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La nueva derecha:
Lacalle – Bordaberry
por Raúl
Legnani
El
doctor Luis Alberto Lacalle ha resuelto, después de
conocer tres encuestas que lo dan en picada libre,
partir el país en dos, polarizar la campaña
electoral y sacar del debate los grandes temas de la
sociedad. Porque la derecha, sea donde sea, solo es
tolerante cuando sabe que gana.
Lo hace, además, de
la peor manera y con el apoyo de algunos de sus
políticos más audaces, que quieren recrear un clima
de confrontación, que pasa por demonizar a los
tupamaros, particularmente a José Mujica, el
candidato a la presidencia de la República por el
Frente Amplio.
Su jugada es
peligrosa. En primer lugar para el país, pero en
segundo término para la propia colectividad
nacionalista, que tiene en su seno fuertes
corrientes progresistas, inspiradas,
fundamentalmente, en el pensamiento de Wilson
Ferreira Aldunate.
El desesperado
llamado para plebiscitar contra un posible fantasma
autoritario de izquierda, en este caso un segundo
gobierno del Frente Amplio, debe alarmarnos a todos,
pero como todo fenómeno político, también tiene sus
aspectos positivos.
Es que Lacalle ha
quedado al desnudo, como líder de una nueva derecha
liderada por él, pero a la vez con el apoyo de Pedro
Bordaberry, la otra nueva derecha del Partido
Colorado.
Esta nueva corriente
blanquicolorada ha dejado afuera a Ferreira Aldunate
y a lo mejor del batllismo liberal y hasta
socialdemócrata si se quiere.
Lacalle nunca votó a
Wilson. Bordaberry *, de cuna ruralista y blanca, no
tiene la menor idea de quién fue José Batlle y
Ordóñez. Son dos personajes que vienen del
pensamiento más conservador del país y han mostrado
que siguen tan campantes en la misma dirección.
El herrerismo, el
sector de Lacalle, no incluye en su discurso lo que
fue Wilson en la lucha contra la dictadura, porque
no lo soporta. Lo sabe, pero no lo dice: Wilson
recorrió el mundo denunciando a la dictadura, con la
compañía segura de los comunistas, socialistas y
frenteamplistas independientes. En esos once años de
dictadura, Wilson no disparó una sola palabra contra
los tupamaros. No cayó en la trampa de los dos
demonios, teoría que siempre termina justificando el
terrorismo de Estado. En cambio, Lacalle y sus
colaboradores más próximos terminan, con estos
planteos, de identificar al Frente Amplio con el
despotismo, creando un clima de derechización de
algunos sectores de la sociedad que en caso de
plasmarse en el gobierno, da por lo menos para
temblar. Más cuando dirigentes como Jorge Larrañaga
comienzan a sentirse cómodos con la derechización,
porque lo que importa es el cargo y no las ideas.
Pensar en un posible
triunfo de la "fórmula Lacalle-Bordaberry" provoca
sensaciones un poco extrañas. Si eso ocurriera,
seguramente, al poco andar del gobierno de la nueva
derecha, la gran mayoría de los uruguayos
empezaremos a extrañar a Jorge Batlle, a Julio María
Sanguinetti, a Hugo Fernández Faingold, a Adela
Reta, a Maneco Flores Mora y a Amílcar Vasconcellos.
Y en filas nacionalistas a Wilson, a Héctor
Gutiérrez Ruiz, a Carlos Julio Pereyra de los años
70, a Julián Murguía, al mismo Juan Raúl.
Es que lo que viene,
si es que logran ganarle al Frente Amplio lo que
cada vez se les hace mas difícil, es mucho peor a
lo que conocimos, y por eso rescatamos, entre mucha
gente buena e interesante, a algunos que son
responsables del deterioro de los viejos y queridos
partidos tradicionales. Pero no son peores que la
fórmula Lacalle-Bordaberry.
* Escrita la nota se conoció que Pedro Bordaberry
fue designado Secretario General del Partido
Colorado
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