consistió en ignorar estas acerbas críticas y del
gobernante aceptar una innovación que no se
compadecía con los prejuicios de la vida de cuartel
ni en general de su tiempo, pacato y misógino.
Poco se sabe, o no se
quiere saber, de la su intervención continua en
respaldo del Educador, al que él designó y del que
Latorre recibió un conmovedor agradecimiento
manuscrito por el propio Varela, redactado en su
lecho de muerte, de agradecimiento por la obra que
le permitió realizar, señalando que sin el jefe de
Estado no hubiese sido posible efectivizar la
revolución educacional. Con Latorre en el gobierno y
dentro del marco de libertad imperante, se crearon
bibliotecas populares y salas de lectura. La
Biblioteca y el Museo de Montevideo fueron colocados
en 1879 bajo la dependencia de la Comisión de
Instrucción Pública. Aquellas instituciones, hasta
entonces sin actividad, sin vida, fueron vinculadas
de tal manera a las escuelas primarias, hecho que
les otorgó un notable impulso, como lo reconoció
Eduardo Acevedo. No vaya a ser que se entere la
gente que fue Latorre el creador de la Facultad de
Medicina, que con él en el gobierno y dentro del
marco de libertad imperante, se crearon bibliotecas
populares y salas de lectura, que la Biblioteca y el
Museo de Montevideo fueron colocados en 1879 bajo la
dependencia de la Comisión de Instrucción Pública y
que aquellas instituciones, hasta entonces sin
actividad, sin vida, fueron vinculadas de tal manera
a las escuelas primarias, hecho que les otorgó un
notable impulso, como lo reconoció Eduardo Acevedo.
No vaya a ser
que también se difunda el hecho de la protección que
brindó a la manufactura nacional hasta tal punto que
la tecnificación rural adquirió en 1879 una
velocidad inédita. Se sustituyeron importaciones y
los uruguayos empezaron a proveerse localmente de
ropa, incluso zapatos, carruajes, muebles,
materiales de construcción que precedentemente se
traían del exterior. No por casualidad en 1879 se
creó “La Liga Industrial”, primera organización
gremial encaminada a representar los derechos de la
incipiente manufactura.[i]
Sería perturbador, para el los directores de la
cultura uruguaya, conocer algo que era de la mayor
importancia por entonces: hubo, desde 1877, una
merma de importación de la galleta común, de
legumbres secas, de fideos, cebada y alpiste,
mercaderías vitales para la población en general. Se
hizo cesar la introducción de harina, aspecto éste
de fundamental significación para la economía del
país, y también para su autonomía respecto del
exterior. Ahora bien, toda “esa producción ayudó
a los pobres a ganarse la vida, a los pequeños
propietarios a mejorar sus campos; tuvo por
resultado general la economía de miles de pesos, que
en lugar de salir del país o cargarse a su pasivo,
han quedado en manos del productor y del trabajador.”[ii]
Cuando en la Argentina, se obtuvo el mismo resultado
liberador de las importaciones de harina, por obra
de Carlos Pellegrini y Vicente F. López, se los
alabó -se prolongan actualmente los elogios- en los
textos y en las enseñanzas como modelo de
orientaciones correctas para beneficio de
productores, de consumidores nacionales y a fin de
consolidar la autonomía nacional; en el Uruguay no
se brinda a la memoria del gobernante que hizo
posible ese avance espectacular similares recuerdos.
Otras personalidades
uruguayas ahondaron ciertos aspectos de toda esta
ingente labor, pero sin Latorre no se puede imaginar
-lo ha dicho entre otros Juan J. de Arteaga- un
Batlle y Ordóñez, por ejemplo. Pero en el Uruguay,
en esta querida Banda Oriental para millones de
argentinos, entre los que me cuento, ha sido forjada
una inconmovible fortaleza de olvido cuando no de
desprecio, contra este héroe de la desgraciada
guerra contra el Paraguay, insobornable estadista,
coronel que rechazaba con pertinacia el generalato
ofrecido, creador de la enseñanza pública gratuita
y universal, a este hombre que murió en Buenos Aires
dejando hijos que fueron en sus vidas
incorruptibles, amantes todos de la democracia,
adheridos al radicalismo de la Argentina, expresión
de sus libertades públicas.
Porque ese fue legado
que dejó el Prócer despreciado, a su pueblo y a sus
familiares, aun desde el exilio.
Alégrense quienes por
razones que permanecen en la oscuridad, (aunque
seguramente vinculadas a sus posiciones personales)
odian su memoria: han logrado hasta ahora poco menos
que borrarlo; como les resulta cada vez más difícil
objetarlo, lo silencian. Cuando se suscita interés
por rendir homenajes al pasado Oriental, simplemente
lo omiten. Hipócritas contumaces, miran para otro
lado cuando se habla de su ejecutoria gigantesca: no
vaya a ser que se ensombrezcan las imágenes de
personajes menores, todavía bendecidos por
ignorancia y miedo a tener que reformularse las
bases de la nacionalidad. No vaya a ser que deban
re-estudiar la historia o perder alguna posición por
la imprudencia de expresar la verdad.
Y menos aún: que vaya
a enterarse la población uruguaya que el
investigador Silos Piedra Cueva en su El vicario,
el inspector y el coronel ha expuesto un
hallazgo histórico importante; Latorre produjo un
proyecto para viabilizar la ocupación de tierras por
sectores desplazados o modestos, cuando efectuaba su
mandato en carácter de Presidente constitucional
para el cual había sido designado el 10 de marzo de
1879 por la Asamblea Legislativa; se tocaban
intereses porque se preveía que la supuestas
propiedades o parte de extensiones mayores, habían
sido invadidas por terratenientes.
El asunto fue
dilatado y llevado a las calendas griegas. Este tema
seguramente impactó negativamente en el ánimo del
Presidente que esperaba mediante tal procedimiento
no sólo hacer justicia distributiva, sino impulsar
la economía en proceso de estacionalización debido a
las malas condiciones climáticas, movilizando
recursos en favor del fisco y del desarrollo
nacional. Y tal vez ello lo haya decidido a
renunciar.
Personalmente comprendo a los
burócratas del saber, que no hacen hincapié sobre
todo esto. La serenidad de que gozan podría verse
alterada.
* Intelectual argentino con militancia en el
radicalismo
ex ministro de la presidencia de Arturo Frondizi
[i]
“Breve Historia del Uruguay independiente”,
Benjamín Nahum cap. II.
[ii]
Expresiones de Adolfo Vaillant, jefe de
Estadísticas, extraídas de Reyes Abadie en
su mencionada “Coronel Lorenzo Latorre.
Personalidad. Vida. Obra”. Cap. VIII.
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