|
¿Clientelismo
vive y lucha?
Raúl
Legnani
Un
destacado periodista del El Observador escribió lo
que sigue, al final de su columna del pasado
viernes: "Los reyes fueron destronados. El
clientelismo vive y lucha".
Como es obvio hace referencia a
los hechos acontecidos en Antel, donde un
"masculino" se hizo pasar por un enviado de Jorge
Vázquez, prosecretario de la Presidencia y terminó
sentado en una oficina adjunta a la del Directorio
de Antel; con sueldo y todo, pero como adscripto y
no como funcionario público. Como al hombre lo
descubrieron compareció ante la Justicia y lo
procesaron. Como no podía ser de otra manera.
Una primera impresión es que
con razón el periodista Pereyra dice que "el enviado
del prosecretario haya sido un estafador es apenas
una anécdota; la cuestión es que si hubiese sido un
enviado real también habría conseguido el puesto, y
hoy seguiría en él sin que nadie se enterara".
Pero en una segunda impresión,
se pueden descubrir otras aristas de la realidad. En
primer lugar es claro que dentro de nuestra
legalidad hay cargos de particular confianza, en los
que los gobernantes tienen la potestad de llenar
esos puestos con personas que ellos designen.
Yo soy de los que creen que
esta posibilidad de tener funcionarios de particular
confianza, es fundamental para cualquier gobierno.
Es que soy de los que jerarquiza la política y no la
corporación de los funcionarios del Estado (creo que
se me entiende).
Hablaría muy mal del periodismo
uruguayo si recién ahora con el incidente de Antel,
descubriéramos que hay cargos de particular
confianza en este gobierno y en todos los
anteriores.
Por todo esto no se puede
comparar la designación de un cargo de particular
confianza con el clientelismo, que es otra cosa. Me
refiero, claro está, a las políticas de los partidos
tradicionales que descubrieron tarde y nunca los
concursos y los ingresos por sorteo.
El clientelismo es, además, una
política del gobierno de turno que trata de ocultar
o de disimular y que lo hace, por desgracia, con la
complicidad de la población o parte de ella.
En el caso de Antel el gobierno
no ocultó el ingreso de esa persona, sino que apenas
lo descubrió fue a la Justicia y lo denunció. La
prisión de este ex policía que llegó a las puertas
del poder del ente de las telecomunicaciones, fue
por acción de los gobernantes y por la acción libre
de la Justicia. No fue por el periodismo, ni por la
oposición, ni por los sindicatos, ni por los
usuarios, sino por el Poder Ejecutivo.
Incluso con ese procesamiento
se abre la posibilidad de que se siga investigando,
quizás no llegando a nada o quizás llegando a mucho.
Tiempo al tiempo, para saber si estamos ante un
pícaro uruguayo en busca de un trabajo y de
aventuras o algo más preocupante. Y esto hay que
preguntárselo, porque el clientelismo no es, por el
costado que se le mire, el generador de tan insólita
situación. Es la ingenuidad que tenemos muchas veces
mujeres y hombres de creer que todo siempre va a ir
bien, porque la gente es siempre y por siempre
buena. Solo bastaría leer la Biblia, para pensar de
forma más apegada a la realidad. Es que el pecado de
ingenuidad no se debe aceptar en los gobernantes.
Por todo esto me parece que,
por lo menos, es exagerado sostener que "el
clientelismo vive y lucha", en tanto se cerró una de
las pequeñas grietas por donde podría infiltrarse
algo similar, empezar a crecer y a transformarse en
una inmensa y obesa masa humana. Porque después de
esta ingenuidad mayúscula de los directores de Antel,
los gobernantes le van a pedir cédula de identidad
hasta sus familiares. Por lo menos bajo la
Presidencia del doctor Tabaré Vázquez, quien en este
momento debe estar recordándole a sus colaboradores
que "se puede meter la pata y no la mano en la lata"
y que en este caso la metida de pata de algunos de
los jerarcas de Antel fue muy grande, a pesar de su
honestidad que nadie discute.
¿Por qué no investigar sobre la
presunción del senador Fernández Huidobro cuando
sostuvo que "en Antel hubo un operativo de
inteligencia de altísimo nivel". Yo investigaría.
LA
ONDA®
DIGITAL |