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“La conversión”
Cuando Voltaire pidió
perdón a la Iglesia
por
Carlos Valverde
El catedrático mexicano en Filosofía, Carlos
Valverde, revela en este sorprendente artículo un
documenta histórico donde se puede ver el momento de
la “conversión” de uno de los más celebres enemigos
de la Iglesia católica; Voltaire (François-Marie
Arouet). Voltaire 1694 – 1778) fue escritor y
filósofo francés uno de los principales
representantes de la Ilustración, período que
enfatizó sobre la razón humana, de la ciencia y el
respeto hacia la humanidad. Además fue una de las
grandes personalices de la Revolución Francesa.
Un
30 de mayo del año 1778
La investigación de documentos
antiguos siempre depara sorpresas. La última me ha
salido al paso mientras hojeaba el tomo Xll de una
vieja revista francesa, Correspondance Littérairer,
Philosophique et Critique (1753-1793), monumento
inapreciable y riquísimo para conocer el siglo de
las luces y los comienzos de la gran Revolución.
Todos sabemos quién fue
Voltaire: el peor enemigo que tuvo el cristianismo
en aquel siglo XVIII, en el que tantos tuvo y tan
crueles. Con los años crecía su odio al cristianismo
y a la Iglesia. Era en él una obsesión. Cada noche
creía haber aplastado a la infame y cada mañana
sentía la necesidad de volver a empezar: el
Evangelio sólo había traído desgracias a la Tierra.
Manejó como nadie la ironía y
el sarcasmo en sus innumerables escritos, llegando
hasta lo innoble y degradante. Diderto le llamaba el
anticristo. Fue el maestro de generaciones enteras
incapaces de comprender aquellos valores superiores
al cristianismo, cuya desaparición envilece y
empobrece a la humanidad.
Pues bien, en el número de
abril de 1778 de la revista francesa antes citada
(páginas 87-88) se encuentra uno nada menos que con
la copia de la profesión de fe de M. Voltaire.
Literalmente dice así:
“Yo, el que suscribe, declaro
que habiendo padecido un vómito de sangre hace
cuatro días, a la edad de ochenta y cuatro años y no
habiendo podido ir a la iglesia, el párroco de San
Sulpicio ha querido añadir a sus buenas obras la de
enviarme a M. Gautier, sacerdote. Yo me he confesado
con él y, si Dios dispone de mí, muero en la santa
religión católica en la que he nacido esperando de
la misericordia divina que se dignará perdonar todas
mis faltas, y que si he escandalizado a la Iglesia,
pido perdón a Dios y a ella.
Firmado: Voltaire, el 2 de
marzo de 1778 en la casa del marqués de Villete, en
presencia del señor abate Mignot, mi sobrino y del
señor marqués de Villevielle. Mi amigo”. Firman
también: el abate Mignot, Villevielle. Se añade:
«declaramos la presente copia conforme al original,
que ha quedado en las manos del señor abate Gauthier
y que ambos hemos firmado, como firmamos el presente
certificado. En París, a 27 de mayo de 1778. El
abate Mignot, Villevielle”.
Que la relación puede estimarse
como auténtica lo demuestran otros dos documentos
que se encuentran en el número de junio de la misma
revista —nada clerical, por cierto—, pues estaba
editada por Grimm, Diderot y otros enciclopedistas.
Voltaire murió el 30 de mayo de
1778. La revista le ensalza como «el más grande, el
más ilustre, quizá, ¡ay!, el único monumento de esta
época gloriosa en la que todos los talentos, todas
las artes del espíritu humano parecían haberse
elevado al más alto grado de perfección»
La familia quiso que sus restos
reposaran en la abadía de Scellieres. El 2 de junio,
el obispo de Troyes, en una breve nota, prohibe
severamente al prior de la abadía que entierre en
sagrado el cuerpo de Voltaire. El 3 responde el
prior al obispo que su aviso llega tarde, porque
—efectivamente— ha sido enterrado en la misma
abadía.
La carta del prior es larga y
muy interesante por los dalos que aporta. He aquí
los que más nos interesan ahora: La familia pide que
se le entierre en la cripta de la abadía hasta que
pueda ser trasladado al castillo de Ferney. El abate
Mignot presenta al prior el consentimiento firmado
por el párroco de San Suplicio y una copia —firmada
también por el párroco— «de la profesión de fe
católica, apostólica y romana que M. Voltaire ha
hecho en las manos de su sacerdote, aprobado en
presencia de doa testigos, de los cuales uno es M.
Mignot, nuestro abate, sobrino del penitente, y el
otro, el señor marqués de Villevielle (...) Según
estos documentos, que me parecieron y aún me parecen
auténticos —continúa el prior—, hubiese creído
faltar a mi deber de pastor si le hubiese rehusado
los recursos espirituales (...) Ni se me pasó por el
pensamiento que el párroco de San Suplicio hubiese
podido negar la sepultura a un hombre cuya profesión
de fe él había legalizado (...).
Pienso que no se puede rehusar
la sepultura a cualquier hombre que muera en el seno
de la Iglesia (...) Después de mediodía, el abate
Mignot ha hecho en la iglesia la presentación
solemne del cuerpo de su tío. Hemos cantado las
vísperas de difuntos; el cuerpo permaneció toda la
noche rodeado de cirios. Por la mañana, todos los
eclesiásticos de los alrededores (...) han dicho una
misa en presencia del cuerpo y yo he celebrado una
misa solemne a las once, antes de la inhumación
(...) La familia de M. Voltaire partió esta mañana
contenta de los honores rendidos a su memoria y de
las oraciones que hemos elevado a Dios por el
descanso de su alma. He aquí los hechos, monseñor,
en la más exacta verdad”.
Así parece que pasó de este
mundo al otro aquel hombre que empleó su temible y
fecundo ingenio en combatir ferozmente a la Iglesia.
La Revolución trajo en triunfo
los restos de Voltaire al panteón de París —antigua
iglesia de Santa Genoveva—, dedicada a los grandes
hombres. En la oscura cripta, frente a la de su
enemigo Rousseau, permanece hasta hoy la tumba de
Voltaire con este epitafio:
“A los Manes de Voltaire. La
Asamblea Nacional ha decretado el 30 de mayo de 1791
que había merecido los honores debidos a los grandes
hombres”.
Fuente: El Periódico de México
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