Almas de vagar: ¿Un libro
de aventuras o un ensayo?
por Ricardo Fuentes

El nuevo libro de Horacio Tato López, Almas de vagar, es un diario de viaje, pero también una novela de aventuras y un ameno ensayo sobre las luces y sombras del mundo y de quienes lo recorren.

 

El relato empieza en un nocturno club de Copenhague donde el alter ego de Tato López, -Horacio Latesa- recibe un poema de manos de una chica danesa que a su vez lo recibió en la India de un viajero australiano. Ese poema será, de algún modo, la cartografía universal de la novela.

 

El mapa de viaje de Almas de vagar incluye especialmente America Central y el Sudeste Asiático, pero también buena parte de Europa, desde el punto de vista de un uruguayo con fuerte conciencia universal.

 

El inicio del viaje ya plantea una divertida y pintoresca pelea con un español en el aeropuerto de Buenos Aires, conflicto que López aprovecha para mostrar el estado del mundo en ese momento: el pánico que se había generado tras el ataque a las torres gemelas de Nueva York.

 

La primera escala del viaje es Guatemala. Hay una descripción sin concesiones de los contrastes de un país de violentos colores y dulces maravillas. Pero el viaje no es solo el que realiza el viajero por el país, sino también el que hace en sí mismo, por su propia experiencia y sus transformaciones. Finalmente, el viaje por los otros viajeros, el mundo de los hostel y toda su abundante información.

 

A través de episodios cotidianos, Tato nos va mostrando las idiosincrasias, los problemas y las alegrías de los distintos pueblos, con humor, con mucha agilidad y también con una visión del mundo marcada por la impronta de viajes anteriores que le permiten comparar, ensayar, deducir y dar al lector bastante más que un simple itinerario turístico.

 

Así, Almas de Vagar es el diario de viaje que nadie espera: Vietnam, Laos, Israel, Centroamérica, Campos de la Muerte, Himalaya, mundos espirituales, amor, mucho ron y un misterioso poema se mezclan, mientras el relato, que no tiene principio ni final, viene y va incontenible. Lalo Latesa, álter ego del autor, es protagonista de lo que, mochila al hombro, le tocó vivir vagando por el mundo.

 

Quienes esperen de este libro el estilo vertiginoso y la prosa cautivante de La vereda del destino, encontrarán, además, entrelazadas por sus temas, aventuras dignas de un Marco Polo más humano y solidario o de un explorador de Verne exento de racismo y de miseria. Pero Almas de Vagar no es la novela autobiográfica total que, en tres líneas argumentales, superpuestas como multiplot, desplegaba La vereda del destino. Almas de Vagar es un diario de viaje y una lúcida interpretación del mundo en que vivimos, de primera mano de alguien que no lo conoció en plan turista, sino de vivir intensamente cada momento y cada lugar.

 

Es también un canto a la vida, pletórico de optimismo, y un camino de superación, un aprendizaje, donde queda develado lo que nos es dado develar y a la vez, se patentiza el misterio de lo insondable. Hay cosas que quedan ahí, mágicamente, en el misterio y hay un periplo de luz que atraviesa las almas de vagar de los humanos errantes.

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