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“Inteligencia y cultura:
Una oportunidad para Uruguay”
por Jorge
Jouroff Hazot
jorgejou@yahoo.com
El tema de la Inteligencia
generalmente ha sido tabú en nuestro país. El
presente trabajo se propone, a partir de una serie
de definiciones básicas sobre el tema, indagar sobre
el desarrollo de los Servicios de Inteligencia en
nuestro país.
Asimismo, busca relacionar el
concepto de inteligencia con el resto de las
capacidades, tanto en seguridad como en defensa, a
fin de contextualizar el problema. Haciendo énfasis
en la inteligencia estratégica, propone un posible
esquema de coordinación y funcionamiento,
adaptado a nuestra realidad y
posibilidades.
El autor Jorge L. Jouroff es egresado
del Center for Hemispheric Defense Studies (CHDS),
Washington, DC, El trabajo que está publicando La
ONDA digital fue presentado
en las VIII Jornadas de Investigación
de la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar, 8 y 9
de setiembre de 2009.
En este breve ensayo
nos proponemos, en primer lugar, desarrollar los
conceptos básicos de análisis y su interrelación; en
segundo lugar, entender el desarrollo y estructura
de la inteligencia en un país pequeño de la América
del Sur, Uruguay; y por último, utilizando nuestras
ventajas, brindar algunas ideas para el presente.
O, dicho de otro modo, intentar responder el
interrogante fundamental que abordamos en nuestro
trabajo: ¿Cómo emplear mas eficazmente los recursos
del país, y sus tradiciones, su cultura, para
producir inteligencia capaz de estar a la altura de
las necesidades actuales?
Introducción
El primer escollo
para escribir este ensayo es quizás su mismo título:
Inteligencia y cultura. En efecto, al poco de
comenzar, nos topamos con un problema: ¿cómo definir
cultura? ¿En que sentido utilizar este término? ¿En
su acepción más amplia o utilizándola de manera
restringida, acotándola a la cultura política? Sin
embargo, la cultura queda dependiente de la sociedad
que estudiamos. Y ésta, a su vez, depende de su
historia y de las condiciones concretas en las que
fue creada. Por lo tanto, no podemos hablar de una
relación abstracta entre cultura e inteligencia,
sino de su relación en una sociedad determinada.
El segundo problema
con que nos encontramos es que la inteligencia no es
más (ni menos) que una herramienta. Nos
preguntamos, entonces, cuáles son las condiciones
que hacen posible (y necesario) el surgimiento de
dicha herramienta. En general, podemos decir que
sólo después de desarrollar los conceptos de guerra,
estrategia, de pensar en la organización de los
ejércitos y en la manera de dirigir la guerra, es
que surge el concepto de inteligencia.
El tercer problema es
que la inteligencia, como toda herramienta, no vale
de por sí. Las formas organizativas se crean o
surgen por alguna causa, con una finalidad
determinada. Concordantemente con lo anterior,
primero está la necesidad de dicha herramienta, y
luego, la comprensión de su necesidad, lo que no es
lo mismo.
I) Algunas
precisiones teóricas
La historia del
desarrollo de las ideas está condicionada por la
historia del desarrollo material de la sociedad. El
proceso de desarrollo del capitalismo con la
consiguiente conformación del mercado mundial,
provoca que en Europa se desarrolle el estado
moderno y se comience a comprender primero y a
estudiar después el fenómeno de la guerra. En
efecto, este concepto es anterior a los demás:
comprender que la guerra es un fenómeno social y que
por lo tanto tiene leyes que la rigen, es producto
de un largo proceso histórico. Corresponde a
Maquiavelo el haber sido el primero en
señalarlo, así como de su relación con la política.
Los estudiosos de las guerras napoleónicas, en
particular Karl von Clusewitz, sientan las
bases para un estudio metódico y científico del
fenómeno. Clausewitz no nos legó solamente su
clásico estudio “Von Kriege” (De la guerra),
sino asimismo una serie de obras donde estudia las
campañas napoleónicas y sus derivaciones, tanto en
el campo político como de los cambios en el terreno
de la conducción militar.1
Nótese que
anteriormente existieron grandes jefes militares,
que dejaron memorias, crónicas de época y algunos
pocos incluso teorizaron sobre estrategia y
conducción: pero el estudio sistemático, metódico y
sobre todo teórico del fenómeno sólo fue posible a
partir de esa época, cuando la guerra adquiere ya
proporciones nunca antes vistas y exige no sólo la
comprensión, sino también cambios en la conducción y
la planificación. Exige una profesionalización que
deja muy poco margen para la improvisación. La
conformación del estado nacional conlleva también la
necesidad de los ejércitos nacionales permanentes.
Es sin embargo en Prusia, un estado relativamente
atrasado de la Europa adelantada, donde nace y se
desarrolla la idea de Estado Mayor.2
Este concepto supone
toda una revolución en el arte de la guerra. Ya no
alcanza con poseer ejércitos entrenados y caudillos
militares: se hace necesario al estado, en tiempos
de paz, organizar y planificar para una eventual
guerra. En sus inicios, el estado mayor es, según la
concepción prusiana, un órgano de planificación y
conducción a la vez. El jefe de estado mayor era a
la vez el comandante en jefe militar.
Sin embargo, en su
acepción más clásica, el estado mayor es el órgano
planificador por excelencia, separando así las dos
funciones: planificación y comando.
Es
imposible planificar sin políticas y objetivos
claramente definidos; pero también lo es si no se
cuenta con la información necesaria. Conocer al
adversario, su organización, sus intenciones, su
capacidad, ha sido desde siempre una gran
preocupación de los conductores. Y por supuesto, es
necesario también conocerse a sí mismo, tal como
planteamos en el presente ensayo.3
Interesa destacar
que, en conjunto, la información (y posteriormente
la inteligencia) es concebible como parte de un
todo: en efecto, lo que cuenta es la capacidad (o el
potencial, según la doctrina), es decir, el conjunto
de recursos (materiales y humanos) y la forma de
utilizarlos de que dispone una nación para hacer
frente a lo que definió como una amenaza o un
desafío.
Europa fué la cuna
del capitalismo moderno. Desarrolló ejércitos y
doctrinas porque necesitaba conducir la guerra. Si
hay una constante en la historia moderna, es la
guerra. Guerras entre países centrales y guerras con
países periféricos del sistema. No es de extrañar
entonces que fuera allí donde surgieron los teóricos
más grandes de nuestro tiempo. Por esa razón
Inglaterra y Estados Unidos después desarrollaron
las teorías del poder naval y Alemania las del poder
terrestre: porque tanto naval como terrestre, eran
la expresión militar preponderante de su poder, o
como diríamos actualmente, de la proyección de su
poder. Al decir de una cita atribuída a Alfred T.
Mahan, “nosotros debemos desarrollar el comercio y
la industria, para que nuestros hijos puedan
desarrollar la estrategia y el poder militar, para
que nuestros nietos puedan desarrollar el arte”.
En la actual
coyuntura histórica existe la posibilidad para
Uruguay de transformar nuestras debilidades en
fortalezas. En el actual período existe la madurez
en los sectores de defensa y seguridad como para
intentar la redefinición de sus funciones y
estructura de fuerza, y conformar, conjuntamente con
la inteligencia a nivel estratégico, un sistema.
Precisamente nuestra poca definición en algunos
sectores facilitaría el intento, si sabemos
aprovechar la situación.
II) El contexto
histórico
América Latina, en
contraste con Europa y el mundo mas europeizado,
siguió otro derrotero histórico. El continente fue
“descubierto” por los europeos y se lo comenzó a
integrar al incipiente mercado mundial no como
potencia dominante, sino como colonia. Derrotada la
resistencia inicial, la explotación y organización
de los enormes territorios se hizo en función de
esas necesidades, no de las propias. Las propias,
que eran las civilizaciones americanas, fueron
destruidas y la producción, sobre todo la extracción
de metales preciosos al principio, se subsume
completamente a la lógica del mercado europeo, que
en esa época quería decir mundial. La independencia
política tan trabajosamente lograda y la creciente
dependencia del mercado mundial, conllevaron la
necesidad de la formación del aparato estatal. Esa
consolidación se produce, según los territorios,
entre mediados y fines del siglo diecinueve. Brasil
es el único país que logra conservar la unidad
política heredada del imperio; en el resto, entre
virreinatos y capitanías, se consolida la división
entre los países, no lográndose conservar la unidad
que daba la dependencia de la corona española. En
algunas regiones, como en América Central, la
balcanización llega al extremo.
Se comienza un
proceso de dominio del propio territorio, de
consolidación del poder interno, por un lado, y de
creciente integración al mercado mundial, por otro.
Proceso que tiene altas y bajas, y que varía mucho
de país en país, pero que en definitiva termina
consolidando, no sin guerras civiles, el poder
estatal, la maquinaria estatal. Dicho poder supone
dos elementos fundamentales: por un lado la
burocracia, capaz de administrar los bienes
estatales, y por otro, el elemento coactivo, la
fuerza armada, con capacidad de imponer la política
central. Nótese que en un principio, estos ejércitos
eran instrumentos para la política interna y externa
a la vez.
Dependiendo de los
países, este proceso termina con las postrimerías
del siglo diecinueve y los comienzos del siglo
veinte.
El Cono Sur conoce
una pronta integración, sobre todo Argentina y
Uruguay, gracias a la producción ganadera.
Como es lógico, y al
igual que para la organización política, para la
organización militar, América mira a Europa. El
modelo prusiano para Argentina y Chile; la
preponderancia del modelo francés para Uruguay. Se
nota aquí la relación entre la cultura en general y
la organización, entre un modelo más militarista y
uno mas abierto, como el francés.
El proceso que va
entre las dos guerras mundiales integra
definitivamente al continente, y en particular al
Cono Sur, al mercado mundial. En los casos de
Argentina y Uruguay, a través sobre todo de su
producción agrícola en general y ganadera en
particular. Las formas de reparto de dicha renta,
sin embargo, fueron distintas: mientras en Argentina
la renta ganadera se concentraba en una pequeña pero
poderosa clase de hacendados, en Uruguay se
desarrollaban, desde el estado y gracias al
batllismo, formas más igualitarias de reparto. Una
de sus consecuencias es la creación y desarrollo de
una poderosa clase media; otra, un estado moderno
con una democracia relativamente estable, de lejos,
la más estable del continente.
La segunda guerra
mundial obliga a otro reacomodo: al fin de la misma,
ya no es Europa la potencia dominante, sino los
Estados Unidos. De la mano con la nueva realidad
política, y su visión de ella, la nueva potencia
comienza también a uniformizar doctrinas, equipos y
estructuras, y a imponer su propio punto de vista:
el enemigo fundamental pasa a ser los movimientos
populares e insurgentes (“el comunismo”), y en la
versión de la doctrina de la seguridad nacional, el
enemigo interno, al cual se lo combate con todos los
medios posibles, incluidos (y las más de las veces,
sobre todo) los militares. Esto es muy importante
para comprender las posteriores dictaduras en casi
toda América, el predominio de los aparatos de
inteligencia, sobre todo los militares; las pugnas
entre la inteligencia militar y la policial y el
escaso o nulo desarrollo de la inteligencia
estratégica bajo conducción civil, y el rechazo de
la mayoría de la población a una actividad que se
presenta ante sus ojos emparentada con la pérdida de
los derechos democráticos, con la represión, y sobre
todo, oscura y secreta. 4
Este desarrollo
histórico, y el hecho de enfrentar también problemas
similares, explica las similitudes en las
estructuras militares y de inteligencia en América
Latina; las particularidades explican las
diversidades.
Establecidas estas
referencias históricas, en los párrafos siguientes
concentraremos el análisis sobre una parte del
aparato estatal: los organismos de inteligencia.
III) Inteligencia: el
caso de Uruguay
Si bien en Argentina
y Brasil existía una suerte de aparato de
inteligencia desde antes de la segunda guerra, en
Uruguay es sobre todo a partir del fin del conflicto
que comienzan a adquirir el protagonismo que
ostentan. No existiendo un órgano central, la
actividad se desarrolla en dos sentidos. Por un
lado, en las Fuerzas Armadas pero sobre todo en el
Ejército, en la sección II del Estado Mayor,
Informaciones, y por otro en la Policía, que
comienza como una sección más de la Jefatura de
Montevideo, la más importante del país. Para
comprender mejor el entrelazamiento de las dos
inteligencias, sus estructuras y la maraña de
siglas, así como el rol preponderante de la militar
en el período de la dictadura, sería conveniente
repasar los períodos:
1) de 1945 a 1973
2) La dictadura: de
1973 a 1984
3) La recuperación
democrática: de 1985 a 2004
4) Perspectivas del
actual gobierno
En
el cuadro I
se reflejan en forma sucinta los distintos
organismos cuyo desarrollo, funciones y estructura
se detallarán más abajo:

1)
El período de 1945 a 1973
Las Fuerzas Armadas
siempre hicieron inteligencia esencialmente a través
de la sección II –Informaciones del Estado Mayor.
Aunque su misión fundamental era la inteligencia
externa, en los hechos también realizaban
inteligencia interna, valiéndose para ello de la
distribución territorial del ejército, presente en
casi todo el territorio nacional. Sin embargo, lo
más importante de la inteligencia interna provenía
de la policía. Su conformación como una fuerza más
horizontal, su distribución en todo el territorio,
el control del propio territorio y el contacto
permanente con la población, la hacían más idónea
para la tarea. La situación social de posguerra y
los problemas sociales en aumento provocan los
primeros intentos de diferenciación. En Uruguay el
ejército se divide en cuatro regiones militares, y
la policía en diecinueve jefaturas (una por cada
departamento.) En el caso del ejército, la
información que provenía de los asentamientos
militares se concentraba en la sección II, a nivel
del Estado Mayor General (del Ejército.) Al nivel de
las Fuerzas Armadas, el 23 de febrero de 1965 se
crea el Servicio de Información de la Defensa (S.I.D.)
como órgano conjunto de inteligencia militar. Éste
funcionó plenamente desde principios de 1971 hasta
fines de 1974, dirigido por los Coroneles Ramón
Trabal como Director y el Francisco Silveira como
Sub-director. En cambio, en la Policía no se
concentraba en ningún organismo: las jefaturas se
vinculaban mucho al poder local. Las tareas de
información generalmente se realizaban desde la
dirección de investigaciones. Es en Montevideo, la
capital del país, en donde se comienza a gestar,
dada su importancia política y operativa, un
departamento especialmente destinado a inteligencia.
En la década de los 1960, nacida de la sección de
investigaciones, el nuevo departamento se llamará
Inteligencia y Enlace y continuará dependiente de la
Jefatura de Montevideo. La Dirección de
Investigaciones continuará existiendo (y continúa
hasta nuestros días, como parte de la propia
Jefatura), pero la inteligencia propiamente dicha se
concentra en el nuevo departamento. Posteriormente,
en 1971, se creará una Dirección, bajo
responsabilidad del propio Ministro del Interior y
no de la Jefatura: la Dirección Nacional de
Información e Inteligencia (D.N.I.I.) Nótese que no
existía un organismo coordinador de estas dos
vertientes de inteligencia; cada una operaba por su
lado.
Sin
embargo, los conflictos sociales se recrudecen y
aparecen las primeras organizaciones armadas en
nuestro país. La izquierda organizada electoralmente
por primera vez comienza a amenazar la hegemonía de
los partidos tradicionales. Con un gobierno cada vez
más autoritario, el enfrentamiento lejos de
atenuarse, se incrementa. El Poder Ejecutivo,
entonces, una vez que considera rebasada la
capacidad de la Policía, crea las Fuerzas
Conjuntas, donde se da predominio a las Fuerzas
Armadas sobre la policía en la lucha contra la
guerrilla, y dentro de éstas, al Ejército. Es así
que las FFAA comienzan a desarrollar la inteligencia
interna y a subordinar a la Policía al accionar de
las mismas. El orden interno pasa a ser misión de
las Fuerzas Armadas, en esta lógica de “guerra
interna”. Éste fenómeno es una constante en toda
América Latina: en Argentina, bajo Frondizi, se
desarrolla el plan CONINTES (CONmoción INTerna del
EStado), bajo la égida policial, con el fin de
reprimir los movimientos sociales e igualmente en
Brasil, el OBAN (Operativo BANdeirantes) impulsados
ambos por los Estados Unidos.6
Al fracasar, se
retoma bajo conducción militar, que termina el
golpe de estado de 1964. En Argentina, una vez
derrocado Juan Domingo Perón, las Fuerzas Armadas se
hacen cargo del gobierno y dirigen la posterior
represión, casi ininterrumpidamente, hasta el
gobierno de Héctor Cámpora. Luego vendría la peor
dictadura de su historia.
En nuestro país,
hacia 1973, según las mismas Fuerzas Armadas, la
guerrilla estaba derrotada militarmente. El golpe
de estado da inicio al segundo período.
2) La dictadura: de
1973 a 1984
Fruto de un largo
proceso de deterioro de las instituciones, en junio
de 1973 se produce el golpe de estado en Uruguay. Un
golpe “a la uruguaya”, desde la propia
institucionalidad, y luego de un proceso de lucha
interna entre las mismas fracciones golpistas. Las
Fuerzas Armadas asumen el control del aparato
estatal, y por supuesto, de los organismos de
inteligencia. Si antes de 1973 ya la inteligencia
militar era la predominante, con el golpe se
consolida y se eliminan las pocas trabas que aún
quedaban. En 1975 se rebautiza al SID como SIFFAA
(Servicio de Información de las Fuerzas Armadas),
dándole potestades de inteligencia interior, que de
hecho ya había asumido su antecesor. La inteligencia
policial se subordina a los organismos militares,
como correlato lógico de la dictadura. Nótese que
la conducción militar subordinaba a la inteligencia
policial, la subsumía en la lógica represiva. No
formaba un sistema de inteligencia y prácticamente
no practicaba otro tipo de inteligencia que la
necesaria para el accionar de las fuerzas Armadas en
el gobierno. El cuerpo doctrinario7 en
que se basaba el accionar se centraba en la noción
de “enemigo interno” y en la lógica de la Doctrina
de la Seguridad Nacional, que otorgaba a las FFAA
un rol tutelar en el estado y la facultaba a estar
presente en casi todos los aspectos de la vida
nacional.
El otro pilar teórico
era el binomio “seguridad-desarrollo”, cuando desde
el gobierno (y antes) se afirmaba que no podía
existir desarrollo sin seguridad. La consecuencia de
este enunciado fue que las Fuerzas Armadas se
dedicaron, en consonancia con lo anterior, a la
seguridad, entendida ésta en su sentido más amplio.
A la postre, no hubo ni seguridad ni desarrollo, y
las confusiones teóricas de este enunciado se
arrastran hasta el día de hoy, como se demostró en
el reciente Debate Nacional de Defensa8,
donde, entre las otras tareas, se discutió las
misiones en seguridad de las Fuerzas Armadas, es
decir, orden interno. El otro aspecto es que la
inteligencia era también operativa; no sólo
coordinaba sino que también participaba, con grupos
de tareas, en la represión desde el estado. Hasta se
creó un organismo, el OCOA (Organismo Coordinador de
Actividades Antisubversivas), responsable de la
“coordinación” y de algunas de las tareas directas:
la mayor parte de los desaparecidos fue causada por
este organismo.
3) La recuperación
democrática: 1985-2004
El retorno de la
democracia, si bien significó un gran logro para el
pueblo uruguayo, por la forma en que se produjo, no
implicó prácticamente ningún cambio en las
estructuras militares. Los militares negociaron su
salida del gobierno, quedando en la agenda temas
muy importantes; entre otros, la responsabilidad de
las “desapariciones” durante el período anterior.
Éste eufemismo se utilizaba, al igual que en el
resto de América, para designar a las personas
secuestradas y detenidas ilegalmente y de las que no
se sabía a ciencia cierta su destino.
El gobierno de la
época (primer gobierno del Doctor Sanguinetti), en
medio de grandes polémicas, realiza un referéndum
popular por el cual el Estado reniega de su
capacidad punitiva en estos casos. En el artículo 10
de la ley 15.848, (presentado 1 marzo 1985, y
promulgado oficialmente 22 diciembre 1986) la
llamada Ley de Caducidad de la pretensión punitiva
del estado, casi subrepticiamente y sin discusión
pública, se rebautiza al SID como Dirección General
de Información para la Defensa (DGID),
introduciéndose algunos cambios.9 El más notorio, se
le encomendaba “... la coordinación y planificación
de todas las actividades de inteligencia...”,
teniendo como objetivo “elaborar la inteligencia de
más alto nivel nacional”. No se especifica que se
entiende por “el más alto nivel de inteligencia
nacional”, pero el texto sugiere que transciende lo
militar y linda con lo estratégico. Nótese que, a
pesar de ello, el órgano coordinador y conductor es
militar y bajo el Ministerio de Defensa. En efecto,
dicho artículo reza:
“Artículo 10.-
El Servicio de Información de las Fuerzas Armadas
pasará a denominarse Dirección General de
Información de Defensa. Dicho Servicio dependerá
directamente del Ministerio de Defensa Nacional.
Tendrá por objetivo
elaborar la inteligencia al más alto nivel nacional
mediante la coordinación y planificación de todas
las actividades de información y contra información
que desarrollen los diversos organismos militares
especializados existentes. (De hecho, pretendió
instaurar el andamiaje para una Comunidad Nacional
de Inteligencia, aunque no confirió ni el título ni
reglamentos para efectuar la evolución. Y sobre
todo, es necesario decirlo, la necesaria
legitimación a nivel político.)
La Dirección será
ejercida por un Oficial General o Superior
debiéndose implementar la alternancia de las tres
fuerzas en la dirección del Servicio por período de
dos años.”
El organismo tenía un
director y tres subdirecciones, a cargo de oficiales
superiores (coronel o su equivalente, capitán naval)
que se distribuían entre las tres ramas militares
(Ejército, Marina y Fuerza Aérea). Ellas eran
Inteligencia Interior (dividida a su vez en
departamentos, siendo los más importantes el 1, de
"inteligencia", y 3 de "operaciones"), Inteligencia
Exterior y Apoyo, que se encargaba de la logística
en general. Asimismo establecía la rotatividad de
su dirección entre las tres Fuerzas, equiparándolas,
quitándole al menos nominalmente el monopolio que
venía ejerciendo el Ejército en dicho cargo. Ésta
rotación, sin embargo sólo se cumplió en el último
año del mandato del Dr. Luis A. Lacalle (1990-1994),
quien impuso en la dirección, por primera vez, a un
oficial que no pertenecía al Ejército, un marino, el
Contra Almirante Eladio Moll, quien subrogó al
General Luis Abraham. Además de lo anterior,
existían los servicios de inteligencia de cada
fuerza, y la Escuela de Inteligencia, ésta última
bajo égida del Ejército. Sin embargo, como
anteriormente expresamos, nunca hubo un debate sobre
la actividad de inteligencia, ni se desclasificaron
archivos, y sobre todo, no promovió ningún tipo de
control parlamentario sobre las actividades de
inteligencia.
El tema siguió siendo
considerado “tabú”. Otra consecuencia, como ya
señaláramos, fue el mantenimiento de la hegemonía
militar sobre el resto de las actividades de
inteligencia, ya que tal como se establece en la
ley, continuaría bajo la órbita del Ministerio de
Defensa. Además, pero por la Ley de Presupuesto
1990-94, bajo el gobierno del Dr, Lacalle, se
encomiendan a las Fuerzas Armadas, en particular al
Ejército, las misiones de “seguridad interior y
mantenimiento del orden público”.10 De
esta forma se continuaba manteniendo el dualismo en
cuanto al orden interno, continuándose con la
asignación de misiones de orden interno no a la
policía, considerada una fuerza de “segundo orden”,
sino a las Fuerzas Armadas.
En el último año del
segundo período de gobierno del Dr. Sanguinetti,
pasa a llamarse DINACIE, por resolución del 21 de
diciembre de 1999. Por primera vez se habla de
inteligencia de estado (no de inteligencia a nivel
nacional) y de Plan Nacional de inteligencia; sin
embargo, y con la misma lógica anterior, el nuevo
organismo depende directamente del Ministro de
Defensa Nacional, y, aunque no integra orgánicamente
las Fuerzas Armadas, por su integración y hasta su
génesis puede definirse como un organismo militar.
Las misiones o
“cometidos sustantivos” que se le asignan, de gran
vaguedad, incluyen “dirigir e impulsar las
actividades de Inteligencia y Contra-Inteligencia”
en el país, y “planificar, coordinar y ejecutar la
inteligencia al más alto nivel del Estado”. Asimismo
tiene como cometido desarrollar un “Sistema de
Inteligencia de Estado y un Plan Nacional de
Inteligencia”.11
Para completar lo
anterior, entre los cometidos secundarios o “de
apoyo a los sustantivos” se agrega “instrumentar un
Sistema Nacional de capacitación en el área de
inteligencia” lo cual se establece que deberá
cumplirse “tomando como base la actual Escuela de
Inteligencia del Ejército”. Por otra parte, la
DINACIE está autorizada expresamente a “diseminar la
información...que se considere necesario hacerlo”.
Cabe aquí establecer
dos precisiones: la primera, que por primera vez se
habla de un organismo coordinador y de
planificación, lo que le daría potestades sobre los
otros servicios de inteligencia, además de sobre los
propios de cada fuerza.
La segunda, que la
DINACIE es un organismo de análisis y operativo a la
vez, conjuntando las dos actividades.
El decreto también
establece la estructura, desarrollando la de la
anterior D.G.I.D. En efecto, establece la estructura
organizativa y las funciones que se asignan a las
diversas unidades, siendo cinco en total:
I)-División
Inteligencia Interior, tiene como misión producir
inteligencia sobre la situación nacional o
interior;
II)
División de Inteligencia Exterior,
III)
División de Técnica y Operativa, teniendo como
misión “efectuar las operaciones de búsqueda de
información necesaria para la producción de
inteligencia, acorde con los requerimientos que se
establezcan y realizar tareas de contra-ínteligencia”
IV)
División de Administración y
V)
División de Sistemas. (éstas dos últimas de apoyo)
En lo referente a la
Dirección, la misma está compuesta de un Director y
un Coordinador. El Director rota cada dos años;
siendo ocupado cada período por un Oficial General
de cada una de las tres armas (Ejército, Marina y
Fuerza Aérea.) El cargo de Coordinador, sin embargo,
dura los seis años y corresponde exclusivamente al
Ejército. De esta forma se asegura la preeminencia
de dicha arma sobre las otras dos y se pretende dar
continuidad a la labor. En los hechos, sin embargo,
dicha continuidad es más que dudosa. La jefatura de
las divisiones se distribuye entre oficiales
superiores de las Fuerzas Armadas.
El organigrama
general quedaría conformado entonces de la siguiente
manera:

En el área del
Ministerio del Interior, como indicamos
anteriormente, continúa la Dirección Nacional de
Información e Inteligencia, siendo su cometido
esencial la inteligencia interna, tarea ésta en
eterna disputa con los militares. Pero además se
ocupa de terrorismo, lavado de activos, contrabando,
etc. Está compuesta por un Director Nacional,
dependiente directamente del Ministro del Interior,
Sub Director, Coordinador General y ocho Divisiones.
En 1993 a partir de
la DNII se crea la Dirección General de Represión
del Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID), siendo, en
los hechos, una unidad de inteligencia operativa
dedicada casi exclusivamente al tema narcóticos.12
Existen en el
Ministerio del Interior otras dependencias que
pueden tener un rol de inteligencia, pero no están
reunidas en una sola dirección, sino que coordinan
sus tareas entre sí y con el resto del aparato
policial.
4) Perspectivas del
Actual Gobierno
El gobierno del
Frente Amplio surgido de las elecciones del 2004
heredó la situación anterior. En el área de defensa,
promovió el Debate Nacional de que habláramos
anteriormente, donde se discutió también, aunque
tangencialmente, el tema Inteligencia13.
Participaron diversas
instituciones y, naturalmente, las Fuerzas Armadas
y también el Ministerio del Interior , fue la
primera vez en que se intentó debatir públicamente,
civiles, militares y policías, sobre estos temas. La
discusión obligó a considerar temas tales como
orden interno, estructura del Ministerio de Defensa,
y, naturalmente, inteligencia. Esto plantea el
problema de la DINACIE, tal como está concebida.
En otro orden, a
nivel gubernamental se definió la figura del
Coordinador de Inteligencia14, bajo el
área de Presidencia, en un intento por configurar,
por primera vez, un sistema de inteligencia,
estando el cargo vacante a la fecha de finalizar
este ensayo (mayo del 2007.) La figura del
coordinador puede entenderse también como una
transición hacia una figura más desarrollada, puesto
que coordinar supone esencialmente el trabajo con
los organismos actuales, tal como veremos más abajo.
Un organismo más desarrollado supondría la necesidad
de una ley de inteligencia, especificando
estructuras y los necesarios controles
parlamentarios.
Entonces, un período
relativamente breve, que no excluya la información y
los controles a nivel parlamentario, pero que dé
tiempo y experiencia, esta opción aparece como el
camino más correcto en este momento. Tiempo y
experiencia para probar, en la práctica, las nuevas
estructuras y el relacionamiento, así como para
definir los cambios en el sector defensa, antes de
adoptar una forma definitiva. La figura del
Coordinador aparece en esta perspectiva como una
figura de transición, como el eslabón de un proceso
hacia un sistema más elaborado.
Sin embargo tal como
se percibe a lo largo de la exposición anterior, el
problema más importante es definir con claridad y
sin ambigüedades, un esquema de seguridad, defensa e
inteligencia, separados, con misiones bien
definidas, pero complementándose entre sí,
estableciendo claramente que la defensa es
fundamentalmente la capacidad de respuesta frente a
una agresión exterior, y que por lo tanto el orden
interno (y la seguridad) es potestad del Ministerio
del Interior y no de las Fuerzas Armadas.
IV) Algunas
propuestas
Ahora podemos retomar
los conceptos generales de la primera parte. El
fenómeno que llamamos “mundialización” no es nuevo.
Desde sus comienzos, el capitalismo ha necesitado de
la expansión para sobrevivir. Ya desde el siglo XVI
se comienza a hablar de economía-mundo, en
referencia a la formación de un sistema mundial, con
Europa como centro. Lo que sí es nuevo es el
desarrollo de esta etapa, y, por ende, los desafíos
que plantea, en particular para los países pequeños.
Utilizamos ex profeso la palabra desafíos y no
amenazas, por considerarla un término más amplio y
más preciso en este caso.
Precisamos: las
carencias principales son dos, de géneros distintos.
Una, falta de definición política acerca de que se
entiende (y que se pretende) con “la inteligencia”.
Como hemos visto, se produce inteligencia en
determinados aspectos, pero no inteligencia
estratégica, prospectiva. No se producen análisis
sobre temas que hacen a los problemas que va a
enfrentar la región y el país al largo y mediano
plazo. Y, sobre todo, no existe la cultura política
para utilizarlos en la toma de decisiones desde el
gobierno. Por supuesto, aunque dicha cultura no
puede crearse por decreto, sí pueden sugerirse
ciertas estructuras y criterios que fomenten la
producción y utilización del producto estratégico,
tal como se detalla párrafos más abajo. Aspiramos
asimismo a presentar ciertos criterios que se pueden
utilizar para enfrentar dichas carencias.
En segundo lugar, y
quizás como consecuencia de lo anterior, existen
inteligencias, pero no existe un sistema de
inteligencia. Hemos repasado en los acápites
anteriores el desarrollo de las estructuras de
inteligencia en Uruguay. Cuando se concentró, fue
porque existió una necesidad práctica, como por
ejemplo en la dictadura militar, donde la
inteligencia, tanto policial como militar (o de
organismos militares, mejor dicho) tenía como fin
proporcionar información acerca de las
organizaciones y partidos opositores al régimen.
Pero, más allá de las siglas, no se reunió, en un
organismo, la suma de la información y menos se le
fijaron objetivos concretos.
Definir los objetivos
y esbozar la estructura supone también otro
problema: el cómo utilizar los escasos recursos,
materiales y humanos. No sólo que inteligencia
queremos, sino que inteligencia podemos producir.
1)
¿Que inteligencia?
Es claro que, cuando
hablamos de inteligencia y conformar un sistema, nos
referimos a la producción de inteligencia
estratégica. En una primera aproximación diríamos
que definimos inteligencia estratégica como la
producción de conocimiento sobre áreas o problemas
vitales para el interés nacional, con el fin de
asesorar al más alto nivel político a fin de
anticipar, prevenir y resolver situaciones de
amenaza o riesgo para el estado democrático.
Es, como se
desprende, fundamentalmente analítica y no
operativa. Debe recabar la información de fuentes
abiertas y del resto del sistema. Es por ello que el
sistema está concebido bajo la figura de un
Coordinador y no de una agencia que concentre la
suma de la inteligencia, tanto analítica como
operativa. Coordinar supone organizar y dirigir
unidades independientes, cada una con su respectiva
dirección. Es un esquema básicamente horizontal
que, por tanto, también se aprovecharía del esquema
actual. En el parágrafo siguiente se intenta
describir las partes constitutivas y un esquema
básico de funcionamiento.
2) Integración básica
Tal como definiéramos
más arriba, hoy existen dos áreas fundamentales de
inteligencia: la policial y la militar. El área de
la Cancillería no está integrada, pese a que es
fundamental.
¿Cómo conformar un
sistema?
Primero, definiendo
claramente la subordinación: dependencia directa del
Presidente de la República. Segundo, definiendo los
componentes: dado el abanico de los temas a
consideración, deberían al menos existir tres
pilares,15 con campos bien delimitados.
Esto obligaría también a rediseñar los organismos
actuales, manteniendo muchas de sus características
pero cambiando otras, fundamentalmente en el área de
la inteligencia militar. Es por ello necesario
definir someramente las áreas y los organismos que
conformarían el sistema.
A)
Área de Inteligencia Interna,
conformada básicamente por los organismos
subordinados al Ministerio del Interior. Su objetivo
fundamental es la inteligencia interior. Es
necesario remarcar bien esto y terminar con el
dualismo en cuanto al tema; la inteligencia interna
es misión policial y no militar, por más complejidad
que tengan algunos problemas. 16 Hemos
visto anteriormente adonde conduce la confusión en
esta materia. Sin ser exhaustivo, comprendería temas
tales como:
·
Seguridad
·
Crimen organizado
·
Narcotráfico
·
Terrorismo
Cabe señalar que el
Ministerio del Interior cuenta con los organismos
necesarios, siendo necesario quizás mejorar la
coordinación interna. El organismo central es la
Dirección Nacional de Información e Inteligencia (D.N.I.I.);
siendo el principal organismo de inteligencia
interna y sobre el que recae la responsabilidad
directriz del sub sistema. Es operativo, pero
fundamentalmente debe mejorar la cantidad y calidad
del análisis. Los otros son más específicos: la
Dirección General de Represión del tráfico Ilícito
de Drogas (D.G.R.T.I.D.) e INTERPOL. Todos ellos
utilizan la capacidad del resto del aparato policial
para su labor.
Área
de Inteligencia Externa, conformada básicamente
por la inteligencia de las tres Fuerzas Armadas. Su
objetivo fundamental es la inteligencia externa, y
sobre todo la militar. En esta área se plantea, ya
desde el inicio, la necesidad de reformas en el
Ministerio de Defensa. Hemos visto que, tal como
está conformada, la DINACIE pretende ser un
organismo supra militar. Y aquí se plantean dos
problemas: uno de contenidos y otro de formas. Al de
contenido, nos referimos más arriba: no debe ser
tarea la inteligencia interior ni los posibles
delitos vinculados a la misma. Por lo tanto,
pensamos en un organismo que reúna la inteligencia
militar de las tres armas. Ello puede hacerse bien
aprovechando la estructura actual, con algunas
precisiones que se establecerán más adelante, bien
desde un nuevo organismo dependiente del Estado
Mayor de la Defensa, tal como se estableció en el
Debate Nacional anteriormente citado. La principal
precisión que se debe efectuar es que debe existir
una política permanente, acumulando conocimientos,
más allá de la rotación de Directores y la
alternancia de las Fuerzas en la dirección.
C)
Escuela de Inteligencia:
se deberían hacer esfuerzos no sólo para acumular
conocimientos, sino también para transmitirlos por
una escuela de inteligencia que uniformice métodos
y promueva una cultura de inteligencia.
D)
Un área de Información Externa,
proveniente fundamentalmente de la Cancillería,
sobre todo en las áreas políticas, económica,
científica y cultural. Este elemento, hasta ahora no
aprovechado, es fundamental para conformar el
sistema tanto por la información como por la
posibilidad de otros enfoques en los análisis. En
efecto, hemos utilizado más arriba la palabra
desafíos y no amenazas. Uno de los problemas
principales que enfrentan hoy los estados, y no sólo
los pequeños, es la compresión de los problemas que
supone el mundo moderno. Por ello hablamos de
amenazas, pero también los problemas derivados de la
integración económica, de los mercados, de los
problemas que representa un mercado abierto, donde
empresas transnacionales tienen más poder que muchos
estados, y donde las oportunidades no abundan. Una
visión nacional, que sea capaz de trascender la
coyuntura, que integre una interpretación del
momento actual a la lógica de un proceso histórico
más largo, y que a la vez pueda evaluar la propia
coyuntura.
El enfoque
proveniente de esta área transforma la inteligencia
en verdaderamente estratégica, y la hace abarcativa
de la problemática actual. Por otro lado, el
Ministerio de Relaciones Exteriores cuenta con
analistas que, con una formación específica, pueden
aportar mucho al resultado final, reforzando la idea
del carácter global por sobre el militar o el
policial, pero integrándolos. Sobre todo tomando en
consideración la carencia inicial de cuadros que
tendría la futura coordinación.
Deslindar
cuidadosamente las competencias no implica dejar de
reconocer el entramado actual de algunos problemas,
y el error que supondría simplificarlos. Pero
justamente, la coordinación asegura ese tratamiento
a un nivel superior, a un nivel de análisis. Por
ello, y por otras razones, tanto históricas como
actuales concebimos al órgano como fundamentalmente
analítico. Como bien señala José M. Ugarte en su
obra “Legislación de inteligencia”, al comparar
sistemas distintos indica que, “en estos
países...existe una coordinación al más alto nivel
gubernamental, protagonizada por órganos de
coordinación y no por organismos.17 Es
decir que, por lo general, esta tarea no es
confiable a un organismo dotado de medios propios
para obtener información y poder realizar
operaciones de inteligencia, sino a un órgano de
análisis”.
Decíamos más arriba
que la figura del coordinador puede entenderse
también como una figura de transición. La pregunta
inevitable es: ¿hacia qué? La conformación de un
órgano más acabado, supondría, por un lado, evaluar
esta experiencia, y por otro, la necesaria discusión
parlamentaria de una Ley de Inteligencia, donde se
expliciten estructuras, recursos y sobre todo,
formas de control democrático, consensuadas, del
organismo a crear. En una primera instancia el
coordinador aprovecha las estructuras actuales, y,
definiendo estructuras de coordinación y no de
integración, puede evaluar la experiencia. Una
futura segunda etapa, con estructuras mas acabadas y
definidas por ley, permitiría definir un Director,
dando a la vez el tiempo necesario para observar
atentamente el proyecto sin darle una forma
definitiva, corrigiendo, de esta forma, posibles
errores.
A modo de conclusión
Ante todo,
escribimos este ensayo no de una óptica meramente
académica, sino partiendo, por un lado, de las
actuales necesidades en nuestro país, y por otro, de
la experiencia adquirida en el gobierno. Tiene la
doble pretensión de desarrollar algunas ideas sobre
el tema, pero también la de aportar soluciones
concretas a problemas concretos. Para ello es
importante indagar en nuestra historia, social y
política, pero también aprender a estudiar los
ejemplos de otras sociedades, en primer lugar las
vecinas, donde la historia a veces nos hermana y a
veces nos separa. Pero siempre nos condiciona una
matriz común. Así que, en primer lugar, y valga la
perogrullada, América Latina no es Europa, ni
Estados Unidos. Son los modelos, como instrumentos
que son, quienes deben adaptarse a las realidades,
y no al revés. Dichos países conformaron un sistema
de inteligencia, al igual que de fuerzas armadas y
de seguridad, acorde a lo que visualizaron como los
principales problemas a enfrentar. Debe desecharse,
por tanto, la tentación de copiar ciegamente,
escogiendo entre modelos teóricos que pueden
resultar inaplicables en nuestras realidades. Y por
supuesto, está el tema de los recursos, tanto
materiales como humanos, de que disponemos. Nunca
se insistirá lo bastante en este tema: una correcta
evaluación de los recursos es una de las claves para
conformar un sistema eficiente. Nosotros debemos de
capaces de aprender sin imitar; es decir,
desarrollar una cultura de Inteligencia propia,
nacional. Debemos estudiar las experiencias de
otros países, pero debemos comprender que lo que
define nuestro sistema son nuestros desafíos y
nuestros recursos. No vamos a disponer del nivel
tecnológico de otros países, pero a nivel de
análisis, por ejemplo, sí podemos competir, si
utilizamos inteligentemente los recursos de que
disponemos. Y sobre todo, si definimos para qué
queremos la inteligencia y si comprendemos que, por
bueno que sea un sistema, sólo es útil como parte
del conjunto de las herramientas de que dispone el
estado y no como fin en sí mismo.
Nuestros países deben
aprender otra lección: más allá de los compromisos
internacionales, cada país tiene el derecho de
definir sus propias amenazas. Es en base a esas
definiciones primarias que conformamos también un
sistema.
La última precisión
es que no se puede planificar sin contar con el
suficiente respaldo del sistema político y, por lo
tanto, con el suficiente consenso. Un sistema de
inteligencia no se construye en poco tiempo; son
necesarios varios períodos de gobierno, y, si bien
no las personas, sí la política y los fines deben
tener un consenso elemental para que perduren.
Lo que nos conduce al
tema de la legitimidad: deben existir controles,
fundamentalmente parlamentarios, de la actividad de
inteligencia, y debe comprenderse la necesidad de su
correlato, el asumir la conducción política de los
organismos de seguridad y defensa. Luego de
conformar el embrión del sistema, se deberá tender
a legislar sobre el tema. Ello contribuirá a
consolidar y a desmitificar una actividad que, en
estos tiempos de mundialización, debe considerarse
más necesaria que nunca.18
Referencias
1
Ver bibliografía, Obras de Clausewitz.
2
Ver bibliografía, en particular la referente a la
historia del Ejército Alemán y su Estado Mayor.
3
Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni
en cien batallas correrás peligro; si no conoces a
los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una
batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni
te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada
batalla.
[Sun Tzu, El Arte de la Guerra, Capítulo II. “Sobre
las proposiciones de la victoria y la derrota.”]
4
La triste fama de estos aparatos no nos debe llevar
a concluir que lo mejor sería que no existieran,
como pueden argumentar algunos. Al contrario, nos
debe llevar a la conclusión de la necesidad de la
conducción política sobre los mismos y a su
legitimación. El tema de la conducción política es
clave también en lo referente a los ministerios del
Interior y Defensa, donde la cúpula ministerial
(Ministro, Viceministro y Director General) deben
ser los responsables de elaborar las políticas, pero
también deben estar en condición de comprender,
interactuando, la traducción operativa de dichas
políticas. El control político supone así el
conocimiento de la operativa en cada uno de los
ministerios.
5
Para una mejor compresión, en los organismos
militares el cuadro marca la sucesión: coexistiendo
actualmente la DINACIE y la inteligencia de las tres
armas. En los organismos policiales, se indica el
comienzo, coexistiendo todos, tal como se indica en
el último cuadro.
6Ver bibliografía, Potash para el caso argentino y
Figueiredo para el caso de Brasil.
7
En general, y desde la Escuela de las Américas, se
enseñó (y se homogeneizó) a los militares
latinoamericanos en los nuevos conceptos. América
Latina, sin embargo, también sistematizó la teoría,
mezclándola, muchas veces, con la geopolítica.
Sobre todo, quien produjo doctrina fue la Escola
Superior de Guerra (ESG) de Brasil, en particular el
grupo de oficiales nucleados en la llamada “Sorbonne”,
y que, después, fueran protagonistas de primera
línea en el golpe de 1964. Argentina y Chile también
desarrollaron sus propias ideas, en este marco
general.
8
El Debate Nacional de Defensa se desarrolló en
Montevideo a partir de marzo del 2006, en tres
módulos: Aportes internacionales, el seminario y
debate propiamente dicho y el correspondiente a la
discusión sobre una nueva Ley Orgánica. Se
publicaron en tres tomos, tal como se consigna en la
bibliografía.
9Para el texto, ver http://www.parlamento.gub.uy/leyes/AccesoTextoLey.asp?Ley=15848&Anchor.
Acceso 20 de julio 2007.
10
Ley de presupuesto de 1990, anexos. En Uruguay
existe una sola ley de presupuesto para todo el
período presidencial, que se presenta al parlamento
el primer año de gobierno, los restantes se
presentan rediciones de cuentas. Ver
http://www.parlamento.gub.uy.
11
Ver en http://www.parlamento.gub.uy. Decreto Nº405/99.
12
La Ley 14.294, promulgada e 11-11-1974 y vigente el
11.1.1975, estableciendo el monopolio sobre la
importación y exportación de sustancias
sicotrópicas, establece la creación de la DGRTID.
Recién el 14 de octubre de 1993 con el Decreto N.
446-93, se reglamenta de la Ley, estableciéndose la
dependencia, cometidos y organización de la nueva
dirección Nacional.
13
La discusión de temas de inteligencia a nivel
público, aunque sea el especializado, no es muy
frecuente en nuestro país. Sin embargo, como
antecedente, en agosto del 2003 se publicó el
artículo de Grisel Capó sobre inteligencia
estratégica, ya con la perspectiva del triunfo del
Frente Amplio en las elecciones del 2004. Ver Grisel
Capo, “Inteligencia estratégica en Uruguay”, en
Profesionalismo de inteligencia en las Américas
(Washington, DC: Joint Military Intelligence College,
2003 y 2004), p. 293 y ss. Consulte
http://www.ndic.edu/press/6921.htm.
14
El mismo se definió por la Ley de Presupuesto del
actual gobierno, sin mayores especificaciones. Para
el texto, ver
http://www.parlamento.gub.uy.
15
A fin de simplificar, no tomamos en cuenta otros
organismos, como por ejemplo los dependientes del
Banco Central para inteligencia financiera, o los de
control de activos, que en una visión más ambiciosa
deberían integrar el sistema.
16Dicho esto, y anticipándonos a las críticas,
reconocemos que la realidad es mas compleja que un
simple esquema, y que lo importante es solucionar
el problema y no encasillarlo. A veces las cosas no
se presentan en forma simple y se “mezclan”,
produciendo una combinación de factores internos y
externos. Pero el uso del potencial del estado, por
parte de las autoridades legítimamente constituídas,
no debe impedir definir doctrinariamente el uso de
esos mismos organismos.
17
Ugarte, José Manuel, Legislación de Inteligencia.
Legitimidad y eficacia (Ciudad de Guatemala y
Oficina en Washington para asuntos latinoamericanos
(WOLA-SEDEM), 2000), p. 26.
18
Russell G. Swenson concibe la inteligencia incluso
“como mecanismo de supervivencia a todo nivel.”
Russell G. Swenson, “La Inteligencia y su
organización reconsideradas para el nuevo mundo,” en
Andrés Gómez de la Torre Rotta, SIN: Arcana
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Datos Biográficos del Autor
Jorge L. Jouroff
nació en Montevideo, en 1955. Cursó estudios
(incompletos) de Ciencias Económicas en la Facultad
de Ciencias Económicas y de Historia en la Facultad
de Humanidades y Ciencias, Universidad de la
Republica. En el área de defensa es egresado del
Center for Hemispheric Defense Studies (CHDS),
Washington, DC, curso DPRM (Planificación de la
defensa y gerenciamiento de recursos, 2003) y del
curso para graduados “Formulación de políticas y
transformación en defensa”, Asunción del Paraguay,
2004. Ha realizado diversos cursos, entre los que se
destacan: Curso sobre lavado de activos, Escola de
Adminstraçao Fazendaria, Brasilia, 2005; Conferencia
sub-regional de defensa “Seguridad transnacional y
gobernabilidad”, CHDS y CALEN, Montevideo, 2005.
Diálogo para Senior Executives en Defensa y
Seguridad, Washington, DC, 2006. Ha publicado
Seguridad Pública y Derechos Humanos, Ediciones de
la Banda Oriental, Montevideo, 2005. Se ha
desempeñado como representante partidario ante la
Comisión Central de Programa del Frente Amplio;
Miembro pleno de la Comisión Permanente de Defensa
Nacional; Asesor en temas de la especialidad a nivel
de la bancada parlamentaria; Coordinador de la
Comisión de Seguridad Ciudadana del Frente
Amplio-Encuentro Progresista. (2003 a la fecha.) Ha
sido Director General de Secretaría del Ministerio
del Interior (ROU) desde el marzo de 2005 al marzo
del 2007. Contacto: admijor@adinet.com.uy.
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