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En abril Obama no reveló
a Unasur, lo que en febrero
acordó con Colombia
por
Antonia Yáñez
Ninguno de los presidentes
sudamericanos que el 18 de abril pasado en Trinidad
y Tobago se encontró con Obama en una reunión pedida
por este de la Unasur (Unión de Naciones
Suramericanas), sospechó que el mandatario
norteamericano y su equipo ya tenían diseñado un
plan para esta región cuya primera etapa refería a
Colombia.
De aquella reunión de hora y
media, los 12 presidentes y la opinión publica
mundial se quedaron casi solamente con las imágenes
de impacto que generó la amplia sonrisa del recién
llegado a la Casa Blanca y la entrega intempestiva
de Chávez a Obama del libro de Galeano, “Las venas
abiertas de América Latina”. Ningún presidente o
diplomático reveló ninguna clave de aquella reunión
que conduzca a los hechos de estos días. Lo más que
se dijo fue que “EE.UU. acepte un diálogo con Unasur
es una cosa nueva, una señal de respeto grande".
Sin duda viniendo de la década
Bush un "diálogo directo" con América parecía una
revelación política de nuevo tipo, casi un milagro.
Sin embargo salvo que aquellas imágenes mediáticas
provocadas por la entrega del libro de Galeano
obnubilaran a los integrantes de la Unasur a tal
punto que estos perdieran la capacidad de recordar,
nadie parece haber escuchado de la potente voz de
Obama que este negociaba con el presidente Uribe el
“tema bases”. Sin embargo la revista colombiana
Semana.com[i],
acaba de revelar, que ya “…en febrero (se inició)
una negociación confidencial en Washington,
según la cual Estados Unidos podrá usar siete bases
militares en Colombia, a cambio de incrementar el
apoyo a las operaciones que el país desarrolle
contra narcotraficantes y guerrilleros”.
Si se concuerda que Obama,
cuando se reunió con la Unasur en abril, ya había
gestado en febrero el plan de las bases militares en
Colombia, los presidentes que salieron de aquella
reunión diciendo que el tono y el encuentro en si
mismo fue;”una señal de respeto grande", fueron por
lo menos sorprendidos en su buena fe.
Pero casi como una obviedad o
explicitación de los objetivos estratégicos de este
fenómeno, la misma publicación plantea
explícitamente el fondo político o “la geopolítica”
subyacente en este tema: “Ni en Brasil, ni en casi
ningún país se cree que todo el
despliegue de los gringos será para el conflicto
interno de Colombia. Es obvio que Estados
Unidos tiene intereses geopolíticos globales.
Así quedó consignado en un documento del Comando de
Movilidad Aérea del Pentágono de este año titulado
“Global en route strategy”, en el que llaman la
atención dos datos. El primero, que los
norteamericanos quieren cambiar el modelo de bases
(más de cien en todo el mundo) que desplegaron
durante la Guerra Fría, y cuyo concepto es fijo e
inmóvil. Ahora buscan modelos más flexibles, basados
en la cooperación con los gobiernos más que en tener
hombres y aparatos en tierra. Lo otro que dejan
claro en este documento es que quieren monitorear
las rutas que van hacia África. Textualmente, (la
base) Palanquero aparece como parte de ese modelo de
control de rutas de narcotráfico en Sudamérica”.
La publicación reconoce que el
tema clave de “todo esto es disuasión” Agregando
que: “es obvio que Colombia, además de fortalecer su
lucha interna, también busca disuadir a los
vecinos”.
Como este proyecto ha pasado ya
a la fase de concreción, hay varios indicios de que
Brasil ha decidido por estos días acelerar la puesta
a punto de su previsión de hace una década,
“hipótesis de guerra con una potencia
tecnológicamente superior”. El ajuste de esta
hipótesis los ha llevado a una revalorización de
quienes pueden ser potenciales aliados. La
modernización y desarrollo armamentista del gobierno
venezolano de Chávez, hasta ahora visto como
problema puede empezar a cambiar en tanto es uno de
los emergentes con poderío militar significativo
ante un conflicto bélico en la región.
Se abre en Sudamérica una
nueva realidad, donde el factor militar tendrá una
gravitación excepcional y sin precedentes. Lo que
pareció un grito aislado de un grupo de ex
presidentes pidiéndole a Obama al inicio de su
gestión: “América Latina necesita ayuda contra las
amenazas que actualmente enfrenta”[ii],
cobra ahora toda la dimensión de conductas activas
con profundas raíces. No es una novedad que la
ingenuidad con la imposibilidad han integrado el
accionar en “relaciones internacionales” de los
llamados gobiernos progresistas. El periodo que se
abre mostrará cuán profunda es esa falta de
profesionalismo.
Muchos se sorprendieron de la
posición del presidente paraguayo Fernando Lugo al
ser visitado por su par colombiano: "Respetamos
la no intervención en los asuntos internos de otros
Estados". Ahora se conoce “que en la Casa Blanca
y también en el Congreso de EE.UU., (se discute) un
proyecto de ley que propone la inclusión de Paraguay
en el llamado Pacto Andino de Erradicación de las
Drogas y Promoción del Comercio (APTDEA). Este tipo
de acuerdo, que sería extendido en América Latina,
presupone el apoyo militar norteamericano a
acciones de combate al narcotráfico a cambio de
excepciones tarifarias en las transacciones
comerciales”
[iii]
También el senador republicano
Richard Lugar que ya ha presentado en la Comisión de
Asuntos Exteriores de la Cámara de Senadores del
Congreso de EE.UU. una propuesta para conceder
preferencias arancelarias unilaterales a Uruguay,
prevé incorporarlo en la lista de países
“beneficiados” por la APTDEA.
Diversos analistas y
diplomáticos han advertido que los propósitos de
la APTDEA conlleva un compromiso perverso, ya que
mediante este acuerdo se dan preferencias de
importación mientras los gobiernos de los países se
comprometan a un plan de lucha contra el
narcotráfico, que incluye varios aspectos de
carácter policial y militar, en conjunto con fuerzas
norteamericanas.
De aquel encuentro del 18 de
abril de Obama y la Unasur las crónicas fueron: “la
reunión se realizó a puertas cerradas, con un breve
momento abierto a la prensa”. Nunca sabremos, en
cuánto el caudillo venezolano ayudó con su gesto
extrovertido (libro de Galeano por medio), a los
propósitos de los norteamericanos de que aquel
diálogo no tocara la verdadera realidad. Pero ahora
4 meses después el presidente Lula quiere que Obama
vuelva a la Unasur y les de una explicación.
[iii]
Revista Istoé y Agencias
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