Universidades de Brasil y
la “cuota” para los negros

Recientemente la Revista brasileña Carta Capital a tratado el tema de las “cuotas” para negros e indígenas en las universidades de su País. La publicación indica en el articulo que sigue que últimamente “Las universidades han adoptado criterios diferentes de políticas afirmativas y han contemplado a otros grupos”.

 

Agregado la nota titulada “Somos racistas, si”, que se trata de; ‘Un proceso sutil de discriminación basada en desigualdades con base étnica y social. Un padrón de segregación racial informal, medido por el nivel socioeconómico. “Las cuotas tienen el factor positivo de darle un carácter de shock al forzar a la sociedad a pensar en un tema real, la discriminación y el racismo. Pero no dejan de ser una forma de discriminación, aunque sea positiva”, resalta el educador y psicólogo de la USP, Ives de La Taille. “Es siempre delicado separar a las personas por lo que sea, hiere la idea de igualdad, por eso las cuotas podrán generar inclusión o reforzar la discriminación’.

 

En 2000, entre los 50 aspirantes a Derecho en la Universidad Federal de Sergipe, había cuatro negros, de los cuales apenas dos se recibirían. Ilzver de Matos Oliveira era uno de ellos. Los cuatro años del curso no fueron suficientes para que una profesora aprendiese a distinguir a Ilzver de otro compañero. “Ella no conseguía percibir que teníamos un rostro peculiar y propio, más allá de la piel negra en común. Recién después percibí cómo ella destruía mi identidad y autoestima”, dice el hoy profesor suplente en la misma universidad. “La discriminación en Brasil casi nunca es explícita. Somos adiestrados culturalmente para evitar conflictos”.

 

La trayectoria de Ilzver, 29 años, habría sido como la de muchos jóvenes nacidos en familias pobres. Por suerte, un tío lo apadrinó y costeó dos años de escuela particular cuando él tenía 8 años. A los 18, rindió el examen de ingreso para Medicina en la Universidad Federal de Sergipe. No lo salvó. A los 19, un nuevo fracaso. En el tercer intento, optó por Derecho y entró en el 18° lugar. “La primera acción afirmativa de mi vida fue la ayuda de este tío”, dice. Recibido, él competiría en una bolsa de post-grado de la Fundación Ford. Oliveira cumplía con los pre-requisitos necesarios y, aprobado, se recibió de Master en Derecho Público por la Universidad Federal de Bahía y en Sociología (por la Universidad de Coimbra). Más allá de la función en la universidad federal, hoy da clases en la Facultad Pío Décimo, también en Aracaju, y milita por los derechos de los negros en Sergipe.

 

En 2010, por primera vez la Universidad Federal de Sergipe reservará la mitad de sus plazas para alumnos provenientes del sistema público de enseñanza. De estas, el 70% serán destinadas a los que se declaren negros, pardos o indígenas. Además de eso, en cada curso habrá una plaza para portadores de necesidades especiales. El programa de acción afirmativa fue aprobado por el Consejo de la universidad y entrará en vigor durante diez años.

 

Así ha sido hasta el día de hoy en las instituciones públicas de enseñanza superior, donde los consejos de enseñanza discuten los términos y aprueban el sistema de cuotas – o de bonificación – para grupos desfavorecidos. Facilitar el acceso a quien tiene menores condiciones y el cierne de las acciones afirmativas.

 

En los últimos 14 meses, el total de las universidades que adoptan algún tipo de acción afirmativa saltó de 69 a 93. Entre ellas, las que utilizaban un recorte racial, pasaron de 55 a 67. Por recorte racial se entiende la acción afirmativa dirigida no sólo a negros, sino también a indígenas (extraña y providencialmente suprimidos del debate “racial” de las cuotas). Este relevamiento, actualizado hasta agosto de 2009, es el resultado del trabajo de grupos de la UERJ, de la PUC-Río, de la Universidad de Brasilia (Unb) y del CNPq, que monitorean las acciones afirmativas del País.

 

João Feres junior, coordinador del Grupo de Estudios Multidisciplinarios de Acción Afirmativa, ligado al Iuperj, detalló cuáles son y cómo se dividen los criterios de las acciones afirmativas en las universidades brasileñas. “Algunos programas tienen por objetivo la promoción de solamente un grupo de personas desfavorecidas, otros benefician a dos, tres, cuatro o hasta cinco categorías diferentes. Y las categorías son también de naturaleza heterogénea, etnia, raza o color de la piel, origen regional, renta y educación pública”, comenta.

 

En medio de tantos criterios, moldeados por las características propias de los lugares donde están estas universidades, un único aspecto ha sido capaz de, por sí solo, de dividir a la comunidad académica, generar discursos inflamados, azuzar ideologías y ser cuestionado en la Justicia: la identificación de los negros entre los beneficiados. Este es el punto central de la acción movida por el DEM, o exPFL. El DEM quiere que la Justicia prohíba la matrícula de los alumnos que entraron usando las cuotas en la UnB (la institución usa apenas el criterio etno-racial) y, aún más, declarar inconstitucionales a todas las iniciativas que utilicen el criterio de raza negra para conceder cualquier tipo de beneficio.

 

La abogada Roberta Kaufmann, autora de la acción, dijo haber consultado a diversos partidos políticos hasta encontrar eco a su causa. Pupila de Filmar Mendes, fue orientada por el propio presidente del Supremo Tribunal Federal en la maestría en la que se cuestiona la necesidad de acciones afirmativas en Brasil. Concluye que es mejor que quede todo como está. Por lo menos, en lo que respecta a los negros. Los pobres, argumenta, podrían recibir incluso, algún tipo de ayuda. El presidente del STF redactó la presentación del libro de Roberta, que trabajó en el Instituto de Derecho Público (IDP), del cual Mendes es socio.

 

A pesar de haber negado la suspensión de la matrícula de los cuotificados, Mendes elogió el trabajo de la pupila y, en su despacho, indicó que estaba de acuerdo con la tesis del DEM. El paso siguiente será la discusión, en el plenario, del mérito de acción, que difícilmente se lleve a cabo en el presente año.

 

“Hay una falta de compás entre la práctica de las acciones afirmativas y la alharaca acerca de ellas en la prensa y en algunas instancias de la Justicia”, evalúa Fúlvia Rosemberg, investigadora de la Fundación Carlos Chagas y responsable por el programa de bolsas de post-grado de la Fundación Ford. “Brasil ofrece acceso preferencial y beneficios a muchos grupos, pero se reserva en las universidades públicas porque son un reducto de la elites”.

 

En el debate en contra o a favor de las cuotas para negros, dice la investigadora, no se discute el racismo, la hostilidad y ofensas, sino un proceso sutil de discriminación basada en desigualdades con base étnica y social. Un padrón de segregación racial informal, medido por el nivel socioeconómico. Entre los 25 mil alumnos de la UnB, hay 3.225 que ingresaron por cuotas. En el examen de ingreso, el 20% de las vacantes están destinadas a negros, independientemente de haber venido de escuelas públicas o privadas, que compiten entre sí. Como en todas las demás universidades, la adhesión a las cuotas es voluntaria. “En algunos cursos, la nota promedio de los cuotificados es más alta que la de los demás y la mayoría es de renta baja. Para la UnB, las cuotas son un acto político”, defiende el profesor de antropología José Jorge de Carvalho, que ayudó a implantar las cuotas en la universidad. En términos de desempeño académico, no hay una gran diferencia en el rendimiento anual de los alumnos de la UnB en general. En la Universidad Federal de Bahía, donde las cuotas fueron creadas en 2005, los alumnos negros ya representan el 75% del total.

 

La Unicamp tiene una experiencia diferente. No existen cuotas y, si, bonos de puntuación del examen de ingreso. En una prueba que vale 500 puntos, alumnos oriundos de la escuela pública logran 30 y si fueran negros, 10 puntos más. La idea surgió de la observación del desempeño de estos alumnos en la vida académica. “Los puntos de bonos apenas corrigen las distorsiones del examen de ingreso. Tornan más competitivos a los alumnos que, hacia delante, tendrán un mejor desempeño”, explica Leandro Tessler, asesor de la rectoría.

En más de la mitad de los cursos, los alumnos que recibieron los bonos tienen promedios mejores. “Es importante unir inclusión social a desempeño académico. Lo que no quiero es tener una ley que me obligue a implantar cuotas, pues ellas no consideran las demandas de los cursos”. Como las experiencias son recientes, aún es temprano para decir cuál será el futuro de las acciones afirmativas en el País. En los Estados Unidos, duraron cerca de 50 años. Hasta ahora es legal el uso de la etnia como criterio para acciones afirmativas, pero desde 1976 no hay más cuotas en las universidades, aunque la raza pueda ser considerada en la selección. En California, desde 2003 los bonos son analizados caso por caso.

 

“Las cuotas tienen el factor positivo de darle un carácter de shock al forzar a la sociedad a pensar en un tema real, la discriminación y el racismo. Pero no dejan de ser una forma de discriminación, aunque sea positiva”, resalta el educador y psicólogo de la USP, Ives de La Taille. “Es siempre delicado separar a las personas por lo que sea, hiere la idea de igualdad, por eso las cuotas podrán generar inclusión o reforzar la discriminación”.

 

Más allá de los pasillos de las universidades, hay otro cambio en curso en Brasil en lo que respecta al respeto a la raza y color. Es lo que defiende el investigador de Ipea y del Núcleo Interdisciplinario de Estudios sobre Desigualdad de la UFRJ, Sergei Soares. Él analizó sectores de población de la Pesquisa Nacional por Muestra de Domicilios, del IBGE, y notó que, entre 1996 y 2001, comenzó un proceso de cambio de cómo las personas se ven y cómo se declaran frente a los investigadores. “Ellas pasan a tener menos vergüenza de decir que son negras. Eso antecede a las cuotas y continúa hasta el día de hoy”. Soares argumenta que el impacto numérico de las cuotas es muy poco relevante en la población brasileña, comparado al de ProUni, el programa federal que da exención fiscal a facultades privadas que ofrecen bolsas a estudiantes de renta baja inscriptos en el programa.

 

Para el ministro de la Secretaría Especial de Promoción de Políticas de Igualdad Racial, Edson Santos, los principales temores de aquellos que se manifestaban en contra de las cuotas en las universidades, cayeron por tierra. “No cayó el nivel de la producción académica, no generó enfrentamientos ni conflictos de raza, y no existen desventajas para los no-negros, pues las cuotas son sociales, con un recorte racial”.

 

Antes de llegar al STF, la Justicia de los Estados donde hay cuotas han lidiado con cuestionamientos. Muchas veces, alumnos alegan haber sido tratados injustamente al perder la vacante frente a un cuotificado. Un relevamiento publicado en el Estado de S.Paulo, mostró que en la mayoría de los casos el Poder Judicial tiende a rechazar los alegatos y a considerar el sistema constitucional. Han ocurrido excepciones en Río Grande del Sur, donde el criterio de renta ha dado victorias a los opositores a la acción afirmativa.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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