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¿A quien responden
los ejércitos subsidiarios?
por
Carlos Miguélez Monroy
El gobierno estadounidense deja la responsabilidad
de proteger a sus ciudadanos en manos de empresas
privadas que no responden ante ninguna jurisdicción,
por posibles violaciones de derechos humanos.
La calidad de la fotografía y
la sofisticación de las metralletas que portan
soldados con la bandera chilena sugieren que no se
trata de una imagen de la era Pinochet, sino de
soldados chilenos al servicio de la empresa privada
de seguridad Xe Services (antes Blackwater).
La foto se encuentra en el
supuesto perfil de la empresa en Facebook,. En
portada aparece la huella felina negra que distingue
al logo de Blackwater. En “imágenes de los fans”,
uno puede seguir las peripecias en Irak de alguien
que se hace llamar “José Daniel Ruz”, siempre con
una metralleta entre manos. Como pie de foto
aparecen comentarios en español de sus “amigos” de
la red social.
Las insignias de la bandera de
Chile podrían confirmar, como sostiene Naomi Klein
en La doctrina del shock, que Xe Services ha
contratado a casi mil soldados chilenos para
misiones en Irak desde la invasión en 2003. Algunos
de estos soldados se entrenaron con el ejército de
Chile en la época de la dictadura, según cuenta la
periodista canadiense.
En 2004, varios medios de
comunicación en Estados Unidos difundieron el
asesinato de cuatro civiles norteamericanos. Pero
algunos periodistas desvelaron que los cuerpos
pertenecían a mercenarios de Blackwater,
subcontratada a su vez por el gobierno de Estados
Unidos. Más tarde, un ejército de mercenarios se
veía implicado en el asesinato de 17 civiles
iraquíes. Sucesos como éste plantean dudas respecto
a la jurisdicción competente en casos de
transgresiones de normas de derecho internacional
humanitario o de violaciones graves de derechos
humanos.
Hace unas semanas, algunos
medios desvelaban un programa de inteligencia que ni
el Congreso de Estados Unidos conocía; la CIA ya
había contratado a un grupo de mercenarios de Xe
Services para asesinar a miembros de Al Qaeda. La
operación se abortó gracias a la presión mediática.
Aunque las empresas privadas trabajen para la
política de defensa de Estados Unidos, no dejan de
responder a intereses privados y trasnacionales, lo
que deja en un limbo jurídico al personal militar
privado.
¿Se consideran civiles?
¿Responden como empleados de una empresa privada
contratada de forma subsidiaria como parte del
ejército? ¿O tienen la misma consideración que un
soldado norteamericano?
El nombramiento, por parte del
Secretario General de la ONU, de Gregory B. Starr
como sub-secretario del Grupo de Trabajo en materia
de seguridad de la ONU confirma ese limbo jurídico
en el que se encontrarán cierto tipo de demandas
civiles y penales por violaciones de derechos
humanos y de derecho internacional humanitario.
Starr, defensor público de la labor de Xe Services
en Irak, declaró que la empresa estadounidense es
constitucionalmente inmune a ese tipo de demandas.
Tampoco responden ante tribunales iraquíes, pues su
contrato así lo prevé. Ante tribunales
internacionales no responderán porque Estados Unidos
no los reconoce.
No sólo las cuestiones de
atribución y de responsabilidad por hechos
internacionalmente ilícitos cometidos por
contratistas privados plantean nuevos desafíos a los
Estados, a las organizaciones internacionales y al
derecho internacional. La privatización de sectores
públicos básicos como el complejo militar industrial
difumina cada vez más la línea que separaba los
intereses estatales (el bien común) de algunos
intereses privados.
Cargos del gobierno de Bush
como Donald Rumsfeld, Dick Cheney, Richard Clarke,
James Baker, Richard Perle y Paul Bremer han amasado
fortunas con la guerra por medio de sus empresas,
como documenta Naomi Klein. Acusaron de terroristas
a quienes cuestionaron su ética, al compaginar
cargos públicos con hiperactividad en empresas
privadas relacionadas con el ejército o con la
“re-construcción” de los países que habían
recomendado destruir en nombre de la seguridad
internacional.
Desde un punto de vista
diplomático y de eficacia militar, las contiendas en
Irak y en Afganistán podrán considerarse un fracaso,
pero no así desde una perspectiva empresarial. No
hay más que comparar los precios de las acciones de
Halliburton, Lockheed, Carlyle Group, Bechtel y
otras compañías antes y después de la guerra “contra
el terrorismo”.
Una visita a la página web de
Xe Services da una idea de la magnitud del negocio,
convertido en un paquete de entrenamiento y de apoyo
material y logístico para destruir, reconstruir, dar
protección diplomática, realizar misiones
humanitarias y repartir alimentos; un servicio que
hace de las invasiones militares un negocio redondo.
ccs@solidarios.org.es
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