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Carta abierta al
profesor José Pedro Barrán
por
Alfredo E. Allende
En su edición Nº 449 La ONDA digital
publicó un amplia entrevista al reciente Premio
Nacional a la Labor Intelectual 2009, historiador
José Pedro Barrán. El Intelectual argentino con
militancia en el radicalismo y ex ministro de la
presidencia de Arturo Frondizi, Alfredo E. Allende
ha enviado a nuestra redacción la siguiente carta
abierta al profesor Barrán motivada en el contenido
de esa entrevista
Buenos Aires, 20 de
agosto de 2009
Srs. míos:
La entrevista con
José P. Barrán me resultó del mayor interés. Sus
reflexiones no sólo fueron interesantes,
demostrativas de una fuerte personalidad de la
cultura oriental, sino que también tuvieron esa
característica dominante, compulsiva de la propia
cultura en la que se ha formado el distinguido
Profesor. Y, claro, no me asombra que se haya por
ende ratificado en sus mínimos detalles mis
expresiones sobre el ninguneo de Lorenzo Latorre,
expuesto en el número anterior de la Onda, el 449.
El
entrevistado se extendió con solvencia respecto de
José Pedro Varela, al que le adjudica en buena
medida el cambio de mentalidad modernizadora en su
país, en mi querido Uruguay. Y también aludió a la
transformación económica que, según él comenzó en
1880, fecha a toda luz errónea, que coincide con el
momento en que había cesado Latorre su gobierno.
No se expandió sobre
otros aspectos de la formación en la que nada tuvo
que ver Varela, por ejemplo, la reforma
universitaria de avanzada ejecutada por Latorre, la
creación de facultades (entre ellas seguramente del
interés específico del entrevistado, la de
medicina), de las escuelas de Artes y Oficios, pero
tampoco se refirió a las penurias en las que anduvo
el señor que designó y respaldó al Educador -un
simple coronel sin anhelos de generalatos- para
solventar las inversiones demandadas por la gran
tarea reformista. Tampoco hubo referencias a su
decisiva influencia sin la cual nada hubiese podido
hacerse por parte de Varela, como éste mismo lo
reconoció de su puño y letra, tal como se sintió en
los temas del temido afeminamiento de los alumnos
debido a la introducción de maestras y el cese del
castigo físico ejercido sobre los educandos,
mientras el Jefe del Ejecutivo debía dar la cara
para afrontar la obra vareliana que despertaba
escozores en la sociedad pacata y ruda de entonces,
que supo Barrán estudiar en su Historia de la
sensibilidad en el Uruguay, con gran provecho
para sus lectores, entre los que me cuento.
Alumno de Pivel
Devoto, No obstante, pasó por alto, en sus
reflexiones, de que la revolución agraria la inició
Latorre, de que la transformación de aparato
productivo uruguayo comenzó en serio por vez primera
a ser eficiente y eficaz desde 1876, como creo es
reconocido hoy por todos los estudiosos… aunque no
sea enseñado. El Estado uruguayo -no soy, claro, el
primero en decirlo-, fue creado principalmente en el
gobierno de Latorre, para demostrar lo cual sería
reiterativo pasar revista a la vasta obra fundadora
de instituciones realizada en menos de cuatro años.
En 1880, el Estado ya estaba organizado es sus
cimientos básicos pero también en sus muros,
mampostería y techos, quizá faltasen retoques y
pintura adecuada, que se la dieron otras insignes
personalidades. Pero el arquitecto-director de obra,
tiene el nombre omitido.
No reclamo que el
Profesor Barrán sea un seguidor fiel de su Maestro,
no tengo derecho a semejante exigencia, pero sí creo
oportuno que hubiera sido al menos justo, las
alusiones al portador real de la modernidad en el
país.
Vale siempre la pena
leer al Profesor que ha obtenido un reconocimiento
más que merecido; aun, como en este caso, cuando él
haya sido elusivo respecto del nombre del gobernante
transformador y constructor de la educación, del
Estado, de la producción, y asegurador de las
libertades civiles de los habitantes de mi segunda
patria. Su larga trayectoria intelectual no se va a
desmerecer por lo que señalo pues, después de todo,
la cultura dominante es la guía de casi todos
nuestros pasos; aunque estoy seguro que con su
talento y sapiencia, el historiador Barrán bien
puede emprender el sendero de los ajustes
necesarios, a fin de introducir algo de luz en un
pasado que no es demasiado lejano, y de separar el
trigo de la cizaña.
Cordialmente
como siempre,
Alfredo E. Allende
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