El banco Pan de Azúcar
y la “embestida baguala”
por Félix Duarte

En nota anterior vimos que durante el primer gobierno democrático, luego de la dictadura –presidente el Dr. Julio María Sanguinetti (1984/89) – dieron quiebra cuatro de los bancos privados más importantes, en una[i] larga nómina, que se inició a mediado de los años ’50 acentuándose desde 1965. El Banco Pan de Azúcar (BPA) era uno de los cuatro. Desde el 8 de Julio de 1985 en que fuera intervenido y el Estado compro el paquete accionario, enana operativa que se hizo a través del Banco de la República (BROU) y la Corporación Nacional para el Desarrollo, hasta el año 1994, finales ya del siguiente período para el que había sido elegido el Doctor Luis Alberto Lacalle, ese fue un caso de banco vaciado muy particular, denuncias de corrupción, comisiones investigadoras, juicios, condenas de políticos y algo más.

 

Antes de seguir con el hilo temático, vale una acotación, ya que este elemento en cierto modo condiciona, en adelante, el desarrollo de esta nota. El mes pasado llegó noticia de la edición de un libro, por la Universidad de Chile[ii] ,una investigación de casos de corrupción en las “altas esferas” políticas en Latino América, tomando solo un caso por país. Ahí estaba el sonado caso Montesinos, en Argentina sobre ventas y contrabando de armas, etc. Y de Uruguay se tomó este Banco y dice el autor que fue...”el primer gran caso de ‘alta corrupción’ ventilado luego de restablecida la democracia y, como tal, tuvo sus obstáculos y dejó sus enseñanzas. La corrupción en el manejo del sistema financiero, ponía en tela de juicio la política económica del Gobierno...” Aclaramos que en algunos pasajes, nos auxilio el libro mencionado.

 

El Banco Pan de Azúcar por todas las implicancias y las anomalías que eran parte de la estafa que implicó, instaló una brasa ardiendo en la compleja y cuestionada venta de una Institución insolvente,  que fue comprada y saneada por el Estado, a un altísimo costo –como en los otros casos– costeado por los dineros públicos, que era restado a las necesidades de la gente. Y a partir de esa realidad enajenarla a  inversores privados, comprobado después que no eran muy buena gente. Todo eso estaba provocando en Uruguay conmociones políticas y jurídicas inusitadas. Se dio apertura a un largo proceso judicial y de investigación a varios niveles, incluyendo el Parlamento que culmino con la condena de Enrique Braga, Ministro de Economía y Finanzas y luego Presidente del Banco Central del Uruguay (BCU).

 

Estamos hablando del período de Gobierno, entre 1989 al 1994, donde ocupaba la presidencia el Doctor Luis Alberto Lacalle, sucediendo al gobierno anterior del Doctor Sanguinetti. Dice Martín Prats en el libro referido: “Resulta interesante analizar este caso por una serie de razones: a. El caso no solo tuvo serias consecuencias penales, sino que se trato, por sobre todo, de un hecho eminentemente político. Los procesamientos de Braga y altos funcionarios de gobierno, por este y otros casos de corrupción, empañaron el Gobierno del Dr. Luis Alberto Lacalle, colocándolo bajo un manto general de sospecha. El caso tuvo claras consecuencias político-electorales. El partido en que militaban las personas involucradas (..) sufrió un serio revés en las elecciones siguientes”

 

Intervenido en 1985 por Sanguinetti. Vendido en 1994 por Lacalle. Nueve largos años de “peloteo” entre gobiernos color sangre y Güeso de bagual. Nueve años en que la gente y el país se distrajeron pagando las cuentas para “socializar pérdidas” por cientos de millones de dólares para que al final el Gobierno del Dr. Lacalle lo regalara al “Gordito bueno” que llegó de Marruecos. El BPA se vendió al consorcio extranjera liderado por el empresario franco marroquí Stephan Benhamou en cinco millones de dólares. Gran revuelo. AEBU denunciaba que se habían rechazado ofertas conocidas, al menos seis veces mayores a esos pobres cinco millones que aun multiplicados por seis seguían siendo franciscanamente pobres, como eso para...”que no falte en la cartera de la dama ni en el bolsiyo del caballero...”.

 

Un año después, en 1995, luego de procesos judiciales, se procesó a Enrique Braga, antes mencionado y al Dr. Cambon, dos altos cargos del Gobierno del Dr. Lacalle. Entre otros, varias veces debieron declarar Luis Alberto Lacalle y Julia Pou y el Banco Central, a través de un sumario administrativo, inhabilitó a ocho Directivos del Banco Pan de Azúcar para realizar actividades financieras por diez años. Otro año después, en 199, retoma el control del BPA, el Banco Central ante amenaza quiebra y para preservar la estabilidad sistema financiero. La prensa cubría  escandalosas denuncias. Se conformaron comisiones investigadoras en el Congreso y otras llegaron a la Justicia, mientras que unas cuantas se diluyeron por falta de pruebas. La opinión pública creía ver abierta “una caja de Pandora”. 

 

Ya que mencionamos los cinco millones, vale recordar que para comprar al BPA y citamos el libro que...”el Estado utilizo recursos propios y acudió a créditos internacionales, abultando con ello la deuda externa. Específicamente para la compra del BPA, se destino una suma estimada entre 90 y 95 millones de dólares. Este proceso se estipulo expresamente en los compromisos que el Estado asumió con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, que aporto, a través de un Convenio de Prestamos, los fondos necesarios para estas operaciones.” El Doctor Luis Alberto Lacalle, por su parte, decía que...” se estaba ante una verdadera “embestida baguala”, cuyo objetivo era desprestigiar políticamente a su gobierno, a su partido y a su persona.” Los opuestos son parte de la vida. ¿Valen los dos?.

 

Disculpen que sigamos citando. Es que es muy clarito y dice: “El episodio Braga culmino con un sistema político que no logro lavar su imagen como algunos pretendían, pero también con una justicia que no respondió debidamente  Esto ha llevado a que el tema aun provoque cierta confusión. Los efectos políticos de las denuncias de corrupción fueron inmediatos. El Partido Nacional pasó de ser gobierno en el periodo 1990-1994 y perder por menos del uno por ciento las elecciones de 1994, a un tercer y lejano lugar en las elecciones de 1999, recogiendo menos de una cuarta parte del electorado. Pero, más allá de las consecuencias políticas y de los resultados judiciales, la gran enseñanza del “caso BPA” fue constatar la falta de debidos controles estatales a las actividades financieras.”

 

Del BPA quedaría hablar mucho y se puede escribir un libro. Mucho de lo que podríamos decir, tenemos certeza, que el estimado lector lo conoce. Hay nombres que tienen matrizado los elementos que accionan los recuerdos. El punto esta y al final llegamos a eso, el punto esta en hacer trabajar la memoria. Es tiempo que este país y la gente que lo habite respire vientos nuevos. ¿Qué hay vientos nuevos con algún olorcito a vientos viejos? Puede ser. Perfecto no hay nadie. Pero la vida tiene sus razones   Moraleja antes de votar: Dos comprimidos de GINKGO BILOBA.

[i] Banco de Italia, Pan de Azúcar, Comercial y Caja Obrera

[ii] “TRANSPARENCIA Y PROBIDAD PUBLICA. ESTUDIOS DE CASO EN AMERICA LATINA” (1988) AUTOR:   MARTIN PRATS Doctor en Derecho y Ciencias Sociales   de la Universidad de la Republica (Uruguay). Diplomado en Derechos Humanos y Procesos de Democratización en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Profesor Adscripto en Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho y Profesor Adjunto de Derecho, Deontologia y Ética de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación (ambas de la Universidad de la Republica). Director Ejecutivo del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (IELSUR). 

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