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Castradores de la libertad
de pensamiento
por José
Carlos García Fajardo*
La Red se ha convertido en un instrumento para
quienes combaten a sectas religiosas y buscan evitar
nuevas víctimas. Ojalá que la justicia no tenga que
esperar otros 500 años para reparar estas nuevas
intolerancias sectarias que atentan
contra la libertad de conciencia.
En
mis explicaciones de Historia del Pensamiento
Político y Social, en la Universidad Complutense,
tuve que luchar contra la presión de instituciones
religiosas que, desde Colegios Mayores y
organizaciones seculares afines, prohibían leer
muchos de los libros que citaba en mi asignatura. A
pesar de que el Índice de Libros prohibidos (1571 a
1966), había dejado de aplicarse, sus colegiales
sólo los podían leer en resúmenes o en versiones
críticas adaptadas a su ideología.
Hablamos de universitarios, de
futuros periodistas con responsabilidades en la
formación de una opinión pública responsable, libre
y documentada. Ilustrada, en suma. Esto sucedía en
España todavía en los setenta y los ochenta.
Estaban censurados libros de
Maquiavelo, Erasmo, Bacon, Bentham, Hobbes, Locke,
Descartes, Holbach, Hume, D’Alambert, Balzac,
Bergson, Maeterlinck, Kant, Considerant, Cabet,
Condorcet, Montaigne, Schopenhauer, Marx, Nietzsche,
Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Pascal,
Saint-Simon, Comte, John Stuart Mill, Zola,
Proudhon, Bakunin, y los que sostenían tesis
marxistas, darwinianas, o freudianas.
También Lutero y autores
protestantes sin los cuales era imposible entender
la génesis del Estado moderno, del Renacimiento y de
la Ilustración; mucho menos lo que supuso la
Revolución francesa y la conmoción social del siglo
XIX. No hablemos ya de libros de literatura
universal y de ensayos sin los cuales es imposible
tratar de comprender la evolución del pensamiento
político, económico y social.
Esto para señalar que, junto a
los peligros que existen en una utilización de
Internet sin criterios, las redes nos ofrecen medios
para denunciar y perseguir a los responsables de
captaciones de jóvenes que llegan a perder la noción
de lo real, de lo justo y de lo auténtico.
Son las webs creadas por
asociaciones de ayuda a víctimas de estas sectas.
Hay muchas más que las religiosas, pero de esas ya
hablamos en los medios: prostitución, malos tratos,
narcotráfico, abusos de menores, niños guerreros.
Son excepciones ante esas organizaciones que
fomentan el respeto, en el servicio a los más
débiles sin apoderarse de sus conciencias.
“En las reuniones, los Testigos
de Jehová siempre prevenían sobre los peligros de la
Red”, dice G. Satué, presidente de Liberados, que
ayuda a los afectados por esta organización.
“Internet ha sido vital, un
detonante pues ya no pueden administrar su
información tendenciosa a los fieles sin que estos
puedan contrastarla”, cuenta Javier Salas.
La Red se ha convertido en un
instrumento para quienes combaten, tras años de
padecimiento, a las sectas. Para ayudar a los que
aún están dentro y quieren salirse facilitándoles
asesoramiento. Se trata de evitar más víctimas.
Antiguos miembros del Opus Dei,
de los Legionarios de Cristo o de los Kikos, tratan
de aliviar el vacío de quienes han tomado la misma
decisión que ellos. Algunos que antes pertenecieron
a los Legionarios han creado su asociación de
víctimas.
La idea surgió en 2003, cuando
Patricio Cerda decidió colgar los Estatutos de la
congregación en la Red para que se conocieran sus
abusivas normas. Entonces padeció un calvario de
denuncias de abogados que exigían su retirada. Pero
siguió adelante. “Esa es la fuerza que nos ha dado
Internet: desde que planteamos sacar los trapos
sucios a la luz se les acabó el negocio. La gente ha
perdido el miedo y vamos a dar la batalla”, asegura
este antiguo sacerdote de los Legionarios, que acaba
de crear la web Asociaciondevictimaslcrc.org
Agustina López, antigua
seguidora del Opus Dei, creó un espacio en Internet
para denunciar los libros prohibidos por ellos. El
éxito de Opuslibros.org le ha mostrado la necesidad
que muchos tienen de conocer “la verdad”. La Red les
ha desarbolado. La gente de dentro ve que hay otros
que, como ellos, tuvieron dudas y ahora son felices.
Su web se ha convertido en un lugar de encuentro
para quienes se sientan atrapados o perjudicados y
allí exponen sus experiencias. El papel que cumple
la web de Agustina para las víctimas del Opus es
similar al del blog de Pedro Sanz frente al Camino
Neocatecumenal.
El blog
Caminoneocatecumenalsecta.blogspot.com sostiene a
personas que salen traumatizadas y no consiguen
levantarse.
Pedro augura que la Red
contribuirá a acabar con las sectas. “Ya no podrán
moverse como los ladrones en la oscuridad”. Lo cual
es aplicable a sectas promovidas por falsos gurús,
seudo-maestros budistas, de Zen o de sectas de
origen hindú pero que se han expandido desde
América.
Ojala que la luz de la razón y
de la justicia no tenga que esperar 500 años para
reparar estas nuevas intolerancias sectarias y
fanáticas.
* Profesor Emérito de la
Universidad Complutense de Madrid. Director del CCS
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