Alemania e India y el proyecto LOHAFEX
Un nuevo reto: fertilización
de los océanos
por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

En las últimas décadas se han presentado una serie de experimentos para combatir los efectos del cambio climático. Entre ellos, se destaca el conocido como fertilización oceánica. Este método indica que al “plantar” en el océano limaduras de hierro, éstas estimularán el crecimiento de algas a fin de permitir  fin de que éstas absorban dióxido de carbono de la atmósfera.

 

El PROYECTO LOHAFEX es el sexto que  se realiza desde 1993  con el objetivo señalado anteriormente. En esta oportunidad, el lugar elegido fue el océano austral, dado que para los científicos que vienen estudiando respecto al tema, el océano Antártico que  cumple   función de enlace entre la atmósfera y las profundidades marinas contiene mucho nitrato y poca clorofila , lo que lleva a que a que sus nutrientes    en alto porcentaje sean   desaprovechados.

 

La importancia  económica de los recursos oceánicos se   determina básicamente mediante dos criterios: por una parte, la clase de recursos   hasta hoy conocidos y los potenciales disponibles para su explotación y por la otra, su accesibilidad que es determinada por factores como ser la profundidad a que se halla cada recurso en cantidades explotables y   la estructura geológica del fondo del mar donde se encuentra. En opinión del profesor Richard Eells, tanto lo relacionado a la profundidad como a la estructura geológica  está  estrechamente relacionado con los métodos de explotación disponibles.

 

En 2007,    dos compañías privadas  -una de Australia y otra de Estados Unidos-  fueron impedidas   que realizaran sus actividades de fertilización oceánica; una  en el Mar Sulu (Filipinas) y  otra cerca de las Islas Galápagos (Ecuador) , dado que  en ciertos medios científicos preocupa   no sólo el impacto de tales experimentos, sino también otras consecuencias  que se vinculan  particularmente con los océano, a los que habría que sumarle los efectos potencialmente irreversibles en los ecosistemas.

 

 El proyecto LOHAFEX

Este programa, originado en Alemania y en la India, tiende a estimular el crecimiento del fitoplancton, mediante la “fertilización” con sulfato de hierro disuelto en ciertas áreas de los océanos. Una vez realizada la siembra, se estudiará el efecto provocado sobre el crecimiento de las algas, esperándose que desarrolle un intercambio de dióxido de carbono.

 

Un similar  procedimiento al que enfoca  el proyecto LOHAFEX (loha= hierro en lengua hindú), fex=fertilización) se iba a  llevar a cabo   en el 2007 por una empresa estadounidense cerca de las Islas Canarias pero ante el rechazo manifestado por asociaciones ecologistas, el mismo se paralizó. Simultáneamente, en abril del mismo año,    la revista Nature publicó un informe  respecto a otro experimento similar realizado alrededor de las islas Kerguelen en Bretaña, concluyendo que echar hierro en el mar sería de 10 a 100 veces menos eficaz que el proceso natural.

 

El equipo LOHAFEX busca provocar un crecimiento masivo de plancton  que pueda percibirse desde el espacio exterior, además de demostrar que la técnica que se denomina “geoingeniería” o “ingeniería planetaria”  es una solución favorable para lograr  el cambio climático. Sin embargo, el proyecto viene siendo muy controvertido, lo que llevó a organizaciones ecologistas -caso de Green Peace-  a plantear una intensa campaña por detenerlo.

 

Luego de intenso debate entre los ministros alemanes de Medio Ambiente (Signar Gabriel)  y el de Investigación (Annette Schavan), el gobierno alemán  dispuso la viabilidad del experimento científico, decisión que permitió que el buque “Polarstern”, buque de investigación  del instituto Alfred Wegener, zarpara el 7 de enero del puerto de Ciudad del Cabo (Sudáfrica)  hacia el mar de Scotia situado entre la península Antártica y la Argentina trasladando a un equipo  de 48 técnicos de Alemania, India, Italia, España, Chile, Francia y Gran Bretaña,  , con el fin de verter unas seis toneladas de hierro    al mar y de este modo inducir una floración  de algas y como resultado de la acción realizada, poder determinar   la curva que marca el   crecimiento y  el decaimiento de los organismos en el correr de un plazo de ocho semanas.

 

Para el grupo canadiense ETC (Erosión, Tecnología,Concentración) esta “fertilización del océano” es un ejemplo más de tecnologías   que alteran el clima, contraviniendo en este caso concreto, los términos de la moratoria de Convenio de Diversidad Biológica (CDB) que se negociara el   pasado año en Bonn.

 

El Instituto de Investigación Polar alemán “Alfred Wegener”, considera   que el PROYECTO  LOHAFEX no viola un acuerdo de la Convención de Naciones Unidas que dictó una resolución  indicando que  la moratoria no afecta a las “investigaciopnews científicas a pequeña escala”, como el  que se realiza  en el mar de Scotia.          

           

El marco legal internacional

Aparentemente, la forma en que se habría decidido llevar adelante el experimento LOHAFEX tiene implicancias políticas, geopolíticas serias. Para algunos especialistas, afecta la credibilidad de Alemania, particularmente en su papel de país pionero en la protección de la diversidad biológica.

 

Para el grupo científico que trabaja en el programa SOLAS   (Surface Ocean-Lower Atmosphere Study)  “La fertilización oceánica no dará resultados y será potencialmente nociva y no debería ser utilizada como estrategia para compensar las emisiones de CO2”.

 

Durante la Convención sobre la Diversidad Biológica,  (CDB) realizada en junio de 2008, los países reunidos acordaron solicitar a las Naciones Partes y urgir a todos los gobiernos a asegurar que las actividades de fertilización   de los océanos no se lleven a cabo hasta que existe una adecuada base científica que permita justificar tales actividades. (Resolución IX / 20).

En el año 2008, tanto  la  CDB como por el Convenio de Londres de la Organización Marìtima Internacional  adoptaron una Resolución  estableciendo que la fertilización de océanos    -acción distinta a la investigación científica-  podría ser desarrollada durante el año 2009.  Si bien se autorizaba realizar “experimentos en pequeña escala dentro de las aguas costeras”,  los geoingenieros del Proyecto Lohafex lo realizarían  en alta mar. (El texto completo de la decisión del CDB sobre fertilización de los océanos, ver: http://www.cbd.int/decisiones/cop9/’m).

 

“Un principio de precaución, respalda la adopción de medidas protectoras cuando no existe certeza científica de las consecuencias para el medio ambiente de una acción determinada”,  determina la Decisión IX/16 aprobada en la reunión de la CDB en Bonn  de 13/30 mayo de 2008.

 

La idea que  inspira al PROYECTO LOHAFEX  -al igual que otras de geoingeniería-  es muy criticada por científicos y  ecologistas por las peligrosas consecuencias que “a posteriori” ocurrirían si el proyecto se llevara a cabo en gran escala. El temor radica al considerar que la operación de verter hierro pueda cambiar la composición de los océanos, generando “zonas muertas” con escasez o ausencia de oxígeno debido a la proliferación de las algas microscópicas. En el caso específico del océano austral, una serie de expediciones científicas realizadas  entre los años 1993  y 2005, señalaron que en diversas regiones oceánicas las algas carecían de hierro, determinando que se multiplicarían con rapidez si se les añadiera pequeñas cantidades de dicho mineral. Para otros  -caso caso del Laboratorio de bioquímica de Marsella (LOB)-  el aporte de hierro al mar no es una solución totalmente fiable, aunque   reconoce que el sistema oceánico es más  sensible a las adiciones naturales de hierro  que de lo que se podría predecir de las experiencias artificiales.

       

El debate sobre la fertilización de los océanos es intenso. Lo concreto, lo real, es que el mundo debería replantearse las estrategias que debería aplicar  para impulsar el desarrollo humano y detener la degradación de los ecosistemas, encarar con absoluta responsabilidad lo atinente al cambio climático, una realidad insoslayable   que viene agravándose en el tiempo.

 

El futuro es posible, nos dice el español  Santiago Ramentol en su libro “Teorías del desconcierto”. El presente es un fragmento de tiempo, un momento de duración indeterminada, o tal vez desprovisto de dimensión. No importa. Ocurre ahora: un instante antes que el futuro y un instante después que el pasado.

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