EL FA ante los
errores de Mujica

por Raúl Legnani

Es el momento de la gente y no el de deprimirse ante factores negativos, que sólo serán pasajeros si los frenteamplistas hablan, se organizan, levantan la cabeza, le sonríen al futuro y abrazan la defensa de la alegría.

 

También si los dirigentes comprenden que el adversario es listo y peligroso, porque tiene recursos para abortar una nueva alborada.

 

En los últimos diez días las perspectivas de que el Frente Amplio gane el próximo gobierno se han visto acribilladas por la rápida reacción de los partidos opositores, que han sostenido su campaña basándose críticamente en declaraciones de José Mujica, muy poco precisas.

 

Cuando situaciones como estas ocurren, no alcanza con decir que fueron sacadas de contexto, porque en campaña electoral hay que tener un discurso que justamente no pueda ser sacado de contexto.

 

Lo cierto es que la ofensiva, que había perdido el Partido Nacional, fue retomada por la colectividad nacionalista, dejando en falsa escuadra al Frente Amplio, en el que sus dirigentes enmudecieron casi como en un eclipse, o como aquel borracho que creyó que había venido la noche, siete horas después de que se había ocultado el sol.

 

Lo que ha quedado claro no es sólo que las palabras y los tonos de las palabras pueden jugar un destino incierto, sino que hay un gran operativo de la derecha mediática y política para impedir que el FA conserve el gobierno, para seguir cambiando e ir por más libertad, lo que implica más justicia, más equidad, más justicia social, más cultura y educación y más democracia. También más riqueza para poder distribuir en la sociedad.

 

Si alguien creyó en la izquierda que continuar por el camino de la conquista del segundo gobierno era caminar sobre una ruta recta, se equivocó. La derecha, cuya fórmula ideológica y política es Lacalle- Bordaberry, por más que voten separados en octubre, está dispuesta a todo, particularmente a crear una gran novela contra la historia tupamara ­ de los mandos fascistas ni hablemos y mucho menos de la oligarquía financiera y exportadora-, para golpear a Mujica, desgastarlo y sacarlo del escenario político.

 

Ante algunos errores de Pepe ­ por cierto importantes- que en su intimidad acepta y que ya está corrigiendo, no debe llevar a la izquierda a intentar enmudecerlo, porque si Mujica no habla no hay candidato y mucho menos la posibilidad de acceder nuevamente al gobierno. El asunto es que hable bien y él sabe cómo hacerlo. Ese es su fuerte.

 

La izquierda, el frenteamplismo, tiene una sensibilidad a flor de piel, que ante cada error de un dirigente o de un gobernante ­ incluso de de poca monta- cae rápidamente en la depresión, lo que es un profundo error para sus intereses.

 

Hace diez días el Uruguay entero estaba convencido, incluso los blancos y mucho más Bordaberry, de que el FA ganaba en primera vuelta. Ante estos hechos veremos qué dicen las encuestas en la próxima semana.

 

Lo que importa ahora, para la izquierda, es no desmovilizarse y continuar con lo previsto, pero mucho más con las posibilidades que tienen las grandes masas para adueñarse de la campaña política, como lo que han previsto las redes para el próximo 27 de setiembre y un día antes por "La vecinas de La Paz y Libertador".

 

Dentro de este momento crítico, es de resaltar la firme actitud unitaria y serena de Danilo Astori, quien miró una vez más a lo lejos y no se quedó en la chiquita de cobrar los magros resultados de las elecciones internas. En estas horas se puso al hombro al Frente Amplio y se puso al hombro la fórmula. A la hora de los balances, esto hay que tenerlo en cuenta.

 

No hay otro camino, para la izquierda, que seguir conjugando la unidad de la fórmula presidencial, junto a las multitudes frenteamplistas que se expresan en forma espontánea y creativa, donde todos están de acuerdo en que la contradicción fundamental de nuestra sociedad sigue siendo entre el bloque restaurador de la derecha y el bloque progresista del Frente Amplio y las organizaciones sociales, que saben valorar positivamente lo que ha significado el primer gobierno de izquierda, liderado por Tabaré Vázquez.

 

En los próximos días, quizás cuando falte un mes para las elecciones nacionales, tendremos una perspectiva más clara del resultado electoral que se dibuja en el horizonte.

 

Este es el momento de la gente y no el momento de deprimirse ante factores negativos, que sólo serán pasajeros si el pueblo frenteamplista habla, se organiza, levanta la cabeza, le sonríe al futuro y abraza la defensa de la alegría y de la esperanza. Y si los dirigentes ayudan, se unen aún más, comprenden que el adversario es listo y peligroso, que tiene recursos de sobra para abortar una nueva alborada. Si todo eso se comprende, no hay maniobra ni error que detenga al cambio.

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